
Por Isaías Peña Gutiérrez*
Ilustraciones de Sara Serna Loaiza**
Una de mis grandes obsesiones es la libertad de la literatura latinoamericana. No importa que las historias no la hayan registrado. Por eso, en Cronopio, aprovechando el honor de su invitación para publicar en sus páginas, incluiré los primeros textos de cada uno de los 21 capítulos que integran la reciente edición de mi libro Historia de la literatura latinoamericana (Bogotá, Ediciones El Huaco, 2025, 627 pp.), que cubre los años 1492 a 1980. Y reitero, gracias Cronopio por permitirme esta libertad.
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CAPÍTULO I
LITERATURAS ABORÍGENES
- SÍ EXISTÍAN
Las historias literarias de América Latina no suelen incluir la literatura aborigen (tampoco las nacionales), salvadas algunas excepciones de los últimos años. Las razones podrían ser varias: el difícil acceso a las fuentes prehispánicas, la inexistencia de una tradición proindígena o la indiferencia hacia su cultura, la creencia según la cual no existió una literatura aborigen, las limitaciones temporales o conceptuales de la expresión «América Latina», que sólo abarcaría lo mestizo, y otras más. Sin embargo, hoy es incuestionable la existencia de la literatura aborigen. El arte ha sido connatural al hombre, y sólo una visión ideologizada y tendenciosa de la historia podría negar su cultura literaria en un determinado momento. Si bien es cierto que nuestros aborígenes, los habitantes del Nuevo Continente al arribo de Cristóbal Colón y sus marineros en 1492, no manejaban alfabetos fonéticos, sí habían desarrollado otras formas de comunicación gráfica, como había sucedido entre los pueblos sabios del Asia Menor antes de nuestra era. Esta escritura —que se estampó sobre papeles especiales procedentes de la corteza del amate, en el caso del México antiguo, por ejemplo— [1], o sistema de representación visual, utilizó caracteres o glifos pictográficos, ideográficos y, parcialmente, fonéticos.
Entre los mayas y aztecas fueron comunes los libros llamados después «códices», y a ellos se refiere el cronista Mayor de Felipe II, don Antonio de Herrera, en su libro Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra-Firme de el Mar Océano, de esta manera:
En Yucatán, i en Honduras, havia vnos Libros de Hojas, enquadernados, en que tenian los Indios la distribución de sus tiempos, i conocimiento de las Plantas, i Animales, i otras cosas naturales [2].
A más de su escritura pictográfica e ideográfica, nuestros antepasados americanos utilizaron la tradición oral para perpetuar su cultura artística y científica. El mismo Antonio de Herrera lo testimonia en su libro, así:
…vsaban aprender de coro, Arengas, Parlamentos, i Cantares. Tenían gran curiosidad, en que los Muchachos los tomasen de memoria, i para esto tenían Escuelas, adonde los Ancianos enseñaban a los Mozos estas cosas, que por tradición, se han siempre conservado mui enteras [3].
- ANTES Y DESPUÉS DE 1492
El estudio de la literatura aborigen, entendiendo por ella el conjunto de expresiones literarias aborígenes del continente, como cuando decimos literatura hispanoamericana o latinoamericana para referirnos a las nacionales del continente hispanohablante, se realiza, en la actualidad, con base en los documentos manuscritos indígenas inmediatamente posteriores a 1492 o recogidos de tradiciones orales suyas hasta nuestra época. La autenticidad de estos documentos debe ser premisa sine qua non para poder hablar de literatura aborigen. Los textos apócrifos o las traducciones contaminadas deben rechazarse para beneficio de una literatura que padeció las crueldades del exterminador de «ídolos». Los códices prehispánicos o estelas grabadas que lograron salvarse del incendio de los templos y escuelas, todavía, permanecen mudos.
Pero, junto a los hombres de la espada, del perro y del caballo —los popolocas, como llamaron los aztecas a los españoles para decirles bárbaros—, vinieron aquellos que, como los nuestros, manejaban la escritura y el arte. Y algunos de ellos entendieron, desde un principio, que la nuestra era una cultura universal, de la cual debía quedar una herencia para la humanidad. Gracias a ellos se conservan los 40 o más códices aztecas citados por Ángel María Garibay K., entre los cuales se encuentran los Textos de los informantes indígenas de Sahagún (Códices Matritense y Florentino), la Colección de cantares mexicanos, los Anales de Cuautitlán, la Historia Tolteca Chichimeca, etc., que se encuentran en las bibliotecas de México, Europa o Estados Unidos.

Algunos consideran estos códices como precolombinos, a pesar de ser su escritura posterior a 1492, por cuanto, recogen cantos e historias anteriores a esa fecha, y fueron estampados en los glifos originales de los propios artistas nahuas o mayas. También, debe advertirse que, en otras ocasiones, hubo versiones escritas por indígenas en sus idiomas naturales con alfabeto latino o por españoles, tanto en el idioma nativo como en el castellano o latín, utilizando el alfabeto latino. Es decir, la literatura aborigen proviene de antes y después del desembarco de los popolocas en las Indias Occidentales.
NOTAS:
[1] Cfr. Miguel León-Portilla, Visión de los vencidos, La Habana, Casa de las Américas, 1972, pág. 253. También, en Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Barcelona, Círculo de Lectores, 1971, pág. 907: «… tenían cada indio e india dos altares (…), y en ellos muchas arquillas de madera, y otros que llaman petacas, llenos de ídolos (…), y de librillos de un papel de cortezas de árbol, que llaman amatl, y en ellos hechos sus señales del tiempo y de cosas pasadas».
[2] Visión de los vencidos, Ob. cit, pág. XVII.
[3] Ibídem, pág. XVIII.

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*Isaías Peña Gutiérrez es un escritor colombiano con una amplia y sostenida trayectoria en los campos del derecho, la literatura, el periodismo cultural y la formación universitaria. Nacido en Saladoblanco (Huila) en 1943, es doctor en Derecho, Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Externado de Colombia y periodista profesional titulado. Su formación se complementa con estudios en literatura hispanoamericana, lenguas extranjeras y diversas áreas artísticas y culturales.
Desde 1969 ha ejercido la docencia universitaria como catedrático en numerosas instituciones de educación superior del país, donde ha orientado asignaturas relacionadas con literatura colombiana y latinoamericana, creación literaria, investigación, historia del arte y producción textual. Ha sido jurado en prestigiosos concursos literarios, culturales y artísticos a nivel nacional e internacional, convocados por entidades académicas, culturales y gubernamentales.
Su labor como columnista y crítico cultural se ha desarrollado en importantes medios impresos de Colombia y del exterior, así como en revistas especializadas en estudios literarios. Ha ocupado cargos de dirección y coordinación cultural y editorial, y ha sido impulsor de proyectos clave para la difusión y enseñanza de la literatura, entre ellos la fundación y consolidación del Taller de Escritores de la Universidad Central, que dio origen a programas de pregrado y posgrado en creación literaria.
Es autor de una extensa obra publicada que incluye ensayos críticos, manuales, estudios históricos y libros de creación, varios de ellos considerados textos de referencia en el ámbito académico y formativo. Ha recibido premios y reconocimientos por su labor periodística y literaria, y ha participado como conferencista en eventos internacionales. Su trayectoria lo posiciona como una figura central en el desarrollo de la crítica, la historiografía literaria y la formación de escritores en Colombia.
**Sara Serna Loaiza es estudiante de arquitectura en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, ilustradora y diseñadora gráfica por afición. Como lectora, se inclina hacia el realismo mágico latinoamericano, la fantasía heroica y la novela psicológica rusa. Como creativa, tiene por hábito buscar patrones, composiciones y referencias en la realidad tanto como en la ficción. En ilustraciones ajenas y fotografías tan casuales como maestras publicadas en redes. En las pequeñas exposiciones y galerías que el transeúnte, si es curioso y observador, puede encontrarse al recorrer las calles de su ciudad, y en esas escenas coincidentes, accidentales, y perfectas, en las que la cotidianidad encuentra el ángulo, la iluminación, el balance correcto de composición, que encuadrados por el ojo fisgón adecuado, capturan un cuadro cinematográfico espontáneo bastante impresionante.
Es la administradora del perfil de Instagram de la revista ( @revista.cronopio ) y también aporta sus ilustraciones para algunos artículos de la misma.
