GLOBALIZACIÓN, FASE SUPERIOR DEL FEUDALISMO

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globalizacion fase superior del feudalismo
Entrega 1 de 3

Por Marta Lucía Fernández Espinosa*

ADVERTENCIA

Padezco de una rebeldía incurable, que he de confesar al lector, antes de que se arriesgue por estos senderos; generalmente ha sido síntoma de precariedad humana antes que virtud. Por ello me desencantan las fotografías de primer plano con los que analistas sociales e historiadores nos explican cada evento; desconectadas del pasado y aún del presente. Soy antioqueña y he sido testigo de cómo se enarbolan las banderas de la colonización antioqueña para el desarrollo de toda Colombia, porque siempre se nos esconde el pasado de los colonizadores y sus relaciones directas con proyectos de negociantes europeos bastante ladinos. Asimismo se les desvincula de los vergonzosos acontecimientos actuales en mi país.

El presente ensayo ofrece un análisis sobre los rasgos económicos, culturales, sociales, que permiten concluir asuntos interesantes sobre la tesis central: Globalización fase superior del feudalismo. Por supuesto, parte del análisis de algunas tesis de Lenin, específicamente de su trabajo: Imperialismo, fase superior del capitalismo. La intención es demostrar que los sustentos teóricos del capitalismo son los que, precisamente, se han venido al suelo y que ellos son los únicos sustentos que le han mantenido vivo.

El trabajo se arriesga (dicho con intención) a contradecir a un gran portento teórico marxista, en busca de hacer ingresar la realidad en los análisis de la crisis contemporánea, porque estoy segura de que, si buscamos soluciones reales para problemas irreales, no hallaremos jamás salida alguna posible.

Un elemento que atraviesa toda la estructura del ensayo es el de la Teatralidad, por lo que se alude continuamente al Concilio de Trento y a la gran coral del siglo XX, de la banda inglesa del rock Queen. Evidencias del trabajo pedagógico que los expertos en el tema vienen desarrollando desde el siglo XVI y que abarca desde entonces el teatro y, en los tiempos contemporáneos, toda la estructura mediática que contiene y dirige el alma humana, impidiendo la existencia del humanismo.

Contiene una crítica a los movimientos sociales contemporáneos, haciendo indagaciones históricas sobre el surgimiento de estos; dando una nueva lectura a eventos que la cultura supone como hitos importantes y revolucionarios.

Desmiente, la existencia de los llamados arcaísmos, para desvelarles como permanencias reales en un mundo que ha sido concebido desde el equívoco. Con frecuencia, el ensayo aterriza sus ideas en momentos concretos y en sucesos tangibles y documentados de la historia colombiana, escrita muchas veces por testigos españoles, que vincularon sus vidas cotidianas al proceso de la Ilustración Española.

Encontrará en el ensayo continuas referencias musicales, literarias, del cine, precisamente porque en estos documentos históricos se evidencian los valores sobre los que se construye la pedagogía de las grandes masas humanas. También hallará explicaciones que hacen intimar a la filosofía, la ciencia y el arte con intenciones económicas y políticas. Exponiendo a partir de algunos de estos elementos la existencia de un capital financiero, muy anterior al capitalismo, que actualmente se torna capital filantrópico (expresión que uso un tanto caprichosamente) y lleva a cabo importantes experimentos humanos, cuyos fundamentos nacen en la primera mitad del siglo XIX, con la psicología experimental. Por lo que se encontrarán relaciones entre: el surgimiento del capitalismo en estados unidos [sic] (país sin nombre), al que el desarrollo le cae «del cielo», con la puesta en escena del sionismo y el nacionalismo; para llegar al análisis de la geografía del individuo contemporáneo. En este ensayo se verá igualmente transitar una crítica al feminismo. La mejor promesa que ofrezco con la lectura del texto es, sin lugar a dudas, que el camino que se atravesará a continuación le regalará algún conocimiento cercano de la obra de Joseph Gumilla «El Orinoco Ilustrado».

El epílogo de este trabajo estará interesado en recoger todos los elementos que nos permiten poner en tela de juicio la existencia del capitalismo como modo de producción trascendente, y en cambio atraer la mirada sobre las pruebas que nos permitirán concluir que la estructura feudal sigue tan viva, luego de que se la ha considerado muerta.

Capítulo 1
GLOBALIZACIÓN, FASE SUPERIOR DEL FEUDALISMO

Habíamos escuchado a Lenin concluir que la concentración, al llegar a un grado determinado de su desarrollo, conduce de lleno al monopolio; y que el monopolio es el obvio resultado de la competencia. Que el capital financiero tiene un origen burgués al provenir de la monopolización de la producción, base material, real y concreta del capital financiero. Le vimos asegurar que algunos estados ejercen el dominio sobre el mundo y apenas comenzaba el siglo XX. También le vimos oponerse a Kautsky, a quien negaba la condición de marxista, por asegurar que la intención del imperialismo era la de anexionarse regiones agrarias cada vez más grandes. Por supuesto estamos en los terrenos de El Imperialismo, fase superior del capitalismo. Es difícil emparentarse, así sea en una charla informal, con tan monumental ser humano; ni siquiera voy a intentarla, para ello hay excelentes marxistas y leninistas en el mundo. Pero siempre se puede posar de niño y juzgar que el rey está desnudo, aunque todos alcancen a ver los hilos del exclusivo traje. Ha pasado más de un siglo de aquellas afirmaciones, ha corrido el río de Heráclito y la realidad no ha obviado su tarea, ante ella siempre deberemos comparecer, así sigamos intentando que el idealismo domine nuestra visión del mundo. Ni el pasado, ni el futuro obedecen leyes y no es posible retornar a la fatuidad cartesiana de encontrar verdades, ni métodos con validez eterna, que sólo provengan de la subjetividad. Sigue haciendo falta Aristóteles en Occidente.

Respecto de las afirmaciones de Lenin acabadas de esbozar, uno puede encontrarse con realidades bastante diferentes, que no podrían dejarse pasar por alto, sin por lo menos hacer una reflexión que mueva las aguas estancadas durante cien años; de paso hacemos honor a una recomendación de Zaratustra: Un siglo más de lectores y el espíritu mismo olerá mal. ¿Nos habíamos percatado de que el capital financiero es muy anterior a la producción capitalista y su primer origen fue la guerra, y que por lo tanto su base no es la producción capitalista? ¿Nos hemos atrevido a juzgar que el capitalismo no alcanza desarrollo alguno, y que siempre vuelve a su estado de acumulación originaria? ¿Hemos descubierto que el monopolio es anterior a todo proceso industrial y no nace de la competencia capitalista?, ¿que incluso la impide? El descubrimiento de que los Estados no alcanzan a ser los que dominen al mundo nos hace pensar que Lenin no pudo ver aquello desde hace cien años, cuando los estados que él nombra como potencia, son apenas una reciente construcción política (es decir ideal) y no una realidad económica concreta. Esos estados son más bien un escondite teórico, uno que ya podemos ver con la claridad del agua que ha corrido. Mayor conmoción podrá generarnos el hallar que la intención del imperialismo, finalmente, si iba en busca de lo concreto, la concentración de la propiedad de la tierra, y que por ello habrá que restituir a Kautsky como un analista marxista, excomulgado por Lenin.

Propondré a continuación algunos tópicos que me han conducido a expresar las anteriores inquietudes, las que tal vez parezcan una afrenta a Lenin y a lo mejor me ocasionen una excomunión del marxismo. Lo asumo como una confesa frente a la paila del sacrificio en honor a todas las mujeres que han encarnado la brujería por capricho de franciscanos y jesuitas. No obstante pido audiencia ante el juicio inquisidor de los teóricos, antes de que se atrevan a consumar el oprobio público, la vergüenza y el asesinato. Si vale de algo, antes que nada me confesaré No feminista, por razones que aparecerán enredadas a todos los argumentos, que espero sean leídos y comprendidos a lo largo del presente ensayo.

EL LLAMADO CAPITAL FINANCIERO ES MUY ANTERIOR A LA PRODUCCIÓN CAPITALISTA

El panorama desde el que puede contemplarse este asunto, debería y podría ser más amplio. Al respecto es necesario advertir que las pesquisas personales aún no logran avasallar las temporalidades y las posibles investigaciones; aún queda mucho por examinar allende los tiempos. Me referiré a los acumuladores de recursos económicos, prestamistas de los reyes, financistas de guerras, descendientes de Benito, el santo patrono de Europa. A seres aparentemente inofensivos, hospitalarios, cuidadores de caminos, inventores de sitios de peregrinación, oscuros seres monásticos que parecían retirados del mundo y sus banalidades. A aquellos que afianzaron la visión idealista que se esconde tras la representación, en la moneda, de toda posible realidad, platónicos, por demás; jamás aristotélicos bien fundamentados.

Me refiero a unos seres que reciben encomiendas, alcanzan un alto desarrollo en la agricultura, que explotan los hallazgos científicos y patrocinan investigadores, aunque estos se declaren públicamente contra sus teorías y ayuden en la burla de construir conceptos como hereje relapso. Científicos con marca registrada, cuya propiedad se oculta en los monasterios. Seres que monopolizaron los caminos, las rutas comerciales, las navegables, gracias a los hallazgos científicos y a la ocultación y comercialización de saberes científicos, con la complicidad de sus autores. Prestamistas y promotores de guerras entre los poderes existentes. Constructores de un tercer poder que hacía entrar en disputa a papas, reyes y emperadores, mientras de paso adquirían autoridad de investidura; un poder que generalmente estuvo por encima de los poderes reales visibles, que identifican a la Edad Media.

Recordaremos un evento, los asesinatos de la orden de los Templarios, cuando los poderes monárquicos y papales se concentraron en Francia; eran los tiempos de Clemente V, el papa de Aviñón y de Felipe el hermoso de Francia; un rey absolutamente endeudado con los Templarios. El siglo XIV era apenas naciente, el feudalismo estaba en pleno apogeo, según los teóricos e historiadores. Durante el siglo XIII los Templarios se habían enfrentado con los Hospitalarios, dejando miles de muertos. No obstante, también se dice que los banqueros Templarios cobraban unos intereses más bajos que los Cistercienses; razón por la cual muchas más personas acudían a los Templarios en busca de préstamos. No eran tiempos de sana competencia, jamás lo han sido. Eran tiempos de mercenarios, y lo siguen siendo.

Pero ¿De dónde provenían los recursos que, en manos de monjes mercenarios, se convertían en capital financiero? Precisamente de actividades mercenarias, para las cuales el peligro, el miedo, la guerra, siempre fueron el fundamento de la acumulación originaria. Algunos de los bienes proceden de donaciones de nobles, para los que actuaban como guardaespaldas (en términos contemporáneos) y limosnas obtenidas por la Iglesia. La banca tiene un origen medieval, bastante feudal y su importancia económica es muy anterior a la existencia del capitalismo, si nos atenemos a que los teóricos han establecido, por verdad irrefutable, que el feudalismo desapareció hacia el siglo XV, cuando se sientan las bases de la transición hacia el capitalismo.

EL CAPITALISMO NO ALCANZA DESARROLLO ALGUNO: LA ETERNA ACUMULACIÓN ORIGINARIA

El capitalismo más podría definirse como una táctica económica, que como un modo de producción. Se nos ha querido presentar como el resultado de un sistema más o menos ordenado y asible, producto de una evolución que pugna hacia el avance, en el que una sociedad alcanza un estado de desarrollo que le permite abastecer las necesidades de toda la sociedad a partir de la producción y consumo de bienes y objetos. La propiedad privada y el trabajo no son rasgos específicos del capitalismo, bajo este pretendido modo de producción adquieren características destacadas por un complemento ideológico que surge con la Revolución Francesa y el establecimiento del estado burgués. Tal vez por ello se tienden a confundir tanto los conceptos de democracia y capitalismo. Los conceptos de igualdad, libertad y fraternidad se convertirán en el apoyo ideológico necesario para hacer creíble que este modo de producción es determinante de los últimos siglos. De paso, seduce a todos los individuos con la posibilidad de acceder a la propiedad privada, antes tan lejana a cualquiera que no la hubiese obtenido por herencia. Esa es la moral que propone el capitalismo y que hace de sus teóricos algo cercano a unos sacerdotes.

Si nos atenemos a la certeza de los teóricos que insisten en proponer como ejemplo del capitalismo a los estados unidos (país sin nombre); bien podríamos oponernos a una definición de capitalismo que no fuese ya globalizado desde el principio. De otro modo ingresaríamos en territorios literarios en donde suponemos que una nación (asunto absolutamente posterior) alcanza un grado de desarrollo interno que le permite entrar en competencia con otras naciones o con otros estados. Estos supuestos son, además, bastante románticos, ya que suponen una masa de nacionales usufructuando el desarrollo industrial alcanzado por la nación. Asunto que no aconteció. Esa, más bien, podría ser la definición de lo que hoy se inventa como Socialismo del Siglo XXI.

Los mismos jesuitas se quejaban del comercio de armas entre judíos y holandeses con los Caribes colombianos, sus más temerarios enemigos, ya que amablemente siempre confesaron que eran los dueños de todos los pueblos indígenas, y en no pocas oportunidades se lo hicieron saber a los misioneros, a quienes disputaban todos los poderes. Esto acontecía hacia 1730, y en un territorio que, aún hoy, en pleno siglo XXI, sigue siendo selvático. Y lo hemos conocido por las Narraciones de Joseph Gumilla en el segundo Tomo de su libro El Orinoco Ilustrado. Asombra mucho más la habilidad con la que Gumilla puede comparar los comportamientos de los indios de diversas partes del planeta en un pequeño párrafo, como si en cuatro renglones cupiera la geografía de un planeta que ya vivía globalizado a fuerza de misioneros, pertenecientes por demás a una Compañía (económica) de caballeros (militar) que se apellidaba de Jesús, como para santificar sus quehaceres. Una compañía que negocia directamente con la Compañía de las Indias Orientales, de los ingleses, y que se enfrenta a los intereses de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales:

«Los indios de Campeche usan el mismo divertimiento; y con mayor destreza los de Filipinas, por ser más ligeros, y ágiles aquellos caimanes con quienes juegan». [1]

El desarrollo económico de estados unidos y su aparición posterior como potencia mundial no se debe en modo alguno a condiciones internas que hubiesen propiciado una acumulación originaria, producto de una cierta noción de ahorro puritano. Creo que estaremos de acuerdo que tampoco se debe a la promesa hecha a los puritanos, por un espíritu divino, de hacer de ellos el pueblo elegido o la Nueva Jerusalén. La historia, en cambio, sí nos muestra algunos hechos trascendentales a los que deberemos poner atención. A mediados del siglo XIX se inicia una oleada migratoria de alemanes y capitales financieros (por su procedencia) a estados unidos y a Londres. Allí se habían concentrado en tiempos del imperio Romano Germánico y provenían de toda Europa, de los poderes monásticos y bancarios que se mezclaron desde el principio. Esto es, del capital generado por la guerra y el pillaje, cuyos actores más importantes son los monjes mercenarios, controlados por las órdenes monásticas en sociedad con familias que han permanecido más bien ocultas.

Varias familias beneficiarias de todo ese proceso de acumulación y ayudadas por un tercer poder que intervino en los electorados y adquirió poder de investidura, fueron adquiriendo condición de nobles y se crearon apellidos por el lugar al que iban llegando, como en el caso de los Warburg, por ejemplo. Hoy figuran entre los grandes capitalistas financieros, mientras en el siglo XVI acogen en el castillo Warburg a Martín Lutero durante un año, y le proporcionan, con ayuda del Vaticano, todo el material necesario para realizar la traducción de la Biblia, en el mismo año en que a las monjas cistercienses les prohíben leer la biblia en una lengua diferente al latín (bastante paradójico). No es coincidencia que en el mismo año de fundación del protestantismo, se esté fundando en Inglaterra el Anglicanismo.

La producción artística en torno a los hechos sucesivos, ha sido capitalizada por los Warburg. Recordaremos a Aby Warburg, el famoso historiador del arte del paganismo en el Renacimiento, que muere en 1929 y cuya biblioteca pasó a Londres, «salvada» del nazismo. No obstante el giro icónico propuesto por Aby Warburg, tenga raíces más antiguas y se conserven bajo la autoridad de los beneficiarios del Concilio de Trento. Tanto los íconos como las artes en general, ofrecen un interés esencial a la Compañía de Jesús desde el año de su fundación, cuando se inicia la lucha obsesiva por llevar a cabo el Concilio, interrumpido por Francisco Primero de Francia; un nombre que, dicho sea de paso, nos recuerda el nombre elegido por Bergoglio para su papado. De este modo no se nos aparece como inocente, la estrecha relación entre los grandes capitalistas financieros contemporáneos y su mecenazgo de las artes, así como la propiedad sobre museos, bibliotecas y grandes cadenas de cine y televisión. El absoluto control del mundo cultural en el que habita el alma humana contemporánea.

A mediados del siglo XIX, los estados unidos no eran un país prometedor en materia económica, los padres peregrinos que habían llegado allí en el Mayflower durante el siglo XVII, no se destacaban por haber sacado adelante una economía descollante. El sur producía algodón a través de relaciones de producción esclavistas, el norte estaba poblado de pequeñas granjas y fincas ganaderas; la fiebre del oro empujaba a los pobladores, a veces voluntariamente, a veces no tan voluntaria, a la conquista del Oeste, en la fiebre del oro. Posiblemente otra versión del mito de El Dorado, con el que se dispersó a varios colonos en toda América. Nada indicaba que este país sin nombre estuviera a punto de hacer grandes inversiones industriales. Para entonces los chinos ya se encontraban entre los emigrantes obreros que ayudaron en la construcción de obras férreas en estados unidos, siempre construidas por ingleses, así como estarán en la construcción del ferrocarril de Panamá y de toda estructura ferroviaria en América entera. Uno no puede menos que recordar que a la China partió Francisco Javier, el cofundador de la Compañía de Jesús, mientras Ignacio de Loyola prefería Jerusalén y abría caminos hacia la India.

Era 1930 y los estados unidos quedarían retratados para siempre en la obra de John Steinbeck, Las uvas de la ira. No desaparece de nuestra memoria, la imagen polvorienta del inicio del camino y la suerte que le esperaba a aquella familia, desplazada por el hambre y la esterilidad de las tierras algodoneras de Oklahoma. Somos incapaces de olvidar la discriminación sufrida por aquella familia que sólo buscaba una oportunidad para sobrevivir; eran llamados los okies por su lugar de procedencia, eran todos los granjeros empobrecidos del Medio Oeste, mirados con desprecio por los granjeros de California. Allí eran atraídos miles de emigrantes, por la posibilidad de cosechar alimentos y sobrevivir. Recordamos llenos de lágrimas, al famélico moribundo amamantado por la joven que recién parida, había perdido su hijo arrancado de la vida por el hambre.

Con todo el desprecio que hoy despiertan los gringos en el mundo, en no pocas oportunidades uno tiene la sensación de acogimiento sobre unos americanos usados para un experimento pronto a concluirse. Albergarles en calidad de hermanos que han equivocado su camino, entenderles como a los mercenarios ambiciosos a los que enloqueció la llegada de capitales foráneos. Tal como a los sicarios de nuestros barrios más atrasados, que se desbordaron con la llegada de los mafiosos. Lo digo porque conociendo poco a poco su historia, y quitándonos las fábulas teóricas del desarrollo del capitalismo estadounidense, uno va descubriendo las incidencias del traslado aparatoso de capitales, sufrido por este país y producto de un proyecto ajeno a su propia realidad. El trasplante de capitales alemanes, incluyendo a las familias propietarias, podría pasarse por alto, si se tiene en cuenta que estados unidos había albergado a inmigrantes europeos en los mismos tiempos. No obstante, el proyecto se entiende al observar el panorama completo.

¿Por qué los alemanes huyen a estados unidos y trasplantan allí sus capitales? ¿Qué era lo que dejaban atrás en Alemania? Es sorprendente encontrarse con las universidades inglesas a mediados del siglo XIX, empecinadas en desarrollar estudios sobre el éxodo de los judíos, con ocasión del surgimiento de la Psicología Experimental; en tiempos previos a la fundación del mítico sionismo que conduciría a grandes tragedias humanas, al parecer, bastante planificadas. La coincidencia del desprestigio de los filósofos franceses a favor del alba de la filosofía alemana; y la sincronía de estos eventos con la aparición del nacionalismo y el sionismo en Alemania, con un radio de acción que perturbaría al mundo. El surgimiento de ejércitos nacionales, la creación del nacional–socialismo, y la conjunción con el sionismo que daría origen a una nueva escenografía mundial en la teatralidad deliberada: ¿Unos países recién nacidos que, en palabras de Lenin, exportan capitales y generan un reparto del mundo entre países? Una lectura absolutamente inconsistente con la realidad. No son los países los que exportan sus capitales, tampoco es el exceso de crecimiento del capitalismo estatal lo que expulsa a estos capitales hacia otros países. No se trata de un negocio entre países. No son los países los dueños del capital financiero. Son familias y lo han sido desde tiempos medievales. Afirmar que los países se tornan en potencias financieras es tan idílico como suponer que el capitalismo socializa entre todos los integrantes de la nación sus beneficios. Ya sabemos que la nacionalización de una empresa siempre entra en conflicto con los intereses privados y despierta, entre todos, las sospechas de comunismo. O, ¿acaso no fue esa la tragedia del presidente chileno Salvador Allende?, ¿la nacionalización del cobre?

La acumulación que da origen a un nuevo monopolio no ha parado de acontecer a través de la historia. El mercado de estupefacientes en el siglo XIX, capitaneado por la reina Victoria, o el mercado de los licores y la quina monopolizado por el Vaticano; el tráfico de semillas de caucho desde la Amazonía hacia Malasia, no se diferencian en nada del mercado de narcóticos y de mercenarios (sicarios y paramilitares), como actividades ilícitas que siempre dan fundamento a una nueva acumulación, a nuevos ricos, y a la santificación de los nuevos capitales, que generalmente no provienen de actividades productivas propias de la industrialización. Las selvas latinoamericanas que desde el siglo XVI se encuentran bajo la custodia del Vaticano a través de los jesuitas, han sido la despensa de estos nuevos productos con los que el mercado de nuevos ricos fluctúa y enseña el pillaje como la táctica por excelencia del capitalismo. La permanente acumulación originaria de la que se nutre el capitalismo, no es otra cosa que la justificación del latrocinio. Luego de hacer dineros, la propuesta es: ¡cree una empresa y lave su dinero¡, de la única manera posible: diga que su riqueza proviene del pago de salarios y crea ciegamente que esa riqueza proviene de la plusvalía. Con suerte que estamos frente al catecismo que santifica el trabajo que lava el origen de los recursos, obtenidos en las actividades ilícitas.

El capitalismo jamás pudo resolver su necesidad de apropiarse de relaciones sociales de producción feudales, la apropiación del trabajo doméstico como necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo. Jamás logró vincularse a la tarea de la crianza y esto significa, sin más, que no hace parte de la permanencia de la humanidad, que los seres humanos han permanecido en su hábitat sin el capitalismo, a pesar de que se nos siga diciendo que vivimos en sociedades capitalistas. Se considera que los seres humanos son y están ahí como por arte de magia y que a través de sus estructuras ideológicas, los puede controlar a todos, incluso a los que están en los vientres, violando permanentemente a las mujeres, a las que nunca ha considerado sujetos, a las que no concibe siquiera como una unidad física, a las que les expropia el trabajo de la crianza, les cercena su vientre y luego las acusa de madres culpables. A estas conclusiones podemos llegar, no sólo porque la realidad es bastante evidente al respecto y requiere de pocos análisis, sino porque sus más enconadas obras literarias de finales del siglo XVIII y de principios del siglo XX, insisten en aseverarlo. Me refiero a la trilogía de Beaumerchais y a la novela Scaramouche de Sabatini, ambas aplaudidas en la más difundida coral del siglo XX: Bohemian Rapsody de Queen, cuyo argumento central está destinado a afianzar la culpabilidad de la madre. Condenadas las mujeres a saberse culpables por la maternidad, justo cuando su atributo las haría dueñas del mundo, son las primeras enajenadas de su mundo. La mujer no ha hecho parte del capitalismo, así conozcamos de obreras, gerentes y hasta de presidentes femeninas. La mujer, con todo lo que ella es y hace, no ha sido admitida en el acreditado modo de producción capitalista y no logró ser considerada siquiera como sujeto en la defendida democracia, ya que su útero es un asunto público y eclesiástico, pero no un asunto de su responsabilidad individual y su libertad. La mujer no es un individuo en los términos del liberalismo moderno y su trabajo no hace parte del modo de producción capitalista, así se le vaya la vida en ello. Dos asuntos que no han merecido las luchas de las mujeres y que no constituyen la base esencial de feminismo alguno; cuando, por fuera de ello, no tiene sentido otra lucha, que no incumba a todos los seres humanos. Al fin y al cabo, todos nacen de ella.

El capitalismo arrastra consigo a los siervos feudales en todas las madres y criadoras del mundo, es incapaz de albergar a la totalidad de la humanidad y ofrecerle a todos los seres las condiciones vitales con las que obnubila a sus defensores. Claro que uno puede extrañarse de que todo feminismo no sea anticapitalista y anti feudal, agachar la cabeza femenina con vergüenza y justificar las enconadas maldiciones que pesan sobre la mujer, sobre todo como desheredadas de la inteligencia. A pesar de ser la elegida de la vida para continuar recreándose, a pesar de tener todo el poder sobre la descendencia de la humanidad; la mujer se arrastra, pide mendrugos, jura en sus movimientos sociales que ella es el amor y que el amor cambiará la historia de la humanidad. Hace caso a la carta a las mujeres de Pablo VI, cree en las palabras del misógino Pablo de Tarso.

Pero el problema no es sólo del encuentro con el capitalismo. En América su situación era igual que antes de la llegada de los españoles; sólo que luego de la evangelización, las mujeres pudieron seguir cargando el mundo de igual manera, mientras además aprendieron a rezar y a bendecir su tragedia.

«y aunque todos los indios, generalmente, son dominados de la pereza, con todo, unas naciones son más inclinadas al cultivo de la tierra, otras menos; y en todas, como ya queda dicho, el mayor peso del trabajo recae sobre las pobres mujeres, así en las tareas del campo, como en las domésticas… Hermanos (decía yo a los tales) ¿por qué no ayudáis a sembrar a vuestras pobres mujeres, que están fatigadas al sol, trabajando con sus hijos a los pechos? No veis que pueden enfermar ellas, y vuestros hijos? Ayudadles vosotros también. Tú, padre, (respondían ellos) tú no sabes de estas cosas, y por eso te da lástima: has de saber, que las mujeres saben parir, y nosotros no; si ellas siembran, la caña del maíz da dos, o tres mazorcas: la mata de yuca da dos, o tres canastos de raíces, y así multiplica todo: ¿ por qué? Porque las mujeres saben parir, y saben cómo han de mandar parir al grano que siembran; pues siembren ellas, que nosotros no sabemos tanto como ellas…»[2]

EL MONOPOLIO NO NACE DE LA COMPETENCIA CAPITALISTA, INCLUSO LA IMPIDE

«¿Por qué tantas ventajas para ustedes?
¿Quién les dio la cuchara cuando no habían nacido?»
(El Barco. Poema de Pablo Neruda)

El capitalismo nace del monopolio, se ha controlado y acaparado el capital financiero mucho antes de que se alcanzara la producción industrial. Se ha controlado incluso antes de que los conocimientos científicos alcanzaran a ser heredados por la totalidad de la humanidad y luego de que fueron usufructuados y conservados en secreto por mecenas. No es el capital industrial el que contribuye a un alto desarrollo de las fuerzas productivas, es el capital financiero y la usura, mucho más antiguos en el tiempo, el que ha logrado buscarse maneras más sutiles de expropiación. La Ilustración ha contribuido a que las grandes masas se sientan felices de poder soñar con que a todos nos está destinado el cielo de la propiedad privada, una versión mundanal del paraíso. Pero mucho antes de que se pusiese de moda hablar de libertad, mucho antes que se iniciara la producción industrial, ya existía el monopolio mundial sobre la riqueza, sobre las rutas comerciales, sobre las culturas y aún sobre las religiones.

La idea de competencia es una quimera, tanto como lo es la idea de libertad o la de democracia. Todos productos de alta filigrana del idealismo occidental, carentes de realidad, de sustancia. Conceptos. Flatus Vocis. En los tiempos actuales, cuando para sortear una crisis del capitalismo, que siempre está en crisis, se nos propone el concepto de emprendimiento, de fundación de pequeñas empresas familiares o individuales, se nos vuelve a hacer soñar con los viejos ideales de competencia y libertad, con el fin de seducirnos nuevamente y hacer perdurar la noción de mercado propia del capitalismo, pero generando una vuelta a la manufactura y la producción artesanal que compite hoy con la gran producción globalizada, monopolizada, controlada. ¡Un descalabro! Un pequeño productor compite con las uñas contra los grandes capitales, y a su vez se hace cliente del capital financiero, y finalmente descubre en su lucha competitiva la locura de su fe en los conceptos y su quiebra económica real. Todo esto para desdibujar la realidad: no hay trabajo. Pero es urgente inventarlo porque sin trabajo no se redime la riqueza. Es decir, sin trabajo, no se puede hacer aparecer como bien habido ningún tesoro. El trabajo lava los ingresos.

El trabajo que sostiene el desarrollo del capitalismo está globalizado y aparece eventualmente en los países elegidos para el desarrollo de algún proyecto productivo intermitente, las masas globales de desempleados sujetos a la oferta y la demanda de fuerza de trabajo, se hacen inmigrantes bajo su propio riesgo. Los actuales siervos ilustrados vagan por el mundo en busca de alcanzar la protección, de hallar trabajo y poder finalmente sobrevivir. Vuelve a la mente el recuerdo de John Steinbeck y sus Uvas de la Ira. El trabajo escasea, casi es inexistente; sin trabajo ¿dónde está la plusvalía? ¿Ya se acumuló la suficiente? ¿Sin trabajo existe capitalismo?

Pero los capitales no pertenecen a los países sino a los individuos, a las compañías, a las sociedades. Estos están siempre trasladándose a los lugares en los que el peligro de la competencia sea inexistente y allí donde las leyes les solapen toda arbitrariedad, especialmente en donde los estados ofrezcan legislaciones laborales permisivas, ventajas sobre cualquier posible competencia, e incluso sus ejércitos para defenderles aún en contra de la población local; donde los estados les garanticen la existencia de siervos ilustrados que se crean ciudadanos. Si la competencia fuera el tamiz que dirime las diferencias entre los productores, todas estas condiciones no serían requeridas por los inversionistas extranjeros.

NO EXISTEN ESTADOS DOMINANTES QUE CONTROLEN EL CAPITALISMO

La lentitud con la que lo jurídico define el derecho a través de leyes, distancian la acción de la reacción, postergan el conflicto, disuaden del uso del derecho real a la defensa, pero contiene la inconformidad efectivamente.  Hacen aparecer al Estado como un ente ideal que da cobijo y oculta al «señor» de los ojos del colectivo enardecido. La lucha es contra el Estado y detrás de este no hay nadie. La teatralidad, diría con su sonrisa cómica el dueño de los íconos: Los beneficiaros del Concilio de Trento. Los dueños de las muchedumbres. Los negociantes de los movimientos sociales. ¡Anarquía, caos! ¡Eso demandan! Ahora la lucha es multipolar, todos contra todos, todos agrupados en pequeños grupúsculos: ambientalistas, defensores del clima, animalistas, indigenistas, feministas, marihuaneros, lesbianas, homosexuales… ¡La micro lucha!

Los nacionalismos hoy más que nunca son oprobiados y desprestigiados por todas las ideologías, pero mucho más aún, por las corrientes intelectuales establecidas con autoridad escolástica. El último reducto sentimental de adhesión a la tierra propia está hoy desautorizado por la opinión global, el individuo odia su tierra real y se adhiere a su terruño ensoñado de la infancia carente de relación con la historia colectiva e impregnado del hedonismo primigenio que le ata a su recuerdo de familia y cobijo quimérico que le invita al eterno retorno hacia el útero seguro del placer individual. La aldea global es también su quimera en la que se siente ciudadano del mundo, a pesar de carecer de todo derecho legal. La ideología posmoderna que condujo al individualismo y desprestigió la realidad, fundó las bases para hacer desaparecer fundamentos universales que sustentaban la seguridad de la sociedad y las tornó conceptos vacíos.

El Estado es precisamente eso, un concepto, construido con legislaciones. La Nación no lo es menos. En tiempos del sionismo, se implantó la creencia en la existencia de naciones sin territorio lo que dio lugar a suposiciones casi míticas, que llegaron a justificar los horrores de inventarse un Estado a expensas de otro. De trasplantar allí pobladores, como cuando los puritanos fueron trasplantados a estados unidos. Ambos creyentes de ser el pueblo elegido. Pero tanto los indígenas norteamericanos como los palestinos eran ya pobladores. ¿Qué crea a un Estado? ¿A una Nación? ¿Los conceptos que se imponen sobre la realidad o la historia que da cuenta de una realidad habitacional antecedente? Lo cierto es que de un concepto que puede imponerse y modificarse a capricho, no nace la realidad. Definir a los países como exportadores de capital, acreedores del capital financiero, de potencias económicas dueñas del mundo, no ayuda a la comprensión de los hechos y trastorna los objetivos de las luchas de todos los pueblos. Además de contribuir directamente al afianzamiento de motivaciones para enfrentamientos bélicos que, de paso, justifican a la guerra que ha sido y sigue siendo, fuente de acumulación, esa que se llamará capitalista, para santificarse.

LA INTENCIÓN DEL IMPERIALISMO ES LA CONCENTRACIÓN DE LA PROPIEDAD DE LA TIERRA

La renta de la tierra no resultó ser la manera más racional de obtener riqueza de ella, el capitalismo quitó los ojos de la tierra a las multitudes y la Modernidad sirvió de ocultadora e ilusionista para alentar a las mayorías a adentrarse en el mundo de la libertad sin tierra. El mundo de la ciudad fue el espejismo por el que las mayorías se obnubilaron y consintieron vivir encajonados en pequeños cubículos para estar al calor del colectivo humano, y se perdió de vista el tablero de ajedrez por el que el feudalismo siguió su rauda acumulación de territorios en latifundios globales.

La concentración de la tierra, como único móvil de inversión que proporciona modelos de expropiación por desplazamiento forzoso en Colombia es un asunto que acontece de modo diverso en el planeta. El problema que se nos obliga a admitir es la existencia de paramilitarismo y narcotráfico, como actividades accidentales sobre las que el Estado no tiene control. La acumulación de latifundios resulta como un proceso de adquisición inocente por la vía de negociaciones de buena fe, que finalmente no parecían ser el objetivo central de toda la descomposición social. No obstante, y a pesar de que se insista en dramatizar eternamente la escena de un Estado bondadoso que procura salvar a sus ciudadanos del terror, queda claro que los delincuentes siempre tuvieron el apoyo del Estado, y que ambas organizaciones no son finalmente las destinatarias de la ganancia. Los nuevos propietarios de la tierra, no alcanzan a lavarse las manos, pero los argumentos de ley no alcanzan a culpabilizarlos.

La dinámica de mercado que proporciona el capitalismo es apenas una manera racional de deshacerse del colectivo social e instaurar condiciones económicas de realización del producto, pero no es el fin en si mismo.  El capitalismo es la tiendita a la vera del camino en las afueras de la gran hacienda, en donde los siervos de la usura se entretienen entre una y otra jornada.

El capital financiero es la máxima expresión del idealismo occidental, su riqueza es etérea, apenas un pretexto para la expropiación, por la vía del intercambio mercantil, de mercancías ilusorias a cambio de objetos reales. Nada más real que la tierra, nada más fantasmagórico que el dinero y todas las invenciones virtuales en torno a él.

* * *

Capítulo 2
GLOBALIZACIÓN, EXPRESIÓN DE LA EXPANSIÓN FEUDAL

El emigrante actual es el pionero del nuevo ciudadano global, que como el siervo medieval europeo de la Edad Media está obligado a ser libre para no convertirse en responsabilidad de nadie, pero carece de libertad fuera de la tierra de su señor y sólo puede moverse por los feudos de acuerdo con su capacidad de pagar el precio de la cédula. Lo único seguro del siervo era el feudo de su señor. Con limitadas libertades no podía en modo alguno ser desahuciado.  Nuevas hordas de bárbaros buscan el refugio en las fronteras del más poderoso señor, la tierra «propia» es insegura y peligrosa. El antiguo nómada tubo la tierra para sembrarla y subsistir, el emigrante solo tiene su trabajo para subsistir, siempre y cuando tenga el permiso de moverse de su feudo de origen y el de albergue en el nuevo feudo: el pasaporte y la visa.

Una cédula de emancipación colectiva fue pagada con una revolución: Las ideas liberales tornaron en ideales universales las condiciones que el siervo necesitaba para vivir mejor dentro del feudo sin exigir jamás propiedad sobre la tierra, sino garantías éticas que dieran acomodo a los grupos humanos sin necesitar de militares particulares pagados por los señores, que dieran garantías a la vida de los subyugados.  El grito de libertad, igualdad y fraternidad no es más que el grito del siervo que necesita nuevas condiciones frente al naciente y atractivo mercado citadino del capital; y de otro lado la apertura de ascenso que necesitaban los nuevos ricos para ser admitidos en la nobleza. Los burgueses son los idiotas útiles que pretenden blanquear su origen lavando las riquezas de sus prestamistas.

La realidad ha pasado de ser racional (con los modernos) a ser mediocre en boca de Vargas Llosa y los posmodernos neoconservadores, precisamente porque el primer fundamento de la realidad es la tierra (global) que ya ha sido apropiada vorazmente por un pequeño grupo humano; no por un país.  Ha pasado de ser un asunto subjetivo a ser un asunto de escasa monta del que hay que huir para vivir en la ficción.  Viven en la ficción geográfica y real los habitantes del piso quinto o décimo o vigésimo del nuevo cubículo moderno de habitación; sus muebles se han encogido, su derecho al juego se ha reducido, su terror por el afuera se acrecienta, el mundo parece que está demasiado poblado. Ahora es fácil que individuos liberales, conservadores o de izquierda, se pongan de acuerdo en que el problema son los seres humanos, en que la cantidad de habitantes en el mundo es imposible de sostener, no obstante, grandes latifundios permanezcan inhabitados. En Colombia, por ejemplo, la población se concentra en el 33% del territorio, ese es el país del que hablamos, cuando pensamos que el mapa de su geografía nos pertenece por entero. Esa es la ilusión, el mapa, el escudo, todos los símbolos nacionales con los que se nutre la representación ideal del Estado. El territorio restante ha estado siempre bajo el control de los jesuitas, con autorizaciones legales que les hacían dueños de los Territorios Nacionales, llamados así, carentes de identidad con las demás regiones, hasta 1991, cuando ingresan en la geopolítica nacional. América Latina está llena de estos mismos eventos.

¿Exceso de población mundial? Esto solo es cierto si miramos las ciudades repletas de seres, sin fábricas que las alberguen, sin trabajo para nadie, sin que el capitalismo les ofrezca una oportunidad. Seres que deben vivir bajo su propio riesgo, desheredados de la economía, seres cesantes, en términos de la vieja fábrica que ya no está. Seres que el marxismo bien pudiese llamar lumpen. Sobrevivientes a los que, teóricos de todas tendencias, les desean la muerte. Pero el latifundio ha crecido, su propiedad se ha concentrado en pocas manos; los propietarios nacionales apenas si son socios de las grandes familias mundiales, ascendidas a nobles, por la vía del capital financiero, antes mercenario. Ilusionistas que llevan las luces titilantes del capitalismo de un lado al otro del planeta, que atraen inmigrantes a su antojo y luego los desechan como despojos. Asombrados podemos comprobar que los teóricos del mundo se han tornado defensores del Espacio Vital, teoría que conocimos de Federico Ratzel, y que se afianzaba con el nazismo.

Influenciado por Darwin, Ratzel justificó la tendencia a la dominación de los más aptos, que en suma son los pueblos más civilizados, sobre los más primitivos. La geografía planetaria corresponde a ese grupo humano selecto para la supervivencia de los mejores. Tal como en las explicaciones de los puritanos cuando avasallaban la vida de los nativos, Ratzel explica que las migraciones son la oportunidad de civilización que invitan a los más primitivos a «convertirse» en mejores seres humanos, los que no logran la adaptación deberán desaparecer. El mismo fundamento de fe, podemos hallarlo en el video HOME, patrocinado por las más grandes empresas mundiales, y dirigido por el fotógrafo francés Yann Arthus Bertrand; que aparece en el año 2009 y que acusa a la humanidad de ser la destructora del medio ambiente planetario, una amenaza para el equilibrio ecológico. Un video apocalíptico que anuncia el final de los tiempos, el cual acontecerá en dos lustros a partir de su anunciación. Un relato casi bíblico, de corte absolutamente puritano y que ha ingresado sin restricciones en el entendimiento de creyentes de todas las sectas políticas y de todas las visiones del mundo. Haciendo del ambientalismo la gran religión contemporánea.

El agro parece estar abandonado por los pobres campesinos desplazados violentamente de sus tierras. Al parecer, ya nadie quisiera vivir en el campo, poblado de bárbaros asesinos. Una teatralidad que pone en escena el miedo medieval ante las invasiones bárbaras. Aquellas pudieron haber acontecido de modo natural, pero las contemporáneas (y de ellas puede preguntarse en casi toda Latinoamérica) acontecen por financiación. La rapiña fue impuesta, el dinero con el que se funda el narcotráfico también ha sido trasplantado; los estados se dedicaron a financiar la guerra contra un delito ayudado a financiar y con su aquiescencia. Un fraude, en todo caso. Los grandes latifundios se acrecientan mientras la vivienda en la ciudad se aleja hacia las nubes y se encoge irremediablemente.

Las migraciones internas en Colombia, han sido impuestas de maneras terroríficas; tanto, que contar la historia, tal y como ha sido, merece el adjetivo de conspirativo a quien se atreva a contarla. Siendo catalogado entre los charlatanes paranoicos que hablan de ovnis, o de las pirámides de Egipto, o de aliens, etc. No obstante, uno siempre podrá preguntarse por las migraciones ocasionadas, por ejemplo, por la llamada Violencia en Colombia de mediados del siglo XX. Siempre podrá inquietarse por los beneficiarios de estas migraciones violentas, que llevaron fuerza de trabajo a territorios con dificultades de población y por lo tanto de producción.

ALGUNAS DINÁMICAS DE ATRACCIÓN DE LA POBLACIÓN COLOMBIANA

La narración de Joseph Gumilla en el siglo XVIII en su exploración sobre el Orinoco, delata con claridad la falta de trabajadores para alcanzar un desarrollo en la exploración de los recursos naturales contenidos en la zona. Las relaciones de dominación propias de la colonización en América sí generaban una mano de obra gratuita, pero que en razón de su tradicional conocimiento de las regiones selváticas, los nativos lograban huir de los requerimientos productivos de los jesuitas. A continuación he reservado algunos apartes del libro El Orinoco Ilustrado del jesuita Joseph Gumilla, publicado en 1741, que señalan con diáfana claridad no solo las dificultades de los indígenas para asumir el trabajo, sino también las astucias (uno de los sinónimos de esta palabra es precisamente jesuitismo) adquiridas por los jesuitas para atraerlos a los lugares productivos, con el pretexto de la evangelización; y las grandes habilidades de los indígenas para escabullirse entre los terrenos, inhóspitos para los nuevos pobladores. Expongo los apartes del texto sin interrupción alguna, para que el lector ingrese en las profundidades geográficas, de los tiempos y de las intenciones.

«…Añádase a lo dicho, la sutileza con que han inventado arbitrios para huirse, de modo, que no sean, ni puedan ser seguidos, caminando hacia atrás en las tierras húmedas, y en las salidas de los ríos, para fingir que vienen, al mismo tiempo que se van; y en las tierras anegadizas, donde por fuerza han de dejar señal, y huella, dejan tantas, entran, y salen tantas veces, que dejan confusos, y aturdidos a los que los siguen; y es punto ya averiguado, que si cuando se va en busca de los que se han huido, no va guiando un indio fiel de la misma nación, no hay esperanza de hallarlos. Dije fiel, y aquí está la mayor dificultad; porque muchos tenidos por tales, en lugar de guiar, han tirado a perder, y a despeñar, y se han metido en lagunas de cuatro, y de cinco días de atravesía, para que los pobres misioneros mueran al rigor de los peligros, de los trabajos, y de hambre, antes de hallar las descarriadas ovejas, que buscan: este es negocio de hecho, y de que pudiera referir casos, muchos, y muy lastimosos. Pues ¿quién conocerá, quién entenderá el genio de estas gentes? Tan rudas, y agrestes para todo, menos para su negocio: tan ágiles para el mal, y tan pesadas, y perezosas para el bien? ¿Tan inconstantes para su salud eterna, y tan firmes, y constantes para su perdición? Es preciso creer, que el demonio, rabioso porque se le escapan aquellas almas, las instiga, persigue, y engaña…» (El Orinoco Ilustrado Tomo I)

«…generación de gitanos, o rama de ellos, que entregados a una vida vagabunda, todo lugar fijo, aunque lleno de las mayores conveniencias, les parece cárcel intolerable, y remo de galera insufrible. Los pueblos de estas dos naciones, que recién entrados hicieron los padres misioneros, llegaron a tal altura, que nadie dudó de su perseverancia; pero cuando menos se pensaba, todos se desaparecieron como humo. Por último, el año de 1725 se emprendió su reducción con todo empeño; y después de recogidos a vida civil, y racional cinco pueblos, ya formadas sus sementeras, y con abundantes frutos, a que se tiró, para aligarlos más, repentinamente cada pueblo tiró por su rumbo, y no se han vuelto a ver aquellas gentes…»[3]

«No sólo se utilizan estas gentes de la carne, y plumas de los animales, y aves que matan: tienen también la ganancia de otros intereses, que les dan aquellas desiertas arboledas: y a la verdad es muy poco lo que en ellas se ha descubierto, en comparación del gran tesoro que yace escondido por falta de personas inteligentes».[4]

«Lo que se debe llevar son avalorios, cuentas de vidrio, cuchillos, anzuelos,y otras bugerías, que para los gentiles son de mucho aprecio… Es muy conveniente que un día antes de llegar, se adelanten dos indios, y den el aviso de como el padre llegará al día siguiente, con eso no les coge de repente la llegada; y los que están dispersos, se juntan en los ranchos del cacique…»[5]

«De esta respuesta depende ordinariamente el éxito de la empresa; porque algunos caciques responden, que irán con sus capitanes, a ver si hallan sitio a propósito para mudarse cerca del otro pueblo, y así se ejecuta, previniendo con tiempo sementeras; y al tiempo de coger el fruto, se mudan con todas sus familias, o con la mitad, y fabrican casas, etc. Otros caciques piden espera, y tratan el punto largamente con sus gentes antes de resolverse… En fin hay entradas en que los indios principales se tienen firmes en no dejar su sitio, por ameno y fértil; y lo que es más, por ser su patria. Y por otra parte se cierran en que el padre se ha de quedar con ellos. Entonces consigue, que el cacique, y  algunos de aquellos gentiles, le acompañen al pueblo de que salió».[6]

«…desde la boca del río Meta en Orinoco, hasta las misiones altas de Casanare, gastó el teniente de la escolta de nuestras misiones Francisco Grillo, veinte y siete días de camino, el año pasado de 1738 por llanos enteramente habitados de fieras, y no más; y en fin, del mismo modo se dilata aquel llano hasta el Ayrico (esto es, bosque de muchas leguas, sin más habitadores, que algunas tropas andantes) de las naciones guagiba, y chiricoa, que como ya dije, a manera de gitanos, andan en perpetuo movimiento, sin tener casa, ni hogar en parte alguna; de modo, que sin daño de las naciones ya domésticas, y con mucho útil de estas, y grande esperanza de domesticar otras muchas, se pudieran fundar muchas, y grandes colonias, con evidente útil del comercio.

Dichas de España, y grandes ventajas de la real corona: fuera de la principal, y máxima utilidad, que se siguiera (como apunté) en la conversión de nuevas naciones…»[7]

«Aquí se ve clara la imposibilidad de que los mineros labren sus minas, y se reconoce lo que parece increíble; y es, que las sumas riquezas del Nuevo Reino, da ocasión a los pobres, para que no quieran trabajar, ni servir a otros en útil del bien común; y esto, no sólo sucede en Pamplona, sino en otras muchas provincias del Nuevo Reino…»[8]

«…y es tal la lástima, que da aquella continua perdición de niños, que hasta los moros mercaderes, con ser tan bárbaros, tienen compasión, y compran a poco precio muchos de aquellos chicos, para criarlos en la fea secta de Mahoma. ¡Oh, y si Dios Nuestro Señor moviera algunos piadosos corazones en la Europa, y en las Américas, para poner fincas, de cuyos réditos se rescatasen muchas de aquellos inocentes, de los cuales con facilidad se formasen pueblos en las Filipinas! ¿Y qué obra de mayor caridad que esta, se podrá imaginar? Quiéralo su Divina Majestad!»[9]

«…La retirada de los indios de Paraguay, Buenos Aires, y Chile, es por los caminos, que ellos se saben, para ponerse al otro lado del río Barbarana, y engolfarse en aquellos terrenos del Chaco, y otros bárbaros, que hay hasta los Patagones, y gentes Magallánicas. Los indios malcontentos del Perú, en atravesando la altura de los Andes, hacia el norte, no hay que cansarse en buscarlos, porque no se hallarán: los de las provincias del Quito, Santa Fe, y resto de Tierra Firme, tienen a mano innumerables naciones de gentiles a que retirarse. A los de la Nueva España les faltan escondrijos semejantes en las cercanías; pero no les falta a los malcontentos modo de ausentarse: en los tales retiros creo, y para mí es indubitable, que habitan escondidos la mayor parte de los indios, que se echan menos en los países conocidos, por cuya salvación debemos clamar siempre al Criador de todos.[10]

Atraer fuerzas laborales, que en no pocas veces fueron intentadas, no generó los resultados esperados. La Legión Británica, que junto con otros extranjeros, especialmente Vasco-Navarros, (como lo explica John Alejandro Ricaurte en su libro Vasco Navarros en Antioquia, Premio Andrés Irujo, 2010), habitantes preexistentes de la región, tuvo un especial impacto en el proceso de independencia frente al dominio español. Los extranjeros fueron atraídos para la construcción del proceso de independencia, con motivaciones eminentemente económicas, no obstante su permanencia no fuera multitudinaria. Pocos extranjeros se contabilizaban en Colombia a mediados del siglo XIX, una escasa suma de 1527 personas extranjeras.

El servicio de la deuda adquirida con los ingleses por su ayuda en la independencia, ya generaba de por si un derecho a cobrar con permisos para la extracción de minerales a las compañías inglesas. En no poco tiempo, construcciones de vías férreas estaban en manos de ingleses, aún las previamente concebidas por el mismo Bolívar antes de su muerte. Pero incluso, y antes de muerto Bolívar, hacia 1827, pueden encontrarse concesiones de tierras baldías a firmas inglesas, hermanando en la legislación nacional a ingleses y jesuitas en la geografía, desde recién nacida la República de Colombia. Un caso bien excepcional es el de Tyrrel Moore, uno de estos empresarios cuyas inversiones contribuirían a la economía cafetera de Antioquia. Era un inglés protestante, que a pesar del ánimo disociador de algunos antioqueños, logró fundar la Hacienda de Fundición de Titiribí (municipio antioqueño); incidió en los procesos de urbanización de Villa Nueva, un barrio para personas acaudaladas; y donó los terrenos para la construcción del parque de Bolívar y la Catedral Metropolitana en el Centro de Medellín, en la primera mitad del siglo XIX. De ese modo las familias más adineradas vivían una cierta cultura monástica, al amparo de la catedral. En aquella época, Medellín era tal como podría describirse cualquier ciudad contemporánea de los estados unidos. A juzgar por las condiciones que hacen necesaria la aparición de la obra de Mary Mims: Awakening Communities, tan admirada por los creadores de las Sociedades de Mejoras Públicas en América Latina, a finales del siglo XIX. Pueblitos sucios y desordenados sin una clara diferenciación entre lo urbano y lo rural.

Desde 1823 en el Congreso de Cúcuta, se iniciaba la legislación nacional para entregar tres millones de fanegadas de tierra a colonos extranjeros, especialmente a labradores y artesanos (J.A.R. Vasco Navarros En Antioquia), fue así como para mediados del siglo encontraremos alemanes en Santander; franceses, italianos e ingleses en Santa Marta; colonias nórdicas en el Occidente colombiano; con proyectos poco exitosos, que jamás lograron atraer migraciones masivas de extranjeros. La intención era atraer población extranjera a las zonas selváticas, pero estas condiciones geográficas y climáticas no fueron de atracción a los nuevos pobladores. Esto sin contar que los extranjeros debían pasar por el tamiz selectivo de pertenecer exclusivamente a la religión católica; lo cual excluía ya a muchos posibles candidatos planetarios. No debían ser de raza negra u otra que no fuese blanca europea, y debían profesar un vigoroso conservadurismo.

Pio XI, el mismo pontífice de quien Gramsci afirmara, en sus Cuadernos de la Cárcel, que era realmente un papa jesuita, el mismo que ayuda a la abolición de la monarquía italiana a través de sus buenas relaciones con Mussolini, y crea el estado independiente y soberano del Vaticano; es el mismo que el dos de abril de 1928, mediante la Bula Apostólica Dominici Gregis Regiminis, erige la Prefectura del Río Magdalena, entregándola en gobierno a la Compañía de Jesús. El desarrollo de la economía petrolera ya está en avance en la región y la atracción de colonos se da en las cercanías desde 1920. No obstante, para 1940 la zona aún se encuentra despoblada en su mayor extensión. Los movimientos de población más importantes aparecerán en coincidencia con el proceso llamado de La Violencia en Colombia y luego del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. La existencia de mercenarios que empujaron la población de los campos a las ciudades, van a nutrir de población a la Región de Barrancabermeja. Una zona en la que van a desarrollarse procesos de rebeldía que no defenderán el socialismo, ni se pondrán en contra del capitalismo, no obstante manifiesten una importante ideología antiimperialista, que va a rodear la zona petrolera y portuaria más importante de Colombia. La zona de influencia de los jesuitas, en la que van a surgir movimientos de izquierda al calor de la teología de la liberación, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Una organización armada que concentrará la más importante controversia con los movimientos campesinos alzados en armas, que por entonces generaban a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Esta disputa atraviesa la historia de la izquierda en Colombia y da cuenta de las derrotas de los campesinos armados, despreciados y desprestigiados por el Ejercito de Liberación Nacional, el cual siempre estuvo integrado por intelectuales, originados y protegidos por los jesuitas.

Los pobladores atraídos a fuerza de violencia a la región, trabajadores de la Tropical Oil Company, vivieron en condiciones inhumanas, sin resolver sus necesidades sanitarias y apenas un tanto mejor que los trabajadores de las bananeras una década atrás, o los trabajadores indígenas de Julio César Arana y la Peruvian Amazon Company de los ingleses, a principios del siglo XX. Todos en zonas llamadas Territorios Nacionales —bajo la custodia de jesuitas—, extendidos por el 67% de la geografía nacional. Análisis de las condiciones de los pobladores en la región petrolera coinciden en encontrar una población distante del Estado, sin una civilidad afianzada y dejados a su suerte, incluso por la misma Iglesia. Allí se han ido concentrando de manera especial los más desarraigados de la sociedad, marginados material, económica y culturalmente de su patria; un lugar que recibe a los desterrados. Una zona que tanto es cuna de guerrilleros, como refugio de paramilitares y fortín del narcotráfico. El aumento poblacional vivido hasta el año 2000, inicia un declive en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, cuando por efecto del paramilitarismo empieza a menguar.

«La entrada de capital extranjero marcó el inicio de la más rentable actividad económica regional, pero al mismo tiempo forjó las condiciones para la emergencia de los primeros sindicatos obreros de Colombia. De una aldea de 1 450 habitantes en 1919, Barrancabermeja pasó a ser una ciudad de porte medio en 1964, cuando llegó a tener una población de 80 000 habitantes…En la primera mitad del siglo XX dos huelgas, en 1924 y 1927, marcan el primer pulso entre el capital transnacional de la «Troco», como era llamada la Tropical Oil, y la Sociedad Unión Obrera, el primer sindicato de trabajadores petroleros… Si la concesión de derechos de propiedad por parte del Estado colombiano a la «Troco» había incorporado la región al mercado mundial del petróleo, al mismo tiempo había creado, por la vía de un nuevo mercado de trabajo, una de las fuerzas sociales más desafiantes de la dominación política colombiana».[11]

El Catatumbo, la vecina zona petrolera de Barrancabermeja, alcanzó a ser el escenario de importantes negociaciones durante el 2013. El Estado colombiano pudo entender la magnitud de independencia de los movimientos sociales que se albergan en esta región. Por supuesto vimos que sólo la SEAP (Sociedad Económica de Amigos del País, precursora de la Revolución cubana y que en Colombia estaba presidida por el santandereano Horacio Serpa) y el CINEP (Centro de Investigaciones y Educación Popular de los jesuitas) eran los negociadores a nombre del pueblo entrado en paro. Ambas organizaciones controlan los movimientos sociales más importantes de América Latina, negocian directamente con las empresas transnacionales y con el Estado.

«Conformar un equipo de asesores en dominios clave del conocimiento (economía, administración pública, finanzas, ambiente, historia regional, etcétera) era un asunto que podía ser solucionado fuera de la región, pero la selección de un equipo de terreno que motivase la participación de las poblaciones locales, en especial que permitiese la entrada en territorios donde imperaban el miedo y la desconfianza después de décadas de guerra, era el factor diferencial que no podía ser solucionado fuera de la región. La única institución dotada al mismo tiempo, en el sentido de Bourdieu (1980), de capital social con fines instrumentales (redes de interacción que facilitasen el acceso a la población) y de capital simbólico (autoridad y reconocimiento local), era la Diócesis de Barrancabermeja. Ésta tenía cobertura, mediante sus parroquias, en toda la región, y lo más importante, había formado, después de largos años de alianza formativa con el CINEP, un equipo de animadores comunitarios que actuaba en su comisión de pastoral social. Desde el inicio del PDP, el obispo de Barrancabermeja abrió las puertas para que sus agentes de pastoral social participasen de los trabajos de lo que sería el trabajo de diagnóstico participativo del PDP».[12]

La utilización del capitalismo para afianzar el feudalismo, busca implantar las relaciones de competencia y parece haber sido la opción dilecta para alcanzar el desarrollo productivo esperado de estas tierras. Concesiones y empresas privadas atraen extranjeros durante los siglos XVIII y XIX. No obstante, las legislaciones se fueron haciendo más agresivas durante el siglo XX, cuando se afianza el neoliberalismo, y la legislación nacional se tornó definitivamente en contra de los trabajadores nacionales y absolutamente alcahueta con los inversionistas extranjeros. En Colombia es particularmente visible, en los tiempos del narcotráfico, en la nueva constitución de 1991 y la presencia de César Gaviria como presidente y Juan Manuel Santos como ministro de Comercio Exterior.

La empresa privada propia del capitalismo genera el apasionamiento necesario para alcanzar altos niveles productivos, a la vez que los solitarios propietarios del «feudalismo primitivo» se ven menos propensos a ataques e invasiones y con menor necesidad de sostenimiento de ejércitos particulares. Ya sabemos que los financiadores de ejércitos mercenarios se quedaron con toda la ganancia en tiempos del feudalismo y fundaron con ella la banca de la que provienen los monopolios generadores del capitalismo. Los empresarios asumen los riesgos de la defensa de sus territorios. Sin embargo, las legislaciones iban a ser el aval con el cual se protegía a estos inversionistas, una legislación que no obra en favor de un propietario en particular. El propietario es una entidad abstracta, absolutamente ideal que no recae en modo alguno sobre ningún individuo: LA NACIÓN. Queda al atrevido empresario usufructuar el suelo de la Nación sin poder jamás poseer totalmente el territorio. El propietario privado del capitalismo sobre la tierra pasa a ser un advenedizo, temporalmente nuevo rico, un idiota útil que atrae consigo el desarrollo y genera valor a la tierra, bajo su propio riesgo emprendedor. Él es el empresario, él es el que asume los procesos de control sobre la población trabajadora, él es además un nuevo cliente para el capital financiero y, muy seguramente, para los mercenarios. En la década del ochenta del siglo XX, en Colombia existieron estos empresarios; eran narcotraficantes, contratantes de mercenarios, fundadores de emporios económicos delictivos. Atraían pobladores, ejercían por su propia mano la tarea del Estado. El proxenetismo estatal con los delincuentes ha tenido una duración de algo más de una veintena, en la que las grandes extensiones de tierra —que iban quedando en manos de los narcotraficantes— fueron arrebatadas por la vía de la ley y pararon en manos de un puñado de familias. Los inventarios de muertos, desplazados, desaparecidos, de entre los más humildes campesinos colombianos, hacen parte de la misma economía del latifundio contemporáneo.

___________

* Marta Lucía Fernández Espinosa. Licenciada en Historia y Filosofía (Universidad Autónoma Latinoamericana). Especialista en planeamiento educativo (Universidad Católica de Manizales) con diplomados en Gestión administrativa, adaptaciones curriculares y desarrollo de habilidades organizacionales en diversas universidades antioqueñas). Autora del libro «Pentimento». Sus investigaciones han sido trabajos de campo con comunidades a través de las cuales se generaron desde proyectos educativos institucionales y manuales de convivencia, hasta la construcción de aulas por gestión comunitaria y la creación de la educación de adultos como estrategia para minimizar el impacto de la violencia en un sector deprimido de Itagüí (Antioquia). En 1989 el consejo de facultad de la Universidad Autónoma le otorgó una beca en reconocimiento a la importancia de su libro Pentimento.

[1]    Gumilla, Joseph. El Orinoco Ilustrado. Tomo II. 1741. Digitalizado por la Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango del Banco de la República de Colombia

[2]    Gumilla, Joseph. Opus cit. (Este libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia)

[3]    Gumilla. El Orinoco Ilustrado. Tomo I. 1741

[4]    Gumilla, Joseph. Opus Cit.

[5]    Ibidem

[6]    Ibidem

[7]    Ibidem

[8]    Ibidem

[9]    Ibidem

[10]   Gumilla. El Orinoco Ilustrado. Tomo II. 1741

[11]   Saleg Higgins, Silvio. La ética jesuita y el espíritu de desarrollo. Revista Mexicana de Sociología. V71. N4. México Oct. Dic. 2009

[12]   Saleg Higgins, Silvio. Opus Cit

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