APARTAMENTO QUINTO PISO, CON BALCÓN, CON VISTA A LA LUNA

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apartamento quinto piso

Por Carlos Alberto Molano*
Recopilación de Liliana Hurtado Sáenz**

Inauguramos esta nueva columna sobre teatro presentando al dramaturgo Carlos Molano Monsalve con su obra «Apartamento quinto piso», obra que se destaca (al igual que el conjunto de la obra del autor) por su gran capacidad para abordar personajes liminales y estructuras distópicas que hacen de sus diálogos un quiebre con lo tradicional y nos llevan a territorios psicológicos desafiantes.

* * *

ÚRSULA: Ya no me gusta la luna; ni en creciente, ni en menguante… mucho menos llena.
ERICK: Me hieres. Antes te gustaba nuestra luna.
ÚRSULA: Las mujeres cambiamos con la luna, todo el tiempo.
ERICK: Si ya no te gusta la luna, quiere decir que ya no saldrás conmigo al balcón.
ÚRSULA: Prefiero seguir mirando este rincón. Lo que queda del día si es preciso.
ERICK: ¿Quieres decir que ya no quieres que te baje las bragas, mientras los transeúntes adivinan de donde provienen los gemidos?
ÚRSULA: Prefiero mirar cómo la nueva grieta en la pared serpentea hasta perderse en el piso.
ERIK: Tú y tus gustos extravagantes.
ÚRSULA: La pintura está gastada; las esquinas, carcomidas. Tres retoques en dos años y ocurre lo mismo: en un mes o dos todo parecerá estar de nuevo en ruinas.
ERICK: No te pongas dura, Úrsula. ¿No volveremos a lanzar piedrecitas para atinarle a los parabrisas de los carros? Se lo prometimos a las bailarinas.
ÚRSULA: No las llames así. Eran las niñas.
ERICK: Primero una piedrecita blanca… luego, una piedrecita azul. Las blancas son perfectas para las ambulancias y su uiuiuiuiuiu… las azules, para los ricos de carros descapotados… a las piedrecitas rojas les gusta atinarle a las rubias entre las tetas duras para utilizarlas de trampolín. ¿Recuerdas?
ÚRSULA: Las piedrecitas estaban bien; pero yo siempre he preferido las canicas. Recuerdo la canica de color azul turquesa. Las canicas hacen estallar maravillosamente los parabrisas de las radiopatrullas… No me hagas recordar, Erik. No vale la pena recordar nuestras delicias.
ERICK: Se lo prometimos a las bailarinas… a las niñas.
ÚRSULA: Déjame permanecer en mi esquina. No lograrás persuadirme.
ERICK: No puedes olvidar a Lola, con su ojito desorbitado; a Clamidia, con su coquetería, y a Betty Blue. ¿En que clase de madre te has convertido?
ÚRSULA: Nunca les prometimos nada. Una a una se fueron por el balcón. Las recuerdo a todas y cada una; especialmente a Betty Blue… ¿Cómo fue lo de la pequeñita BB?
ERICK: Terminó en la boca del gato de la calle. El gato fue a parar del otro lado de la avenida, en una composición perfecta entre las marcas negras de las llantas de un camión de frutas, y los kiwis a medio aplastar.
ÚRSULA: Lanzamiento de pitcher de segunda división; un golpe de suerte nada más. ¡Siempre lanzas como una nena!
ERICK: Te reto a que me veas lanzar luego de la tendinitis.
ÚRSULA: No importa cuántas piedrecitas queden en la pecera, Erik, ni cuántos viernes de luna llena queden hasta que esté vieja y fea. No saldré al balcón contigo, ni hoy ni nunca. Aunque haya una docena de canicas azul turquesa, no traspasaré el umbral de la puerta que da al balcón.
ERICK: Te prometo que veremos dos o tres atracos, y si contamos con suerte, tal vez hoy haya unas cuantas puñaladas… quizás un disparo. Lo mismo de todos los sábados, con palomitas de maíz bañadas en mantequilla.
ÚRSULA: No insistas, Erick, no iré.
ERICK: Pero, Úrsula; yo te amo.
ÚRSULA: Yo también.

II

ERIK: Ya no te castigues más.
ÚRSULA: Debo fregar el piso.
ERIK: Cambiaste el rincón por los oficios de la casa.
ÚRSULA: No dejaremos de llenarnos de grietas si no hago algo al respecto.
ERICK: Entonces es mi turno en mi rincón.
ÚRSULA: No olvides el gorro de asno.
ERICK: Luego ¿qué vendrá?
ÚRSULA: Las rendijas de cada baldosa del baño. Una a una hasta que resplandezcan de lo blancas.
ERIK: Y entonces terminará todo.
ÚRSULA: No. Quedarán faltando las telarañas que están debajo de la cama.
ERIK: Te prefería en el rincón. Al menos te tenía más cerca al balcón. No es lo mismo sin ti. Hoy volqué la vasenilla sobre el cartero; pero solo me pude sacar una leve sonrisa.
ÚRSULA: El rincón es para el silencio, y para expiar las culpas. Si no puedes con eso entonces vuelve al balcón y ya no insistas. Tan pronto termine lo que me he propuesto, veremos.
ERIK: Avanzamos. Hoy estás considerando la posibilidad de que el castigo tenga un término. Ayer te empeñabas en no volver a nuestro balcón.
ÚRSULA: ¡Tú no sabes lo que es la culpa!
ERIK: La estoy viviendo.
ÚRSULA: No entiendes lo que piensa una mujer; no lo puedes entender porque a los hombres todo les parece simple.
ERIK: Te propongo: dejemos el castigo por un día.
(Pausa).
ERIK: Por unas horas.
(Pausa).
ÚRSULA: La culpa es el castigo.
ERICK: Nunca hemos sentido culpa alguna. Para nosotros siempre ha sido fácil de arreglar: Todo aquello que está fuera de orden termina en la calle.
ÚRSULA: No todo. Tú sigues allí, tras la línea hecha con las últimas piedrecitas.
ERICK: ¿Dices que me lance? Pues no lo voy a hacer. Todavía me quedan el sofá y el acuario. ¡Ah! y el cesto con la cuerdita para sobrellevar el hambre.
ÚRSULA: Tu trinchera tiene apenas lo necesario. No es mi culpa que para utilizar la única salida necesites alas. Deberías utilizar tu cesto y tu cuerdita.
ERICK: Quédate con tus grietas, tus telarañas y tu Clorox. Hasta mañana.
(Silencio).
Úrsula…
ÚRSULA: ¿Qué?
ERICK: Te amo
ÚRSULA: Yo también.

III

ERIK: Te juro que me lanzaré. Saldré a ese balcón, me colgaré de la baranda del lado del vacío, contaré hasta diecinueve y me lanzaré.
ÚRSULA: Te juro que no me moveré.
ERICK: Esta vez no es una amenaza. Esta vez va en serio.
ÚRSULA: Estaré puliendo los cubiertos de plata de la abuela.
ERICK: Los tiraste desde el balcón hace un mes.
ÚRSULA: Entonces puliré mis uñas. No he hecho nada por mí últimamente.
ERICK: Estoy abandonando el sofá y me estoy dirigiendo hacia el balcón, Úrsula. Mírame avanzar.
ÚRSULA: ¿Qué color irá bien en la uñas de una viuda de unión libre, y que no sea el negro tradicional?
ERICK: Ya estoy bajo el dintel, y avanzo.
ÚRSULA: Un rosa pálido, quizás. Es refinado y bastante discreto.
ERICK: Estoy subiendo por la baranda, y pasando la pierna derecha del otro lado.
ÚRSULA: O el francés. Ese es aún más discreto.
ERICK: Ya estoy del otro lado, Úrsula. Mírame.
ÚRSULA: No. Ya no tengo uñas para un francés. Se me quedaron entre las baldosas del baño. Volveré al rosa pálido.
ERICK: Úrsula, mírame… con una mano.
ÚRSULA: No puede ser. Ya no tengo mi necessaire.
ERICK: 1, 2, 3, 4…
ÚRSULA: Lo lancé hace unos días sin ni siquiera abrirlo.
ERICK: 9, 10, 11…
ÚRSULA: Aunque, si lo hubiera abierto, seguro no hubiese logrado las manchas sanguinolentas que logré con los esmaltes.
ERICK: 14, 15, 16…
ÚRSULA: Por supuesto, antes de la muerte de Harry; antes del encierro. Antes de que dejáramos de lanzar cosas desde el balcón.
(Silencio).
Erick. ¿Hace cuánto que no lanzamos cosas? ¿Cuatro días? ¿Cinco a lo sumo?
(Silencio).
¿Erick? No hagas esto, no me quieras asustar.
(Silencio).
Sabes que no voy a traspasar la línea, que ni muerta lo haría.
(Silencio).
No me pienso mover de aquí.
(Silencio).
Te juro que si te atreviste a hacerlo no habrás logrado tu cometido. No voy a pisar el balcón y mucho menos voy a mirar hacia abajo. Te lanzaré la alfombra y luego las sillas del comedor desde aquí mismo para cubrir tu escena sanguinolenta. No lograrás que te vea.
(Silencio).
ERICK: Si vas a volver a lanzar algo, que sea una sábana anudada.
ÚRSULA: Erick, ¿Dónde estás?
ERICK: En el balcón del cuarto piso.
ÚRSULA: Prometiste que te lanzarías.
ERICK: No siempre se pueden cumplir con las promesas.
ÚRSULA: Creí por un instante que lo habías hecho… que extremarías tus artimañas para hacer que saliera al balcón.
ERICK: ¿Y no lo logré?
ÚRSULA: No. Continúo del otro lado de las priedrecitas.
ERICK: ¿Y mi sábana?
ÚRSULA: No queda ni una sola. Deberías usar las escaleras.

IV

ERICK: Apartamento quinto piso…
ÚRSULA: Con balcón, con vista a la luna…
ERICK: Llamar solo en cuarto creciente.
ÚRSULA: No es para estrenar. Sala-comedor. Una sola habitación. Sin posibilidad de ampliación.
ERICK: Cocina con vista a muro mohoso y barra americana.
ÚRSULA: Pisos en cerámica.
ERICK: Amoblado. Acuario empotrado para la adopción de peces ornamentales.
ÚRSULA: Mucho más de lo que esperaba. Un golpe de suerte. Y hemos firmado el contrato en creciente… ¿Sabes lo que significa?
ERICK: Solo agüeros.
ÚRSULA: Está demostrado que las fases lunares interfieren en todo. Las mareas. Si pueden hacer eso con el océano entero, imagina lo que pueden hacer con el líquido cefalorraquídeo.
ERICK: No pienso en esas cosas.
ÚRSULA: Está demostrado.
ERICK: No has dicho qué te parece.
ÚRSULA: Para estrenar. Recién pintado. Ni una sola grieta. Sin telarañas. Un golpe de suerte.
ERICK: No has dicho nada del balcón.
ÚRSULA: No es necesario. Ya pregunté.
ERICK: No me lo has dicho.
ÚRSULA: Hacia el norte hay un hospital. La estación de policía está a dos cuadras hacia el sur. Paso obligado para la zona rosa… Y lo mejor, no hay un sábado que no haya un crimen a menos de dos pasos de la portería.
ERICK: ¿Qué te parece el balcón?
ÚRSULA: El tamaño de la puerta.
ERICK: ¿Qué pasa con el tamaño de la puerta?
ÚRSULA: Demasiado pequeña para pasar cosas.
ERICK: ¿Adoptaremos?
ÚRSULA: Sí. No quiero tener hijos.
ERICK: Que sean niñas.
ÚRSULA: De acuerdo. Dos o tres niñas.
ERICK: Te amo, Úrsula.
ÚRSULA: Te amo, Erick.

V

ÚRSULA: ¿Quieres que te coja los huevos?
ERICK: Me harías un favor. Pero, apriétalos un poco para estar seguro que aún están allí.
(Pausa).

Así, así… Las rojas podrían mezclarse con las blancas.
ÚRSULA: No me gusta. Con las rojas es mejor hacer un caminito, hasta la cueva. ¿De veras te gusta que lo haga en momentos como estos?
ERICK: Es lo único que me mantiene firme. Yo me los tomaba cada vez que mi papá abría la libreta de calificaciones. El pantalón del colegio estaba acondicionado para ello. Echa una a una sin ir a golpear a la niña.
(Pausa).
Luego le enseñé a mi primera novia a que me los cogiera cuando veíamos pelis de terror. Hasta mi nana tuvo que hacerlo en una oportunidad… mientras le decía a mi papá por teléfono que había chocado su carro. Faltan blancas.
ÚRSULA: ¿Te gusta observarme cada vez que me desestreso con las bolas chinas?
ERICK: Eso puede funcionar. Una torsión no está demás. Un pequeño giro de 90 y luego las bajas de un tirón.
(Pausa).
Ayyy! Pobre Harry.
ÚRSULA: Él no tenía la culpa. Era tan solo un buzo. Tan bello, a pesar de su aparatosa escafandra.
ERICK: Siempre llenó de alegría a las niñas.
ÚRSULA: Era de esperar que murieran de tristeza.
ERICK: Siento lo de tu abuela.
ÚRSULA: No importa, no la quería.
ERICK: Fue bonito; pero, no dejo de sentir algo de pena.
ÚRSULA: Me hubiera gustado estar presente. Traje canicas azul turquesa.
ERICK: No había viento. Curiosamente, solo había una leve brisa. Flotó por unos segundos antes de tocar el piso.
ÚRSULA: Suena bello.
ERICK: Lo fue.
ÚRSULA: Ella lo hubiera deseado en el mar, quizás desde el borde de un acantilado.
ERICK: Harry hubiera deseado lo mismo.
ÚRSULA: Los dos terminaron contra el pavimento. ¡Que ironía!
ERICK: ¿Con Harry fue distinto?
ÚRSULA: Había viento. Tenía la escafandra llena de agua y se rompió en pedacitos contra el andén.
ERICK: No te culpo por lo que le hiciste a Harry. Tenías que vengar lo que hice con tu abuela.
ÚRSULA: No fue tu culpa. Debí decirte que lo que había en el jarrón no entraba en el juego. No te culpo.
ERICK: Entonces, suéltame los huevos.
ÚRSULA: ¿Te sientes mejor?
ERICK: Uf, sí.
(Pausa).
Te tengo un regalo… Destápalo.
ÚRSULA: ¿Qué es? ¿Puedo adivinar?
(Pausa).
ERICK: Son de gato; con algo de kiwi y neumático. No son las de tu abuela… llovió antes de que pudiera bajar con el recogedor.
ÚRSULA: Piensas en todo, amor. Tendré que comprar un jarrón nuevo.
ERICK: No te preocupes. Lo pondré en la lista de regalos.
ÚRSULA: Agrega el oxigenador para el acuario.
ERICK: Decidamos la fecha.
ÚRSULA: En creciente. No me mires así, tú también tienes agüeros ¿Cuántos invitados tienes en mente?
ERICK: Solo mi padre. ¿Y tú?
ÚRSULA: Solo el dependiente de la tienda de mascotas… y a Betty Blue II.
ERICK: No hay solteras.
ÚRSULA: No importa. Me muero por lanzar el ramo desde el balcón.
ERICK: ¿Y la luna?
ÚRSULA: ¿Qué pasa con ella?
ERICK: Que es voyerista y cómplice de nuevo.
ÚRSULA: Me gusta cómo se ve la luna desde nuestro balcón.

FIN

____________

*Carlos Alberto Molano Monsalve. Licenciado en artes escénicas con énfasis en teatro de la Universidad de Caldas. Magister en Educación del Instituto Tecnológico de Monterrey. Candidato a Doctor en Pensamiento Complejo de Multiversidad Edgar Morin. Profesor del Departamento de Artes Escénicas de la Facultad de Artes y Humanidades, Universidad de Caldas, de las áreas de actuación, voz escénica y escritura dramática. Director de la Agrupación escénico-musical ExperiMental 5. Coordina el semillero de Prácticas Pedagógicas de las Artes Escénicas, adscrito al grupo de investigación Teatro, cultura y sociedad. Director del Taller permanente de dramaturgia ante la Red de escrituras creativas RELATA del Ministerio de las Culturas, las artes y los saberes. Compilador de la Colección dramatúrgica La pluma de Tespis. Coordinador de la Nueva Red Nacional de Dramaturgia y Guion Audiovisual. Ha participado con el Centro de estudios sobre conflicto, violencia y convivencia social CEDAT y el Centro de estudios avanzados en niñez y juventud CINDE en temas de arte, reconciliación y paz. Hasta 2023 se desempeñó como Coinvestigador del proyecto Hilando capacidades políticas para las transiciones en los territorios, del programa Reconstrucción del tejido social en zonas de posconflicto en Colombia, en donde fue coordinador del equipo de artes, cultura y comunicaciones. Entre sus obras se cuentan Con la espalda siempre recta, premio nacional de dramaturgia RELATA 2012; Iré vestida de Carmín, finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Colombo-Francés 2009; El trato, publicación CELCIT 2016; y numerosas obras en antologías y colecciones dramatúrgicas regionales y nacionales.

**Liliana Hurtado Sáenz. Magíster en Escrituras Creativas con énfasis en dramaturgia de la Universidad Nacional de Colombia, Especialista en Cultura y Sociedad en América de la Universidad del Valle, Maestra en Artes Escénicas de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Más de 35 años de experiencia como actriz, directora teatral y dramaturga. Docente Universitaria de teatro en la Universidad del Bosque, Distrital Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano, Manuela Beltrán, Incca. Radicada en Manizales hace 23 años. Actualmente pensionada como Profesora Titular de la Universidad de Caldas en el Departamento de Artes Escénicas. En la ciudad de Manizales fue Coordinadora del taller permanente de dramaturgia perteneciente a la Red RELATA desde el año 2009. Coordinadora de I, II, III y IV Residencias Artísticas en Dramaturgia convocadas por la Red Nacional de Dramaturgia y la Universidad de Caldas. Ganadora del Premio Mujer de Teatro 2013, otorgado por la Corporación Colombiana de Teatro, en el marco del Festival de Mujeres en Escena por la Paz. Premio Nacional de Investigación Teatral 2013, otorgado por el Ministerio de Cultura.

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