«LA GUAGUA AÉREA»: NOTAS EN TORNO A UN APARTE Y UN HOMENAJE LITERARIO

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la guagua aerea

Por Dinorah Cortés-Vélez*

I

La guagua aérea (1983), de Luis Rafael Sánchez, es una crónica narrativa que supone un hito en términos de la afirmación gozosa de la identidad puertorriqueña. Este texto híbrido, entre el cuento y el ensayo, da cuenta de la experiencia de los puertorriqueños bajo el asedio de la dinámica colonial y el continuo vaivén entre el archipiélago borincano y los Estados Unidos de América. Lo que comenzó como una lectura performativa de Luis Rafael Sánchez, en Rutgers University, en 1983, posteriormente se habría de convertir en el texto de La guagua aérea, publicado ese mismo año en el periódico puertorriqueño El nuevo día (Mitchell 275)[i]. En 1994, el texto sería publicado en un libro de título homónimo[ii]. La guagua aérea también sería adaptada con gran éxito al cine bajo la dirección de Luis Molina Casanova, en 1993.

Las presentes notas procuran dilucidar la significancia y el sentido de un aparte, en medio de la narración caóticamente gozosa de La guagua aérea. En dicho aparte se plantea lo que, a mi ver, es un sutil homenaje al poeta y dramaturgo puertorriqueño en la diáspora Víctor Fragoso (1944–1982). Me propongo demostrar que este homenaje ensalza y celebra la gesta literaria de Fragoso a la vez que pone de manifiesto su relevancia para las letras puertorriqueñas.

La producción literaria de Fragoso se gesta en el contexto de su experiencia diaspórica a partir de 1965, año en que emigró a Nueva York. Se doctoró en la Universidad de Connecticut con una disertación sobre el poeta dominicano Pedro Mir. No sólo escribió obras dramáticas originales, sino que en los años setenta se encontraba muy activo en el teatro hispano en Nueva York. Publicó en la revista literaria Zona carga y descarga, y también en el semanario puertorriqueño Claridad. Escribió siete libros de poesía, de los cuales tan sólo dos han sido publicados. Al momento de su muerte, enseñaba en Rutgers University y es el primer poeta puertorriqueño en morir a causa de complicaciones relacionadas con el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA)[iii]. Comenta David William Forster acerca de El reino de la espiga y de Ser islas que se trata de «the first two books of poetry by a Puerto Rican that explicitly textualize homosexuality…» (155)[iv]. Al respecto de la significancia de la figura de Fragoso comenta, por su parte, Rubén Ríos Ávila:

Víctor Fragoso es una figura ejemplar para un tipo de radicalismo que hoy se va haciendo cada vez más jeroglífico, casi, podría decirse, inimaginable: un activista revolucionario, independentista, vanguardista, puertorriqueño, latino de Nueva York, caribeñista, estudioso de la obra de Pedro Mir, poeta, dramaturgo, director de una unidad del Travelling Theater de Miriam Colón, profesor universitario y abiertamente homosexual. Sí, homosexual a secas, porque aunque Fragoso llega a Nueva York en 1965, y escribe sus libros en aquellos primeros años de efervescencia por las protestas que se originaron con los motines de Stonewall en 1969, todavía no puede hablarse en su obra de lo que hoy llamaríamos una subjetividad gay[v].

La inclusión de un homenaje a Fragoso, por parte de Luis Rafael Sánchez, ampliamente considerado como el escritor vivo más importante de Puerto Rico, en La guagua aérea, adquiere especial relevancia en una época en que se realizan esfuerzos de rescate de la obra del primero. En el año 2012, Ángel Antonio Ruiz Laboy, director de Erizo Editorial, reeditó bajo el título de Poesía reunida, los únicos dos libros publicados por Fragoso, El reino de la espiga (1973) y Ser islas (1976). De igual modo, la colección de los «Víctor Fernández Fragoso Papers» en el Centro de Estudios Puertorriqueños, en Nueva York, supone un acervo invaluable para su estudio. Comenta al respecto María Josefa Canino, colega de Fragoso en Rutgers University tornada en amiga cercana suya, en una entrevista que tuve la oportunidad de hacerle[vi]:

Pero el proceso de rectificación ya ha tomado auge con la publicación reciente de Poesía reunida por Erizo Editorial, más las investigaciones realizadas sobre su obra: los escritos de Consuelo Martínez-Reyes, Doris Sommers, Rubén Ríos Ávila, Lissette Collazo y las acciones de su propia familia, al depositar sus documentos en los archivos de la biblioteca del Centro de Estudios Puertorriqueños, CUNY, situada ésta en el seno del Barrio que hizo suyo. (144-145) [vii].

La guagua aérea resulta una matriz textual idónea para rendir homenaje al primer escritor puertorriqueño en plantear abiertamente la homosexualidad en su poesía. Esto es así porque esta obra, en tanto que texto que performa lo «excéntrico» y «excesivo», tiene una sensibilidad queer[viii]. Desde el espacio marginal de la cabina de clase económica, La guagua aérea amplifica las voces de puertorriqueños a quienes sus paisanos clasistas, «guarecidos en la First-class», califican como «trash» (La guagua aérea, 17). Al rendirle homenaje a Fragoso en un aparte, este texto signa, en el espacio mismo de la página, la marginalidad del autor en tanto que poeta homosexual. En los párrafos a continuación le sigo la pista a dicho homenaje, cuya identificación inicial, confieso, me produjo emoción y sobresalto.

II

Entre los pasajeros de clase económica en La guagua aérea, nos cuenta el narrador que se encuentra «una tal Gloria Fragoso que viene a Nueva York a impedir que se muera Vitín, el hijo moribundo» (18). Para entender el contexto de dicha referencia hay que dirigir la mirada hacia el personaje impertinente y carismático del «cincuentón fibroso» (17). En este personaje, Sánchez parece delegar la portavocía de tanto sentimiento encontrado entre la boricuada en ruta a Nueva York. El cincuentón fibroso figura como un personaje tipo que funge como «filósofo del pueblo», el cual expresa los sentires encontrados del grupo viajero. Comenta Tamara Mitchell que: «People are identified with names and places of origin, and it is clear that these relationships are not the prototypical fleeting connections associated with an anonymity-inducing non-place» (285)[ix]. Aun así, este personaje del cincuentón fibroso, a modo de «alguacil de vuelo» se desplaza por la cabina de clase económica de la guagua aérea. Con gran desparpajo, va repartiendo la sal y pimienta de su ingenio, de manera que recuerda el modo de ser de una gente bregando creativamente con la precariedad de su situación colonial. La brega creativa de los boricuas remite a la frase de feliz cuño «el arte de bregar», en el ensayo fundacional del escritor puertorriqueño Arcadio Díaz Quiñones, «De cómo y cuándo bregar», incluido en el volumen El arte de bregar: ensayos (2000).

Para Díaz Quiñones, la «brega» es una sabiduría particular que emerge primariamente de la lucha por la sobrevivencia, pero que se perfecciona hasta llegar a convertirse en arte. Dice Díaz Quiñones, por un lado, que: «Bregar es, podría decirse, otro orden de saber, un difuso método sin alarde para navegar la vida cotidiana, donde todo es extremadamente precario, cambiante o violento, como lo ha sido durante el siglo 20 para las emigraciones puertorriqueñas y lo es hoy en todo el territorio de la isla» (20)[x]. No obstante, agrega que: «Quien brega bien maneja algo con sabiduría, sea un mundo de cosas, un mundo de personas o el lenguaje mismo. Bregar con perfección ciertamente es un arte» (21)[xi]. La brega puertorriqueña no anda lejos del «jeitinho brasileiro». Ambos son mecanismos de ingenio que le buscan la vuelta creativa a las cosas ante situaciones, a menudo, imposibles.

«La guagua aérea» representa la brega de los boricuas en ruta hacia Nueva York. Ese viaje es de dimensiones arquetípicas en el sentido de que simboliza el vaivén diario de tanto boricua entre el archipiélago isleño y los Estados Unidos. Nueva York mismo figura como arquetipo del viaje, tanto así que para la generación de nuestros abuelos era de uso común decir que alguien se fue para «los Niuyores», sin importar a qué parte de los Estados Unidos se había ido la persona. Ese continuo ir y venir, entre Puerto Rico y los Estados Unidos, implica un exceso de «equipaje emocional», equivalente a la condición de desterritorialización de la que habla Homi Bhabha. Según Bhabha: «‘unhomeliness’ [is] inherent in that rite of extra-territorial and cross-cultural initiation» (9)[xii]. Se trata de un estado de desplazamiento a un «ni aquí ni allá». A esa zona de desorientación, Bhabha la llama «beyond» y el «beyond», «is neither a new horizon, nor a leaving behind of the past» (1)[xiii]. La sobrecarga emocional de los pasajeros transcurre entre la risa y el llanto. Dice el narrador: «Risa y llanto, por cierto, indiscernibles esta noche en la guagua aérea» (18).

Es en este contexto que el cincuentón fibroso funciona como personaje tipo o, incluso, arquetípico que comunica y recoge los sentires del grupo viajero en la cabina de clase económica. Dice el narrador sobre este personaje: «Porque reputándose de ser la tángana, de hablar por los codos incluidos, el cincuentón fibroso duplica los paliques, triplica los parrafitos, multiplica los apartes. En unos se cultiva la risa. En otros se cultiva la lágrima» (18). Como se ve en el pasaje a continuación, el narrador se vale del estilo indirecto libre para cimentar y amplificar la gestión de este personaje que proyecta las ilusiones y desilusiones de los puertorriqueños «a treinta y un mil pies sobre el nivel del mar» (La guagua, 18). Dice el narrador, al describir la cháchara interminable del cincuentón fibroso, a lo largo y lo ancho del airbus:

Palique con un tal Cayo Díaz de Cayey que viene a abrazar los dos nietos que no ve desde septiembre. Aparte con una tal Soledad Romero que se dispara hacia Puerto Rico cuando se le enmohecen los cables del alma. Parrafito con un tal Isidoro Juncos que brincó el charco a vender unas tierritas porque el hijo se le metió en trobol y no quiere que la cárcel se lo dañe. Palique con una tal Laura Serrano que no puede faltar al destino figurado en Nueva York aunque el invierno la agrave. Aparte con una tal Gloria Fragoso que viene a Nueva York a impedir que se muera Vitín, el hijo moribundo. Parrafito con un tal Yacoco Calderón quien se muda al Barrio, una vez al año, pa jartarse de ganar chavos. Parrafito con un tal Diógenes Ballester que repite en Nueva York yo estoy prestao. Palique con un tal Roberto Márquez quien saluda con un fogoso Puertorriqueño y palante. (énfasis mío, 18)

La voz «palique» se refiere a la expresión puertorriqueña «dar palique», que significa hablar mucho. «Palique» tiene una eufonía que me suena a «palito», lo cual me hace pensar en la clave o los palitos que marcan el ritmo de la salsa. La progresión «palique, aparte, parrafito» y sus variantes, junto con la repetición del sonido «pa», le confieren al discurrir del cincuentón fibroso, tornado vocero de una gente desplazada, un ritmo musical, casi como el de la clave de son de la salsa.

III

Es en este contexto que figura el aparte en el que Sánchez le rinde homenaje a Fragoso. Resalta de inmediato el duelo de la madre a quien se le está muriendo el hijo en los «Niuyores», cosa que ella busca prevenir con su viaje. El duelo de Gloria Fragoso es uno y el mismo que el de la mítica Mamá Borinquen inmortalizada en el poema «Nostalgia» de Virgilio Dávila. Mamá Borinquen oye el grito aterido de sus hijos desparramados más allá (el «beyond» de Bhabha) del Atlántico:

¡Mamá! ¡Borinquen me llama!
¡Este país no es el mío!
¡Borinquen es pura flama,
y aquí me muero de frío![xiv] (cursivas en el original)

Desde «el otro lado», los hijos de Mamá Borinquen claman por ella, al igual que, con su grito moribundo, Vitín clama por su madre, Gloria Fragoso.

De inmediato, llama la atención la coincidencia del apodo «Vitín» con el nombre de Víctor y el apellido materno «Fragoso» con el que el poeta optó por identificarse. En mi entrevista a María Josefa Canino, inquirí sobre esto: «A modo de dato curioso, ¿por qué cree que existe la tendencia a referirse al poeta (yo incluida) por su segundo apellido, Fragoso, en lugar de por su primer apellido, Fernández (algo así como sucede con Lorca)?» A lo que ella respondió: «Para Víctor, su madre era a quien honraba con tomar su apellido materno como el que acostumbraba usar. Él nunca me mencionó a su padre» (147)[xv]. Este gesto contracultural apunta a una afirmación feminista de lo materno por parte de Fragoso. También ilustra el fuerte vínculo emocional que lo unía a su madre. Al respecto comenta Consuelo Martínez-Reyes:

According to Carmen Delia Fernández, Víctor Fernández Fragoso’s sister, the poet opted to go by his mother’s last name, Fragoso, instead of the paternal name as is customary, because of his close relationship to his mother, and his admiration for her active role in his upbringing. Mili Fernández, Carmen Delia’s daughter and Víctor Fragoso’s niece and godchild, considers there was almost a symbolic homage to the love between Fragoso and his mother in the way in which Doña Conchita passed away shortly after her son (14)[xvi].

Si bien el anterior pasaje corrobora que el nombre de la madre de Fragoso no era Gloria sino Concepción (ver Martínez-Reyes, p. 11), lo cierto es que tanto el personaje literario de Sánchez, Gloria Fragoso, como Conchita Fragoso demuestran la solícita ferocidad del amor materno que se conduele. Al personaje de La guagua aérea la mueve a hacer el viaje hacia el norte el impulso salvador de Vitín, el hijo moribundo. En cambio, la madre de Víctor Fragoso, según la descripción conmovedora de Canino en la entrevista que le hiciera, debe acompañar el cuerpo de su hijo, en otra «guagua aérea», esta vez de regreso a Puerto Rico. Dice Canino:

La amistad entre Víctor y yo duró hasta el momento en que Willie y yo acompañamos su cadáver a Puerto Rico, junto a su madre y hermana, en enero del [sic] 1982, en aquel invierno feroz y de tormenta de nieve. Fue el último avión que permitieron salir del aeropuerto Kennedy esa noche. Aunque le rogamos a su madre que pospusiéramos el viaje hasta que mejorara el tiempo, ella se negó rotundamente porque su hijo en su ataúd estaba ya a bordo y no lo abandonaría ni bajo estas peligrosas circunstancias. Yo temblaba al ver las olas de humo condensado que se formaban al descongelar con mangueras de agua caliente las alas del avión antes de despegar. Pero nada importaba tanto como acompañarlo a su otra isla. (139-140)[xvii].

La escena de la repatriación del cuerpo del hijo muerto, que describe Canino, es de una estatura dolorosamente trágica. Doña Concepción, madre de Fragoso, insiste en no dejar ni por un instante la guardia de los restos mortales de su hijo, ni siquiera a causa de las inclemencias del tiempo. Comenta Martínez-Reyes: «His body was brought to the island, but there was only a shy mention of his passing in the island’s press, while the community in New York City prepared various homages in his name» (14). Su muerte a causa del SIDA y su homosexualidad asumida, ciertamente debieron haber contribuido a la respuesta tibia de la prensa local puertorriqueña ante la muerte de Fragoso.

Fragoso falleció en Nueva York el 12 de enero de 1982, apenas a dos días de cumplir los 38 años (Martínez -Reyes 14). Como se mencionó al principio, La guagua aérea fue representada como performance, por primera vez, en Rutgers University, en 1983. Es decir que Sánchez visitó la universidad para hacer su performance de La guagua aérea al año siguiente del fallecimiento de Fragoso. Como se mencionó al principio, Fragoso desarrolló su carrera académica precisamente en Rutgers University, específicamente en el recinto de Livingston College. Comenta al respecto Canino:

Su colaboración y compromiso como académico con los Estudios Puertorriqueños fue muy importante, particularmente en el recinto de Livingston College de Rutgers University, institución de educación superior estatal en New Jersey, en la cual ejerció como Catedrático auxiliar a tiempo completo en el Departamento de Español y Portugués. Con nosotros, en Estudios Puertorriqueños, diseñó y enseñó sin paga alguna el curso de Literatura Puertorriqueña, fundó en el 1974 y además dirigió el teatro estudiantil Guazábara, y participó activamente en el Consejo Asesor del Departamento de Estudios Puertorriqueños. Era profesor muy querido y admirado por sus estudiantes. En particular, por los miembros de su grupo de Guazábara, quienes crearon obras dramáticas bajo su supervisión, también crecieron como personas al embarcarse en este viaje con él. Todos lo recuerdan con mucho apego, hasta el día de hoy. Lamentablemente su propio departamento era conocido por su tendencia hispanófila y conservadora. Tanto él como la profesora y poeta Luz María Umpierre (ella, en el recinto de Rutgers College) fueron objetos de discrimen por su identidad puertorriqueña y caribeña y, sin duda, por su orientación sexual, por ser poetas, y en general por ser avant-garde en sus trabajos literarios. Aunque a Víctor le otorgaron la permanencia, fue sin subirlo de rango a Catedrático asociado, acción rarísima en la academia[xviii] (140-141).

Estas palabras de Canino, aunadas a la respuesta tibia de la prensa puertorriqueña ante la muerte de Fragoso, ilustran su papel pionero en términos de combatir prejuicios homofóbicos desde su situación marginal de poeta, dramaturgo y académico abiertamente homosexual y de puertorriqueño en la diáspora. Contra este telón de fondo, resulta poderoso y conmovedor el homenaje que rinde Sánchez a este gran poeta, al año siguiente de su muerte y nada menos que en la institución para la cual trabajó.

IV

En su crónica–relato, Sánchez retrata la experiencia migrante boricua en todo su dolor, gozo, gloria y tragedia y lo hace desde los ojos de un narrador testigo, humacaeño como él. Sánchez recrea con amorosa atención los detalles en su retablo de rostros, a la vez que reproduce y magnifica una caja de resonancia de voces borinqueñas. En dicho retablo resalta el rostro de Gloria Fragoso quien, al igual que Concepción Fragoso, se aboca al viaje para maternar el duelo por su hijo Vitín que se le muere.

La guagua aérea es un canto al exceso que debe entenderse a partir de una matriz textual neobarroca en clave caribeña[xix]. Este texto alucinante sucumbe, así, al placer de la enumeración y la acumulación, de juegos de ingenio tan afines al temperamento puertorriqueño, y también de la paradoja. En medio del exceso verbal que produce una cornucopia de significantes, La guagua aérea apunta hacia la insuficiencia de su propio lenguaje para expresar un duelo que puede más que las palabras. Acaso sea ésta su suprema paradoja.

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*Dinorah Cortés-Vélez (1971) obtuvo su Ph.D. en literatura colonial latinoamericana en la Universidad de Wisconsin-Madison. Es Catedrática en Marquette University, Milwaukee, WI, U.S.A. Su poemario Suma de los adioses: cementerio poético (San Sebastián, Puerto Rico, Espejitos de Papel Editores, 2021) recibió el Premio Nacional de Poesía del PEN Club Internacional de Puerto Rico. Su libro de cuentos Fugas de duermevela: Prosas heridas (Isla Negra Editores, San Juan, Puerto Rico, 2018) recibió mención honorífica del PEN Club Internacional de Puerto Rico. Tiene publicados otros dos libros con Isla Negra Editores, El arca de la memoria: una biomitografía (2011, 2012) y Cuarentena y otras pejigueras menstruales (2013). En 2015, publicó un cuadernillo de poesía titulado Poemas de la soledad en Wisconsin (Indómita Editores, San Sebastián, Puerto Rico). Su libro de ensayos, Más allá el mar, fue publicado por Editorial EDP University (San Juan, Puerto Rico, 2023). Es la creadora y organizadora de la conferencia bienal de estudios caribeños, Calibanías y Caribeñidades, que se celebra en Marquette desde el 2018. Tiene terminado el manuscrito de un libro sobre Sor Juana Inés de la Cruz. Actualmente trabaja en un poemario y un libro.

[i]     «Carving Place Out of Non-Place: Luis Rafael Sánchez’s ‘La guagua aérea’ and Postnational Space.» Chasqui. Vol. 47. No. 1 (May 2018): pp. 275-292.

[ii]    La guagua aérea. San Juan, Puerto Rico: Editorial Cultural, 1994.

[iii] El presente resumen biográfico es una paráfrasis de David William Forster en Latin American Writers on Gay and Lesbian Themes: A Bio-Critical Sourcebook (Westport, Connecticut & London: Greenwood Press, 1994, p.154). Incluyo una versión de esta nota biográfica en mi artículo, «Un neutrino azorado en su carrera»: El canto cósmico homoerótico de Víctor Fragoso» (Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Tercera Serie. Núm. 14 | Lo distinto). Dicho artículo se puede adquirir a través de ISSUU: https://issuu.com/revistaicp/docs/ricp_n_m._14_-_lo_distinto/52.

[iv]    Latin American Writers on Gay and Lesbian Themes: A Bio-Critical Sourcebook.

[v]    «El ser isla de Víctor Fragoso». 80 grados. 20 de abril de 2012. Web. 27 julio 2025.

[vi]    La entrevista, titulada «Víctor Fragoso y el arte de ser islas: Entrevista a la Dra. María Josefa Canino», se puede acceder a través de la página de El post antillano: https://elpostantillano.net/index.php?option=com_content&view=article&id=12122:dinorah-cortes-velez-sp-62329081&catid=309&Itemid=1019. También fue publicada en mi colección de ensayos Más allá el mar (San Juan, Puerto Rico: Editorial EDP University, 2023. pp. 135-147).

[vii]   «Víctor Fragoso y el arte de ser islas: Entrevista a la Dra. María Josefa Canino». Más allá el mar.

[viii]  Sabido es que la designación originalmente peyorativa de «queer» alude a la cualidad «excéntrica» y «excesiva» de las sexualidades que se salen de la norma heterosexual.

[ix]    «Carving Place Out of Non-Place: Luis Rafael Sánchez’s ‘La guagua aérea’ and Postnational Space.»

[x]    El arte de bregar: ensayos. San Juan: Ediciones Callejón, 2000.

[xi]    El arte de bregar.

[xii]   The Location of Culture. London & New York: Routledge, 1994.

[xiii]  The Location of Culture.

[xiv]  El texto completo del poema se puede acceder a través de la página de Ciudad Seva: https://ciudadseva.com/texto/nostalgia-davila/.

[xv]   «Víctor Fragoso y el arte de ser islas: Entrevista a la Dra. María Josefa Canino». Más allá el mar.

[xvi]  «Introduction». Not the Time to Stay: The Unpublished Plays of Víctor Fragoso. Ed. & Trans. Consuelo Martínez-Reyes, New York: Centro Press, 2018. 11-25.

[xvii]  «Víctor Fragoso y el arte de ser islas: Entrevista a la Dra. María Josefa Canino». Más allá el mar.

[xviii] «Víctor Fragoso y el arte de ser islas: Entrevista a la Dra. María Josefa Canino». Más allá el mar.

[xix]  Esta intrigante idea es tema para otro ensayo.

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