VIERNES DE CUCHILLOS, PALUDISMO Y BASURA

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1643

viernes de cuchillos

Por Luis Fernando López Noriega*

I

«¡Mañana serás otro!»

Sí. Serás una persona con distintas facciones, y otra barba, y tu cabello crecerá ahora más liso, y tus piernas se alargarán. Todo esto lo piensas mientras te dices que es por gracia de ese gusto tuyo por la lectura de aquellas novelitas policíacas de Donald Curtis o Curtis Garland en el aprendizaje cada vez más perfectible de la artimaña.

Falsificas documentos, credenciales oficiales, con el don del teatrero fascinado que convierte todo aquello en una sola realidad verdadera. Llegas a considerar que si quieres dar una profundidad contemplativa a los personajes figurados en tu letra enrevesada, tienes que moldear cada cuerpo, cada rostro imaginario. Así fue como, de manera paulatina, buscaste disfrazarte de algún tipo de vendedor de seguros en la ciudad o de cuchillero reconocido en el mercado público del centro. Además adoptas aquellos seudónimos a los cuales les buscas un sinfín de sonoridades, y encuentras también deleitoso el riesgo de abrir todos los días un local en medio del laberinto húmedo de las ventas de artesanías, comidas corrientes, y verduras frescas, para afilar las hojas oxidadas de cuchillos, hachuelas y machetes, de la misma manera como afilas tus historias; porque escribes sobre mujeres y hombres de circo pobre, y de héroes pornográficos que se contorsionan y esquivan filosas dagas o hacen malabares con cornucopias en la barbilla.

La lluvia amaina. El cielo se despeja. El calor propio de estos días de junio comienza a subir por las paredes de la casona y a calentar los sillones desvencijados. Respondes con sobrada naturalidad las preguntas que tú mismo te haces: ¿Por dónde seguir?, ¿qué cuchillo utilizar primero?, ¿matar animales de laboratorio? ¿O es acaso mejor matar en una estrecha oficina con algunas vitrinas que exponen frascos etiquetados, y en la pared del fondo, al lado del viejo microscopio, un cartel con los dibujos a colores de las fases de desarrollo del parásito del paludismo? Si has decidido entonces ser el jefe de una oficina, aún no llegas. Se nota que eres una persona meticulosa en tus quehaceres: las herramientas de trabajo están ordenadas, las pequeñas placas limpias; el microscopio, aunque de modelo anticuado, parece funcionar bien, y se puede respirar un aire de tranquilidad ahí. Tienes que pensar en las respuestas que tú mismo te darás cuando llegues a ser el Doctor Adalberto Piñeres, que así has llamado al jefe de laboratorios. Te preguntas por uno u otro detalle conocido en aquellas labores: un supernumerario de las otras sedes, el normal desarrollo de las campañas contra el paludismo, y otros puntos que pueden derrumbar todo el fortín que has creado sólo para darle rienda suelta a tu embeleco figurativo. Pasan las nueve de la mañana y llegas. Te ves hablando con el vigilante justo en el momento en que estás frente a las persianas manchadas. Tienes una repentina corazonada…

II

Nada más la semana pasada, el lunes, quisiste ser un extraño loco que, encerrado en una habitación de un sanatorio, imaginó su trasegar por los caminos de varias muertes; pero era más o menos claro que antes de cada una de ellas, tu visión de un insecto de belleza sin par se nublaba en las pocas horas de respiración que te quedaban.

Luego vino el martes. Y a fuerza de no tener otra idea, creíste ser un escritor de poca monta que consigue un contrato para escribir la biografía de una profesora de provincia. Sin más homenajes que el olvido de un sufrimiento, quisiste cambiar su abnegación inútil en un colegio por un final de telenovela mexicana. Nada sabías de tu propio final. Después el miércoles. Aquí te armaste de una imaginación más atrevida. No reparaste en pequeños detalles cuando te viste como un periodista de pueblo que saca a la luz los más oscuros secretos de unos personajes renombrados en la cotidianidad aldeana. Y te saliste con la tuya además al vislumbrar que irían por ti y sólo encontrarían tus huesos salientes y las ráfagas de sus propias ametralladoras.

El jueves fue más esperanzador, sin duda, porque creíste ser un bibliotecario muerto que maquinó su venganza en la construcción secreta de unas casas; manzana por manzana en un barrio al sur de una ciudad cualquiera. Alguien a quien finalmente leen la nota que dejó en la portadilla del único libro que leía y releía como una Biblia.

Llega el viernes y abrochas el cinturón de seguridad. Luego te pones el suéter que usas debajo de la gruesa camisa con las insignias de la empresa de recolección de basura donde trabajas. Por último los lentes y la gorra con una imagen muy particular de una rana de color naranja. Afuera ya te espera el camión ronroneando su marcha. Pero, «¿quién seré mañana?». La pregunta ahora rueda en tu cabeza como piedra metida en un recipiente de plástico endurecido por el sol del verano. Caminas a paso lento detrás del camión. Recoges una a una sin prisa las bolsas negras acumuladas en cada esquina.

Ya has pasado por tres barrios y no asoma en tu frente sombra de cansancio, a pesar de que resultan ser al menos unos cuatro kilómetros, y el sol pica fuerte a las once de la mañana. Lo sabes de sobra por experiencia en esas lides con tu propia mente: de nada sirve la caminata larga si no inicias con una frase contundente. Y esta vez no hay nada. Sigues recogiendo las bolsas, pasando por calles estrechas, algunas bulliciosas, y por terrazas amplias rodeadas por oxidados hierros, tras de los cuales los perros te ladran a todo pulmón. Entonces llegas al último barrio que está en la ruta de la mañana. Son casas pequeñas, de columnas de estilo dórico, y al lado derecho sólo un cuadrado de jardín, debajo de ventanales exactamente iguales en todas ellas. Tanto así que parecen recortes de publicidad, de aquellas que salen en algunas revistas de viajes.

Llegas a la última casa. Sólo hay una bolsa qué recoger y tirar al camión. Pero esta es transparente. No se ve en su interior el cúmulo de desperdicios de comida, papeles higiénicos, o pañales, o restos ensangrentados de la gasa femenina. No. Sólo hay hojas mecanografiadas mal arrugadas. Esto despierta tu curiosidad. Tienes tiempo. Unos cuantos minutos porque te has adelantado al paso de dromedario del camión. Abres la bolsa y lees rápido. Tu corazón quiere salir disparado por la boca justo en el instante en que tu lectura recorre aquellas líneas maltrechas: «La invención de tu muerte después de observar el vuelo de aquella mariposa…» «Fuiste el escritor de provincia que muere en un choque inesperado mientras sueña con darle otro final a esa mujer…» «Eras el loco periodista haciendo su revista de cotilleo…» «El bibliotecario muerto que sale todas las noches a levantar casas…» «El afilador de cuchillos…» «El oficinista de laboratorio maltrecho…» ¿Este es otro Dios en las sombras de aquella casa afilando y blandiendo sus cuchillos con la misma letra de historias malogradas que imaginaste? O ¿Eres tú transparentado en ese negro de la tinta sobre papeles arrugados con destino al inmenso océano del basural del municipio?

En ese momento el camión pasa por tu lado y suena su claxon con tanta estridencia que retumba en los vidrios de los ventanales de aquellas casas. Te has distraído bastante y tienes que tirar la bolsa porque la trituradora ha iniciado su ruidosa marcha. La tiras. Botellas se rompen. Latas viejas de arvejas sueltan ese líquido amarillento y pestilente. Conchas de plátano dejan su rastro sobre el acero duro del camión. Tú sólo observas cómo esa bolsa transparente se pierde entre la suciedad y la mierda.

Finalmente te encoges de hombros. Te dices: «mañana pensaré» y ahora decides subirte a la parte de atrás del camión justo cuando este dobla la esquina… Una certidumbre ronda ahora en tu mente: las historias, como los cuchillos, no previenen el paso corrosivo del tiempo, ni el calor enfebrecido en las sienes, ni el sabor de los labios que las pronuncian o que las silencian.

DESPUÉS DEL AMOR
Por Elkin Mauricio Montes Peñate**

HUÉSPED SIN SOMBRA

En las noches lluviosas
Cuando el murmullo de los búhos
Conquistan insistentemente
El imperio de sombras desconsoladas,
La vigilia cose los fragmentos de tu rostro
Trizados por el mordisco ávido del tiempo.

Incurres en mi noche abatiendo el tiempo
Y yo, hombre de paz, depongo mis últimas resistencias
y me entrego al dolor:
Tu cuello tibio de pájaro endeble bajo la lluvia ,
El respirar lento de tu cuerpo dormido,
Las manos enlazadas en mitad del sueño,
Tu forma callada de compartir mi soledad,
Tu llanto dulce en una madrugada
Y tus ojos llenos de luciérnagas.

Pero ya no hay forma de ceñirte,
Ignoras el estrecho lazo de mi memoria
Que te rodea como mi brazo en una fotografía
Extraviada en el fondo de un viejo libro.
Y esta lluvia no es más que una emisaria
Anunciando en vano
Un huésped para el que ya no tengo sombra.

PÉRDIDA DE LO QUE NO HA SIDO

Dueles en esta tarde
En la que una brisa húmeda
Hace temblar mi rostro
A la orilla del lago.
Y su aura dulce que cose mis párpados
Me relata la ausencia de lo que no he tenido.

Ahora que las golondrinas
Cumplen el plan trazado por sus dioses
Y en los ojos de mi perro no te veo reflejada,
Emerges tomada de la mano con una extraña nostalgia
Que deja un rostro solo visto en sueños,
Una imagen trizada al despertar
Y ajena como la fotografía de nuestros bisabuelos.

A lo mejor existas en alguna parte
Y mis pies, al enredarse con el azar,
Resbalen hasta los tuyos
Mujer que nunca he conocido.

PLEGARIA

Oh señor, altísimo como la arrogancia de la mujer,
No permitas que el seno quemante de muchacha me abandone,
Ni que la suavidad de su mano tibia deje de posarse en mi pecho a la mitad del sueño.

Permíteme que me embriague con su hiriente hermosura
Déjame naufragar en sus aguas dulces y serenas sin principios y sin orillas
Embrutéceme bajo el influjo lascivo de sus corporales lluvias.
Aunque después solo me quede regocijarme en el dolor.

Que mi próximo amor no se me vaya de entre las manos como un pez escurridizo.

Ya me conoces: mi corazón no es estúpido órgano de carnicería.
Es un esclavo que siempre entrego, no a ti, si no a ellas
Para que lo devoren con bocado de caninas que husmean su exquisitez
Y que después de hartarse lo abandonan, más dolorido aún, a otras fauces.

Ya sé, soy un borracho que desobedece a su patrón
Y le grita una ensarta de improperios.
Castígame con tu perrero, sácame sangre si quieres,
Pero no me quites el bálsamo bienhechor de su vientre para recostarme,
Aunque después me mates, o ella me mate.
Amén.

FRAGMENTOS

Entre nuestros cuerpos,
Antaño fundidos por el deseo,
Se abre un abismo insalvable.

Esta fotografía que humedece mi rostro
Narra la peor de las nostalgias.

Ensayo en vano, en la alta noche,
Las palabras que no pronunciaron mis labios
Y que hubieran enrumbado por el mismo sendero
Nuestras manos.

Con afán doméstico la vida va pasando
Y te vas volviendo extraña, imprecisa,
Con el polvo levantado por las alas de los días:
Una llovizna en las tierras cuarteadas de la memoria.

Quizás en una noche de lluvia recuerdes mi risa, mis manos,
O sea en vano la persistencia por reconocer mi rostro en tu recuerdo
Porque no sabes si me hallaste en la vida o en un sueño borrado al despertar.

Aposté mi fracaso e incertidumbre sobre la mesa desnuda,
Lo más preciado de mis exiguas alforjas
Pero este noble gesto
Lo miraste de perfil con mueca desdeñosa.

Solo me queda pedirte, Poesía,
Que no me arrebates todo:
Usurpaste mi dolor,
La herencia que dejó en mi alcoba de puertas clausuradas,
No me arrebates, te pido suplicante, la memoria
Que no sea extraño su nombre cuando me lo mencionen
Que sea siquiera como el fragmento de una fotografía salvada de un incendio
Porque no quiero quedarme terriblemente solo.

DESPUÉS DEL AMOR II

No hay herida más fiera y brutal
Que la que deja la ausencia de otras manos (tus manos,
Una forma serena en la ruda batalla de los días)
Sus cuchillos nos oprimen hasta en la piel de los sueños
Y el insomnio nunca deja de irritar su fondo.

Detrás de las puertas se escuchan vallenatos pueriles
Y el alma va dando tumbos por las calles desiertas,
El dios que nos mira es indiferente, atroz, y se burla;
El tiempo avaro es contado y cede al menudeo cada segundo.

Pero no te olvides especialmente entonces
Que debes cuidarlo
Vivir paso a paso sus puñales
Y navegar olvidándote en sus meandros.

La dicha, el olvido, te llegará cualquier noche a las nueve,
Como fruto dulce a tu amargura.
Después tu vida de mortal sobre la tierra será la memoria de los días
Que llevas a tus espaldas como la tortuga.
Pasado el dolor, que la cicatriz que se abre con la sal de tus ojos
Narre la música de la dicha puntual cuando te recostabas en tu vientre
Después del amor.

* * *


MI ÚLTIMO CUADRO
Por Dickson Enrique Borja Sánchez***

¿Cuándo llegará el otoño? Me pregunta el niño tratando de sobrevivir a los 40 grados de temperatura de esta ciudad. El sol ha marchitado las plantas y mis ganas de responderle que nunca, que en este país nunca llega el otoño.

Yo nací aquí hace más de tres décadas, pero de aquí nunca me sentí, el niño nació en tierras extranjeras, con mi llegada a Buenos Aires. En ocasiones lo entiendo y en otras no mucho, creció entre las calles de La Lucila y la costanera de Vicente López, comiendo milanesa y facturas con dulce de leche, cosas que tampoco hay acá.

Con la pandemia arribó a mi vida también la certeza de que debía volver, y no digo volver a casa porque repito, no me siento en casa. Pero ahora, cargando con un niño de 10 años que tiene que entender que acá no hay milanesa ni dulce de leche ni otoños.

—Y ¿qué sentido tuvo regresar para estar más cerca de tu familia si al fin y al cabo ni sales de casa?
—Debíamos hacerlo, uno es de donde es, así no se sienta de allí; además, ya estamos acá y de nada sirve la queja.
—Dile eso a tu terapeuta, a tu quinto terapeuta en menos de un año. ¿Qué no ves que nos vas a matar de tanta tristeza?
—Voy a mejorar, ya me está llegando de nuevo la medicación y hasta terminé de pintar el cuadro del gobernador, ¿no lo viste? La papaya reina sobre el mar y el cielo. ¿Viste qué bello es? Y lo terminé sin tomarme ni una sola pastilla.
—¿Las pastillas llegaron? Yo necesito que llegue el otoño, y necesito sentirme de algún lugar.

Salir en búsqueda de un medicamento es una travesía que está a la par de la enfermedad que se sufre. Debo estar en la 29 con 10 del centro de esta ciudad, bajarme del auto, sentir un horno que arde en mi espalda, saber que tengo que comprarle un tapabocas a un señor que no conozco y que no quisiera conocer, ni hablarle ni mirarlo, que no tiene vuelto y que me mira a los ojos. Hacer una fila interminable hasta que llegue mi turno, el doscientos veinte, mientras llaman al treinta y pico y una anciana me pide la silla. No hay más salida para esta tortura que hablar con el niño, escuchar sus quejas y sus ganas de no estar aquí, de lamentarse por todo y no conformarse con nada. De regreso, en el semáforo de la 41 con no sé qué calle, un adolescente le echa agua enjabonada a mi parabrisas, y sin mediar palabras empieza a fregar con una esponja que está más sucia que él, yo veo cómo el agua gris cae de la botella al vidrio, se desparrama y empieza un viaje hasta la parte baja del parabrisas, y cuando ya cree llegar, de un zarpazo aparece una espátula plástica que se lleva el agua dejando el vidrio tan empañado como no estaba. ¿Cómo no odiar a este hombre que ahora me extiende su mano para que le de dinero?, ¿cómo no querer desaparecer de esta realidad que me obliga a darle un billete porque no tengo monedas ni él tiene vuelto tampoco?

Ya en casa, pienso que lo que dice el niño es cierto, no puedo depender de medicamentos para estar bien, que eso no es vida, y ahora me cambian la dieta, porque se supone que el segundo cerebro es el estómago y que hay neurotransmisores que se dan en él, que la microbiota, que las bacterias, que los prebióticos, no, esto no es vida. Al final del pasillo, en el patio, veo el cuadro del gobernador, «la papaya reina sobre el mar y el cielo», es horrible, no me gusta nada de ese cuadro, todo es horrible y el calor me está matando. La idea era colgar el cuadro con una cuerda fuerte hecha con tejido de fibra de plátano, pero ¿qué tiene que ver el plátano con la papaya? Ni siquiera eso tiene sentido, y perdí el tiempo trenzando ese tejido, secándolo y esperando a que fuera fuerte para sostener el peso del cuadro, esa trenza puede con el peso de la vida si lo requiere, ¡que trenza más hermosa de este mundo!

Así que me siento en la mesita que construí para el niño, allí están la trenza y las pastillas que me mandaron. En esa mesa está toda mi vida. Veo al niño que ya no me pide nada, ni se queja de nada. A su lado está el cuadro más horrible que pude haber pintado, debí romperlo antes, pero no, aquí estoy contemplando esta trenza que fácilmente puede soportar el peso de mi cuerpo. Mientras decido cuál de las dos salidas es la más propicia, tomar las pastillas o colgarme con la trenza que yo misma fabriqué, pienso que en cualquier circunstancia mi niño desaparecerá, ya sea porque me encuentren como un racimo de plátanos amarrado al techo, estático, o por el crudo y feo efecto de las medicinas que no hacen otra cosa más que enfrentarme con la realidad y borrar de mi cabeza aquel niño que solo sabe preguntarme por la llegada de un otoño que es tan inexistente como él.

* * *


SELVÁTICO Y OTROS POEMAS
Por Nataly Salgado R.****

SELVÁTICO I

Ríos sinuosos trazan venas de vida,
susurrando secretos al corazón de la tierra.
Arrastran todo a su paso,
desafiando la voluntad de quien se atreve a cruzarlos
Oh, Amazónico Hombre.
Eres tú un amazonas andante, que caminas descalzo sobre la tierra fértil tatuando huellas de jaguar en el barro del tiempo.

Vital serenidad encuentro en tu regazo,
tus raíces abrazan la tierra,
custodiando los ecos de lo eterno.

El crujir de ramas bajo el peso de algo que se mueve en la oscuridad, siempre presente, siempre acechante.

Luego tus manos, firmes como raíces profundas, me abrazan y me envuelven como protegiendo mi vida.
Tus dedos como lianas traviesas se mueven en mis cordilleras,
Y con ambrosía abres mi fruta,
Y expelen olores a cacao con miel.
En tu pecho, la selva respira un latido eterno.
Y yo recorro intrépida la vastedad de tu cabello
espesura arbórea de la Amazonía.

Selvático hombre,
en tu presencia encuentro un éxtasis perverso
donde cada gota de lluvia es una joya líquida que besa la piel verde del bosque, de mi bosque.
Cascadas caen como hilos de cristal, cantando himnos de eternidad.

Lianas y orquídeas cuelgan como secretos,
trazo caminos entre la fronda de tus pensamientos,
desentraño misterios de ti como una aventurera deseosa de conquistar un Amazonas virgen.
Y te abrazo con la pasión de quien descubre un oasis repleto de agua viva.

Ahora te me has ido,
tus raíces ya no me abrazan,
tu pecho ya no ruge por mí,
y tus dedos recorren otras cordilleras.

El rugido lejano del jaguar resuena como un eco ancestral que recuerda la presencia de lo salvaje.

Danzo en el recuerdo de tu sonrisa y a lo lejos un guacamayo rasga el aire con su grito, encendiendo el cielo con colores y sonidos.

En mi envidia anhelo ser la anaconda que se envuelve en tu riqueza de macizos árboles, sintiendo la pulsación de la vida en cada fibra de mis entrañas.

Anhelo de nuevo adentrarme en la sinfonía de la selva, donde tus latidos resuenan como tambores tribales, marcando el ritmo de lo que fue nuestra conexión primitiva.

Así, en la penumbra de un Amazonas melancólico,
tus latidos,
tu voz
y tu respiración enhebraron la partitura de una melodía de lo que pudo ser un amor
silvestre.

LA DANZA DEL HOMBRE DE ÉBANO

En un aura de libertad se mueve una divina figura de ébano
Vibraciones de ritmo emergen de ella,
y su esencia melodiosa en danzas fulgurantes.
[Viene a mí]
Surge como espécimen de Príapo
de entre el vino y el éxtasis
Y me invita a bailar un ritmo africano.

Hombre que imponente danzas,
tu movimiento me conmociona.

Remueves mi cordura,
quedando solo la huella de tus pies
como una llamarada feroz que toca mis sentidos.

Danza en mis cabellos, bailarín de mis anhelos,
piérdete en el ritmo de mis respiraciones agitadas,
en la melodía de mi voz
pidiendo que continúes.

CUANDO LLAMA LA TORMENTA

Dedos escurren en la fisonomía
húmeda,
un presagio
de tempestades
y torrenciales huracanes.

El quejido de la mar
se traduce en cantos de ballenas,
y a lo lejos
una melodía tropical
proviene de una isla
en forma de mujer.

Brisas se tornan violentas
en arritmia
y entropía.

La gaviota vuela
anunciando una tregua,
la mar se vuelve a la quietud,
el marinero logró su proeza.

AMIGA NOCHE

Una compañía ennegrecida
y taciturna
es testigo de la desnudez de mi alma inquieta.

Conoce la intimidad de mis pensamientos
al cobijarme
el rayo de Luna.

Ella escudriña en mis vicios anónimos,
aquellos que atesoro con mesura;
y conoce la fogosa pasión por la que escribo.

Ella pone el mundo en pausa
para mi disfrute e inspiración.

Oh, noche,
punto de escapatoria de mi vida diurna
exasperante
y agobiante:
duermo en tu sombrío y místico abrazo,
mientras el canto de las chicharras
me entonan
una canción de cuna.

* * *

Los textos que aparecen en esta columna son producción del taller de escritura creativa dirigido por Luis Fernando López Noriega en la librería Libro Tinto, en Montería, Colombia.

___________

*Luis Fernando López Noriega. Es doctor en Letras en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Profesional en Lingüística y Literatura. Realizó estudios de análisis del discurso y en Literatura Hispanoamericana. Profesor de literatura Latinoamericana en la Universidad de Córdoba—Colombia. Miembro del Grupo de Investigación de Memoria Histórica de la Universidad de Córdoba. Ha publicado diversos artículos que exponen los resultados de sus investigaciones sobre la novela colombiana en revistas especializadas como Poligramas, de la Universidad del Valle, y Cuadernos de Literatura Hispanoamericana, de la Universidad del Atlántico. Publicó un libro de investigación sobre la novela en el Caribe colombiano después de García Márquez: Calibán y Afrodita, la novela en el Caribe colombiano después de la modernidad. Zenú editores, Montería 2013. Ganador del Premio Nacional de Cultura en la línea de Narrativas de Vida del Centro Nacional de Memoria Histórica, Bogotá, 2011.

**Elkin Mauricio Montes Peñate es licenciado en lengua castellana de la universidad de Córdoba, Montería. Estudió maestría en comunicación-educación en la universidad Distrital de Bogotá. Actualmente se desempeña como maestro de aula de lenguaje en la I.E. Santa Teresita de Puerto Libertador Córdoba. Le apasiona la escritura creativa y la enseñanza de la literatura. Es miembro del taller de escritura creativa REPENSARTE liderado por el profesor Luis Fernando López Noriega.

***Dickson Enrique Borja Sánchez, joven de 31 años egresado de la universidad de Córdoba del área de lengua castellana y literatura. Escritor de cuento y novela. Mientras cursaba su pregrado perteneció a los talleres de literatura «Raúl Gómez Jattin» de Cereté, y «Manuel Zapata Olivella» de Montería, donde empezó a desarrollar su estilo. Luego de una temporada viviendo en Buenos Aires, regresó a Colombia y retomó el ejercicio de la escritura creativa. Actualmente pertenece al semillero taller que dirige el profesor Luis Fernando López Noriega, donde avanza en sus proyectos.

****Nataly Salgado Ramírez es una joven estudiante de 19 años de la ciudad de Montería, Córdoba. Actualmente, cursa en el programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana de la Facultad de Educación y Ciencias Humanas en la Universidad de Córdoba, y también ha completado un técnico en Contabilidad. Su amor por el canto, la poesía y el estudio de la literatura la ha llevado a participar en varios proyectos y concursos, incluyendo el «Concurso Nacional Casa de la poesía Silva» 2024, donde demostró su talento y creatividad. Además, bajo la guía y mentoría del Gran Maestro de la Belleza y el Color, Luis Fernando López Noriega, forma parte del Semillero REPENSARTE, donde ha venido trabajando en la línea de la escritura creativa, desarrollando su pasión por la poesía y la literatura de manera inspiradora y auténtica.

27 COMENTARIOS

  1. Me pareció un relato fascinante. Me atrapó desde el inicio con su juego entre identidades, realidad y ficción. Sentí que cada personaje que el narrador imagina es una excusa para hablar de su propia fuga del mundo, de lo absurdo de la rutina, y de lo poderoso que puede ser escribir, incluso desde la basura. Terminé preguntándome, como él: “¿quién seré mañana?”

  2. “Viernes de cuchillos, paludismo y basura” es un relato que se mueve entre la ficción, la identidad y el desgaste existencial. El protagonista, parece perderse en una necesidad constante de reinventarse cada día, asumiendo nuevos personajes que van desde un afilador de cuchillos hasta un recolector de basura.

    Lo interesante es cómo el cuento juega con la idea de la escritura como una forma de escape, pero también como una trampa. El personaje escribe y vive lo que escribe, o tal vez sueña con vivir lo que otros ya escribieron. Esa ambigüedad entre lo real y lo inventado le da al cuento una atmósfera inquietante y melancólica. Uno termina preguntándose si él es el autor de sus vidas o solo un producto de su propio delirio.

    La escena final, donde encuentra una bolsa con hojas que contienen todas sus identidades anteriores, es brutal. Es como si toda su existencia —sus sueños, sus ficciones, sus invenciones— terminaran descartadas como basura. Esa imagen es muy potente, porque nos hace pensar en lo efímero de lo que somos y en cómo muchas veces nuestras propias historias acaban olvidadas en medio del ruido cotidiano.

    En resumen, es un cuento que, sin ser complicado de leer, deja una sensación profunda. Habla de la fragilidad de la identidad, del deseo de ser otro y de cómo, al final, tal vez no somos más que un borrador arrugado a punto de ser triturado.

  3. Este cuento me dejó con una sensación rara pero potente. Como si cada escena fuera una versión distorsionada de uno mismo, de esas que uno a veces imagina cuando se quiere escapar de la rutina. Me gustó cómo va del caos y lo exagerado a algo tan simple como la acción de recoger basura, pero justo ahí es donde más se siente lo humano. El personaje, con todo lo que se inventa, termina siendo más real cuando simplemente acepta lo que le toca. Y esa última pregunta… uff, pega fuerte. Porque todos, en algún momento, nos hemos sentido así: cambiantes, perdidos, buscando sentido en lo que somos o queremos ser.

  4. Este cuento me dejó revuelta, pero en el buen sentido. Cada día es como un espejo raro que le devuelve al protagonista una versión distinta de sí mismo, y todas están medio rotas. Me impactó cómo empieza desde lo delirante, lo exagerado, lo casi absurdo, y termina con algo tan cotidiano como recoger la basura. Y, aun así, esa última imagen es la más poderosa. El tipo con su gorra de rana, alistándose para trabajar, me pareció más real que todos los otros “yo” que se inventó. Me hizo pensar en cómo uno a veces se imagina tantas cosas —ser alguien importante, rebelarse, hacer justicia, dejar huella—, pero al final el día termina en lo simple, en lo que hay que hacer, y eso también tiene un peso. Como si la rutina, por más gris que parezca, fuera lo único sólido. Y esa pregunta final… “¿quién seré mañana?” No es inocente. Es triste y profunda. Porque, ¿cuántos de nosotros no nos hemos sentido así? Probándonos caras distintas, sin saber cuál nos queda de verdad. El cuento no da respuestas, pero sí deja algo claro: a veces somos todos esos fragmentos. Y está bien no saber del todo quién se es, mientras uno no deje de hacerse la pregunta.

  5. Lo que más me gusto fue cómo cada día representa una identidad fallida. El lunes el narrador se reconoce como “loco” atrapado en un sanatorio; el martes, escribe una biografía absurda de Mariana Vega, como si la ficción fuera una forma de escapar del sinsentido. El miércoles, ser periodista lo lleva a la muerte por “decir la verdad”, y el jueves, muerto ya, planea vengarse construyendo casas que nadie pidió. Pero es el viernes el más potente: aparece como un recolector de basura, con su gorra de rana naranja y una pregunta final —“¿quién seré mañana?”— que deja en evidencia lo frágil del yo. El texto me hizo reflexionar sobre cómo el sujeto moderno se disuelve entre roles, frustraciones y delirios, y cómo a veces la rutina y lo descartado dicen más sobre nosotros que las grandes ideas.

  6. En mi opinión, el texto ofrece una perspectiva profunda sobre la identidad y el conflicto interno del ser humano, viéndose manifestado en la forma en que el protagonista se transforma en distintos personajes como símbolo de la complejidad de nuestras aspiraciones y miedos. Asimismo, me parece realmente sorprendente la metáfora del cuchillo, que representa la dualidad entre la creación y la destrucción en la escritura.
    Además, los poemas de Elkin Mauricio Montes Peñate evocan una melancolía palpable sobre el amor y la pérdida. Su lenguaje lírico invita a la introspección y hace que el lector se cuestione sobre la naturaleza efímera de las relaciones. En ese sentido, estos textos me han llevado a sentir una sensación de conexión con las emociones humanas más profundas.

  7. Este relato impacta porque desde el primer momento sumerge al lector en un ambiente cargado de violencia, enfermedad y suciedad, reflejando una parte oscura y olvidada de la sociedad. Lo más fuerte es la forma en que mezcla lenguaje poético con escenas duras, haciendo que uno casi pueda sentir los olores, el miedo y la desesperanza de esos personajes que viven al margen de todo. El estilo fragmentado y algo caótico le da un tono muy realista, como si la narración fuera un testimonio improvisado de alguien que ha visto y vivido todo eso. Es un texto valiente, porque no suaviza la realidad, la muestra cruda y directa, obligando al lector a mirarla de frente. Aunque a veces puede sentirse un poco enredado por tantos detalles y cambios de enfoque, logra dejar una huella: hace reflexionar sobre la miseria que muchas veces ignoramos y sobre la capacidad de la literatura para denunciarla sin perder la belleza de las palabras.

  8. El articulo propone un recorrido narrativo y reflexivo por la realidad urbana contemporánea, utilizando el lenguaje como herramienta para desentrañar tensiones cotidianas. Su estilo vivo y directo consigue transmitir el desplazamiento entre lo íntimo y lo colectivo, al abordar problemáticas como la enfermedad, la precariedad y la violencia simbólica que atraviesan las ciudades latinoamericanas. Lejos de caer en el pesimismo, el texto ofrece destellos de ironía y resistencia que invitan al lector a mirar con atención los detalles del entorno social.

  9. Este relato es un fascinante juego de espejos entre la realidad y la ficción, donde la identidad del narrador se desdibuja en una sucesión de máscaras y oficios, revelando la fragilidad de la construcción del «yo». El texto sugiere que, al igual que los cuchillos que afila o los papeles desechados, las historias y las vidas se desgastan, se mezclan y acaban en el olvido, aplastadas por la rutina y el tiempo.

  10. Me pareció que «Viernes de Cuchillos, Paludismo y Basura» es una obra impactante y provocadora. La forma en que los autores entrelazan la realidad con elementos de ficción crea una narrativa cautivadora que invita a la reflexión. Los temas de identidad, lucha y la crítica social son tratados con una profundidad que resuena en el lector. Además, el estilo poético y las descripciones vívidas hacen que la lectura sea una experiencia inmersiva. En general, es una obra que no solo entretiene, sino que también deja una huella duradera, invitando a cuestionar y explorar la complejidad de la vida.

  11. Gracias por tus palabras. Cuenta con que seguiremos trabajando por las ideas libres y diversas.

  12. Quiero tomar este momento para felicitar a los creadores de esta plataforma por haber construido un verdadero templo donde el arte y la cultura de nuestros pueblos pueden compartirse con libertad y pasión. Gracias de corazón por su solidaridad y compromiso.

    Estoy sin palabras. Quiero felicitar especialmente a Luis Fernando López Noriega por este magnífico texto que nos entrega. Su obra es un espejo profundo del ser humano, en donde la imaginación convierte al protagonista en un recolector de historias que, a través de la ficción y la escritura, cobran vida para tender puentes entre la visión del autor y la sensibilidad de los lectores. ¡Felicidades, Luis Fernando!

  13. Para mí, Viernes de cuchillos, paludismo y basura es una de esas obras que te sacuden. Lo que más me impactó fue su forma de abordar la identidad humana desde una narrativa fragmentada y con múltiples voces que se entrelazan de manera poderosa. La transformación constante del protagonista —que cambia de oficio, de personalidad, de lugar— no es solo un recurso estilístico: es una invitación directa a preguntarnos quiénes somos realmente y hasta qué punto lo que vivimos es verdad o ficción.
    Y eso no es todo. Los espacios en los que se desarrolla la historia, como el mercado público o el laboratorio, no están ahí solo para ambientar. Están tan bien construidos, tan cargados de detalle y de atmósfera, que terminan siendo tan protagonistas como el personaje principal. Son escenarios que te envuelven, que se sienten vivos y que le dan una textura brutal a la narración.
    En definitiva, me parece una obra provocadora, original y profundamente inteligente. Es de esas lecturas que no se agotan en la última página, que se quedan dando vueltas en la cabeza. Por su complejidad y su fuerza, me atrevo a decir que es una propuesta literaria que realmente vale la pena.

  14. El relato “Viernes de cuchillos, paludismo y basura” propone una experiencia literaria inquietante y poderosa, en la que la identidad se convierte en un terreno inestable y cambiante. El personaje principal transita por múltiples oficios y formas de ser, lo que hace del texto una reflexión sobre lo resbaladizo del yo y la dificultad de separar lo real de lo imaginado.

    La estructura no lineal y el uso de varias voces crean una sensación de desorden controlado, que más que confundir, obliga al lector a implicarse activamente en la lectura. Por otro lado, los escenarios —como el mercado y el laboratorio— están tan vívidamente descritos que funcionan casi como personajes más, cargados de textura y significado.

  15. ¡EXCELENTE TRABAJO! Los textos son profundamente honestos y significativos. Cada uno, desde su mirada particular, transmite emociones reales y reflexiones importantes sobre la vida, el amor, la pérdida, la identidad y la memoria. El texto “Viernes de cuchillos paludismo y basura”, en particular, me impactó por la forma directa en que expresa el dolor y la lucha interna, sin exageraciones ni adornos innecesarios. En general, valoro mucho el compromiso que se nota en cada escrito, el esfuerzo por decir algo que va más allá de lo superficial. ¡FELICIDADES!

  16. Al leer «Viernes de cuchillos, paludismo y basura», me sorprende ver cómo se transforma algo simple, casi doméstico, en una escena cargada de tensión y rareza. No es un texto decorado ni complaciente; más bien es crudo, directo, y por momentos extraño, pero con una fuerza narrativa que atrapa.

    Todo ocurre en un ambiente denso, lleno de detalles que parecen mínimos, pero que van sumando hasta crear un clima inquietante. Así pues, la historia avanza sin necesidad de grandes giros. Pero, logra que uno se quede con ciertas imágenes en la cabeza, creando una sensación de deterioro y de abandono que atraviesa el relato, haciéndolo sentir muy real.

  17. El texto explora la identidad y la multiplicidad del yo a través de relatos y poesía. Destaca la capacidad de reinventarse en distintos roles cotidianos y marginales, mientras reflexiona sobre la rutina, la soledad y la memoria. Los poemas profundizan en el dolor de la ausencia y el amor perdido, mostrando una sensibilidad nostálgica y existencial. El último relato aborda el desarraigo y la búsqueda de pertenencia tras el regreso a un país que ya no se siente propio. En conjunto, la obra transmite melancolía, introspección y la lucha por encontrar sentido.

  18. Pretender comentar sobre el trabajo de alguien más es pretender parafrasear sobre lo que ya han plasmado los diversos autores en sus escritos, invalidarlo en el peor de los casos sería lo que ‘comúnmente’ llaman crítica. No obstante, este tipo de textos son los que abren tu mente, rompen la delgada línea entre la imaginación, la realidad y la fantasía. Más allá del código lingüístico que se quiere compartir, es grato sentir que la literatura está viva y que hay personas que prestan sus almas para dejar que la misma se exprese. ¡Excelente trabajo!, mis más sentido respeto, colegas. 👌🏻

  19. Este texto titulado «Amén» hay despecho carnal. Es como si el man estuviera rogándole a Dios, pero con el corazón roto,borracho de lujuria. Le vale el castigo, el dolor, lo que sea… con tal de volver a sentir el cuerpo y la presencia de una mujer. Es puro deseo, obsesión y rendición total al amor, aunque duela. Una especie de oración sucia y honesta.

  20. Es una lectura que resalta lo mejor y lo más crudo de esta entrega. El texto de Luis Fernando López Noriega, “Viernes de cuchillos, paludismo y basura”, se roba buena parte del comentario, y con razón: esa imagen final de los manuscritos triturados es brutal, como una cachetada silenciosa sobre lo efímero de escribir. Hay un enfoque claro en lo corporal, en lo sucio, en lo que duele. Los poemas de Montes Peñate también quedan bien parados: amor, nostalgia y desamor sin adornos. Lo de Dickson Borja es más raro, pero ese cuadro con la papaya y el hijo que espera algo que no llega deja un nudo difícil de soltar.

    Para resumidas cuentas, el comentario no se va por lo académico ni lo seco, sino por lo que los textos hacen sentir, y eso se agradece.

  21. Al leer estos poemas y textos se logra sentir una mezcla de tristeza, soledad y mucha imaginación. El primer texto, ¡Mañana serás otro!, me hizo pensar en las máscaras que usamos todos los días, en cómo a veces se mezclan la realidad y la fantasía, y en cómo los sueños, aunque sean raros o dolorosos, también son parte de nosotros. Me gusta la idea de querer vivir una vida distinta, aunque sea por un rato.

    Los poemas de «Después del amor» me tocaron de una forma más personal. Hablan de lo que ya no está, del amor que se fue y de esa nostalgia que aparece en los detalles más simples. Me emocionó mucho la imagen del “huésped sin sombra”, porque así se siente a veces la soledad: como algo que está ahí, pero no se ve.

    Por último, el texto» Mi último cuadro», me impactó por lo duro y triste que es. Se refleja la rutina, la sensación de no pertenecer a ningún lugar y una desesperación tan fuerte que todo parece una elección entre sufrir o desaparecer. Me impresionó leerlo, pero también creo que es necesario mirar de frente esa tristeza que a veces se esconde en lo cotidiano.

  22. “Viernes de cuchillos, paludismo y basura” es una pieza literaria que no solo retrata la crudeza de la vida en los márgenes de la costa colombiana, sino que la hace sentir en el cuerpo. Con un lenguaje poético y descarnado a la vez, los autores logran capturar la atmósfera de abandono, violencia y resistencia que atraviesa a estas comunidades.

    Lo más destacable es la forma en que la narrativa conjuga lo social con lo estético, permitiendo que la denuncia no pierda fuerza por la belleza, ni que la belleza oculte el dolor. Hay en este texto una sensibilidad auténtica que no romantiza la miseria, pero tampoco la reduce a cifras o estigmas.

    Leerlo es un ejercicio incómodo y necesario. Incómodo porque nos enfrenta a las heridas estructurales que, como sociedad, hemos aprendido a ignorar; y necesario porque devuelve a la literatura su papel transformador, su capacidad de iluminar aquello que permanece en la sombra. Un texto que sacude, y por eso mismo, que vale la pena leer.

  23. La historia del inicio para mi transita entre lo imaginario y lo delirante, y los poemas que la acompañan me tocaron profundamente por su tono íntimo y nostálgico. Especialmente «Pérdida de lo que no ha sido» de Elkin Mauricio Montes Peñate me conmovió, ya que expresa con sutileza el dolor por aquello que nunca ocurrió, pero que igualmente marca. Me llamó mucho la atención esa combinación de lo poético con lo crudo y lo imperfecto con lo espiritual. Me gustó mucho que hay diversidad de estilos y maneras de expresar poemas, relatos y otros textos. Tuve la sensación de que estos escritos no eran solo para narrar una historia, sino invitarnos a experimentar un estado intenso.

  24. El texto “Viernes de cuchillos, paludismo y basura” se destaca por su riqueza narrativa y su profunda exploración de la identidad humana a través de una estructura fragmentada y una multiplicidad de voces. La constante metamorfosis del protagonista —que asume diversos roles y profesiones— invita al lector a reflexionar sobre la construcción del yo y la difusa frontera entre la realidad y la ficción.

    Asimismo, la ambientación vívida y detallada de espacios como el mercado público y el laboratorio enriquece la experiencia lectora, convirtiendo los escenarios en elementos fundamentales de la narración. En conjunto, la obra ofrece una propuesta literaria provocadora y envolvente que deja una huella significativa por su complejidad y originalidad.

  25. La pieza «Viernes de cuchillos, malaria y basura», de la revista Cronopio, es una historia desarticulada y surrealista que investiga el autoconcepto a través de diversos disfraces. El personaje principal toma varias posiciones, desde un proveedor de cuchillas hasta un jefe de laboratorio, en una historia que combina las líneas entre los verdaderos eventos y la fantasía. La prosa, llena de detalles sensoriales vívidos, atrae al lector a un mundo donde la vida cotidiana se mezcla con la magia, desafiando la consistencia del individuo y la esencia de la existencia.

  26. Estos textos recopilados en esta edición de la Revista Cronopio exploran, me reflejan con tonos y estilos diversos, los límites entre la realidad y la ficción, el dolor íntimo y la memoria, dejando una huella poética e inquietante en quién lee. Me pareció excelente que cada uno tiene su estilo y su forma de reflejar poemas, historias y demás.

  27. Me pareció un texto poderosísimo, tanto por su lenguaje como por la atmósfera que construye. Hay algo muy crudo pero al mismo tiempo poético en la manera como se habla del cuerpo, la ciudad, la enfermedad… todo mezclado con una sensibilidad muy particular. Sentí que no se trataba solo de contar algo, sino de hacernos habitar un estado, una especie de fiebre entre la violencia y la lucidez. Me gustó mucho esa mezcla entre lo lírico y lo descarnado, entre lo sucio y lo sagrado. Es un texto que deja eco.

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