MÚSICA DE LAS ESTACIONES

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musica de las estaciones

Por Margarito Cuéllar*

«Patria de las dríadas y los genios».
(José Asunción Silva)

REVELACIONES DE PASCAL QUIGNARD

«Ahí donde el pensamiento tiene miedo, la música piensa».
Si algo permanece sobre el cuaderno pautado de los años
es la música.
Sigue aquí
desde antes de la música
y acuña la palabra perdición
desde el principio de los mares.
Sólo la música posee fuerza suficiente
para habitar lo triste,
capaz de renunciar a la minoría que habla
y de arrojarse al mar como si supiera
que al contacto con olas y criaturas marinas
un azoro líquido multiplica el sonido del agua.

CALLE GAMONEDA

Abro la cortina: ¿en qué país estamos?
La niebla da a las calles
—o lo que sea un motor que circula a lo lejos—
un aire de domingo que amanece.

Al salir de la bruma
distingo la figura de un fantasma.
Tiempo antes, ayer o hace un diluvio
sus cantos bordaron letras de oro;
pero las manos caen a pedazos
y los muñones no distinguen nevados de Toluca
del garbo de un poeta.

Camina lento
sus versos crujen como si Lorca
o sus destellos aporrearan un piano.
No sabe en qué país palidecen sus pasos;
las palabras lo miran y se van,
sólo una tos
típica de pulmones que fueron a la guerra
alerta los recintos.
El poeta toca con su bastón
la tierra que habrá de cobijarlo.
El bastón hecho de tejidos,
fibras venosas,
dolencias propias de un árbol sin calcio.

Lo acompaña una mujer pequeña como un hongo.
Gamón saca sus cartas: es hora de jugar a la vida;

su mujer, discreta como hormiga, asterisco
o nota a pie de página, sonríe.

El hombre oye el motor de los autos
el pan del verso resbala como una lágrima del tiempo.

La ciudad, o lo que sea este albedrío de voces,
se despierta;
aplaudimos a un ritmo. Se consume la llama
pero deja en el aire el fulgor del poema.

NOTA PARA EL AFINADOR DE PIANOS

            A Jorge Rodríguez

Digan presente los que están:
           Catulo, de grosor suficiente
            tensa las cuerdas del viento;
            Tiempo Nublado
            a un tacto de Valery.

Dios te Salve: enfermizo y huraño.
Kafka: escurridizo y frágil.

Sin la mano del guía
todo piano se hunde
y en un mundo sin pianos hay poco qué hacer.

Perdida la armonía, incluso el alma
los dedos sólo quieren bailar.

ESTACIÓN DE LA LLUVIA

Alguien danza en los techos vecinos:
            Colofón de una nota apagada con fuego,
            cielo roto que fluye como si algo allá arriba
            se rompiera en pedazos.

La lluvia sabe:
Para ser transparente como el agua
hay que apostar al menos una carta
y preguntar en rayo o en relámpago
los motivos para apagar la fiesta
con esquirlas de sábado en los labios.

El viento arrastra lo que dejan las aguas
incluso el pentagrama
que guardo con recelo en la memoria
por si la lluvia deja de tocar.

ESTACIÓN DE LAS MANOS

No me niegues tus manos, contienen
tres cuartas partes de la tierra,
más vastos territorios aún por descubrirse.
Cruzan sus campos ríos que vibran
y sus anillos de medio círculo
el tañer de la noche de los sueños que vuelven.

Hay en las diez ciudades de tus manos
mil maneras de hablarle al sentido del tacto
y pausas en que tiemblan
dos puntos que al unirse se dilatan.

Si me niegas la luz que despierta en tus yemas
un eclipse de manos
y una mirada familiar al hielo se consagran.

Si tus manos me niegan la música del mar
la marea blanca traduce el nombre de las cosas
los peces suben a las embarcaciones
y en sus ojos redondos
y en sus abiertas bocas
los barcos alzan anclas en la costa.

Si me niegas tus manos
bajarán las defensas de la dicha
y nos gobernarán los dioses iracundos.
Las islas que esperan ser nombradas
cambiarán su destino
y las naves que desafían tormentas
buscarán otros puertos.

Si tus manos se empeñan
en ser agua y arena
será la noche extensión de los sismos
y plantas y animales
y todo lo tangible y lo intangible vegetará.
Nadie tendrá por meta despertarse
en el tren de juguete de la vida
y el amor tomará vacaciones eternas.

Una mano con guantes cavará un pozo oscuro
o un cristal frágil —ligerísimo empeño del tiempo
por estampar su huella—
olvidará que las volutas grises que agitan su interior
respondieron a un nombre:
senda del viejo paraíso.

No me niegues tus manos
piel adentro, aunque ya no te habite
quiero tensar el hilo de esa música.

ESTACIÓN SIN MÚSICA

Si cierras tus fronteras al amor:
se apagarán las luces
y caerá la escombra de la noche.

Si niegas tus ojos al ahora
la niebla ocupará la parte de mañana que nos toca
y el concierto de voces
que en silencio reproducen los nombres
callará para siempre.

Si niegas a tus manos la caricia
del fuego que las olas arrebatan
y olvidas la corriente de los ríos
la nieve ocupará la masa de los cuerpos
y vendrán días de hielo
a congelar el fruto de los años.           

MÚSICA DE RÍO

            A Baudelio Camarillo

Ese rumor acuoso es el Grijalva.
El punto luminoso en la trama del agua
es una lancha, una roca con lirios
o el destello de un náufrago.
Con algo de paciencia
el barco encenderá sus potentes motores
para extraviarse en las fauces del tiempo.

Un caimán cruza el río, podría ser un ahogado
o nadador que alcanza la otra orilla.

La razón de ser de un río: Iluminar la noche,
aunque se arrastre y tiemble
a una sola voz en su propia blancura.

ESTACIÓN DE LOS PECES

Vamos hacia la Isla de las Cabezas Rotas
iluminados por una ola de espuma.

Una mancha de plata se desplaza en el aire
y hace nido en el agua.
La red se abre, planeta salpicado de estrellas;
al cerrar sus fauces noche adentro
un fulgor niquelado ondea los mares.

ESTACIÓN DE LAS AVES

Las hojas nos observan.
Apenas sí se mueven
con un ritmo ligero
emparentado al tiempo.

Los pájaros se han ido
sus alas son las flechas
en la copa del aire.

ESTACIÓN SILENCIO

Con los silencios de esta noche
podríamos construir un cementerio
y algunas bibliotecas.

Una cumbia mueve los pies
los gallos enmudecen
y los perros y el choque del cristal
y la memoria
o es que perdí las formas
y el sonido descansa
de la vida otra vez.

ESTACIÓN OLVIDO

Historias que olvidaron su raíz y nada saben de su antiguo linaje. La memoria cubre con una capa oscura destellos de su vida anterior. De vez en cuando las luces cobran brillo y las manos inventan extraños, movimientos ilusorios, que de manera provisional llamaremos caricias.

ESTACIÓN DE LOS CUERVOS

El problema es su negro historial,
su ceremonioso traje oscuro
y la paciencia con que esperan
—mientras cortan en círculos el aire—
a que termine de escribir el poema
para estampar su firma.

LA OTRA ESTACIÓN

Las silabas, hojas,
trazan en el aire
consignas verdes
que el sol enciende.
Yo las atrapo
y me reclaman
el árbol
el viento
el alfabeto.
Y el mundo arde.

LUZ QUE TE NOMBRA

Hay tanta claridad cuando te nombro
que todo reverdece mientras llueves.
Porque ya lo eres todo:
miércoles por la tarde
la llama del espejo
cifra lentísima en los labios del aire.

Temo que el resplandor
nuble el entendimiento.
No sé qué voy a hacer:
Ya confundo el amor con mis zapatos
y ato las agujetas a la almohada.
Por eso ya no duermo;
temo un amanecer Gregorio Samsa
o un ataque virtual de abejas asesinas.
Para no alterar los hilos de la tarde
me convierto en estatua
mientras te pruebas una prenda
y otra
y tus senos son esferas vivientes
al vacío de mis manos.
No quiero ser romántico
ni catador de verbos elocuentes
solo quedarme, al menos una vida,
en la luz que te nombra
y te delata.

LAS ESTACIONES DEL POEMA 1

El poema, inyectado al furor del brazo
de una muchacha
cabellos color madera en llamas;
hecho con los despojos del tiempo
cura todo, menos la eternidad.

Poemas con la cabeza del tamaño de un barco;
el problema no es la carga
sino a dónde guían la tripulación
y las maniobras del capitán
por mantener la nave a flote.

Lápiz afilado, carboncillo ebrio, chulo de aldea
el poema celebra:
           El zumbido de la mosca
            el camino de las hormigas
            la espuma verde en el litoral.
Sus componentes son estas larvas de colores
sin domicilio fijo.

LAS ESTACIONES DEL POEMA 2

El poema se embarca como polizón.
Su materia puede ser el tiempo,
el color de las estaciones o una gama de insectos.

El poema narra historias
que alimentan lo que apenas se mueve.

Y sin más
tensa el arco y dispara.

LAS MANCHAS DEL POEMA

Los versos del poema
anillos de Saturno desprendidos de su órbita.
Luciérnagas o chispas
después del vacío todavía dan calor.

Alguna mancha ha de contener la vida:
            Demasiada perfección asusta.

ESTACIÓN 43

Días en que la palabra desaparece
y la buscan sus padres, amigos llaman, pájaros preguntan
así sea otra su manera de hablar.
Le arrancan la raíz, el mito, la inocencia
y en medio de esperanza, vuelvo mañana o madre
un tronco, otra palabra, otro tronco
y gasolina y fuego
la noche se hacen lumbre
y envejece el sustantivo país
y aparecen figuras como tiro de gracia
y azul sin para cuándo.

ESTACIÓN DE LA NIEBLA

Llegas con la noche
y pones a temblar las líneas del poema.
Dejaste un poco de carmín en los campos
con la idea de volver
cuando los vientos cambien.
Traen tus ojos estrés de las alturas
y hay polvo de estrellas todavía en tus tacones.

La gente nos ve como si fuéramos
el sueño de una sombra.

De pronto son dos sombras las que bailan:
            El alcohol hace efecto
            o algún dios multiplica los panes.

Nos bebemos la noche, amarga, líquida y doliente.
En la pista la música: ¡Qué alas!
¡Qué forma de flotar y de arrastrarse
mientras yo muerdo el viento
a la luz —otra vez— de los crepúsculos!

Sabes a Labios de Ángel, a Medias de Seda
a Bomba de Tiempo
a una mezcla extraña de vodka y trementina.
En este bar la claridad —bullying del tiempo—
no es parte del poema.

Ahora estoy de bruces
como propina arrojada al cliente equivocado,
espero regresar cuando el invierno
aborde un barco y dejen de sonar esos tambores.

ARMA BLANCA

A veces cuando el frío es muy intenso
y no armoniza el calor de los huesos
me acuerdo del cuchillo que clavaste
en algún sitio entre el olvido
y la esperanza que volvieras a sanar las heridas.
O a enterrarlo más hondo. Da igual:
            el que ahora te canta
ha muerto varias veces de distintas maneras.

Así como la hoja me habla de ti, siempre,
pero más animosa en los inviernos,
antes que tú hubo balas
y autos que atropellaron al destino.
Ninguna muerte importa
sólo el filero tuyo, como un pacto de acero
me recuerda:
            El amor no es en la vida cualquier cosa.
Y todavía hechas limón a las heridas
para que no se olvide nuestra prenda de amor
¡oh, asesina serial de mis desvelos!

SOL (O) DE NOCHE

Pienso en la palabra música
como un pensamiento que viaja.
En la fuga como punto del que llega o se marcha.
En que un solo de batería:
            Al unirse a un disturbio de cuerdas
            ordenan el caos
            y juntos viajan al país de lo sublime.

Pienso en el sueño como un trayecto
en el que hasta el silencio es una pieza sonora.
En la lluvia,
revelación de notas líquidas,
en la risa, río de percusiones
donde navega la noche
como un náufrago más.
Pienso en la música
como lugar de encuentros
y en la vida
como un concierto
al que fuimos convocados
solo por un rato.

____________

*Margarito Cuéllar. Escritor mexicano originario de San Luis Potosí (1956), vive en Monterrey, Nuevo León, donde se desempeña como docente en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Ha publicado más de veinte libros, los más recientes: Espejos giratorios (Nautilius, Zaragoza, España, 2025); El silencio y el sonido de las cosas (Festival Internacional de Poesía, Shanghái, 2023); Un pálido reflejo en la ecuación del agua (UANL, México, 2023); Últimos acontecimientos en torno a la alegría (Ediciones de la Línea Imaginaria, Quito, Ecuador, 2023); En el hotel de la vida todos somos extranjeros (Laberinto, México, 2021); Poemas para formar un río (Monte Ávila, Caracas, 2016); Vigilias (Ril Editores, Santiago de Chile, 2013). Premios: En 2014, con Las edades felices (Hiperión/ UANL, 2013), obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada (INBA/Gobierno de Tabasco). En 2019, con Teoría de la belleza (Instituto Sinaloense de Cultura, 2018) ganó el Premio Hispanoamericano Festival de la Lira (Cuenca, Ecuador). Con Nadie, salvo el mundo ganó el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2020 (Moguer, España). Ensayo sobre la belleza y el desorden de las cosas obtuvo el Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador 2021 (Salamanca); ese mismo año recibe el Premio Internacional de Poesía Golden Magnolia (Festival de Poesía de Shanghái), siendo hasta ahora el único escritor de habla hispana que ha recibido esta distinción. En 2022 se hizo acreedor al Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura (Mazatán, Sinaloa) con Un pálido reflejo en la ecuación del agua (UANL, 2023). Su obra poética ha sido traducida parcialmente a más de 30 idiomas. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

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