
Por Carmen Elisa Benavides M.*
«Ambas [la gimnasia y la música] educan el alma:
la gimnasia, su lado fogoso (thymoeidés),
y si se combina con música, que cultiva la dulzura,
produce, en lugar de la fuerza bruta, la valentía».
(Platón. La República, Libro III)
Aunque el deporte ha sido cantado desde tiempos antiguos por Horacio, Píndaro y Homero, y tratado por filósofos como Platón, no es común encontrar obras escritas en prosa en las que el deporte sea el protagonista. En este escrito expondremos las obras de algunos escritores, y su percepción respecto a algo tan importante para la vida del ser humano como son las diferentes disciplinas deportivas.
Iniciaremos con el fútbol, deporte que exige un alto grado de entrenamiento y trabajo en equipo, y en el que grandes escritores como el francés Albert Camus, el ruso Vladimir Nabokov y el británico Arthur Conan Doyle enfrentaron el desafío de ocupar la posición de portero. «Es un hombre solitario, impávido. El hombre del misterio, el último defensa». Así describió Vladimir Nabokov el oficio de guardameta.
La crónica «Dios es redondo» (2006), del escritor mexicano Juan Villoro (1956) transmite en tono reflexivo, basado en el punto de vista del periodismo narrativo, el amor que parece brotar de cada poro de su piel por el fútbol, y explora las pasiones que este deporte suscita. La obra está dividida en cuatro partes. La primera describe las conductas y ritos que rodean el fútbol. La segunda se centra en Maradona, uno de los mayores exponentes de este deporte. La tercera parte trata sobre la «era galáctica» del Real Madrid en los años 2003 y 2004, y la cuarta parte consta de una entrevista a Valdano y dos escritos sobre los mundiales de Japón y Corea del Sur 2002 y Francia 1998.
Para el cronista, el fútbol tiene un estrecho vínculo con la palabra y con la infancia. Narra los hechos de manera tal que la imagen percibida es la de una infancia transitada por un camino libre de abrojos, una infancia vivida con alegría y plena libertad.
«Por una razón insondable caí en el grupo de los alemanes. Sólo en el patio hablábamos español. Patear una pelota y gritar en mi idioma eran actos idénticos. Durante nueve años contados segundo a segundo, miré por la ventana del salón el patio donde los suéteres marcaban las porterías. Ese rectángulo era la libertad y era mi idioma. Si algo aprendí en la ardua pedagogía del Colegio Alemán es que nada me gusta tanto como el español. Como las pasiones son caprichosas, asocié para siempre el gusto por gritar en la lengua proscrita con la pelota que le daba sentido al recreo».
En la obra también analiza el porqué hay escasas novelas sobre fútbol. Estas son sus palabras:
«Cada cierto tiempo, algún crítico se pregunta por qué no hay grandes novelas de fútbol en un planeta que contiene el aliento para ver un Mundial. La respuesta me parece bastante simple. El sistema de referencias del fútbol está tan codificado e involucra de manera tan eficaz a las emociones, que contiene en sí mismo su propia épica, su propia tragedia y su propia comedia. No necesita tramas paralelas y deja poco espacio a la inventiva de autor».
Conocer los factores económicos, religiosos, políticos, estéticos, etc. que rodean un evento deportivo de importancia y que son determinantes en el marco de ese evento, es entender la sociedad donde se realiza.
«“¿Es cierto que en México un hincha de un equipo como Boca puede ver el juego al lado de un hincha de un equipo como River?”. Le dije que sí. “¿Y no se matan?”, precisó. Aceptamos que al menos en cosas de fútbol éramos bastante pacíficos. “Uh, ¡pero qué degenerados!”, fue su inolvidable respuesta.
“Los irlandeses aceptan el bajo rendimiento de su selección como un estupendo motivo para beber cerveza, los mexicanos nos celebramos a nosotros para no tener que celebrar a nuestro equipo, los brasileños enjugan sus lágrimas en banderas king-size cuando sólo consiguen el subcampeonato y los italianos lanzan el televisor por la ventana si Del Fiero falla un penal”.
“En sociedades descompuestas, Hamlet incita a matar padrastros y el fútbol a cometer actos vandálicos”».
El aficionado al fútbol busca la magia de la infancia —aquel sentir de libertad, esa curiosidad ante lo desconocido, ese asombrarse ante lo imprevisible; actitudes asociadas a la plenitud del ser que deberían mantenerse vivas a lo largo de la vida—, la cancha del barrio, de la escuela, esa playa donde se improvisaba un partido con una pelota de trapo o una botella de plástico; donde se jugaba por el gusto de jugar, de cantar un gol.
«En perpetuo estado de infancia, el aficionado al fútbol busca capacidad para la magia. Aunque contemple un encuentro lastrado por el dopaje, el mercadeo y las impresentables bajezas de los ultras, puede encontrar ahí la playa desconocida donde alguien domina un balón por el gusto de hacerlo».
De acuerdo con Villoro, un partido de fútbol puede compararse con la vida del futbolista. El partido de fútbol tiene tres pitazos: el que da comienzo al partido, el que indica el inicio del segundo tiempo y el que finaliza el juego; igual que las etapas en la vida del jugador: surge, se consolida y se retira.
Finalizar la obra «Dios es Redondo» es sentir la melancolía del pitazo final, es volver a la cotidianidad.
Continuaremos con el ciclismo, disciplina en que la soledad es la compañera inseparable. Del instrumento utilizado, dice el escritor británico H. G. Wells: «Cada vez que veo a un adulto en una bicicleta recupero la esperanza para el futuro de la raza humana». Escritores como el colombiano Gabriel García Márquez, el chileno Pablo Neruda y el español Rafael Alberti, han hecho que la bicicleta juegue un papel protagónico en algunos de sus escritos.
El cuento «La carrera» (1988) de la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi (1941) hace despliegue de imaginación que está marcado por su sentido de libertad, rebeldía y feminismo, desencadenando con el lenguaje de los dos personajes una reflexión sobre el ser y el mundo. El inicio de la obra nos muestra un personaje viril, con sus connotaciones de potencia y de dominio, imagen que se quiebra al decirle a la chica a qué se dedica, creando la sensación en el lector de que el personaje no ha conseguido afirmarse en ese espacio de vida que le daría sentido y justificación a su existencia.
El erotismo —con el que expresa la emoción y la imaginación del ser— y la diferencia intelectual entre los dos personajes, los plasma en su escrito utilizando el juego de palabras, la ironía y el humor:
«Correr es algo solitario —agregó— (¿Correrse era algo solitario? ¿Aunque dos se corrieran, era solitario?)
—¿Ciclista? —repitió ella, como si fuera lo más extraño que había escuchado en este mundo.
—¿Literatura Comparada? —repitió él—. Nunca había oído hablar de eso.
—Comparar a Poe con Baudelaire, a Kafka con Borges y cosas así —explicó ella—, aunque tenía la penosa sensación de que eran nombres desconocidos para él.
—¿Me ayudarás a ganar la carrera? —insistió él. Era inútil preguntarle qué pretendía que hiciera».
En el cuento utiliza técnicas como la imagen y el diálogo, que a veces parece detenerse en el tiempo, dando paso a monólogos interiores.

«Solo he visto, a veces, los paisajes. Hay caminos bordeados de árboles y pueblos pequeños, hechos de piedra, que parecen muy antiguos…»
«[…] Un esfuerzo más, un esfuerzo más —pedía una voz, en su interior—. No mires los árboles. No contemples el precipicio. Solo pedalear, pedalear, pedalear. De una manera rítmica, concentrada. Si hiciera bien el amor, ¿correría más?, ¿correría mejor?»
La discontinuidad en la escritura de Peri Rossi trae consigo la presencia de la elipsis. En el universo de esta escritora lo que importa es el instante, a ese instante se supedita todo lo demás para hacerlo abisal e intenso. Leer a Cristina Peri Rossi es ahondar en lo íntimo del ser y sentir la fuerza e independencia que transmite a las mujeres de sus escritos.
Enseguida abordaremos un deporte del que George Bernard Shaw, dramaturgo irlandés, dice: «La crueldad del boxeo es imaginaria. Esto no implica que los combatientes no se hieran. ¡No! Pero tampoco sufren más de lo que un atleta debe y tiene que sufrir en la rutina regular de su entrenamiento diario». Escritores como el argentino Julio Cortázar, los estadounidenses Ernest Hemingway y Jack London, y el británico Arthur Conan Doyle, entre otros, fueron apasionados de esta disciplina.
El cuento «El Mexicano» (1911) del escritor estadounidense Jack London (1876-1916) es la historia de Felipe Rivera, joven de dieciocho años, solidario con la Revolución Mexicana —que la asume de manera personal— y quien reúne fondos para la causa con peleas de boxeo en las que deja una parte de su vida; personaje que Jack London describe de forma magistral:
«Su alma se ha chamuscado —dijo May Sethby—. La luz y la risa se han consumido en él. Es como un muerto y, sin embargo, está temiblemente vivo».
«—Ha estado en el infierno —dijo Vera—. Ningún hombre podría parecerse a él de no haber pasado por el infierno, y es apenas un muchacho».
«Su cuerpo parecía más delgado, debido al color moreno de la piel. Tenía músculos, pero no se desplegaban como los de su oponente. Lo que el público no advirtió fue el ancho pecho. Tampoco pudo adivinar la resistencia de las fibras, la instantánea explosión de los músculos, la precisión de los nervios que conectaban cada una de sus partes para convertirlo en un espléndido mecanismo de pelea».
El escritor, con su larga experiencia como practicante y observador de boxeo, pionero en el periodismo deportivo, describe paso a paso la acción pugilística:
«Hacia el quinto segundo, Danny estaba girando la cara, y cuando se contó el séptimo, ya estaba apoyado en una rodilla, listo para levantarse después de la cuenta de nueve y antes de la cuenta de diez. Si su rodilla todavía tocaba la lona en “diez”, sería considerado “down” y también “out”. El instante en que su rodilla dejó el suelo, fue considerado “up”, y en ese instante, Rivera tenía derecho a atacarlo nuevamente. Rivera no se arriesgó».
London nos entrega un texto en el que parece comunicar que los problemas del ser humano tienen sus orígenes en el entorno social y material. El resultado es una obra con grandes visos de realidad, libre de juicios morales.
«Vio las paredes blancas de las factorías con energía hidráulica de Río Blanco. Vio a los seis mil obreros, hambrientos y entristecidos, y a los niños, de siete y ocho años, que soportaban largas jornadas de trabajo por diez centavos al día. Vio los cuerpos en los carros, las atroces cabezas de los muertos que se afanaban en los talleres de tintura. Recordó que su padre había llamado a esos talleres los “agujeros del suicidio”, y en uno de ellos había muerto».
Leer la obra «El mexicano» de London es conocer algunas de las causas por las cuales se gestó la revolución mexicana, liderada por Pascual Orozco, Francisco Pancho Villa y Emiliano Zapata, que derrocó en 1911 al entonces presidente Porfirio Díaz, quien ejerció el poder durante treinta años; período en el cual el analfabetismo llegó al 80%; los obreros y campesinos no tenían protección laboral, no había libertad de expresión y sí había una gran represión y uso de la fuerza.
En conclusión, mientras que la crónica de Juan Villoro nos induce a pensar que el deporte, con todo lo que ello representa, es una herramienta clave para conocer una sociedad, en la obra de Jack London el deporte, en este caso el boxeo, es un medio al que apelan aquellos desfavorecidos de la sociedad para conseguir dinero. Con la obra de Cristina Peri Rossi podemos inferir que el deporte es un elemento más de la vida, lo que importa son las luces, las sombras, y ese palpitar interior que hace de cada ser humano algo único.
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* Carmen Elisa Benavides nació en Cali. Estudió Contaduría en la Universidad Santiago de Cali. Participó en dos talleres de Escritura Creativa en el Metropolitan Community College de la ciudad de Omaha (NE) y actualmente participa en el taller de Escritura Creativa de la Universidad Santiago de Cali. Publicó un libro titulado «A dream made of words» (2007). En el año 2015 ganó una mención de honor en el concurso Historias en Yo Mayor, con el cuento «Dos Amigos». Algunos de sus escritos han sido publicados en: «Para antes del olvido» (2015), «Que todo el mundo te cante» (2016), «Sensaciones y Sentidos IV» (2017), «V Antología de relatos eróticos» (2017), «Pluma, tinta y papel VII» (2018), «Micro fantasías III» (2018), «Antología Soles y Lunas» (2019, 2020).
