
Por Tadeo Guardela Vásquez*
Ilustraciones de Sara Serna Loaiza**
Dedicado a mi amigo Carlos Alemán Pineda, por cómplice.
Y a Natali López Sierra, por haber escuchado.
«Todos nosotros hemos sido creados por la guerra,
retorcidos y envueltos por la guerra,
pero parece que lo olvidamos».
(Doris Lessing)
«Y matad cada uno a su hermano,
y a su amigo, y a su pariente».
(Éxodo 32:27)
«Hagas lo que hagas habrá quien celebre tu muerte».
(Jorge García Usta)
Esta historia ocurre en los Montes de María, más de treinta años antes de la masacre de El Salado, cuando la guerra todavía parecía un rumor.
Desde 2016 —año en que se firmaron los Acuerdos de Paz— comencé a escribir esta crónica con la intención de comprender el origen de una guerra que durante mucho tiempo pareció ajena y lejana. Pronto entendí que ese origen no estaba en los episodios finales ni en los momentos más visibles de la violencia, sino mucho antes: en lo cotidiano, en los silencios persistentes, en las historias que se callan por miedo o por vergüenza.
















































