
Por Paula Andrea Pérez Reyes*
Queridos Lectores, después de muchos días sin escribir puedo compartir con ustedes esta columna. En ella encontrarán la invitación a iniciar un viaje, una breve travesía por el corazón del siglo XX y el movimiento Nadaísta. Un recorrido por el deseo, que como un insecto muerde el alma de sus lectores y deja de alguna forma su marca. Esta es una de las maneras en las que opera el deseo y sus movimientos en el tiempo. Considero que el universo de los Cronopios también nos conecta con la belleza de la palabra en el plano de un horizonte de libertades y vivencias. Sigo con esa expectativa de hacer de este espacio un pequeño portal de reconocimiento cultural para dar a conocer aquellas experiencias significativas de las grandes voces que escriben la historia de nuestra cultura y así, compartir con ustedes una pequeña parte del vasto universo de aquellos rostros y sus diversas formas de navegar en el tiempo y dejar huella, como aquella que deja el ser deseante y su deseo Cuando Nada es para siempre.
De esta manera, la columna de esta edición busca resignificar el papel del deseo desde la fuerza de la palabra en el movimiento Nadaísta a través de la propuesta del Poeta, Columnista y Pensador Jotamario Arbeláez. Un rostro, una voz poética como máxima expresión de una libertad deseante.
POESÍA Y DESEO
Se desea un beso, un mañana, un volver en el tiempo. Se desea y se crea, parece que la imaginación contemplara una realidad que se gesta en la imagen para ser nombrada, aunque con dificultad esta pueda encontrar en el mundo de la vida la mejor palabra que la describa. Octavio Paz en la obra La llama doble, habla de una definición que abarca una necesidad que conecta la imagen con la palabra, para ir en busca de lo mejor al definir la galería de las fantasías:
Todos los hombres padecen una carencia: sus días están contados, son mortales. La aspiración a la inmortalidad es un rasgo que une y define a todos los hombres. El deseo de lo mejor se alía al deseo de tenerlo para siempre y de gozarlo siempre, todos los seres vivos y no solo los humanos participan de ese deseo: todos quieren perpetuarse (Paz, La llama doble, 1993, p.43)
Siguiendo la anterior definición, la poesía, nace de los brazos del deseo, de los vastos encuentros que gracias a su sábila nutre hasta producir esa erótica, hace que una palabra se encuentre con la otra y de su coincidir se recree aquella urgencia, ese sentir y ese pensar. Cada poema nace del deseo, de las ansias frente a aquella cita del hombre con la palabra, del devenir entre las apariciones, los silencios y los versos que emergen del corazón de aquel poeta. Cada uno de los símbolos, lugares, personas, imágenes, anhelos y experiencias convergen en la fuente de su formación literaria y en el plano del horizonte de aquella llama que danza ante la melodía del tiempo. El poeta es un ser deseante por experiencia y un revolucionario por vocación, Jota lo ha sido por décadas. Los Nadaísta siempre encuentran esa razón en la palabra como forma de resistencia ante las formas alienantes de la sociedad colombiana. De allí nace cada movimiento poético, aquella fuerza vital que lleva a sus poetas por esa travesía con puntos suspensivos en el tiempo, pero dejando huellas en las dinámicas sociales que confrontan el país a través de las expresiones estéticas tal como sucedió a mediados del siglo XX en Colombia, haciendo del movimiento Nadaísta un giro frente a la tradición y sus formas.
EL POETA CUANDO NADA ES PARA SIEMPRE.
La poesía es expresión y una forma de resistencia, no solo frente a la tradición. Por ello, la fuerza de la vanguardia hace su aparición desde una necesidad que resiste a la violencia de su tiempo. El deseo de libertad irrumpe en aquellas formas de expresión y encuentro. ¿Cómo responde el poeta al desafío de la vida en un país como la Colombia de los 50, los 60, los 70, los 80, los 90 o los 2000?
El deseo se hace presente en el interior el poeta y de su inquieta necesidad de resignificar esa realidad, la palabra desde Él y hacia el Otro. Sus versos quedan como huella y otros lo reciben en el eco de sus carencias. Pero otro de sus movimientos es el horizonte de la exterioridad y de la plena necesidad de responderle al otro, a los otros y a su tiempo. El poeta también es un sujeto político, un actor social sensible y en movimiento frente a la urgencia de la vida que lo convoca, que lo mueve a pronunciar aquello que le cuesta nombrar al mundo. El nadaísmo ha respondido la exigencia de su tiempo y de su ciudad, como Gonzalo Arango desde Medellín a solas contigo (1964) y, por supuesto, El primer manifiesto Nadaísta (1958). Eduardo Escobar con sus poemas, cuentos y ensayos, Monólogos de Noé (1967) y Nadaísmo Crónico (1991). También sus Escritos en contravía (reeditado en el año 2023 con todas sus columnas). Entre las obras de Jaime Jaramillo Escobar y sus Poemas de la Ofensa (1968) y Poemas de tierra caliente (1985). La lista de poetas que integran el movimiento es extensa. También parece interminable la labor de recopilación de las obras publicadas, entre antologías, columnas, ensayos y cuentos, lo que hace de su estudio e impacto dentro de las dinámicas de su tiempo, una pieza necesaria que los estudiosos de la historia de la literatura en Colombia no pueden desconocer.
La vida de Jota Mario Arbeláez, su voz y su forma de leer y responder a la realidad, desde la prosa y la poesía están estrechamente vinculados con su obra. En algunos casos hablando desde afuera y en otros desde el «yo» como estilo íntimo y personal, como forma de expresión poética, en la que finalmente la palabra cobra el papel trascendental que le permite jugar y exorcizar su pasado, representar su vida y frustraciones, denunciar y dar a conocer aquello que de otra manera no se podría revelar. Como su respuesta ante la guerra y la violencia en el poema Un día después de la Guerra:
Un día después de la guerra
si hay guerra
si después de la guerra hay un día
te tomaré en mis brazos
un día después de la guerra
si hay guerra
si después de la guerra hay un día
si después de la guerra tengo brazos
te haré con amor el amor
un día después de la guerra
si hay guerra
si después de la guerra hay un día
si después de la guerra hay amor
y si hay con qué hacer el amor.
(Jota Mario Arbeláez)
Muchos lectores se han acercado a Jota Mario gracias a este poema. En mi caso conocí a Jota y su universo Nadaísta con la obra El cuerpo de Ella (1999). Una historia de un amor fugaz se puede contar con las líneas de un lienzo cuando la musa se hace versos en cada parte de su cuerpo, el de la bella y recordada Dina Merlini. Una historia fugaz, como la mía y con sus encuentros y desencuentros que se fueron sumando en las estanterías de una biblioteca personal. Esta y otras de sus obras como Mi reino por este mundo (1981) y su nueva edición de 2023 con los poemas de la vida. Por esta lectura es posible conocer otro lado de la historia de Colombia en la segunda mitad del siglo XX a través de la experiencia de la lectura de Nada es para siempre. Y si se desea volver a la locura y al pleno jugueteo de la erótica de Henry Miller, Mi crucifixión rosada de Jota Mario Arbeláez es una buena opción. Cada columna, cada ensayo es la materialización de aquel poeta deseante que responde a las realidades de su tiempo y su país.
Con un café desde el mes de noviembre y con una motivación inquieta empecé a escribir esta columna, tenía grandes ambiciones y mucho material que desde quince años atrás me ha acompañado con sus historias de fondo y hoy permanece en un lugar importante dentro de aquellos libros que se van sumando para contar algo de mí, y algo del autor que se queda conmigo para convertirse en mi historia. Parece que durante este periodo, por el azar del destino, me he encontrado con los rostros de algunos poetas que hacen parte de este movimiento, de este inquieto punto de giro en la historia de la poesía colombiana. Pero siempre vuelvo a las obras de Jota, como una suerte de caminos siempre coincido con él.

Volver al poeta es volver a su deseo como un anhelo, una utopía, una fuerza que emerge desde su interior como ser deseante por alcanzar aquello que se busca, pero que finalmente, se enfrenta a sus trampas, a los ecos de sus huellas y carencias pendientes y que se constituyen como su objeto de deseo. Queda pendiente esa pregunta para hacerle a Jota después de aquel renacer de diciembre de 2021, aquella que describe la razón de su deseo.
Este deseo cuenta una historia, la vida del poeta que en la odisea por buscar eso que tanto se anhela, el sujeto deseante padece una serie de vivencias, experiencias que tejen en su ser un carácter y sello propio, todo esto se constituye como formación, pues el deseo esconde en sí mismo un relato de vida, una narrativa que da cuenta de los esfuerzos de este sujeto por alcanzar aquello que se desea, «un encuentro con la palabra, una posibilidad del lenguaje» (Robaina, 2008, p.18).
Hay autores como Jota que nos acompañan, una obra en manos del lector no será la misma, será aquella que ante la proyección de nuestros deseos se convierte en algo más de lo que aspira ser: la piel del Otro aun cuando este autor ni siquiera lo advierta.
UN APUNTE FINAL
No existe la plena libertad del lenguaje, solo el espejismo de que somos libres, esa es la trampa del deseo, tener ese objeto deseado, nuevamente perderlo y que su espacio vacío lleve al poeta deseante a buscarla sin cesar (Pérez Reyes, 2018, p.69). Existe lo vivido, lo que pronuncia y lo que se hace verso. La palabra en su juego del deseo deja algunos apuntes por decir, que como puntos suspensivos hacen de aquellos versos una huella con un poco de eternidad. Pero también aquello que se escapa dejando el vacío que conecta al poeta con la muerte, aunque ella sea la boca y el eco de la eternidad que se hace presencia con la calidez de sus versos, bajo una propuesta que como puerta siempre queda abierta a la libertad en tiempos de censura y violencia. ¿Cómo ha sobrevivido el poeta a los tiempos de censura? Un tema pertinente para una próxima columna y quizás cerrar los apuntes deseantes y retadores de esta breve reflexión.
Me he sentado a escribir estos apuntes varias veces para volver a borrar y comenzar desde cero. Es quizás el deseo el motor incansable que me ha llevado a poner un punto final a esta columna cuando nada es para siempre.
Para cerrar estas notas inconclusas, les comparto uno de los poemas dedicado a ese rostro presente, aquel poeta que aparece para seguir escribiendo otro capítulo en un verso dedicado entre almas o quizás más allá, en la anhelada bitácora en donde reposa la historia de la poesía colombiana.
RESPUESTA AL NADAISTA QUE PROPONE
Al rostro de Jota
Cuando nada es para siempre.
Hoy decidí comenzar una relación con un poeta, una relación a distancia y tan distante, que Él ni siquiera lo sabe.
Solo lo contemplo, se aparece en mis sueños, y luego, lo que tanto anhela ya es una realidad. En esos encuentros oníricos se transforma, vuelve a ser joven, intrépido; a veces algo melancólico, pero lo disimula muy bien con toda la fuerza de su alma y con la experiencia de un maestro.
Amanece y toma su pluma, parece que un poder dionisíaco lo posee, no para de escribir versos sin sentido acerca de alguien que no conoce. Sin saberlo, también lo observo. El juego de la palabra nos ha enredado, solo bastan un par de miradas que se cruzan una sola vez para que todo suceda, pero también allí todo se agota.
(Paula Andrea Pérez Reyes, Cuando escribo sobre el muro, 2021, p.42)
REFERENCIAS
Arbeláez, J (1999) El cuerpo de ella.
(1981) Mi reino por este mundo.
(2002) Nada es para siempre.
Paz, O. (1986). El arco y la lira. México: Fondo de Cultura Económica.
Paz, O. (1993). La llama doble. Barcelona: Seix Barral.
Pérez Reyes, (2018) El deseo en la creación poética. Disponible en: Cuadernos de educación y alteridad 2. UCM.
——- (2021) Cuando escribo sobre el muro. El Quirófano ediciones.
Robayna, A. S. (2008). Deseo, imagen, lugar de la palabra. Barcelona: Círculo de lectores.
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*Paula Andrea Pérez Reyes es Doctora, Licenciada y Magíster en filosofía con distinción Summa Cum Laude. Abogada defensora de derechos humanos y socia cofundadora de la Red para el Estudio del Proceso y la Justicia. Docente investigadora de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UdeA y de Posgrados UPB. Actualmente es docente de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia y de Posgrados de la Universidad Pontificia Bolivariana. También es docente de la Cátedra de Filosofía del derecho de la IOMG de República Dominicana. Desde 2017 dirige el Curso de Literatura y conflicto de la UdeA. También ha participado como locutora, presentadora, conferencista y poeta en festivales y eventos nacionales e internacionales en México, Perú, España, Ecuador y Cuba. Ha publicado numerosos artículos, capítulos de libro, columnas de opinión. Autora de los libros: «Cuando escribo sobre el muro» (El Quirófano Ediciones, Ecuador, 2021), «Las quimeras del tiempo» (2022). Su última obra «Réquiem desde la Grieta» (2024).
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Adriana, cariño y gratitud por tu lectura atenta y generosidad en estos comentarios que enriquecen mi próximas columnas.
Me has motivado a continuar con esta aventura.
Un gran abrazo fraterno desde el Alma 💚
Es un placer leer este tipo de columnas. La poeta integra una razón filosófica, la poética del nadaismo y algunas de sus vivencias. Magnífica iniciativa, gracias por llevarnos en el tiempo a través de los ojos del nadaísmo.
Siempre es un gusto conocer sobre un poeta con el que uno no está familiarizado. Un texto que termina siendo una carta abierta a la obra de Jota Mario. Felicidades a Dra. Paula por su columna.
Maravillosa columna! 😄
Jhohan Rincón, el amor es el acto supremo del sujeto deseante. El fuego que transforma la materia, la potencia de vida y razón de ser de la creación. Abrazos para ti desde el Alma y con gratitud por tu lectura 💚
La columna «Poesía y Deseo» es un texto reflexivo y emotivo que explora la relación entre la poesía y el deseo, tomando como punto de partida la obra y la figura del poeta colombiano Jota Mario Arbeláez, exponente del movimiento Nadaísta.
La autora nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del deseo y su conexión con la creación poética, y para ello inicia citando a Octavio Paz, quien define el deseo como una necesidad que conecta la imagen con la palabra, y que busca perpetuarse en el tiempo. A partir de esta idea, la autora manifiesta que la poesía nace del deseo y que el poeta puede visualizarse como un sujeto político y social sensible, que responde a las realidades de su tiempo y su país a través de su obra.
Por otro lado, el escrito presenta una reflexión acerca de la conexión entre el poeta y el lector, para darnos a entender cómo una obra de arte puede convertirse en experiencia compartida. Así mismo, nos invita a explorar la obra de Jota Mario Arbeláez y otros exponentes del movimiento Nadaísta para comprender mejor la importancia de este movimiento en la historia de la poesía colombiana.
Particularmente me gustó mucho la columna «Poesía y Deseo» – al igual que otros escritos de la poeta y filósofa Paula Andrea Pérez Reyes – porque logra combinar de una forma muy bella lo teórico de la poesía con otros aspectos de la vida. La forma en que la autora analiza la obra de Jota Mario Arbeláez y su conexión con el movimiento Nadaísta es sorprendente, y la inclusión de poemas y fragmentos de obras le da un plus a la columna que logra mantener el interés del lector. El escrito es una oda al poder del deseo y la creatividad en la poesía, nos invita a reflexionar sobre la creación artística, y en general, gracias a la emotividad y estímulo en las palabras, nos hace pensar en la importancia de la poesía para el diario vivir.
Hermosa poeta 💚 de bellas palabras. El amor que se anhela