
Por Antonio Arroyo Silva*
1
«Odia con todo el rencor, con todo el resentimiento que aún llevas en las entrañas. Y no temas, porque hasta la crueldad más abyecta revienta por sí sola como baya madura»—dice el Cónsul—. «Odio desde la cáscara hasta el ombligo mismo. Ese crujir de tea que se adhiere a la carne trae un resabio áspero desde el latir del tronco a la aspersión del tuétano» —dice el bosque terciario—. «Odia, no por cada golpe recibido —eso es lo más fácil—, sino por aquello que ya nunca recordarás. Que lo único que podrá iluminar tu vida será el odio» —dice el Cónsul—. «Odio sobre la rama, la lujuria del mirlo con un dulzor de labios, en la esquina aulladora que trepa el tragaluz como un lobo del páramo» —dice un poeta.
«Y por innobles que hayan sido tus actos, no olvides dar las gracias a todos y por todo cuando llegues al fin» —dice el Cónsul—. «Subir los escalones a la copa del odio con el barniz del diente bullendo hasta el amor» —canto en Symphonia.
(Diálogo de dos poemas. Uno de ‘El Cónsul del mar del Norte’ de José Carlos Cataño y otro del ‘Sexto Movimiento’ de mi libro Symphonia).
2
me aprieta el cerebro como a quien
le aprietan los cordones de los zapatos
toco las formas casi a oscuras como un ciego
no puedo con mis huesos y
el perro se fue con el rabo entre las patas
cierro los ojos veo a Rilke sonriendo
allí en la página marcada y
nos morimos un poco al cruzar el río
el ojo no mira sino siente lo que mira
pues lo construye lo destruye
escucha su estampido de realidad
saborea el hálito del fuego
aún sin definición
sentir es el sentido del objeto
antes de ser pensado
por eso el cerebro
aprieta los zapatos del mundo
y las palabras andan sobre las aguas
3
La madre, los hermanos, los objetos
que no tuvimos nunca, aquellos pocos
que atesorábamos con celo. Tú
saciado con un grano de silencio,
ella con su mirada de paz
sobre los moretones. Los cuchillos
en la linde del odio, el celofán
con pocos caramelos. A mi hermana
le dieron la macana por tener
novio. A mí, la insaciable desazón
de creer que lo próximo sería
irremediable. Todo el temor de perder
la lenta dejadez de una guagua,
total para llegar y encontrarse
la despensa vacía y la lluvia
llenando los espejos. Y mamá
acostada y el dolor de vivir
en la vesícula biliar. Pero llega
el monstruo y las luciérnagas esconden
su luz en un bombillo.
4
RILKE
Los muros tienen
una grave obsesión
con las enredaderas.
Las páginas en blanco, por llenar
su nada de fronteras y límites.
Yo no tengo ninguna obsesión:
veo un muro y lo trepo
como la enredadera,
veo un límite y dejo de escribir
hasta que el cielo lo destiña
y olvide las palabras y me acompañe
el curso del pensamiento.
Entonces yo me borro
cuando la luz me ciegue y la sombra
sea palpitación.
5
A veces sueñas con un patio,
a veces ese patio a ti te sueña,
a veces no nos queda ni un patio
donde soñar, a veces ya nadie
sueña lo que los ojos no pueden ver
porque no hay ojos ni ventanas
que se abran a la noche. Un árbol
revienta en mil frutos,
tú eres la pulpa que sisea por el tronco
como un río amarillo
que hace las paces con la luz
y muere como mueren los ríos
en la orilla del mar de tu lengua.
A veces, casi nunca o casi siempre
escucha la llamada de un silencio
escondido detrás de otro silencio.

6
EL RÍO
nunca he visto
un río de verdad
en esta tierra de raíces
y coladas basálticas
azules del temblor
del fuego y de la vid
nunca he visto la flor
de un río de verdad
sino un mar de palabras
donde un río se aloja
y desaloja canta y
contracanta tan dócil
como rebelde parado
en la pura existencia
de la imaginación
a traernos su vaho de piedra
al tibio bernegal donde el aire
y el culantrillo abrazan
la tonsura hacia arriba
en la noche del caos en el rizo
azul que nos lleva a otros ríos
navegables bífidos como las serpientes
que en las grandes ciudades guardan
las manzanas posibles hacia los deltas
nunca vi un río verdadero los que vi
arrastraban cadáveres de pájaros azules
por la sed tan sin cauce
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*Antonio Arroyo Silva. Nacido en Santa Cruz de La Palma en 1957, es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de la Laguna. Ha sido colaborador de revistas nacionales e internacionales. Ha publicado libros de poemas: Las metamorfosis, Esquina Paradise, Caballo de la luz, Symphonia, No dejes que el arquero, Sísifo Sol, Subirse a la luz. Antología esencial, 2014, (español-rumano), 2014, Poética de Esther Hughes, Mis íntimas enemistades, Ardentía, Fila cero, Bahía borinquen, Música para un arjé, Los círculos dorados, Borrarse del mapa, El Cantar de las oropéndolas (edición digital), Hacia la luz. Antología Personal 2980-2021 y En tu casa o en la mía. Las plaquettes Material de nube, Un paseo bajo los flamboyanes, La nada de arena, En ensayo, La palabra devagar (Idea-Aguere 2012). Está incluido en varias antologías. Ha participado en el Festival Internacional de Poesía Encuentro 3 Orillas, en el Homenaje de Poetas del Mundo a Miguel Hernández, en tres encuentros de escritores alemanes e hispanohablantes en Berlín, «XX Cita en Berlín 2016, 2018 y 2022», en el Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico, etc. Ganador del «Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2018» por Las horas muertas. También ganador del premio Victorina Bridoux en 2021.
