
Por Manuel Cortés Castañeda*
Para las niñas y niños de Palestina
NOCHE SIN FIN
Cómo le podemos pedir a Estados Unidos y a sus marionetas que hagan algo que pueda ayudar a impedir el genocidio, cada vez más evidente, de los niños de Palestina, si no ha hecho nada para impedir las masacres recurrentes de sus propios niños. Ya hace mucho tiempo que las armas son más importantes que sentarse a la orilla del silencio a mirar las semillas florecer. A veces me acuesto y no pudo dejar de pensar que si el primer simio que esgrimió un hueso —que el azar puso en sus manos— para después accidentalmente, o quizás, aterrorizado de su propia existencia, golpear y matar a uno de los suyos… si ese primer simio, tan desafortunado, no hubiera descubierto y perfeccionado esa primer arma, quizás todo hubiera sido diferente y los niños palestinos y los suyos y los míos, estarían mirando cómo la arena toma forma y se echa a volar por entre los dedos.
LA GUERRA
Año 2023, el otoño solo fue un mal pensamiento, impotencia, silencio… las hojas se olvidaron de encender sus colores… Irradiaban una tristeza que quizás nunca antes habían sentido… tampoco hubo lluvia y los niños no llegaron en manadas como siempre detrás de los perros a celebrar la nada bajo la hojarasca. Todo fue un relámpago súbito y lejano, una mirada fugaz, una sola puntada del olvido y los árboles ya estaban desnudos y en la tierra un manto oscuro y agrietado callaba como solo saben callar los que han sido derrotados… En mi ventana los pájaros y las cigarras no escribieron su melodía y en la charca también las ranas y los sapos murieron de tristeza…
NOCHE EN PALESTINA
El dolor ha llegado a tal punto, a tal extremo que siento y veo —como en una operación de corazón abierto— que todo el odio del mundo y sus juguetes de exterminio se pasean por mi corazón y, después, se incorporan los territorios de mi imaginación para acabar, finalmente, montando guardia en mis sueños y mi silencio… y, entonces, mi intimidad se desangra en Palestina…
NIÑO PALESTINO
¿Por qué duele tanto este dolor que no es el mío, si tengo tantos dolores acumulados en mi intimidad, mis secretos, mis debajo de la cama, los huecos tan abundantes de mis deseos? ¿Por qué este dolor tan pequeño, tan inocente, tan herido me golpea como un imán el corazón, cada uno de los sentidos, mi indiferencia y todo se lo lleva, se lo incorpora, lo hace suyo y, luego, todo lo miro, lo percibo, lo siento, lo digiero con unos ojos que ya no son míos sino los suyos: la mirada del dolor… una mirada donde el tiempo también sangra y sufre y se avergüenza y se restriega las lágrimas en silencio… una mirada que se quema tan dentro de mí y que nunca se apaga y, entonces, de repente y sin saberlo me diluyo, me trasporto, y ya estoy ahí, en los brazos de otro dolor que me saca de lo más infame de los escombros y me da de mamar por primera vez… Y mamo, y me unto y me regodeo y naufrago en los pezones del dolor que me ha curado todas las heridas…
GAZA
Tomó mucho tiempo pasar de un garrote a un misil, de una pedrada a un bombazo, de muertes al detal y por encargo, a muertes en masa, al por mayor, en serie, lo mismo que producir partes para carros, o compotas para los recién nacidos… Pero no bastó un garrote, una piedra, un muerto al destajo, había que seguir garroteando como fuera y apedreando a quien fuera y buscando de cualquier manera culpables para aumentar la producción y, después, inventarse la necesidad y, después, los clientes y, después, las ventas y, después, el genocidio para poder abrir nuevas fábricas en los territorios del dolor, en los del sueño, en los de la inocencia… Y las matanzas continuas al desparpajo florecían como un panal de moscas, y los asesinatos eran tantos que el odio también levantó sus fábricas y sus señas de identidad y sus territorios arrancados y arrasados por sus feligreses y sus guías espirituales… Y todo ocurría en un tiempo sin pasado, ni presente, ni futuro… un tiempo que ha dejado a la intemperie una burbuja de sangre que no termina de llenar las calderas de los monstruos que cocinan, de tanto en tanto, también a los miembros de su manada… Y para ganarle más tierra a la inocencia y al amor y poder modernizar su producción, su odio, su amor a la muerte, un día decidieron matar a todos los niños y a los jóvenes de la ciudad, eliminarlos de diferentes formas para poder perfeccionar aún más sus mecánicas del dolor y sus diccionarios del odio… y una vez no quedaban más que los lamentos y las miradas de los niños aparcadas como una visión inesperada en los últimos espasmos de la inocencia, encerraron a todos los viejos y viejas, junto con sus animales domésticos, en un cuarto enorme que habían construido para tal ocasión y, después, pasaron muchas noches jugándoselos a los dados hasta la última jugada y el último tiro de fusil… Y ahora como si se tratara de una obra divina, enormes fábricas cubren la faz de la tierra y ya se habla de buscar nuevos clientes en otros planetas y galaxias… sin importarles que los lamentos de sus víctimas siguen habitando en el dolor de la tierra arrasada, cada grieta, cada fantasma que algún día volverá a jugar con el polvo de la inocencia en los territorios de la nada…
PÁGINAS DEL DOLOR
Este dolor extraño con el que nací y que desconozco, que no tiene lenguaje, ni escritura, que se niega a todos mis sentidos y le pone cianuro a mi destino. Esta cosa que se arrastra en los espinos, que me mira con ojos sin mañanas, que me tuerce la jeta y gesticula y que llena de sal mis amarguras y que mantiene bien abiertas mis heridas. Es un dolor sin tiempo y sin medida, un intestino colgado a la intemperie, el cuero de un misterio que se pudre, una criatura que nace sin la boca, un naufragio sin río y sin su barca. Este dolor no deja de joderme y me muerde los talones, me toca el culo y se ríe y lo celebra, me arranca las verrugas con los dientes, me agarra y me comprime los pezones y a cada instante toca la puerta y me tira animales muertos a la cara. Le doy pastillas, lo embriago, lo desplumo y lucho cuanto puedo y como puedo, le hago trampa, le miento y he estado a punto de ahorcarlo entre mis dedos, pero haga lo que haga siempre pierdo y, después, el sufrimiento es más intenso, te pican las avispas, el corazón es un hueco de alimañas y apestas como apesta una carroña, se te hinchan los labios, se te caen las uñas, no te quedan ya dientes, te duele lo que piensas, te duele el sueño, el amor, te duele el aire, y hasta el mismo dolor también te duele… pero no alcanzo a doler lo que les duele a los niños que matan en las guerras…
HOY SOY PALESTINA
No puedo evitarlo, no quiero evitarlo, no me sale evitarlo, hoy soy Palestina… Sangra mi corazón, sangra mi rabia, sangra mi intimidad y ya no podré dejar de ser para siempre Palestina… Veo la mirada de los asesinos atragantados de odio devorando la inocencia, repartiéndose la caza, las pieles del dolor… veo la mirada de los niños muertos, todavía presos del horror y tanto que pareciera que no acaban de morir, que no pueden… otros corren, su piel hecha girones, buscando su último aliento en el hueco de su corazón… todos salpicados de odio, untados de resentimiento, baleados con sevicia… llevan el nombre escrito en alguno de sus miembros para que los suyos pueden tener un último trozo de amor una vez los asesinos los corten en pedazos… y, de repente, debajo de los escombros, como puede, se escurre una niña con su perro muerto en sus brazos y de una palidez tal que pareciera cosa de otro mundo… la sigue una rata vuelta mierda y se me enturbia la angustia… en un rincón del olvido cuerpecillos alineados, envueltos en sábanas blancas, apenas fetos, quizás un embrión, un aborto inesperado, unos cuantos pedazos, sin que nadie venga a darles el último adiós… no puedo hacer nada, no quiero hacer nada, me siento un inútil, sangran las palabras, sangra mi silencio, sangra mi destino y mi corazón es palestino, todo el dolor del mundo es palestino, el dolor de antes y de ahora y de siempre, solo será para siempre palestino… y que sepan los asesinos que, aunque llegaran a exterminarlos a todos, no podrán exterminar a ninguno, porque desde hoy y para siempre cada criatura viviente es y será Palestina…
LUTO POR GAZA
También el tiempo se ha derrumbado y es tanto su dolor y su tristeza que de repente se ha convertido en un río de sangre, igual que esas cicatrices que guardan sus heridas en lo más secreto de su intimidad… y un día inesperadamente se abre una grieta en el silencio y los hechos regresan a la escena y en el espejo donde me miro cada vez más desnudo y frecuente, también brotan manchas de un líquido viscoso y espeso donde el olvido recobra sus señas de identidad… y, finalmente, solo queda una última hoja que el árbol aún mantiene pegada a su caprichos y que de repente también se cae y se empapa de sangre… el tiempo aún no ha podido olvidar el lamento de las criaturas que flotan como juguetes despedazados en los ventrículos del horror…
CANCIÓN PARA LA GUERRA
Creí que era un sueño, pero casi siempre los sueños terminan haciendo clic con alguna arista de la realidad. La cosa es que soñé que el corazón cansado de sufrir y de mi sufrimiento, por tantas criaturas que tienen que nacer, pero que la guerra les robó ese pedazo de su destino, decidió, como pudo, abandonar mi pecho y arrastrar con todas mis tristezas, mi vergüenza y mi dolor… pero es tanto el sufrimiento de los que aunque todavía en el vientre de la nada ya respiran su crisálida y su mariposa, que el hueco vacío que ha quedado en mi pecho también duele y se lamenta y se avergüenza cada vez más y mucho más, quizás, que mi corazón que tanto echo de menos y que tanto quisiera saber dónde ha encontrado refugio para sufrir sus penas y las mías. Y en medio de la tristeza que cada vez más inunda el hueco que me queda como un río enfermo de tanto odio y tantos peces muertos y que amenaza con desbordarse y llevarse lo ya poco de hueco que me queda… cómo me gustaría —es mi último deseo— que mi corazón haya encontrado a alguien con quién compartir tanto dolor y el mío y el dolor de tantos muertos que bajo los escombros escriben su nombre en el miembro que les queda, para que los suyos puedan darles un último adiós…

ESCOMBROS
Primero un perro escuálido, sin piel y sin el rabo, apenas la cabeza por entre los escombros, tal vez sea una sombra, quizás busque a su amo, se asoma y agoniza en mis pupilas… Ahora es solo un sapo sin ojos, humillado, que brota de la nada, como brota un fantasma, un último suspiro, esquiarlas incrustadas y salta como puede su sangre derramada… Después viene un lagarto, parece un intestino, solo le quedan ojos, el asombro, el delirio, se sube a los escombros, una última mirada y luego se derrumba hasta quedar en nada… Espero y desespero me duele mi destino y veo que una mano surge desde el olvido, es todo lo que tiene, es todo lo que queda, empuja su silencio, dos dedos la sostienen, se acerca y nada dice, es la mano de un niño… El horror aparece, el terror lo sostiene, viene arrastrando el miedo, igual que hace un hermano, son muchos los balazos, tantas son las heridas que al final solo queda un hueco sin paredes, sin tiempo y sin salida… Después viene el vacío, detrás viene la nada, el silencio los sigue, misiles, llamaradas, los tres siguen con vida, y luchan como pueden, pero el dolor es tanto, la sangre y lo que viene que caen como caen los pájaros en llamas…
GAZA EN EL CORAZÓN
Cuánto será el dolor, cuánta será el hambre y el miedo y el terror y la angustia y el Infierno que hoy, bien de mañana, tocaron a la puerta y abrí como quien abre porque tiene que abrir… y era una niña gazatí. El susto fue de súbito y pensé que solo era un sueño e intenté despertarme, pero no pude lograrlo porque ya estaba despierto. La miré como solo sabe mirar el asombro y estaba hecha de pedazos, muchos pedazos que alguien había pegado con esmero y amor y casi todos ellos no correspondían, no eran de la misma niña, sino de muchas otras niñas y me miraba como si mirara más allá de mi mirada y en su mirada sentí todo el dolor del mundo, toda la tristeza, todo el abismo… Cómo era posible —pensé— que una niña de Gaza, tan distante, tanto mar, tanta sangre, tanto odio, hubiera llegado hasta mi puerta… ¿Era tanto el sufrimiento, había crecido tanto, tantas bodegas de dolor en su cuerpo delicado, en su corazón, que se habían desbordado y derramado, arrastrándola y trayéndola como en presagio de amor, quizás una magia hasta mi puerta? Fue entonces que sentí que el dolor y toda su sustancia, todos sus flujos, todos sus desechos y huellas, todos sus olvidos, no tiene ni espacio, ni tiempo… siempre está en todas partes, aunque no sea de estos rumbos, incluso el dolor que aún no existe y todo el dolor que nos espera como una novia aún virgen con su vestido ya hecho harapos. Salí de mi ensueño, de ese instante en que todo puede ser, suceder, perecer, aunque no te des cuenta y me incliné y la tomé entre mis brazos y regresé al cuarto y la puse en la cama, pero se me hizo pedazos, muchos pedazos qué sangraban y se quejaban como solo se quejan la muerte, la nada, el silencio. Bajé rápidamente al garaje a buscar un frasco con pegante y desde ese día todo cuanto hago es pegarla y aunque quisiera hacer otras cosas no puedo, no quiero y cuando logro poner el último pedazo y otra vez me vuelve a mirar, vuelve a respirar, casi hablar, nuevamente, de inmediato, se hace pedazos y la angustia y su dolor se ceban en mi desespero, pero sé que tengo que pegarla cuantas veces tenga que pegarla y no me importa que pegar sea para siempre mi destino…
ASCUAS
He caminado por las avenidas del sueño y son tantas las cosas que me iluminan y me muestran lo que tanto había deseado y buscado, que una vez pude desatarme de la embriaguez y el asombro para tomar lo que tanto había soñado en silencio… solo quedaban los desechos y cajas vacías, periódicos despedazados como siempre ocurre los domingos con los mercados al aire libre… Y por supuesto algunos perros escuálidos y hambrientos, vagabundos que escarban buscando algo que comer y las ratas escondidas en manadas esperando que caiga la noche para volver a proclamar su reino…
DESPOJOS
Todo me lo quitaron, el lenguaje, el silencio, mi soledad, el vicio, mi sangre, mis delicias, mis zapatos tan fieles, mis amigos, las putas, el sueño, las mañanas, mis pastillas, la cama, e incluso la ventana donde suelo viajar… me quitaron la suerte, el azar, mis secretos, y también me quitaron mi muerte tan humana, el pan, y mis delirios, mi demencia y el mar… Y una vez se enteraron de que vivía mi abismo, mis desgracias, mis penas, mis lamentos, mis quejas, mi dolor, mi condena… regresaron por todo, se llevaron el lodo, mis fracasos, derrotas, mi materia, mi forma y solo me dejaron la nada junto al mar… pero igual se enteraron y otra vez regresaron, me quitaron la nada, los huecos, las rendijas, y el niño que me queda aún por engendrar…
ADIÓS
Me duele el corazón, duele el vacío, el tiempo es una herida, una herida el silencio, los zapatos me sangran, sangra incluso el olvido, y me quema la nada y me quema este adiós tan tuyo y mío… Ella marcó sus huellas, yo las seguí dormido, el dolor las borraba, la angustia, lo sufrido, y las piedras salían a divagar conmigo, y la lluvia llovía monstruos en el delirio… cuántas veces sonámbulo sangro lo que no es mío, el dolor también duele, la noche es un abismo, quiero agarrar la nada y que sangre el deseo, el aire es una herida, una herida respiro, se desangran tus besos, las miradas, los sueños, los horrores, fantasmas, los instantes perdidos, y el vestido que lleva la novia al matadero…
LA GUERRA Y SUS ESPEJOS
Por fortuna la poesía no sirve para nada, sino los perros de la guerra ahítos e hinchados por la gula, abrirían fábricas y sucursales en todos los rincones del mundo para dosificarla, medirla, pesarla, clonarla y empacarla en diferentes tipos de frascos y sobres y cajas y rollos, pergaminos… y venderla en los grandes centros comerciales y mercados y tiendas y tienduchas y hasta en puestos callejeros para con las ganancias poder financiar la guerra y evitar que otros perros salgan también a hacer sus inversiones…
LADY MACBETH EN PALESTINA
Hoy me he levantado con las manos untadas de sangre y de ver tantos muertos que bajan por el río de los sueños me he quedado ciego, pero de nada me ha servido porque el oído se ha convertido en el personaje principal de esta escena y ahora escucho los lamentos, el silencio del miedo, el picoteo de las aves de presa arrancando ojos y metiendo la cabeza hasta el fondo de la intimidad y tragarse el dolor, atragantarse con un ramillete de intestinos todavía calientes y ahogarse de ebriedad en el agujero del culo donde todo empieza y todo acaba. Y me limpio como un demente se limpia sus fantasmas, me seco cada dedo, pero la sangre sigue manando y corriendo como si cada yema fuera una llave que no logro cerrar… Siempre que me corto, mientras cocino, me gusta chuparme la sangre y, de repente, se confunden los dedos con los pezones de la mujer que amo y hago hasta lo indecible para mantener las heridas abiertas para que la sangre siga alimentando mi angustia y mi dolor… Y vuelvo a levantarme y ahora tantas veces que pareciera que mi manos son un manantial de dedos heridos y tengo miedo de que me descubran y me escondo en el silencio, me meto como un armadillo en su caparazón y me quedo quieto, pero la sangre se empoza y me ahoga y rompo el caparazón y me meto en el closet y aparece Lady Macbeth y me extiende sus manos que manan sangre, igual que las mías y veo luces en su mirada por mi compañía, parece agradecida y me pide que destruya el libro donde está la causa de todas sus desdichas…
FOTOGRAFÍA DEL DÍA
Me hice el ciego y me lo creí para no ver tanta sangre que corre por las calles, tantos muertos luchando por un lugar en el olvido, tantos sueños sacrificados en lo más hondo del odio, tantos vientres consumidos en el naufragio de sus últimos deseos y embriones todavía boqueando en su mirada, mientras los pájaros del rencor y la venganza hunden sus picos en la delicia de su inocencia. Pero nada es posible, nada se me atraviesa en el deseo que me borre el dolor que no es mío, ese dolor que duele tanto como no hay dolor que duela, tanto que el silencio ha entrado en coma y el olvido ha vuelto con todas sus heridas más abundantes, más heridas, más olvido… Solo sangre que me inunda las pupilas me acompaña en la carnicería de las fábricas y los mercados… y cada amanecer intento cegarme una vez más, arrancarme una vez más más tantas miradas, tantas criaturas que naufragan en mi silencio y me levanto y abro el grifo para lavarme la cara, restregarme el dolor, secármelo, echarle un poco de crema para que sobreviva un poco más, pero mis manos cada vez más se manchan de sangre y mi ceguera se ha convertido en un telescopio gigante que todo lo ve y lo consume y lo digiere y lo muere…
EL BUITRE DE KAFKA
Y una vez se percataron de la noche se inventaron un Dios para que les ayudara a amanecer… y por mucho tiempo —como los que nacen hechos para el amor— les fue de gran beneficio y jugosas ganancias… pero lo imaginaron demasiado parecido a ellos mismos y el parecido se ha ido agudizando de tal manera que ahora su salvador se parece a todos, y de tantos que ahora es, no ha podido evitar abrirle tantas heridas al tiempo que ahora sangran incluso las mañanas… Una criatura impredecible, este dios hecho de papel, que amenaza con devorarnos a todos… así que los señores de la noche ahora no saben qué hacer con el…
ORACIÓN POR PALESTINA
Levanta esa piedra que acabas de mirar sorprendido, levántala con toda la audacia de tu corazón, todos tus sentidos… quizá sea la misma piedra que tirabas al río una y otra vez cuando, finalmente, podías escaparte de tus amigos para estar solo y te hundías con la piedra y nadabas hasta el fondo de tu Intimidad… Levántala y tírale uno de tus tantos hechizos, y háblale como antes lo hacías, con amor, con toda la pasión en tus pupilas y haz que crezca todo cuanto quieras, y que sea noche y día y sueños y derrotas, y vuelve y tírala como tantas veces, como cuando niños en lo más profundo del mar y pídele que llueva hasta que la tormenta se convierta en un fruto podrido de sol y después exígele que se haga tsunami y que traiga todo tu dolor, tu angustia, tus eternos horrores y se lleve hasta la mierda toda esta vacada de infames que se valen del amor para chuparnos nuestros más íntimos embriones, y tragarse lo más delicado de nuestros fetos, tantos inocentes, tantos sueños, tantos silencios y hasta la misma muerte que llora y se enferma ante tanta avaricia, tanto odio… y la gula que se atraganta engulléndose los despojos de la fertilidad…
GAZA Y LAS MIL Y UNA NOCHES
No pude con tanto dolor, se me empozó y se pudrió hasta que el tiempo mismo se detuvo golpeado por un suspiro y el llanto se consumió tan hondo que se podían ver sus brasas y sus cenizas y tanto que no me quedó de otra que convertirme en avestruz y, mientras huía como huye un demente enamorado, metí la cabeza en un agujero negro donde aún permanezco dispuesto a cambiar lámparas nuevas por lampara viejas…

LOS LABERINTOS DEL HORROR
Muertos, solo muertos en mis sueños, todos muertos y, sin embargo, todos mirándome, tan hondo, tocando con su mirada mis más íntimos secretos, todas las heridas del tiempo en el silencio, el dolor de las criaturas que no alcanzaron a nacer, el corazón de las madres que se hincha de lamentos y se desborda como ríos de lava y, antes de que se cumpla otro segundo en el tiempo del odio, más muertos en mis pupilas, en los pantanos del olvido y más allá de los laberintos del horror se abre una grieta y el llanto se derrama, se abre paso, se acumula, y bajan ríos de sangre, se empozan los excrementos del odio y la muerte; se unta los desechos en el rostro para ocultar su sufrimiento, los deseos pierden la memoria, la agonía escribe con errores de cálculo para acabar cuanto antes con su dolor, y el eco del deseo viaja con sus fantasmas, como viajan los balazos, los estruendos, las fosas comunes, los pedazos de amor, el temblor ciego de los animales que huyen heridos de muerte… Todos muertos en mis sueños, todos sus ojos en los míos, todo su dolor, todo su llanto que me inunda y tanto es el espanto que mis ojos ya no saben más que llorar, y para poder que el corazón se levante de su agonía, echo a correr sin que yo mismo me haya dado cuenta y ante la inminencia de la muerte me detengo y hago un hueco en la tierra húmeda y meto la cabeza y meto mi dolor, mi angustia y dejo que los otros pajarracos del crimen pasen volando, y los veo, sin saber si aún estoy vivo, o si ya estoy muerto…
EL ODIO
Así, no más porque sí, el hombre sacó el cuchillo y mató al niño… La criatura no tendría más de cinco años. Y, aunque parezca increíble, se cebó en el cuerpecillo a tal extremo que se lo hundió 24 veces… Un cuchillo de esos que usan los matarifes en las carnicerías. Si no estoy mal es lo que llaman los códigos penales matar con sevicia. Yo no estuve presente en el lugar del crimen, pero en quienes estuvieron pude ver y sentir el odio en la mirada del verdugo… Un hombre probo y creyente, padre de familia ejemplar, modelo a seguir entre los miembros de su iglesia. Pero todo el dolor de esta historia está en que lo mató delante de su madre que como los transeúntes se quedó petrificada, náufraga ante la aparente inocencia del horror. Tal vez, el horror por excelencia, el ideal, el que duerme con su dicha en la caverna de Platón… Y lo más sorprendente de esta historia —que hizo carrera en todos los medios de información— es que unas dos horas, a lo más, después de ser detenido por la policía, este hombre de Dios fue declarado loco. Herido por los hechos en lo más frágil de mi intimidad, me di, unos días después a la tarea de saber de la familia del niño, cosa que no me fue muy difícil… La criatura era uno de los últimos descendientes de una civilización exterminada hace ya cientos de miles de años… En los mapas antiguos aparece como PHILISTIA… Land of the Philistines.
ESCUELAS DEL DOLOR
Niños desnudos y famélicos se juntan sin cesar en las aceras del sueño, se amontonan, se aprietan, se acomodan como pueden formando una pirámide cada vez más alta, cada vez más sueño, desnudez… Criaturas escuálidas, hambrientas, un cíclope de mil ojos cosechando su horror en mis pupilas, desgarrándose el silencio, arrancándose la lengua para dar de comer a sus perseguidores… Cientos de criaturas hechas para el asombro, las caricias, el misterio del amor, manos que hechizan y encantan, risas que florecen como florece una abeja que naufraga en la flor que desde siempre la espera. Y, de repente, la pirámide se desborda, se viene en picada, un misil de lamentos, una explosión de sangre y una última mirada en mis pupilas, una mirada ciega, ausente, mientras el cíclope yace sin vida bajo los escombros donde las ratas se preparan para otro dolor, otro funeral, otra pócima de cicuta.
GENOCIDIO EN GAZA
De súbito, todo lo que amaba, aunque está presente, ha dejado de existir, igual que mi amor que pareciera haberse quedado en ascuas, sembrado en la indiferencia, abandonado de cada uno de los sentidos… Y me asomo a las orillas del tiempo, y sumo e imagino insensible y pueril, pero solo aparece en mis pupilas un barco fantasma sin heridos, sin muertos, sin noches, ni mañanas, varado en una de las heridas del silencio… Echo a correr dispuesto a recuperar mi corazón, aunque no lo quiero, no lo necesito, ya casi es olvido, ya casi solo es el eco de un lamento y ahí en el pecho donde coseché mis más bellos deseos, mis explosiones de luz y de sombras, allí donde sufrí y amé la carne del placer madura y sazonada, el misil luego de explotar solo dejó un cráter vacío y fresco de órganos y miradas y heridas en el viento…
EL AMOR EN PALESTINA
Como esas sombras que uno cree que son solamente sombras, pero que aún cargan su tragedia, su silencio, su herida de lamentos, hoy he visto el amor merodeando en el barrio donde vivo, y pensé que era solo cosa mía, o quizás de mi estrabismo, de mis repentinas desapariciones, pero era el amor, y estaba hecho una mierda, encogido, sucio y ya casi sin mirada, y tanto que ya no era más que su otra mitad; la locura que ha sido su soporte y su espejo aún antes de que la primera flecha desangrara el primer corazón… Quise acercarme y decirle algo, quizás consolarlo, compartirle una Coca-Cola, un Quarter Pound Burger, pero me quedé varado en el deseo, prisionero del asombro, untado de angustia y horror… y qué curioso, en el cuello llevaba una bufanda con la bandera palestina untada de lágrimas, lamentos, noches en vela y pedazos de órganos todavía frescos que parecían manchas de un sol crepuscular. Sin pensarlo dos veces me le acerqué y me le derramé en los brazos, le dije palabras dulces que yo mismo desconocía y saqué el pañuelo y le limpié la cara, le humedecí los labios con mi dolor, lo peiné con los dedos de la angustia y lo tomé de la mano y quise arrastrarlo hasta un restaurante para que comiera y se recuperara y, quizás, con la idea de llevarlo a casa y bañarlo y cuidarlo y meterme en su abismo, encenderle una vela en su mirada, pero me detuvo y me dijo sin mirarme a la cara que él estaba bien y que el dolor de tantos que en los campos de la muerte se habían quedado sin disfrutar de sus secretos más hondos, sus deseos más ocultos, le eran suficiente alimento… Que había perdido la memoria y que ya tan solo le quedaba la locura, su amada eterna, su herida encarnada y que mientras ella se había detenido en un chiquero de fantasmas a comprarle un poco de cocaína para mitigar su tragedia, él seguía con su tarea de recoger desechos en los cubos de basura para luego regresar al campo de batalla a alimentar a los muertos que seguían luchando a pesar de estar muertos contra los ejércitos de un dios hecho de odio y de venganza. Creo que finalmente me miró y sonrió, pero no estoy seguro, y se marchó hasta perderse en los últimos desperdicios del silencio… Ahora de la mano de la locura que también regresó al campo de batalla aquella tarde sin tiempo a buscar entre los escombros, cabezas, miembros, lamentos, lágrimas, manchas de sangre, miradas y palabras a medias, espasmos y quejidos que con ternura y cuidado envolvían en sábanas blancas para después entregar los atados a las madres que habían quedado con los brazos abiertos antes de ser consumidas y digeridas por el odio y sus secuaces…
IMÁGENES DE LA GUERRA
Me desperté de improviso, igual que un sonámbulo, y de inmediato me di cuenta de que todavía no había aprendido a hablar… Solo uno que otro gesto acompañaban mi estado primitivo, solo ganas que se ahogan de asombro, sin puertas, ni ventanas… no sé si me miré o me miraron, pero estaba en cuatro patas y la cabeza apenas levantada… En el cielo aún no había estrellas puesto que nunca las había mirado… Y como los sonámbulos sentí que escuchaba, que un eco caprichoso me llamaba, pero solo era un susurro, un quejido atrapado en el deseo, una mueca confusa, como si el viento estuviese tocando un instrumento de una sola cuerda… También abrí la boca, quizás la primera vez, y quise comer, pero la mano no encontró la boca y tampoco la boca la mano… Y los olores que acudían, igual que un hocico de perro; apetitosos platos del deseo se precipitaban en el espejismo del placer hasta convertirse en un hueco sin paredes y sin fondo… Regresé a la cueva, confundido, herido sin heridas, la cabeza cada vez más levantada, de lado y algún visitante de otro mundo había escrito en las paredes: «Por fortuna aquí se encontraron el Homo sapiens y el Neandertal».
LA CARA DEL SILENCIO
Cómo quieren que escriba, que le cuelgue luces y metáforas a las palabras, que les dé un sentido, un propósito, una finalidad, que las haga explotar con su música en lo más profundo del deseo y la angustia, que las sostenga como lámparas en lo más alto del delito para poder identificar a los muertos, que les ponga plumas y alas y pájaros a su aventura, que las lleve al mercado y las cambie por lámparas nuevas, que las obligue, las enamore, las subyugue y me las ponga como un collar de frutos silvestres y las haga volar en alfombras mágicas y las unte de olores y sabores extraños y amores desconocidos… Cómo esperan que escriba, cómo se atreven a esperar que escriba, cómo pueden pensar que escriba, si lo único que puedo hacer es morir a cada instante en los ojos de una criatura que bajo los escombros de la guerra me muestra en sus pupilas todo el horror del mundo… Todo el pavor y la angustia que tantas veces me encontró, también a mí, debajo de la cama, amarrado de pies y manos para evitar que como a ellos me encontraran ya sin vida debajo de los escombros. Cómo me pueden pedir que escriba, si he olvidado como hablar, si ya no me queda más que esta mirada que me mira y que naufraga y que se desangra en silencio… No me lo pidan, si no sé hablar, mucho menos esperen que sepa escribir y escuchar… Nunca fui a la escuela, soy analfabeto como el dolor y el miedo…
LOS NIÑOS PALESTINOS
Sus miradas desiertas, pupilas que rebosan el dolor de los tiempos, la muerte, tantas veces, ha sido única amiga, su consuelo, el pan que siempre falta, un escondite a tientas, a ciegas recogiendo sangre, para lavar sus heridas… Lamen lo que les queda, las esquirlas, los gases, el delirio, la ceniza; y de la mano llevan el horror que transpira y se queja y que pide que se apaguen las luces y que un embrión vomite la muerte de los dioses…
LA HORA DE LOS BUITRES
Hoy no sé por qué circunstancias o jugadas a medias del destino, después de mi trabajo me he encontrado sin apenas darme cuenta en un jardín infantil… Había tantos niños, igual que una lluvia que no cesa, que se repite gota a gota… Y eran como relámpagos, voces de aparecidos, alas extravagantes, tan nada en sus sentidos, perdidos en un tiempo que nunca pudo meterse en sus dominios y, de repente, una explosión tan grande, seguida, repugnante, y todos en el patio se miraban en vilo, mientras los muertos sacaban de los escombros los restos de otros muertos… Una pila de niños, pellejos desprendidos, fuegos que ya no queman y tantos asesinos que la noche aterrada y hundida en las mirada del amor que se acaba, se esconde, se extravía… y se entrega al olvido, donde todo se acaba como cuando pisamos las huellas de la nada y el dolor que ya no sufre por haber sufrido, incluso dolores que no han sido, que no estaban, dolores que se adelantaron a su sufrimiento, el dolor que los niños tan muertos tantas veces guardan en su mirada…

EL EJÉRCITO ENEMIGO
El firmamento resplandecía de luces como si en cada rincón del mundo hubiese fiesta, y tronaba, y se repetía incansable un silbido como de monstruos de muchas bocas… Y una vez la belleza de la muerte terminaba su carnaval de sueños y encantos, todo daba vueltas, todo se pudría y el firmamento como una bola de fuego se precipitaba a pasos agigantados a consumir los últimos desechos del fénix ya cansado de volver a revivir… Y otra vez los perros en manadas, guardianes de la ciudad, su único ejército, se apostaban en las calles y volvían a ladrar sin parar enfrentando con sus ladridos el odio de los mensajeros del horror y del crimen que arrasan las ciudades con sus armas hechas con tanto amor…
CONCIERTO EN PALESTINA
Tenía boletos para ir a concierto de Blues con la mujer que insiste en que me ama. Ella los compro, pero el show fue pospuesto por la muerte de uno de los músicos, si mal no recuerdo, el bajista. Después de muchos meses todo se reprogramó y esta noche es el show… Me gusta el blues más que cualquier otra música y quiero ir, pero me duele Palestina y tanto que no concibo la idea de ser feliz… No se puede ser feliz cuando has visto la mirada perdida de un niño consumido por la nada y el horror… Pero en el instante en que había decidido no ir, pensé que quizás valiera la pena ir y dejar que mi corazón se llenara de toda la felicidad del mundo para sacármela y mandarla por correo a Palestina para que el dolor y el horror puedan tener al menos un instante de felicidad y así ayudar a evitar que todo se pudra y solo quede un pantano inundado de miedo y de angustia… Intento estar contento por más de tres horas y bailo con la mujer que me ama y bebo unos tragos, pero cada vez es más visible Palestina, su dolor, su silencio, y tantos muertos que pareciera que entre más los matan no pueden morir… Y mi corazón se reboza de música, amplía sus ventrículos y sus arterias, se inflama de música, pero Palestina me sigue sufriendo y cada vez más ante la mirada impasible de los asesinos de bien… Es inútil, no puedo más… La felicidad de súbito se transforma en dolor, tragedia, tierra arrasada, niños quemados, desmembrados, despedazados, machacados y tantos otros flotando en el aire, ya solo cenizas y olvido. Empiezo a sangrar y un líquido amargo y viscoso amenaza con inundar la sala…Y entonces pedimos un trago más, mientras yo me meto la mano en el pecho y me saco este corazón humillado, desangrado y lo dejo abandonado a su propia suerte en un rincón oloroso a urea y mendicidad y le pido a la mujer que me ama que regrese mañana y me lo traiga aunque apeste y ya haya dejado de funcionar… Me despierto ya casi el amanecer y en una de las paredes de la habitación está escrito con sangre en letras grandes: Palestina.
EL ARCOÍRIS
De súbito el arcoíris se tiñe de sangre y veo solamente una cinta roja que se diluye y se abisma y sangra y se desangra y otra vez vuelve a su punto inicial… Sin darme cuenta lo sigo como una criatura embriagada por el olor de la sangre y dispuesto a encontrar el tesoro que dicen que esconde donde calma la sed, allí donde tantos me contaron que era su hogar… Corriendo como un demente me pongo alas en el deseo, aceleró mi delirio de la mano de la dicha y del horror y antes de que se desangre llego a mi destino, pero no hay tal tesoro, solo baldados de sangre, muchos baldes, mucha sangre… y en mis pupilas incontables arcoíris…
EL SACRIFICIO DEL SILENCIO
No sé si estoy dormido o despierto o, quizás, las dos cosas a la vez, pero de lo que si estoy seguro es que el silencio, de repente, se me ha acercado como quien se despierta de un largo sueño, y me ha dicho al oído que él no es una opción, que callarse y guardarse tantas cosas que sangran, no puede ser una opción… Que no es que no le guste su papel —me recalcó—, que el haber llegado a ser lo que es sin decir una sola palabra, sin que nadie sepa quién es, es un placer que no cambiaría por ningún otro placer, pero hay momentos en qué hay que salir de la cueva machacando lo que eres para poder ser lo que sueñas —me dijo con cierta rabia—; que él ya no es una opción… que cuando el llanto de un niño asesinado por los apóstoles del horror no se escucha, o no se quiere escuchar, el silencio deja de existir… Que ver a una mujer parir en medio de los escombros, untada de odio y de infamias, le aviva el corazón al dolor… y entonces el silencio se aparta de sus secretos más íntimos… Que ver a esa niña deslizándose por debajo de los escombros con su gato muerto, hundido en el regazo, es cosa que hace que hable hasta el más mudo de la familia… Que quiere gritar —me dijo—, aullar si es necesario, rugir como un animal herido, convertirse en un personaje de una película de horror para que nadie se quede sin escuchar, porque si se cierran los ojos, solo un instante, podrás ver con más claridad a los exterminadores de la inocencia y el amor, ya que el silencio desde ese momento deja de existir —fue lo último que me dijo— para que exista Palestina.
MAGIA EN PALESTINA
He escrito conjuros, hechizos, me he hecho varias limpias, terminado mis lecciones de brujería, invocado a mis personajes favoritos, he vuelto a leer lo que un día subrayé en los libros que siempre me han acompañado desde joven, y repito hasta el delirio lo que quiero, y escribo en las paredes con sangre lo que quiero, y he ayunado y he vuelto a ver fantasmas, y he limpiado toda la casa como el mejor de los sirvientes, y echado piedrecillas en la punta de los zapatos y camino enamorado del dolor sin que nadie lo sepa… He hecho todo lo que he podido, he vuelto a mis manías de brujo, hechicero, chamán, esperando, rogando, implorando que todo esto junto, sumado, amasado, bien cocido, explote en el alma de tus asesinos, Palestina… Te prometo que por cada asesino escribiré un hechizo y voy a repetirlos todos, todo el tiempo, para que se levanten tus muertos, Palestina, y que los mensajeros del odio y del crimen, también mueran de dolor en tu mirada, Palestina.
EL REGRESO DE LA MUERTE
Cada palabra que escribo se me desangra en las páginas, como si no quisiera ser escrita, se rehúsa, se niega, se deforma y solo quedan manchas, pequeños pozos de dolor, huellas de lamentos, silencios untados de angustia, olores de carne desgarrada… Insisto, me hago trampa, desisto sin desistir, barro la casa, abro las ventanas, quemo hiervas, prendo velas, me hago una limpia, me fumo el tabaco, en el mercado me compro las flores más hermosas, me echo perfume como lo hacen los amantes, y una a una uso todas las máscaras que he guardado en la vigilia, en los sueños en todas mis derrotas… Pero nada de nada es suficiente, las manchas crecen, se desangran, se desbordan y poco a poco repiten su sustancia, hay manchas en las paredes, en los cuartos, en el silencio, en la noche, en cada plato, manchas de miedo, manchas de odio, manchas de muerte, manchas de rabia, y se manchan mis manos, mis delirios, mis pupilas se manchan, mis lamentos, mi angustia, mis amantes… Ya no hay nada que pueda hacer, todo se niega, todo es demencia, sentarse, hacerse el ciego… y, de repente, una mano como solo suelen ser y hacer las manos cercenadas en las películas de horror, se levanta, se apresura; todo calamidad, todo un desastre, y en las paredes escribe Palestina…
VIAJE A PALESTINA
Hoy el corazón inesperadamente ha abierto la ventana que lo mantenía a medias ileso de tanto dolor, tanto odio… Esta película del horror que pareciera no tener principio, ni final. Hice cuanto pude para detenerlo, aclararle su mirada, explicarle sus heridas… Pero todo fue en vano… Le supliqué como nunca antes lo había hecho, le dije que haría todo lo que me pidiera… Que estaba dispuesto a vivir sometido al silencio y a la soledad, que nunca más me volvería a entristecer, ni a entristecerlo… No se volvió ni un solo instante como antes lo hacía cuando se lo pedía, al contrario, cada vez más iba más rápido como si lo estuvieran siguiendo o, quizás, él estuviera siguiendo algo… Me tiré por la ventana igual que él, y lo seguí, pero después de unos días lo perdí… Y de casa en casa preguntaba por él, de lugar en lugar buscaba noticias, una pista, una mínima señal… Y un día cuando ya había pensado darme por derrotado y con la nada cada vez más retorcida y exigente en mi pecho, una niña salió de una casa, o lo que quedaba de ella, me dijo que habían visto pasar un corazón muy triste y agobiado y preguntando cómo llegar a Palestina, porque quería conocer de primera mano la herida primera del dolor, porque quería sentir el verdadero sufrimiento… porque quería morir en el cuerpo de un niño palestino…
NOCHE DE CERDOS EN PALESTINA
Hoy he sentido una vida que nunca antes había sentido… Un destino que aterra y me hunde hasta que solo queda en la superficie de la tierra mi cabeza. Atascado estoy como un cerdo inocente en un pantano donde los monstruos de la sabiduría defecan a diario… Nadie ha venido hoy a darle un pedazo de pan a mi cabeza donde los insectos y las alimañas han montado su sinfonía de horrores sin tiempo y sin pausa… Llueve intensamente y cada gota de sangre estalla en mi mirada como un puñal de fuego que no acaba de dejarme ciego, vacío, flotando en los paraísos del odio… A los cerdos se les amarra hasta lo más delicado de su intimidad y se les acuchilla y se les cuelga y se les abren las entrañas y se les corta en pedazos y se les empaca y se les sirve a los señores que dictan sentencia… Mi único deseo es que alguien se anime y me corte la cabeza ahora que no tengo cuerpo, solo esta grieta que me aprisiona y alimenta mis delirios y mis noches sonámbulas… Pierdo la cabeza y todo es nítido, perfecto, tangible en el fondo de la nada, madres al por mayor y al detal preñadas con bolas de fuego, fetos que arden hasta que solo queda su mirada aparcada en el dolor… Criaturas inclinadas que huyen sin atreverse a dar un solo paso con su piel en las manos, despellejados, solo cueros para procesar en las fábricas del horror y de la ciencia… Y tantos animales que se levantan de las heridas de la muerte que chilla como el cerdo en el pantano, pidiendo auxilio… Animales que hacen cola para que les den un papel, cualquier papel, en la película de horror que requiere de extras, muchos extras que garanticen su éxito… El cerdo todavía vivo se ha quedado en silencio rogando que le caiga un rayo o un misil extraviado, o que los elegidos le autoricen la eutanasia… Mi cabeza, por otra parte, ha desaparecido, se la han llevado con todo y sus delirios y sus noches sonámbulas, a la casa de los comensales que fueron invitados al estreno de la película… La llevan en un plato adornado con los restos de los niños que abandonaron el vientre de sus madres antes de nacer y todos se abrazan y se la pasan de mano en mano y le hablan cosas de la ira y del odio, y se la entregan, finalmente, al monstruo que preside la escena final para que él le ponga el punto final a la película…

LOS SEÑORES DE LA GUERRA
Los que a sí mismos se llaman faros de sabiduría y que a tantos quieren llevar por un camino paralelo sembrado de flores que se alimentan de cadáveres, solo son los ángeles exterminadores de las fábricas del odio y del crimen con sus etiquetas de lujo… Allá donde nos dicen que todo existe primero que acá, y que tenemos el privilegio de ser su reflejo, su copia, su calco… su odio y su amor por el delito cuelgan y se reproducen en lo más alto de lo poco que ha logrado su medida ideal… sus vasos comunicantes atragantados de podredumbre y de monstruos que no terminan de saciar su apetito, se multiplican como una plaga y entran en el cuerpo de sus tantos reflejos, con su marea de muertos y sus mecanismos podridos… Y son tantos los hijos del odio y tantos los muertos que se amontonan como islas flotantes del horror que todo se ha invertido, y de tal forma que cada vez más, son los muertos los vivos, y los vivos los muertos… Negocio muy rentable y que les garantiza a los sabios grandes ingresos que les permiten ampliar los mataderos, hacerse con el negocio de los dolientes y destinar lo que queda de sus matanzas cada vez más fértiles a la compra de armas para asesinar y torturar su reflejo con mucho más amor…
CUENTOS PARA DESPUÉS DE LA GUERRA
Siempre he vivido escapándome, perdiéndome, quizás con la vana esperanza de que tanto dolor se canse de seguirme y también se pierda y encuentre otros dolientes, clientes más sofisticados que quieran seguir sumando penas y delirios y angustias, sufrimientos que duelen y se pudren aún más cuando no son los míos… Me persigue una tormenta de criaturas indefensas flotando en un mar de odio, despedazados, y el eco de sus lamentos me golpea el corazón y sangra la noche y el día, sangra la luz y el silencio… Pero donde quiera que vaya, me esconda, cambie mi identidad, acuda a los misterios y a la magia, el dolor es cada vez más intenso, tan grande como un lago podrido en las grietas del tiempo y las criaturas siguen sumando lamentos y mi corazón se desangra igual que una mujer parida que pierde a su hijo y se pierde en el aullido sin fondo de su dolor… Cuando me acuesto y me levanto sonámbulo sin saber que existe el regreso, la cama y el cuarto y las ventanas se me llenan de criaturas aun agonizando con sus entrañas en las manos mirándome como si me estuvieran regalando su último adiós… Y, entonces, voces extrañas acuden en mi ayuda y, de repente, estoy en el bosque, un bosque oscuro y quieto como un espanto que aún no ha acudido a su cita y en una canasta tan grande como mi angustia, llevo el dolor, todas las tragedias del mundo, todas las penas, todos los sufrimientos, todos los lamentos y gritos y también el silencio… Y el alimento de las armas, el dios de las armas, el gran mercado de las armas. No sé qué hago ni me importa y de repente estoy escondido detrás de un árbol, lo cual no me sirve de nada… El ruido macabro e infeliz crece en la canasta de tal forma que pareciera que incluso el bosque y su dolor, también han entrado en la cosecha de la canasta… Y de repente aparece una niña que lleva una capa roja y le entrego la canasta y ella la toma y me entrega la suya y me mira y la miro como si nos conociéramos y, mientras buscamos algún recuerdo en el silencio, un lobo enorme, monstruoso salta de un árbol y lento, sin dejar de mirarnos, se acomoda tan cerca como puede entre los dos, con aires de saltimbanqui y la niña le entrega la canasta y le dice que su abuela lo está esperando como siempre y el lobo mira dentro de la canasta, escarba, como si buscara algo y, de repente, lo invade la tristeza, un dolor jamás nunca visto y lento se trasforma en un personaje de una tragedia aún no escrita y llora como un demente que busca su corazón, se agita, se araña, se arranca el pelo, se saca los ojos y se los da de comer al silencio y ya echo un asco, un montón de criaturas muertas, busca a tientas una rama y con sus dientes le saca punta, la afila y se la clava en el corazón…
BOMBARDEO
¿De dónde este tanto dolor…? ¿Quién me lo regaló sin que me diera cuenta?, ¿Dónde lo compré, si nunca lo he comprado? ¿Me lo echaron en un descuido en la mochila? ¿Me lo tatuaron, quizás, en mis fantasmas con letras invisibles mientras dormía? ¿Y cuándo y cómo fue que se abrió de par en par como una herida que se niega a dejar de ser herida…? ¿Por qué, sólo aprendió a multiplicar, cuando restar, quizás, sea el misterio que encierra ese extraño accidente de respirar y dejar de respirar? ¿Por qué, si fue solo un hilo de agua que se regodeaba en mis secretos de niño, de repente se hizo charco y fuente, y riachuelo y quebrada, río, afluente, y como si todo eso fuera poco, lluvia, tormenta, mar, naufragio? ¿Por qué cada vez es más pesada esta carga que no llevo, esta angustia sin tiempo, esta cicatriz que se abre un poco más cada día y que sangra y pulula y excreta y se llena de insectos, picaduras, manchas de angustia, borrones y tachones del horror…? ¿Y que se agiganta como raíces que siguen creciendo, y se llena de sombras y de aullidos, y todo lo envuelve, lo amarra, lo teje, que ya no queda de otra que romper la telaraña y sacarse el corazón y tragárselo para sobrevivir al menos unas horas más…? Quizás no haya más que un dolor en el mundo que se rompió en pedazos y, entonces, cada vez duele más porque los pedazos no logran ajustare, unirse, para que todos al sufrir el mismo dolor, dejemos de sufrir por el dolor de los demás… Pero los deseos no son más que deseos y hoy mismo vi a una rata salir como una mano enamorada de los escombros, untada de hollín y de aceite y tanto que su pelo parecía de alambre; y sus bigotes, antenas quemadas y quebradas en el asombro… Se acercó y me miró como si quisiera pedirme algo y, entonces, una bomba cayó y nos mató a los dos…
CORAZONES AMBIGUOS
En su corazón, no había más que rastros de mierda, casquillos de armas sedientas de dolor, pedazos de órganos pegados con pegamento extraído del odio, un río de lamentos, monstruos que se arrancan con sevicia embriones de su mirada… Un corazón inundado de cadáveres que se pudren en las orillas del horror, un río de vírgenes violadas en las fábricas de la muerte, un corazón hecho de mil cabezas que traga y se ahíta con la carne tierna de los sueños más frágiles y entregados, un corazón que se hace un traje con las heridas de los más débiles y sale a la calle a promocionar su película de horror… Un corazón que se empoza, y se llena de criaturas extrañas y el sol se abisma y se cae y se hunde y se pudre en el pantano… un corazón como el tuyo y el mío, aunque ni tú ni yo lo sepamos, hecho con las mismas partículas con las que aman y se angustian de felicidad, de besos, de largas noches de placer los asesinos del asombro del silencio… Y que defiende como el mejor de los soñadores que él es el motor que nos echa a andar y nos mantiene siempre a la expectativa de encontrar otras manos que se junten con las nuestras a recoger la cosecha, a disfrutar de los frutos maduros donde se alimentan los deseos más íntimos y las constelaciones… Un corazón que no es diferente del tuyo y el mío, cuando en silencio afinas el olfato y sientes a plenitud el sabor acre de la sangre que te embriaga y te envenena y ya no te queda de otra que salir a cazar inocentes… Un corazón que se traga a sus hijos con amor una vez han nacido y que tantas, y que tantas veces, absorbe y destruye sus órganos y los vomita para alimentarlos… Un corazón que, de súbito, adquiere las propiedades de un esfínter…
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*Manuel Cortés Castañeda, nacido en Colombia, es licenciado en Español y Literatura de la Universidad Nacional Pedagógica (Bogotá), director y actor de teatro. Cursó estudios de doctorado en la universidad Complutense (Madrid). Enseña español y literatura del siglo XX en Eastern Kentucky University. Ha publicado seis libros de poesía: Trazos al margen. Madrid, España: Ediciones Clown, 1990; Prohibido fijar avisos. Madrid, España: Editorial Betania, 1991; Caja de iniquidades. Valparaíso, Chile: Editorial Vertiente, 1995; El espejo del otro. París, Francia: Editions Ellgé, 1998. Aperitivos, Xalapa, México: Editorial Graffiti, 2004; Clic. Puebla, México: Editorial Lunareada, 2005. Dos antologías de su trabajo literario han aparecido recientemente: Delitos menores, Cali, Colombia: Programa editorial Universidad del Valle. Colección Escala de Jacob, 2006; y Oglinda Celuilalt, Cluj–Napoca, Rumania: Casa Cărţii de Ştiinţă, 2006. Ha sido incluido en antologías tales como Trayecto contiguo. Madrid, España: Editorial Betania, 1993; Los pasajeros del arca. La Plata, Buenos Aires, Argentina: El Editor Interamericano, 1994. Libro de bitácora. La Plata, Buenos Aires, Argentina: El Editor Interamericano, 1996. Donde mora el amor. La Plata, Buenos Aires, Argentina: El Editor Interamericano, 1997. Raíces latinas, narradores y poetas inmigrantes, Perú, 2012. Además, escribe sobre poesía, cuento y cine. Actualmente está traduciendo al español textos de poetas norteamericanos de las últimas décadas: Charles Bernstein, Leslie Scalapino, Andrei Codrescu, Susan Howe y Janine Canan, entre otros.
