
Por Luis Fernando Macías*
Presento a continuación algunos elementos de un diálogo ocurrido en mi intimidad entre el poeta joven que un día fui y el viejo que ahora soy:
PRÓLOGO
A diferencia de mis otros libros de poemas que fueron publicados por el mismo hombre que los escribió, este se mantuvo guardado en archivadores y cajas durante casi cincuenta años. Iba de un lado a otro, siempre a la sombra, y por eso le tocó la suerte de ser presentado por un hombre diferente.
Cuando el viejo edita lo que el joven escribió, se produce un diálogo en las regiones interiores del sentido. El viejo y el joven se encuentran en el manantial de los dos tiempos. Lo que para uno significaba futuro, para el otro significa pasado; pero se trata de la misma intuición. El joven nada sabe, solo vislumbra, palpita; el viejo solo recuerda, comprende…
Ya no soy el muchacho que escribió estos versos, ahora soy el resultado del camino que su intuición trazó, consecuencia tanto de sus errores como de sus aciertos; pero él sigue vivo en mí y yo descubro con asombro que él me consideraba y me preveía como si el viejo estuviera prefigurado ya en el muchacho.
Y aunque sé que los hombres debemos resignarnos a ser aquello que vamos siendo, reconozco que ahora siento una clara alegría de haber sido ese muchacho y de haber guardado su esencia en estos poemas.
Al prepararlos para la publicación ahora, quise conservar la idea que él tenía al escribirlos. Procuré no traicionarlo, solo me he tomado el atrevimiento de aclarar una que otra idea imprecisa o confusa con el cuidado de que mi claridad presente no sustituya su incertidumbre u oscuridad de entonces.
* * *
Como el poeta joven le habló al viejo en el poema «Muerte», el poeta viejo le contestó en el poema «Narciso»:
MUERTE
Del otro lado de la vida
me llamará a lo lejos
tu recuerdo
Y la muerte se habrá marchado
hasta nunca
En una roca sin colores
un anciano de blancas barbas
ciego de vida
esperará sentado del otro lado
de la muerte
El joven
de azules barbas
será un recuerdo blanco
como el largo vello de su cara
pensando que la vida
es un maravedí
entre el vientre de una madre
y una tumba de la tierra.
(1977)
NARCISO
El viejo que ahora te interroga
en el reflejo del azogue
es el mismo a quien mirabas desde una roca,
al otro lado de la vida.
No era solo una imagen
que permitiera el viaje ilusorio
en el tiempo hacia el futuro.
«Me esperará sentado del otro lado
de la muerte», dijiste.
Pero no era sueño,
te esperó en efecto
y ahora te inquiere por lo verdadero.
La apariencia siempre has sido tú,
ya entonces no eras más que su recuerdo.
(2022)
La conversación se cierra aquí en el instante en que el viejo le recuerda al joven. «Ya entonces no eras más que su recuerdo», pero sigue. Mientras el viejo tenga memoria, seguirá…
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*Luis Fernando Macías (Medellín, 1957). Profesor de la Universidad de Antioquia. Narrador, poeta, ensayista, autor de obras para niños, editor. Ha sido director de la Revista Universidad de Antioquia y codirector de las revistas Poesía y Esteros.
Entre sus obras podemos destacar las novelas Amada está lavando, Ganzúa, Eugenia en la sombra y Las muertes de Jung; los libros de poemas La línea del tiempo, El jardín del origen, El libro de las paradojas, Memoria del pez (compilación 1977-2017) y Todas las palabras reunidas consiguen el silencio (antología bilingüe); y los libros de ensayo Diario de lectura I: Manuel Mejía Vallejo, Diario de lectura II: el pensamiento estético en las obras de Fernando González, Diario de lectura III: León de Greiff, quintaesencia de la poesía, El juego como método para la enseñanza de la literatura a niños y jóvenes, Glosario de referencias léxicas y culturales en la obra de León de Greiff, El taller de creación literaria, métodos, ejercicios y lecturas.

Muy interesante esa confrontación entre esa imaginacion de cuando eras un joven de 20 años y la producción literaria del adulto mayor.