DUNA: PARTE DOS – VENGANZA Y POSTHUMANISMO

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duna parte dos

Por Rafael París Restrepo*

Duna: Parte Dos (2024) es la continuación de la adaptación cinematográfica del director Denis Villeneuve, basada en la icónica primera novela de la saga de ciencia ficción de Frank Herbert. Esta secuela continúa donde terminó la anterior entrega, siguiendo los pasos de Paul Atreides, interpretado por Timothée Chalamet, en su camino hacia el liderazgo del pueblo fremen en el desértico planeta de Arrakis. Recordemos que Paul es un joven noble cuya generosa y leal familia ha sido traicionada por las maquinaciones del Emperador Shaddam IV y la despiadada Casa Harkonnen, por lo cual se encuentra en medio de una encrucijada política, espiritual y personal.

Si la primera película mostraba la lucha entre casas nobles, con suspenso y estilo poético; esta segunda parte se concentra en la transformación de Paul de un joven idealista a un líder determinado, con un destino que podría marcar el futuro del universo; pues él no solo es el hijo de un aristócrata carismático, sino también el fruto de miles de años de un programa de cruce de linajes de la orden Bene Gesserit, con el que se busca crear a un individuo superior que esté más allá del tiempo y el espacio: el Kwisatz Haderach de las reverendas madres, o el Lisan al Gaib, el mesías profetizado del pueblo fremen. Villeneuve mantiene un enfoque visual distintivo, combinando el minimalismo con una representación orgánica de los elementos claves del universo de Duna, como lo son la especia melange, los gigantescos gusanos de arena y la compleja relación de los fremen con el ecosistema de su planeta.

Además, esta entrega profundiza en algunos personajes secundarios, siendo el caso de la Reverenda Madre Jessica, interpretada por Rebecca Ferguson, quien vacila entre la lealtad a su hijo Paul y su compromiso con la Bene Gesserit; y Chani, interpretada por Zendaya, una joven fremen que se convierte en el amor y guía espiritual de Paul. Ambas serán factores decisivos en la consolidación de la venganza del protagonista contra los Harkonnen y su apropiación del trono del Imperio.

EL ESPECTÁCULO CON SENTIDO CRÍTICO: LA LUZ ES PROTAGONISTA

Duna: Parte Dos se diferencia de otras adaptaciones de ciencia ficción al alejarse de los elementos más fantásticos del género, sin centrarse en efectos visuales exagerados, enfocándose en una estética sobria y realista, inspirada más en 2001: Una odisea del espacio (1968) y Blade Runner (1982) que en Star Wars (1977) o Matrix (1999). Siendo así que Villeneuve ha optado por una representación moderada y de «buen gusto» que hace eco de la seriedad de la novela original, evitando caer en la espectacularización superficial.

Duna, extrañamente, siempre se ha situado en la intersección entre el fantástico mainstream y el underground, proporcionando, en este caso, una experiencia cinematográfica que es a la vez entretenida y desafiante, onírica y grandiosa. Si bien la primera parte de la saga se centró en establecer el universo de Dune, con un enfoque poético en la creación del mundo; la segunda parte, en cambio, es un espectáculo visual que no sacrifica el contenido profundo en aras del entretenimiento, como queda claro desde sus primeros minutos, en los que se describe un encuentro hostil entre las tropas Harkonnen y los fremen, mientras un eclipse de sol baña el desierto con un rojo intenso y sobrenatural; o luego, cuando asistimos a una arena de gladiadores, en donde el antagonista principal Feyd-Rautha Harkonnen se luce con sus habilidades en combate, en un infrarrojo (semejante al blanco y negro), causado por el sol negro del planeta de los Harkonnen; para finalmente resolver todo en una pelea en claroscuro, con tensas siluetas, que parecieran tomadas del barroco español.

La habilidad de Herbert para construir una narrativa compleja y rica en personajes multidimensionales es retomada por Villeneuve, creando un espectáculo intelectual para arrojar luz sobre cómo la Casa Atreides, tan aparentemente virtuosa en la primera parte, va, paulatinamente, contaminándose de las marañas del poder, a través de ritos como beber el Agua de Vida (bilis de gusano) o domar un gusano de arena gigante para «cabalgarlo», convirtiéndose la gesta heroica tradicional en un umbral para alcanzar un dominio sobre la mente y la carne —tan peligroso como ambiguo—, tanto que llevará al espectador a preguntarse: ¿nuestros protagonistas son los buenos o los malos de la película?, ¿en quién debo poner mi empatía? Basta recordar que mientras avanzan los libros, los Atreides cada vez se parecen más a los Harkonnen, y viceversa, invitando a reflexionar sobre los paralelismos con los conflictos y las estructuras de poder del mundo real. Mucha de esta ambigüedad viene de la caracterización tecnológica del mundo, de su transición de ser originalmente un imperio en donde el hombre se apoyaba en lo técnico para conquistar la naturaleza, a ser uno en el cual el hombre puede, por sí mismo, hacer lo que antes hacía con la técnica, perdiendo en el camino cualidades humanas y ganando una superhumanización en la cual la memoria, la genética y la prospectiva se convierten en peligrosas armas que pueden moldear a la humanidad por deseo de un tirano.

DE LA CIENCIA FICCIÓN A LA CIENCIA VERDAD

Uno de los valores fundamentales de la saga cinematográfica de Duna radica en su capacidad para ofrecer una reflexión profunda sobre el poder, la religión y la naturaleza humana. En el universo de Herbert, la religión puede ser vista tanto como una construcción falsa para controlar a las masas, igual que se describe en los primeros libros, o como una verdad más compleja y multifacética, igual que en los libros posteriores. Villeneuve, a través de su dirección, ilustra cómo Paul Atreides no es un héroe tradicional: su liderazgo tiene implicaciones éticas cuestionables, ya que su llegada a Arrakis no trae la paz sino más bien la guerra y la opresión, similar a las críticas que Herbert dirige contra el colonialismo y las cruzadas religiosas. Igualmente, se plantea la pregunta de cómo los líderes carismáticos, pueden transformar sociedades enteras, a menudo para peor, a través de la manipulación de la fe y la violencia, reflejando personajes históricos controvertidos como JFK, Hitler o Stalin. Esta dualidad en el carácter de Paul desafía al espectador a reconsiderar la naturaleza del liderazgo y la historia, mostrando que el héroe puede ser tanto un liberador como un opresor.

En un mundo cada vez más polarizado por la religión, la política y el cambio climático, la película ofrece una representación fascinante de un ecosistema en peligro, y plantea la hipótesis de cómo los recursos naturales críticos, pueden convertirse en herramientas de dominación y conflicto. Esta representación de una ecología extrema en un mundo tecnológico post-IA proporciona un contexto para discutir las implicaciones del cambio climático y la explotación de recursos en la era moderna.

CÁLCULO MENTAT

Los mentat son computadores humanos, sujetos entrenados para guardar en su mente cantidades inmensas de información y de acuerdo a ello resolver, en segundos, problemas de alta complejidad. El mentat es capaz de ver con claridad el presente, para ofrecer un diagnóstico preciso de la situación y ofrecer muchas soluciones posibles, con la rapidez de una máquina. El mentat sustituyó en las cortes del imperio a los grandes computadores estoicos; de igual manera que la reverenda madre, al detector de mentiras; y los navegantes de la Cofradía, a los navi–computadores de los cruceros espaciales. El cálculo de hoy es que esta serie cinematográfica, contrario a los pronósticos iniciales, continuará prosperando, este año (2025) se estrenará también una serie de televisión, Dune: Prophecy, sobre los inicios de la Bene Gesserit, y se espera para dentro de dos años, una adaptación del segundo libro Dune Messiah, la cual terminaría la trilogía de Paul Atreides y su periplo como líder mesiánico y emperador del universo conocido. Entonces, el futuro se ve bien, el planeta desértico reverdece con bosques, montañas, mares y ríos, esperando que más peregrinos se aventuren a visitarlo.

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* Rafael Mauricio París Restrepo es publicista de la Universidad Pontificia Bolivariana, magíster en estética de la Universidad Nacional de Colombia y doctor en artes de la Universidad de Antioquia. Ha trabajado como docente en la Institución Universitaria Pascual Bravo, la Universidad Pontificia Bolivariana, la Universidad Católica Luis Amigó y Atec-Corporación Academia Tecnológica de Colombia. Igualmente hizo parte de la Corporación Madera Salvaje para la realización de video narrativo y experimental, y fue curador de la sala de cine del Museo de Arte Moderno de Medellín

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