NO TODO EL CINE VIEJO ES CINE CLÁSICO…

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no todo el cine viejo es cine clasico

Por Oswaldo Osorio*

…y mucho menos un clásico del cine. Con esta premisa, que siempre he tenido clara a la hora de definir y catalogar al cine, en una conferencia sobre los cien años de Bajo el cielo antiqueño hice una afirmación, la cual era solo procedimental y sin ánimo de causar polémica alguna: que esta película, así como todo nuestro cine silente y los primeros títulos del sonoro, no son nuestro cine clásico, que este, en Colombia, empezó en los años sesenta, con los filmes de Julio Luzardo y José María Arzuaga. «¿Entonces qué es Bajo el cielo antioqueño?», me pregunta una voz entre el público, y ahí así, con ánimo provocador, contesté: «Es una película vieja».

Era el XXII Encuentro Nacional de Archivos Audiovisuales (2025) y mis palabras fueron tomadas por una blasfemia digna de anatema; más aún allí, en ese templo de adoradores y activistas del pretérito cine colombiano (del que también hago parte, claro), donde fue recibida como un desmerecimiento aquella objetiva clasificación para con ese cine sobre el que unos nos dedicamos a estudiar y analizar; y otros, a recuperar y preservar. Por eso, este texto pretende establecer las diferencias entre cine clásico, clasicismo cinematográfico y clásicos del cine.

Para empezar con el cine clásico, necesariamente hay que referenciar El cine clásico de Hollywood, ese completo tratado que sobre el tema hicieron Bordwell, Staiger y Thompson, para el cual tuvieron en cuenta las quince mil películas realizadas entre 1915 y 1960, pero de las que «solo» analizaron una muestra de trescientas. El periodo está definido entre el momento en que se consolidó el estilo clásico de Hollywood (determinado por El nacimiento de una nación, de Griffith) y cuando comenzó a ser erosionado y trasgredido por otras formas, empezando por la influencia de las nuevas olas y por las sistemáticas incursiones al cine moderno.

Ese estilo clásico se refiere a una serie de convenciones narrativas, visuales y sonoras a las que se acogieron la mayoría de las películas, y por lo que Truffaut decía que los directores de Hollywood eran esclavos, pues estaban casi obligados a implementar el relato aristotélico, el montaje invisible y una narrativa legible, explicativa y con finales cerrados. Por eso, lo de cine clásico, aunque hace alusión a un periodo, es la forma genérica de referirse a ese estilo que imperó durante aquel lapso (y que aún el cine de entretenimiento y de la corriente principal practican), un estilo que es conocido en el contexto académico como Modo de Representación Institucional (MRI) o también como clasicismo cinematográfico. Pertenecen a este tipo películas como La quimera del oro, Casablanca, Es una vida maravillosa y Cantando bajo la lluvia.

Ahora, un clásico del cine puede pertenecer a esa periodización y a ese estilo, pero también puede estar por fuera de ellos. La definición del diccionario de «clásico», ya sea en el cine o cualquier otro arte, es que se trata de un autor o de una obra que se tiene por modelo digno de imitación, esto por su excelencia y sus virtudes artísticas y/o conceptuales. Se puede agregar que un clásico casi siempre es atemporal y universal, es decir, que su valor estético y de contenido no pierde su vigencia, y que puede ser leído de más o menos la misma forma por cualquier sociedad o cultura. También un clásico suele ser refrendado constantemente por la institucionalidad del cine, representada por el trabajo de críticos, historiadores y académicos. Por todo esto es que películas como El acorazado de Potemkin, El ciudadano Kane, El ladrón de bicicletas y Los 400 golpes son clásicos del cine, aunque no pertenecen al clasicismo cinematográfico.

Alguien decía que hablar de la historia del cine mundial es hablar de la historia de Hollywood, una afirmación que no se puede tomar literalmente, pero que cobra sentido al tener en cuenta la gran influencia de esa cinematografía sobre las demás, así como la hegemonía de esa narrativa que la representa, que es el clasicismo cinematográfico. Por eso, cuando se habla de la historia del cine latinoamericano en relación con estas categorías, no es de ninguna manera exacto decir que su periodo clásico coincide con el de Hollywood o con el del cine europeo. De hecho, una película como Bajo el cielo antioqueño resuena más con el cine primitivo previo al clasicismo, ese cine que todavía parecía más teatro filmado y que aún no se había desarrollado como lenguaje autónomo. En otras palabras, esta y las demás películas del silente colombiano están más cerca de El gran robo a un tren (Porter, 1903) que de Avaricia (Stroheim, 1924). Por eso el cine clásico en los países latinoamericanos empieza en distintos momentos.

De manera que decir que Bajo el cielo antioqueño y sus coetáneas no es nuestro cine clásico y mucho menos que son nuestros clásicos, no es negar su importancia dentro de nuestra cinematografía, es aplicarle unas categorías fundamentadas desde el contexto histórico y la teoría del cine. Así que no es solo cine viejo, claro, pues el significado de estas películas reposa en su valor como memoria del pasado de nuestro país y de nuestro cine, así como en su pertinencia como documentos que hablan de su tiempo y de la sociedad que los produjo.

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*Oswaldo Osorio es comunicador social-periodista, historiador, magíster en historia del arte y doctor en artes. Investigador y profesor de la Universidad de Antioquia. Durante quince años fue coordinador de programación del Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia y del Festival de Cine Colombiano de Medellín. Es director de Vartex: Muestra de video y experimental, programador del Festival de Cine de Jardín, curador del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias -FICCI-, director de la Escuela de Crítica de Cine de Medellín y editor de la revista de cine colombiano Canaguaro. Es crítico de cine del periódico El Colombiano, de la Revista Kinetoscopio y fundador del portal www.cinefagos.net. Autor de los libros Comunicación, cine colombiano y ciudad (2005), Cine en viñetas (2010), Realidad y cine colombiano 1990 – 2009 (2010), Por el lente de un cinéfago: Antología de cine colombiano (2016), Las muertes del cine colombiano (2018), Salas de cine y cineclubes de Medellín 1956 – 2020 (2020).

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