
Por Gustavo Gac-Artigas*
Este ensayo-discurso poético presenta una reflexión escrita íntegramente en verso donde el autor reflexiona sobre la memoria, el exilio, el olvido y la responsabilidad ética de la palabra, trazando un mapa íntimo y colectivo de los caminos del poeta como ejes de una poética contemporánea.
Hay un momento en la vida de un poeta
en que este se pregunta
cuál es el sentido de sus versos.
Revisa su historia
para intuir cuándo nació el primero de entre ellos
qué provocó esa necesidad de escribir
qué remeció su alma
para que su corazón se transformara en pluma.
Buscando una respuesta
comencé un poemario que, con el tiempo,
se fue prolongando hasta convertirse en una pentalogía:
Y AÚN ARDE EL VERSO
Aún queda espacio en mi mochila
Mientras vivo mi olvido
Y aún arde el verso
Corolario
Al filo de los días
donde llego al término de algunas etapas en mi escritura
y las cierro.
Entiéndase
no es porque cierre mi pluma
ni porque llegue al término de mi vida
aunque…
aunque estoy llegando al término de algunas etapas
y las cierro.
Mi poesía es un cuerpo en movimiento
notas de un viaje
por la vida y por la historia
por amores y desamores
por puertas abiertas en mis sueños
y puertas cerradas
por herrumbrosos cerrojos
en una cárcel.
En ese viaje
un día me pregunté
¿podrá sobrevivir el verso
la muerte del autor?
Y comencé a escribir el primer verso
del primer poemario de la pentalogía
con optimismo
el mismo
con el que quise cambiar el mundo
a los 18 años
el mismo con el que hoy a los 81
me siento a escribir
para cambiar el mundo.
¿el mundo?
¿qué mundo?
¿mi mundo?
¿tu mundo?
¿el mundo de mi amada?
el mismo que intento reconstruir
en el recuerdo
sin saber cuál verso pongo primero
cuál servirá de cimiento
cuál se entrelazará con otros
para ocultarme las estrellas
cuál me devolverá
la risa
y las alegrías que no tuve en mi infancia
cuál me devolverá a la realidad
cuál será el último.
Mi mundo
ese que está desapareciendo
ese que quedó congelado en mi memoria.
Sin que me diera cuenta
la memoria me tendió trampas
me envolvió en sus redes.
Algo se olvida en el camino.
No recuerdo qué.
Quizás
el verso que se borra
para dar espacio a un nuevo verso.
Siempre
la palabra ha sido
más generosa que el ser humano.
Contra el olvido…
¡me rebelo!
pido auxilio.
No quiero refugiarme en el pasado
pero al mismo tiempo
no quiero que la historia se borre
no quiero vivir en la amargura.
No quiero vivir en poemarios ya publicados
que vagan
sus amarillas páginas
desparramándose por el mundo.
Al igual que en el 68,
cargo mi mochila al hombro
calzo mis chalas campesinas y mi pluma,
enfilo mis pasos y me digo
aún queda espacio en mi mochila.
En sus páginas regresé a mi infancia
a mis bosques sin leñador
llenos de vida
de pájaros haciendo el amor
de hojarasca conversando con mis zapatos
de una hormiga
sosteniendo mis talones
mis talones
y mis sueños.
Tomé el libro en mis manos.

Cerré las páginas de un sueño
mis cansadas manos
sosteniendo la realidad
mis bosques
desapareciendo en la lejanía.
Me detuve un segundo en mi camino
para escuchar la voz de los sin voz
las voces de esos seres
olvidados de la historia
aquellos
que le dieron vida
sangre
dolor
y muerte
a mis versos.
Voces del pasado
enterradas para ocultar el presente
para justificar el presente.
Voces sin nombre
que se disuelven
en el río del olvido.
Voces que naufragaron
en busca de la felicidad.
Es tarea del poeta
sacarlas del sarcófago de la historia
aún a riesgo
de ser silenciado con ellas.
Desde el fondo de la tumba
se escuchó la voz
de un poeta.
Intenté caminar mi camino
y me encontré caminando
por el camino de otros.
Intenté soñar mi mundo
y me encontré soñando
el mundo de otros.
Intenté ser libre
y me encerré
en una cárcel
por otros construida.
Abrí los ojos.
Me liberé.
Así comencé
a construir
mi propia cárcel.
Cerré el libro…
y un libro de páginas vacías
me asaltó.
Mientras vivo me olvido.
¿Por qué escribo?
No tengo
la más mínima idea.
Quizás sea por timidez
por lo que siempre que me acerqué a alguien
lo hice con la sensación de estar en desventaja
de no ser merecedor de su amistad.
Quizás por temor
por lo que siempre pensé que sería rechazado
y el rechazo duele.
Escribo para divertirme
porque me permite decir
todo lo que no siento
como si lo sintiera.
Porque puedo disparar mis versos
sin herir a nadie
y a fin de cuentas
si hieren a alguien
ese alguien soy yo.
Y herido,
regreso a escribir.
Con el volar del tiempo
el amor envejeció…
no así el deseo.
El amor regresó a sus primeros pasos.
El deseo
solitario
sin límites
sin reglas
galopando
entre sollozos.
Me dije
invocando a Afrodita
mientras cubría mi cuerpo
con la espuma del mar,
no quiero morir solo en esta lucha.
Dame tu amor
pero te imploro
sumérgete en la realidad de los míos
acompáñame en el hambre
acompáñame en el frío
acompáñame en la marcha
por los caminos de la injusticia.
Dame tu voz y tu fuerza
para que alimente mi voz debilitada.
Amor
dame tu amor.
Yo solamente puedo ofrecerte
mi amor
y sufrimiento.
Un paso
un paso me separa del final.
Lo miro.
Guardo silencio.
Cierro los ojos
y avanzo.
COROLARIO
El verso detuvo su andar
Deseé que mi vida
fuera regida por la humildad
y sin embargo tuve la soberbia de escribir.
¿Cómo revelar
lo que está oculto en nosotros
para que el lector descubra
lo que está oculto en él?
Tengo que silenciar
la voz de mis versos
para que se escuche
el silencio del lector.

Durante años
escribí sobre los míos.
Los míos.
Los de abajo.
Los humillados por existir sin pedir permiso.
Los sin casa.
Los sintecho.
Aquellos que gastaron las estrellas
de tanto mirarlas.
Ellas, las mías.
Las violadas en sus aposentos.
Las violadas en el camino
hacia un mejor futuro.
¿Mejor futuro?
simplemente
un existir en el presente.
Las mías
a quienes hasta el derecho
a mirar las estrellas
les negaron.
Los míos
Aquellos que murieron
sin que una lágrima por ellos se derramara.
Los míos
carne de fosas comunes.
Carne de fieras salvajes.
Carne del olvido.
Durante años
escribí sobre ellos.
Hoy me pregunto
¿alguna vez les puse un rostro?
Un rostro
uno que les permitiera existir
existir
y no desaparecer en la masa.
Escribí sobre mi piel
la historia de la piel de otros.
La de la piel curtida
de los campesinos de mi tierra.
La de la piel ardiente
de las campesinas de mi tierra.
La de la piel temblorosa de deseo
de las estudiantes de mi tierra.
Escribí
sobre mi piel de enamorado
las historias de amor
de otros cuerpos.
La fragancia
de amores floreciendo.
El sudor
de amores desapareciendo.
Al sentarme a escribir un poema,
miro mi piel
y me arranco una parte
antes de comenzar
un nuevo amor.
A modo de despedida
Finalmente entendí
a ustedes os lo debo todo.
Me regalaron sus dolores
sus alegrías
sus amores
sus desengaños
sus engaños
sus llagas
y sus caricias.
Os lo debo todo.
Me hicieron olvidarme de mí
dieron vida a mi voz vacía
me hicieron entender
el origen de mi dolor
de mi dolor
y a veces
a veces
de mi alegría.
Dije al comienzo
que estoy cerrando etapas.
Hoy cierro una.
Los llevaré en el corazón.
El tiempo irá borrando los rostros.
Los rostros desaparecerán en el océano
y lo único que permanecerá
es el verso.
Así sea.
* * *
Texto leído en el marco del Tercer Simposio Internacional de la Academia Tomitana / Congreso Mundial de la Academia Universalis Poetarum realizado en Tomis-Constanza, Rumania, entre el 13 y 20 de agosto 2025.
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* Gustavo Gac-Artigas nació en Chile pero reside en los Estados Unidos desde hace más de tres décadas, luego de doce años de exilio en París y un fallido intento de regreso a su país en 1985. Su poesía ha aparecido en revistas académicas como la Revista de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (RANLE), Multicultural Echoes Literary Magazine (Universidad de California, Chico), Enclave, Revista de Creación Literaria en Español (CUNY), entre otras, así como en revistas culturales como Todoliteratura.es, Resonancias.org, Viceversa Magazine, y Revista Kametsa, Perú, o en antologías poéticas. Es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Escribe artículos de opinión para la agencia Efe, Impacto latino y Le Monde Diplomatique, edición chilena. Premios: Poetry Park (1989), Róterdam, Holanda por «Dr. Zamenhofstraat», prosa lírica; International Latino Book Award 2018 en la categoría de «mejor libro de ficción en traducción del español al inglés» por Y todos éramos actores, un siglo de luz y sombra (2016), traducción: Andrea G. Labinger. Actualmente se encuentra trabajando en un nuevo poemario: Hombre de América.
