STEINBECK Y MÉXICO: UNA ÓPTICA DE MUTUA ENSOÑACIÓN

0
1271

steinbeck y mexico

Por Sharonah Esther Fredrick*

  1. STEINBECK Y LA FANTASÍA DE MEXICO, VISTO POR UN AUTOR MEXICANO CONTEMPORÁNEO

 Las profundas y problemáticas raíces intelectuales del autor estadounidense John Steinbeck en la cultura de México, y en la historia tan compleja de aquel país, no son suficientemente conocidas. Afortunadamente, el poeta y prosista Raúl Carrillo Arciniega ha decidido explorar este tópico en su nuevo libro La espectralidad mexicana de Steinbeck en el mar de Cortés (Ediciones Eón, 2025). En su prosa, Carrillo Arciniega lidia diestramente con los inevitables estereotipos mexicanos que pueblan la obra de Steinbeck. Pero, como el autor comprueba, la actitud de Steinbeck hacia México era intrincada y no se reducía únicamente a tropos literarios o cinemáticos gastados. Era bastante más complicado que eso.

Este libro no se limita en modo alguno a una simple recitación de los errores de Steinbeck. El escrutinio que hace La espectralidad mexicana de Steinbeck es detallado, rico y contradictorio; incluso cuando Steinbeck parece preso de conceptos obsoletos sobre México como destino de ensoñación turística estadounidense. Carrillo sabe que son precisamente los errores y estereotipos los que nos pueden iluminar la forma de pensar de una época, época representada al máximo por John Steinbeck. En la obra de Carrillo, tanto los errores como los aciertos de Steinbeck nos sirven para ilustrar su mentalidad y el contexto estadounidense del que era parte. El trasfondo era contradictorio, analítico, emocional, romántico, condescendiente y simultáneamente imperialista y revolucionario, como, en efecto, era Steinbeck.

Para situarnos claramente en la mente de este autor, hay que recordar cómo surgió la imagen muy particular de México, difundida en el extranjero, en la etapa formativa del nacionalismo mexicano. El Partido Revolucionario Institucional  (PRI) marcaba la pauta de la producción artística del país y, como Carrillo observa atinadamente, el pasado indígena se valorizaba no en términos de su relación con un presente problemático para los indígenas ciudadanos, sino en relación con las glorias imaginadas, casi siempre castrenses, del pasado azteca. De allí comprendemos algo que caracterizó el principio del siglo XX en la producción literaria mexicana y que señala Carrillo aquí: la búsqueda eterna de un «nuevo mundo», irónicamente, representada por el México independiente. La industria fílmica extranjera, la estadounidense, y los escritores mexicanos, españoles y estadounidenses, eligieron a México como su «objeto del deseo» (la cita es de WB Yeats).

Carrillo no culpa a Steinbeck por creer en una ilusión que fue moneda corriente tanto en México como en EEUU. Al contrario, lo que el autor quiere hacer (y en la opinión de esta escritora lo logra exitosamente), es escrutar los motivos que determinaban las ópticas a través de las cuales Steinbeck miraba a México. ¿Cómo sería, por ejemplo, que un México que se veía a sí mismo como país comprometido con la idea capitalista del progreso, terminará por romantizar a ultranza la imagen del indígena desdichado? ¿Cómo influyó esa doble visión en la producción de Steinbeck? Y cuáles eran los ingredientes afectivos —el afán de descubrir una pureza y virtud que se encontraba en el imaginario de Steinbeck solamente entre los desposeídos indígenas, lejos del progreso de que se ufanaba el estado mexicano— en este tapiz variopinto?

Uno de esos ingredientes fue, como subraya Carrillo, una mítica y fácil–de–comprender supuesta homogeneidad cultural. Esto es determinante: la homogeneidad fantasiosa descartaba, convenientemente para Steinbeck, la exigencia de profundizar en la trama social alambicada que es México. Carrillo advierte que al escribir el opus La Perla, en el cual Steinbeck inmortalizó su visión martirizada del indígena mexicano, «la fábula es leída por Steinbeck como una condena al capitalismo salvaje que deshumaniza más a los indígenas», y también que «la novela presenta un México sumido en la pobreza, aunque el autor no haya identificado las diferencias regionales del país…» Entonces, si todos los indígenas son pobres y nobles, y si su enorme heterogeneidad y regionalidad estaban subsumidas bajo la etiqueta de «indio», habrá menos voluntad de subrayar las contradicciones de la situación cultural y, desde luego, económica de México. En otras palabras, el triste rótulo de hoy contrastaba con la ostensible gloria sangrienta azteca —por no decir española— del pasado, en que otras innumerables culturas indígenas no figuraban.

Y entonces México era para Steinbeck, tal como sigue siendo para muchos turistas occidentales que constantemente buscan una visión «mágica» de América Latina, un lugar al que ellos podrían huir para buscar los sueños que la vida capitalista del Norte, y a menudo los avatares de su propia vida afectiva, ya no les permitía realizar. Pensemos en la excelente película Los Tres Entierros de Melquiades Estrada (2005), una idiosincrática y poco convencional película del Oeste dirigida por Tommy Lee Jones, en que estadounidenses desean escapar de su situación personal devastadora, fugándose al Sur, mientras que los mexicanos que desean no menos escaparse de su situación económica estranguladora, se fugan al Norte. El lugar de encuentro, sin duda, es la frontera.

Carrillo Arciniega contextualiza esa frontera patologizada (por ambos lados de la frontera) entre México y los Estados Unidos, como punto de partida del análisis de Steinbeck. Su libro abre una puerta a todo el proceso de incomprensión mutua entre ambos países. De allí la falta de claridad, captada con humor mordaz en el título de Carrillo, La espectralidad mexicana en la obra de Steinbeck… Es justamente esta incomprensión de lo que es México la que genera debates y conversaciones entre todos los que conocen el país, superficialmente o de fondo. Esta falta de claridad, esa «espectralidad» alcanza una cumbre fascinante en la escritura de Steinbeck, y en particular en el cuento de él que constituye la piedra angular del libro de Carrillo, La Perla.

  1. CARRILLO Y EL DON DE LA PERLA, EN LA PERLA DE STEINBECK

Carrillo nos recuerda la materialidad del libro de Steinbeck. De hecho, la naturaleza material de cualquier producto, sea jarra de vidrio, obra maestra de literatura, o pintura. Una perla, que sea el don de Derrida que menciona Carrillo, o una perla metafórica, forman parte de esta materialidad. La espectralidad mexicana de Steinbeck esclarece cómo este elemento económico–espiritual que es una perla, que es «la» perla, material, es clave para penetrar en la óptica de Steinbeck. La perla, la joya y el cuento, expresan lo que sentía Steinbeck cuando miraba al mexicano con un enredo confuso de admiración, condescendencia, solidaridad y paternalismo.

Tal como la perla que es tasada por el joyero, cada libro tiene un público que lo compra, y al que le pone precio. Carrillo aclara que un libro de Steinbeck sería «dirigido a un estadounidense que se contempla a sí mismo como superior debido a su desarrollo bélico» (referenciando el triunfo de los EEUU sobre el fascismo en la Segunda Guerra Mundial). Evitando una tendencia atemporal que soslaya las bases económicas de cualquier actividad artística, Carrillo hace hincapié en la cronología de la mirada de Steinbeck con respecto a México. El enfoque material resulta particularmente crucial aquí, siendo que el triunfalismo estadounidense habría sido mucho menos en la época en que Steinbeck escribió «Las uvas de la ira» (1939), cuando los EEUU estaba sumergido todavía en los retazos de la Gran Depresión, y «La Perla», publicado como cuento al final de la guerra en 1945, con un EEUU que había derrotado a los nazis y parecía, por un tiempo breve, detentar el liderazgo mundial en pro de la libertad y el bienestar general.

Dicho triunfalismo no puede achacarse simplemente al «racismo». Y es justamente en este punto donde Carrillo diverge de muchos de sus contemporáneos de la crítica literaria, quienes pasan el tiempo «cancelando» y tildando de «imperialista» a la gran mayoría de autores de antaño. La escritura de Carrillo evita, inteligentemente, este mundo maniqueo del Bien y del Mal, y opta por un entendimiento histórico que es más difícil de digerir, pero infinitamente más enriquecedor para el lector. No justifica excesos ni del imperialismo ni de la respuesta al mismo. Carrillo se empeña en estudiar cómo Steinbeck interpretaba este mundo de la guerra y posguerra con relación a México, a los indígenas de las Américas, e indirectamente, a los lectores angloparlantes.

Como nota Carrillo, la extraña fascinación y desprecio que se siente simultáneamente hacia el indígena tiene raíces profundas en la historia colonial. Significativamente, Carrillo subraya que la Inquisición mexicana clasificaba al indígena (sea cual fuere su nación o cultura) como capaz de «alcanzar la inteligencia de un niño de doce años». Esto tuvo repercusiones profundas en el entramado racial de México. Incluso en el caso en el que el indígena aceptara la doctrina católica y viviera una vida religiosamente intachable desde el punto de vista del Santo Oficio, no era considerado un adulto ante la ley, con la curiosa excepción de casos criminales, en que un indígena podía ser ajusticiado y ejecutado sin que su supuesta «edad mental» le ofreciera ninguna protección ante la ley, tal como sucedió en los alborotos por escasez de maíz en México en 1692. Tan enrevesada era la ley colonial que administraba las vidas de los indígenas, y tan duraderas son las llagas de su implementación aun después de la Independencia, que no es de asombrarse que Steinbeck también hubiera caído en la trampa del estereotipo del infantilismo del indígena.

Carrillo no justifica tal discriminación. Con un ojo crítico y a la vez empático, él explica cómo esas prácticas pusieron más de su grano de arena en la construcción de personajes que hizo Steinbeck. Después de todo, La perla es un fiel espejo de los conceptos culturales del mundo de su autor, por ambos lados de la frontera norte–sur. Carrillo describe este mundo y la literatura que fue producida por ello elocuentemente, pero también con un tono mordaz. Al fin y al cabo, tanto capitalistas y revolucionarios compartieron la misma ignorancia respecto al indígena. Ningún lado entendía su historia tan variopinta, o los procesos de colonización que habían aportado a la supuesta homogeneización de la imagen del indígena que se ofrece en La perla.

El protagonista indígena de la historia de Steinbeck, por encontrar su milagrosa perla, encuentra un camino para salir de la pobreza. En esta coyuntura, Carrillo observa que eso no es una simple fábula para Steinbeck, porque «la espectralidad mexicana […] cobra forma y se filtra lejos de un discurso con compromiso de verdad». Esta «espectralidad» que detalla Carrillo abarca los conjuntos de sueños, o justamente, espectros tejidos en torno a lo que los escritores de la época de Steinbeck anhelaban que México representara. Es como si el país independiente de México ejerciera, para Steinbeck, el mismo magnetismo que el oro de los aztecas ejercía para los conquistadores. Irónicamente, México seguía siendo tierra de fantasías de oro entre los, que como Steinbeck, que se jactaban de conocer su realidad.

Así pues, la perla, el objeto en sí, le deparaba al indígena en el cuento de Steinbeck la posibilidad de liberarse de su propio indigenismo, de su propia identidad. Porque, tanto para el marxista como para el capitalista, «el indígena tendría que dejar de serlo; es decir, tendría que dejar de vivir en la pobreza», como dice Carrillo. De esta manera, La espectralidad mexicana nos presenta La perla y su uso de la pobreza como tropo cultural y no solo literario. La pobreza es el rasgo definitorio en el panorama de México que construye y difunde Steinbeck. Carrillo en La espectralidad nos hace captar la inevitabilidad de las conclusiones cuestionables de Steinbeck. Y, no menos, el libro nos invita a pensar en el imperativo de explorar las causas históricas de dichas conclusiones.

Explorar tales motivos podría ser tarea intimidante —si no quijotesca— para alguien que no contaba con la sólida formación histórica que caracteriza este libro. Felizmente para el lector, Carrillo percibe que muchos de los postulados de Steinbeck, incluso muchos de los que no hubiera estado consciente el mismo Steinbeck, provenían de una fuente mucho más antigua.

Esta fuente, apunta Carrillo, es el acervo de las narrativas «civilizatorias» de México.

(Agrego aquí que dicho fenómeno no es privativo de los europeos, siendo que numerosas fuentes indígenas del Valle de México, tradiciones recogidas en el Códice Florentino de Sahagún, entre otros, apuntan al Tlatoani azteca Ixcoatl que alrededor de 1430 mandó quemar códices preaztecas y aztecas tempranos, para poder reescribir la historia a la luz del nuevo imperio de la Triple Alianza).

Esa manía de reciclar y rehacer la imagen de México es un elemento constante en la óptica de lo que llamamos «México». Las narrativas civilizatorias desde la época de la Conquista española solo han servido para reforzar el proyecto original de Izcoatl. Constantemente, dentro de México y fuera de ello, se teje y desteje la historia según la perspectiva preestablecida de cualquier conquistador que lo sometiera, y de cualquier viajero que lo visitara. Steinbeck se nombra entre estos últimos, aunque a veces escribía como si fuera de los primeros.

Pero la meta aquí no es mostrar que Steinbeck tenía ideas erróneas. Las tenemos todos de sobra. En lugar de eso, Carrillo quiere poner a prueba el proceso evolutivo de las ideas de Steinbeck respecto al imaginario de México que él mismo construyó.

La clave de dicho proceso reside en lo monolítico de la idea de la mexicanidad que Steinbeck —conscientemente, o, como decía la Chilindrina, sin querer queriendo— retrataba verbalmente. Por ende, la observación de Carrillo acerca de la escritura de Steinbeck, en que «la novela presenta un México sumido en la pobreza, aunque el autor no haya identificado las diferencias regionales del país…» es imprescindible en cualquier análisis de dicho autor. Indiscutiblemente, la clave para comenzar a entender un país tan complejo como México reside en la captación de las vastas divergencias que siempre han dividido aquel territorio. A pesar de los intentos propagandísticos del PRI y Televisa de los 60 y 70 del siglo XX —México nunca ha sido un país homogéneo—. Antes de los mexicas (aztecas), el territorio era una colección de reinos, algunos de los cuales, como los mayas y los zapotecas, contaban con sistemas de escritura y astronomía notablemente más antiguos que los de Europa. Los aztecas no lograron unificar el territorio. Tampoco los españoles lo hicieron. En su heterogeneidad cultural, México seguía desafiando a todos sus conquistadores, indígenas o europeos por igual.

Los devaneos de Steinbeck, entonces, no pueden desvincularse del panorama más amplio de los avatares de México que Carrillo describe en su libro. Las distintas capas de México que influyeron sobre Steinbeck son ampliadas efectivamente por Carillo, e incluyen:

  1. a) la constelación muy particular de relaciones entre los Estados Unidos y México;
  2. b) la propaganda homogeneizadora del PRI y su influencia sobre los medios de comunicación mexicanos;
  3. c) las experiencias muy personales de Steinbeck y sus propios miedos y esperanzas en cuanto a México se trataba y, finalmente,
  4. d) el filtro, o los filtros —en palabras de Carrillo, la espectralidad—, intencionados o no, por los cuales interpretaba Steinbeck la realidad objetiva que él presenciaba y veía en sus viajes a México.

Cabe destacar que nuestras ópticas múltiples de México, las que tenemos hoy día y las que esgrime Carrillo para ilustrar y ampliar sus argumentos, son bastante distintas que las que había escuchado, y leído el autor de Las uvas de ira. Hasta bien entrada la década de 1960, el cine oficialista de México seguía produciendo ofertas como La cabeza viviente (1963) en que momias aztecas semimutiladas constituían una amenaza existencial a los arqueólogos que las desenterraban, con el ominoso precepto repetido a menudo en la película «que no hay que perturbar el pasado mexicano». Y este pasado, tal como la película y otras muchas lo presentaban, era azteca, militante y únicamente azteca.

El México de hoy, algo más plural que lo que conocía Steinbeck, con 68 lenguas indígenas y escuelas bilingües en la zona maya (Yucatán, Campeche, Quintana Roo) no habría sido accesible a Steinbeck. Tampoco lo era para la gran mayoría de la sociedad mexicana y/o estadounidense. Carrillo reconoce plenamente el impacto de la sociedad en la producción de un escritor. Por eso nos convida a una investigación de Steinbeck y México que rebasa las fronteras de la crítica literaria abstracta. La espectralidad mexicana de Steinbeck se ancla en las realidades socioeconómicas latinoamericanas y en la mentalidad de Steinbeck como autor angloparlante.

Carrillo cita a Foucault en su famosa «arqueología del saber», y lo aplica a Steinbeck en México basado en «el poder de lo observable». La meta no es interpretar a Steinbeck en términos foucaultianos. Al contrario, Carrillo está invitando al lector a recordar cómo nuestros propios filtros plasman las imágenes que vemos y/o creamos. Análogamente, el uso que hace Carrillo del concepto del «don», de Jaqcues Derrida, en cuanto a La perla de Steinbeck, nos ayuda a trascender la superficie de las definiciones. ¿Cuál es el don para el indígena? Cuál es el don para el rico, y para el pobre; y más que todo, para el lector de ayer y de hoy?

Carrillo nota que en la escritura de Steinbeck sea en sus colaboraciones con el biólogo marino estadounidense Edward Ricketts, sea en La perla, «… el mundo natural que encuentra no es natural, sino una imagen significativa de lo que pretende encontrar, reafirmando la idea de la crónica de indias donde el nombrar podría ser la forma de asumir posesión simbólica y epistémica…». Y eso nos recuerda cómo la arqueología del saber funcionaba en la trayectoria histórica de Steinbeck. En efecto, y sin asumirlo conscientemente, el autor representaba uno de los últimos eslabones en la larga cadena de cronistas de Indias, gente que filtraba todo en función de un orden preestablecido, en aquel caso, eurocéntrico.

Carrillo comprueba que no debemos aceptar los planteamientos culturales que conducen a las crónicas de la Conquista y la Colonia, y que posiblemente influyeron en nuestros autores modernos. Pero sí podemos verlos en su contexto y aprovecharnos de sus observaciones, aciertos y errores. El lector de hoy puede formar parte de una discusión rica, apasionada y a veces imprevisible sobre los contenidos que Steinbeck y su escritura siguen despertando hoy en día. El debate que inicia Carrillo sobre estos contenidos en La espectralidad mexicana de Steinbeck en el Mar de Cortés bien vale la pena.

REFERENCIA:

La espectralidad mexicana de Steinbeck en el mar de Cortés (Ediciones Eón, 2025) del autor y poeta Raúl Carrillo-Arciniega.

____________

*Sharonah Esther Fredrick hizo sus estudios de pregrado en SUNY-Buffalo, en el Departamento de Antropología; su máster es del Aranne School of History en la Universidad de Tel Aviv; y su Doctorado es de SUNY-Stonybrook, del Departamento de Lenguas y Literaturas Hispanas. «An Unholy Rebellion, Killing the Gods: Political Ideology and Insurrection in the Mayan Popul Vuh and the Andean Huarochiri Manuscript» (Univ. of Nebraska Press, 2024) es su primer libro, y es fruto de décadas de estudio sobre el tema de la resistencia Indígena en América Latina. Entre muchos otros artículos, Sharonah ha publicado sobre medicina andina y maya en la época colonial en Renaissance and Reform de la Universidad de Toronto (2021); «La imagen del judío en el cine latinoamericano», en SLAC-Spanish and Latin American Cinema (2019); «La mitología y evolución del personaje de la Xtabay, la sirena de literatura maya» en la colección de BREPOLS Marginal Figures in the Middle Ages and Renaissance (2021); y «Las referencias judías sefardíes de La Celestina» en la revista literaria Raíces (2018). Actualmente se desempeña como editora de redacción y contribuidora de la sección «Colonial Americas» para Routledge Resources Online-The Renaissance World (https://www.taylorfrancis.com/rrorw/?context=rrorw).

Sharonah fue la conferencista invitada del anual Cardim Lecture de Loyola College, Maryland, en 2016; en 2018 ella ganó el Premio de Investigaciones del Centro para el Estudio de Género en SUNY-Buffalo; y en 2023 fue ganadora del LCWA Distinguished Research Award en el College of Charleston, donde ella enseña, en el Departamento de Estudios Hispanos.

Sharonah ha trabajado en asesoramiento cultural en Argentina, EEUU, Costa Rica, Israel/Palestina, y México; ha sido docente universitaria en SUNY Buffalo, el Boyar School for Overseas Students de la Universidad Hebrea de Jerusalén; y ha dado conferencias sobre temas diversos de la época Temprano-Moderna global, y también del conflicto cultural, en varios países, incluyendo Angola, Australia, Sudáfrica, Guatemala, España, Uruguay, Chile y Brasil. También investiga los usos de sanación indígena en la medicina actual, como se puede ver en su conferencia de dic 2023.

(https://www.youtube.com/channel/UCDgPTetfOL9FHuAW49TrSig/videos)

Su página-web de Amazon es: https://www.amazon.com/author/sharonah.rebellion-mayas-andes

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.