LA HORA DORADA

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la hora dorada

Por Paola Escobar*

ésta es la hora dorada
me decías
bordeábamos las vías a pie
de la mano
junto a las tipas y los eucaliptos
ésta es la hora dorada
cuando el atardecer se desmaya
un manto tejido
con puntitos brillantes
arropa los follajes
ésta es la hora dorada
durante unos momentos
me dejo consumir
amorosamente

FOJA CERO

en cada lluvia
se lavan los registros
en las hojas del expediente
de mis días en la Tierra

el agua borronea
el número uno
el agua disuelve
el número catorce
el agua inunda
el número cuarenta y seis

CIRCULAR

no pedimos venir
nos han inventado
a veces porque sí
otras sucedió
unas cuantas porque quisieron
una vez acá
olvidamos ese martes
—el día que vinimos—
alguno nos lo cuenta:
pesaste cuatro kilos
mediste medio metro
el frío partía la noche en dos

a los que se fueron
los traen como a nosotros
usás su nombre
su cadenita
su anillo

a los que se fueron
los hacen volver
a regañadientes
de donde los dejaron
a la sombra de un ciprés

reaparecen como ropajes de utilería
aire en la manga de una camisa blanca
aire en un pantalón oscuro que flamea
los zapatos del último día en estos pagos
lustrados bonitos
bailan tap

1987

ya el segundo verano en la costa
siendo cuatro y no cinco en la mesa

siempre el viento
las piernas muy muy blancas
la envidia de cualquier mimo
de esos que te persiguen
insistentes
por la calle principal
de una ciudad balnearia
un sábado a la noche
imitando tus movimientos
el público improvisado
festeja la gracia
y vos con cuántos deseos
de enviarlo adonde
Jorm Sangsorn

S O S

un solazo
lame canteros y cruces
los de abajo comentan
ahí llega uno nuevo

mi hermano
apura unos pasos
hacia el cajón
espera un viento fresco y seco
que desmantele
el calor agrio de enero

pronto alguien tirará
un puñado de tierra seca
sobre la tapa

mi madre
adentro
tal vez se haya golpeado
en el trayecto
tal vez la ropa
se le haya corrido de lugar

no hay nadie para ayudarla

5 AM

un vaso de vino volcado
en la mesa del bar
reluce un arroyo etílico
la cortina roja
huele a tabaco
exuda hombres
mujeres de la mano
sal en la herida y apechugar después
como en un tango del treinta
el sol  
amenaza con salir

LAS COSAS TAL Y COMO SON

en días nublados
es posible ver las cosas
tal y como son

el árbol
es ramaje cruel
maraña de dedos muertos a sus pies
soles que dignifican
baldosas rotas
musgos alrededor
secan el verde
bajo los zapatos de los hombres
raíces como piedras
se anudan a los cordones

* * *

«Un antiguo refrán rezaba “al pan, pan, y al vino, vino”, no dejando lugar a la vacilación hermenéutica. Paola Escobar construye sus poemas con un procedimiento similar: llama a las cosas por su nombre, tal y como son, prescindiendo del truco de la metáfora, en pos de la honestidad de la transparencia. Con una lupa de gran aumento, Escobar logra percibir hasta las moléculas esparcidas por el aire, percibe el aura de los elementos que nos rodean (¿amenazan?) en el trajín cotidiano, armando coreografías inquietantes». (Rodolfo Edward)

«Las cosas no son los eventos de una existencia habitualmente apresurada; son el tiempo que nos toma detenernos en dos palomas sobre un cable, las flores de las tipas, el calor agrio de enero, un peine en el piso de un vagón. En ese “es posible ver” hay una clave. La interferencia del sujeto en la escena es lo que habilita las posibilidades. ¿De qué? De que haya un latido, una presencia comunicante, una correspondencia (en el sentido que le diera Baudelaire)». (Diego L. García)

____________

*Paola Escobar (Buenos Aires, 1971) es Antropóloga social. Publicó «Piso trece» (Barnacle, 2023), «Las cosas tal y como son» (Barnacle, 2022) e integra las antologías «El silencio organizado: poesía argentina contemporánea y sus consecuencias prácticas» (Colección Sur, La Habana, Cuba, 2024) y «Búsquedas: antología de escritores de San Isidro» (2011).

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