LA INEFICACIA DE LA MUERTE

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la ineficacia de la muerte

Por Andrea Zurlo*
Reseña de Rodolfo Padilla**

«Hasta que no tengan conciencia de su
fuerza, no se rebelarán, y hasta después
de haberse rebelado, no serán conscientes.
Ese es el problema».
(1984, George Orwell)

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ABRAZA UNA PEQUEÑA URNA QUE SEGURAMENTE CONTIENE SUS CENIZAS

Asiste a su entierro, con discreción, desde lejos, mientras finge acomodar flores en otra tumba. Está ahí contraviniendo las advertencias y el sentido común, convencida de que debe participar en su muerte, al igual que lo hizo en su nacimiento.

Tras un par de jornadas de monótona lluvia, en el cielo blancuzco de una mañana fría de diciembre, el cementerio de Zorgvlied flota por encima de una niebla baja. El verde refulge intenso y pequeñas gotas decoran las hojas, las piedras, los pétalos de las flores. Espera impaciente, hasta que, por fin, cuando van a dar las nueve y media, las primeras personas aparecen por el sendero de grava rompiendo el silencio con sus pasos. Su madre encabeza el grupo, escoltada por sus hermanos mayores, mientras que Ambroos, el tercero, abraza una pequeña urna que seguramente contiene sus cenizas. Las cabezas bajas denotan la pena de su familia, y Terry se conmueve, se siente impotente, incapaz de consolarlos.

La fila de personas se alarga con paso lento y ropas oscuras. Ella murmura sus nombres, uno a uno, una lista de examigos, exconocidos, exnovios, exfamiliares, todos convertidos en pretérito. Al fondo, la fiel e imponente Martha, su examiga y exsocia, rompe la monotonía del negro monocolor con un traje pantalón amarillo brillante.

«Ya basta, es mejor que nos marchemos, Terry», irrumpe la voz.

2

ENTONCES, COMETIÓ EL PRIMER ERROR IMPERDONABLE:
ABRIÓ LA PUERTA Y LO INVITÓ A ENTRAR

Terry nada dentro de una burbuja. Una esfera de color intenso y transparente. Otras burbujas rebotan y estallan a su alrededor, dividiéndose en varias partes. Aquella que la contiene sube rápidamente, rodeada por un líquido violáceo, hasta que explota y ella se encuentra dando vueltas en el vacío y cae girando sobre sí misma en medio de una atmósfera gelatinosa que la sostiene.

Por fin consigue escapar de ese sueño.

Se sienta en la cama, mientras sigue rompiendo con las manos las burbujas de color. Abre los ojos y observa a su alrededor reconociendo con lentitud los objetos de la habitación envueltos en el resplandor matutino. Se lleva la mano al pecho, el latido acelerado le hace percibir un doble sonido, como si su pecho contuviera dos corazones. Suda y tiembla a la vez. Se deja caer de nuevo sobre el colchón y se cubre hasta la cabeza, esforzándose por recordar. «La voz», se dice. No oye nada aunque nota una presencia en algún recoveco de su mente, como si un cuerpo extraño palpitara bajo la corteza cerebral.

Entrecierra los ojos y comienza a poner orden en su diario mental hasta llegar a este momento, dando un número a cada instante: 1) el último día con G, 2) su madre y el mensaje, 3) la voz, y Martha que llegó para rescatarla al recibir también ella sus mensajes, esta vez pidiendo ayuda.

Se pone de pie, le da vueltas la cabeza y comienza esa típica comezón en las manos que surge cada vez que le sudan a causa del estrés, incluso del más mínimo, porque el estrés es algo que ella no soporta. En su familia sostenían que vivir con los nervios a flor de piel la ayudaba a evadir responsabilidades; la situación no mejoró tampoco con las incontables sesiones con el psicólogo y el psiquiatra a las que fue sometida «por su bien».

Apoyándose en el pasamanos baja la escalera que conduce de los dormitorios a la planta, donde están la sala y la cocina. Martha ya se ha marchado. Ha dejado la manta doblada perfectamente en el sofá y unos cuantos de sus papelitos de colores desparramados por la casa. «He ido hasta la oficina y a darle de comer al gato». «Abrígate». «Nos vemos más tarde». «Desayuna», dice el último mensaje de la maternal e inefable Martha, que ha dejado pegado a la cafetera en la cocina.

Terry se sirve una taza de café y se sienta, tratando de poner orden en su mente.

¿Cuándo estuvo por última vez con G?

Mira el reloj y cuenta con los dedos. Cinco días. Hoy es sábado y se vieron por última vez el lunes, el día que programaron ese breve viaje juntos, cuando él olvidó el paquete en su casa. Martha creía que no lo conocía lo suficiente como para embarcarse en un viaje con él, hacía apenas un mes de aquel encuentro en un bar, en compañía de un amigo común, Michael.

Aquella noche, G se presentó como Georgios Tulakis, un tipo tímido, insignificante, de pocas palabras, con un ligero acento extranjero y unos tatuajes que asomaban por las mangas de la camisa y se entreveían como un reflejo oscuro bajo la tela blanca. Nadie lo conocía realmente. Apareció en un grupo online de fanáticos de videojuegos que frecuentaba Michael e insistió en tomar una cerveza juntos. Cuando ella se presentó y le dijo su nombre, él le preguntó de inmediato si tenía alguna relación con Paul Swan. Terry se quedó sorprendida, por lo general nadie le preguntaba por su relación con el célebre arquitecto; la gente no solía conocer a los arquitectos famosos, era algo elitista conocer a uno. Respondió cortante que era su padre y nada más. No deseaba hablar sobre él. G se limitó a expresar su admiración y le comentó que él trabajaba en la empresa AdMaiora, que tenía sus oficinas en uno de los magníficos edificios construidos por su padre, una maravilla. La conversación murió poco después, como si alguien le hubiera apagado el botón del entusiasmo, y pasó el resto de la noche limitándose a sonreír cuando era necesario y a beber una cerveza. Se marchó antes de medianoche, discretamente, tal y como había llegado.

Terry no había vuelto a pensar en él después del primer encuentro, se diluyó en una suerte de caleidoscopio que giraba en su cabeza y en el que se confundían las caras y las personas que no le interesaban. Dos días más tarde se lo reencontró en la oscuridad de un fresco comienzo de otoño, acompañado por el ruido de una brisa que cascabeleaba entre las hojas de los árboles.

«Pensé en buscarte para charlar un rato», le dijo G acercándose.

Ella no se asustó ni se sobresaltó, se volvió hacia él incrédula y se quedó mirándolo con expresión descolgada, ¿qué hacía en la puerta de su casa? Lo reconoció de inmediato, aunque fuera alguien olvidable. El tipo no le gustaba si bien le despertaba curiosidad, lo encontraba demasiado enjuto, demasiado intelectual, demasiado informático y demasiado tatuado para su gusto; detestaba su cabello rizado y su larga nariz, la atraía por esas notables e innegables imperfecciones estéticas y por el timbre de su voz, cálido y suave y sus consonantes poco guturales. Bajo la barba corta, sus labios se extendieron en una sonrisa apretada por la que asomaba apenas una fila de dientes blancos y apretaditos, de publicidad de pasta dental, una sonrisa agradable. A ello siguió un intercambio de preguntas y respuestas algo tontas: «¿Cómo es que andas por aquí…?» «Le pedí a Michael tu dirección», dijo mirándola a los ojos. La halagaba. Desde la ruptura con su ex, tres años antes, se sentía como un pie que ha perdido un zapato, desamparada, una sensación estúpida que contradecía abiertamente sus principios feministas. «Por lo general se pide un número de teléfono… ¿Me recuerdas tu nombre?». «Georgios». «¿Origen griego?». «Algo así. Quería conocerte, charlar un rato», repitió. «Temía que si te llamaba no te acordaras de mí».

Terry dudó un instante y se dijo: «¿Por qué no?». Pensó que sería más seguro hacer entrar en su casa a un conocido de Michael que a un desconocido de Tinder. Entonces, cometió el primer error imperdonable: abrió la puerta y lo invitó a entrar.

* * *

«LA INEFICACIA DE LA MUERTE», DE ANDREA ZURLO
(Reseña)

Por Rodolfo Padilla Sánchez**

La activación accidental del prototipo robado del Teléfono conduce a Terry Swan, una joven traductora, a verse conectada a un dispositivo fabricado a partir de neuronas humanas y donde reside, atrapada, Sonya Elliot, una especie de asistente virtual que va mucho más allá de una simple inteligencia artificial. Ambas forman parte de un experimento que puede cambiar sustancialmente la vida de las personas y de ahí nace la disyuntiva que los personajes irán desgranando a lo largo de la novela: ¿la tecnología perjudica o beneficia al ser humano? Vemos que la respuesta no es absoluta, blanco o negro, sino que las numerosas perspectivas componen una escala de grises que invitan a la reflexión.

La ineficacia de la muerte, de Andrea Zurlo (Editorial Balduque, 2024), es una ficción especulativa donde se dan cita elementos propios de los relatos distópicos y de la ciencia ficción gracias a esa tecnología experimental desarrollada a partir de neuronas humanas, pero donde la trama se sitúa en nuestro mundo, en ciudades como Ámsterdam y Florencia que podríamos señalar para este libro como la antítesis entre innovación tecnológica y humanismo, un detalle que no será casual para el curso de los acontecimientos. Además, nos encontramos ante una novela que presenta los elementos clásicos de un buen thriller: por sus páginas desfilan científicos ambiciosos, capaces de sacrificar cualquier cosa por servir a sus investigaciones, incluso a sus seres queridos, pero también organizaciones secretas que se contraponen a las aspiraciones tecnológicas sin escrúpulos, y despiadadas sicarias que, vaciadas de todo aquello que las hace humanas, matan para defender un oscuro propósito. La trama se nos presenta ágil, facilitada por un lenguaje sencillo, a veces coloquial, capítulos cortos y múltiples giros inesperados, que demuestran el dominio de la autora de la construcción de historias envolventes y con un estilo cinematográfico.

Pero más allá del género o la estructura, Andrea Zurlo nos propone una segunda lectura cuyo objetivo es responder esa pregunta sobre la tecnología, ¿beneficiosa o perjudicial para el ser humano? Esta dualidad está representada por AdMaiora, la empresa que ha desarrollado el Teléfono mediante neuronas humanas para lograr la conexión perfecta cerebro–máquina, y Sol Invictus, la organización humanística que se opone a la tecnología. Los personajes vinculados a cada una de estas organizaciones argumentarán a favor o en contra del progreso tecnológico con posturas que, a menudo, resultan complementarias, no necesariamente excluyentes. Por supuesto, la tecnología puede ser beneficiosa para el ser humano siempre y cuando no abandone todo propósito ético para someterse a los intereses económicos y productivos de una sociedad capitalista que puede conducir al control de las mentes y, en definitiva, a la manipulación.

Cabe destacar la caracterización psicológica de los personajes, pues no sólo evolucionan a lo largo de la novela, sino que algunos de ellos, en particular el misántropo Mevinsky o su socio Dieter Marcus, mantendrán un juego de apariencias hasta que el curso de los acontecimientos les obligue a quitarse la máscara y mostrar su verdadera cara y romper con una actitud que gira en torno a la humanidad y la inhumanidad, la ética o la destrucción de los valores. En este sentido, es de especial relevancia el protagonismo femenino casi absoluto, empezando por Terry Swan y Sonya Elliot, las dos implicadas en el Proyecto MobileMind, pero también de Odette, entrenada como un ciborg sin sentimientos, y Martha, que hará todo lo posible por ayudar a su amiga Terry y que al final de la novela desvelará un secreto sorprendente.

La ineficacia de la muerte podría tratarse de una novela distópica que formara junto a 1984 o Farenheit 451 si no fuera porque el postulado de A. Zurlo no es una especulación a largo plazo ni una magnificación futura del presente, sino una advertencia sobre la actualidad y los peligros de rendirnos a una esclavitud cada vez más palpable mientras nos olvidamos de mirar más allá de la realidad virtual que nos atrae y absorbe como el Teléfono a Sonya Elliot. Ahora, con el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la obstinada manipulación que pretenden los poderosos, es un libro necesario para prevenirnos de los riesgos del progreso tecnológico sin límites morales.

Además, invita a reflexiones existenciales sobre nuestras relaciones personales, cuál debe ser el límite entre la comodidad y las ventajas de la tecnología y la problemática de reducir el esfuerzo y el consecuente adormecimiento de nuestro intelecto; incluso la muerte, en el nuevo mundo tecnológico, pierde su sentido convirtiéndose en una inmortalidad artificial que no mantiene nuestra vida o la de nuestros seres queridos, sino que habitan, virtualizados, en nuestra cabeza, podríamos conversar con ellos, vivir como si estuvieran, pero con la frialdad y despersonalización que supone la pérdida de todo rastro de calor humano.

Se podría alcanzar la inmortalidad, pero al mismo tiempo la existencia se volvería más vacía, fugaz y leve. Algunos personajes así lo advierten: «El mundo se ha vuelto más pequeño, las personas están más cerca, por más que estén lejos, y a la vez están aisladas y solas. […] ¿Cuánto durará la gloria de los personajes de la era digital?». En un sistema productivo que prima la cantidad y la velocidad, ni siquiera la inmortalidad nos salvaría de lo efímero.

Ante eso, son tan necesarias las preguntas que nos formula Andrea Zurlo en La ineficacia de la muerte, así como su defensa de la Humanidad y de las Artes y Humanidades, en estos tiempos que corren.

* * *

REFERENCIA

Novela: La ineficacia de la muerte
Autora: A. Zurlo
Editorial Balduque, 2024 (España)

Breve sinopsis: Una joven traductora, tras haber sido involucrada, involuntariamente, en un proyecto de inteligencia artificial, termina conectada mentalmente a un teléfono que no solo recibe comandos mentales, sino que es capaz de leer el pensamiento. Ella espera salvarse con la ayuda de su amante, sin embargo, su destino está marcado, al igual que el de Odette, exmiembro de un grupo de despiadadas sicarias, con la que deberá aliarse para sobrevivir.

Breve CV autora: Nacida en Rosario, Argentina, donde se graduó de Traductora, vive y trabaja en Italia. Narradora y guionista, es miembro de varias asociaciones internacionales de escritores.

Su primera novela «El Sendero de Dante» fue publicada por la Editorial Jirones de Azul, Sevilla, España, en 2007 y su última novela «El reposo de la tierra durante el invierno», finalista del Premio Planeta 2016, publicada por Trabalis Editores de Puerto Rico (la dictadura argentina contada a través de los ojos de una niña).

También ha escrito el guión del largometraje «El Altillo» que ha sido seleccionado y proyectado en el Festival Internacional de Cine de Sitges 2017 y de un par de cortometrajes.

Publicaciones en numerosas antologías y revistas en Europa y América.

Su tercerca novela, es «La ineficacia de la muerte», publicada en mayo 2024 por Editorial Balduque, España.

Novela disponible en: https://www.balduque.es/tienda/

Amazon: https://www.amazon.com/INEFICACIA-MUERTE-ZURLO/dp/8412767861

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* Andrea Zurlo. Nacida en Rosario (Argentina), donde cursó sus estudios de Traductora, está radicada en Italia desde 1990. Es miembro correspondiente del Círculo de Escritores de Venezuela y de la Asociación de Escritores de Mérida (Venezuela) y de EWWA (European Writing Women Association). Su novela «El Sendero de Dante», fue publicada en 2007 en España. Participó con textos de su autoría en numerosas publicaciones colectivas y revistas literarias (Letralia, Delirium Tremens, Red Margutte, entre otras). Fue miembro del Jurado del II° Certamen Internacional de Relatos «La Cerilla Mágica» (2007). Participó en el VIII° Encuentro Internacional de Escritoras «Elisabeth Schön» celebrado en Caracas (2008), y en los coloquios «Escritoras ante la Crítica» organizados por la Universidad de los Andes. También participó en el X° Congreso Internacional de Literatura Española Contemporánea, Bérgamo, Italia (2009), sus ponencias fueron publicadas en los libros de ponencias de ambos congresos. Sus relatos han recibido diversas menciones especiales y reconocimientos. Actualmente ha sumado a la actividad de narradora, la escritura de guiones cinematográficos, el primero de ellos es el largometraje «El Altillo» (España). Su última novela «El reposo de la tierra durante el invierno» ha sido una de las 10 Finalistas del Premio Planeta 2016.

Twitter: @AndreZurlo

Web: https://andreazurlo.wixsite.com/andreazurlo

**Rodolfo Padilla Sánchez (Ogíjares, Granada, 2000) es graduado en Historia por la Universidad de Granada y coordinador de la sección de Historia en la revista científica Anthropologies, donde publica artículos de divulgación histórica y en defensa de las humanidades. Como narrador, ganó el certamen literario de la Biblioteca María Lejárraga (Ogíjares, 2012) en la categoría de cuento infantil ilustrado y fue seleccionado para formar parte de la antología de microrrelatos «Escritores al alba» (2019), aunque su principal estímulo creativo fue alzarse con el primer premio del VIII Certamen Literario de la Biblioteca Universitaria («El precio de la libertad», Editorial UGR, 2019), al que han seguido los conjuntos de relatos «Sobre la nostalgia y el olvido» (Nazarí, 2019), «Huerto Sagrado» (Nazarí, 2021) y «Ajuste de cuentas» (Balduque, 2024). «La pausa incesante» (Aliar Ediciones, 2025) es su cuarto libro.

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