
Una luz que busca a los ausentes
Por Emilio Alberto Restrepo* y Maritza Franco Alzate**
Natalia Botero Duque, nacida en Medellín en 1970, ha construido una de las obras más poderosas, éticas y sensibles de la fotografía colombiana contemporánea. Fotoperiodista, investigadora y docente universitaria, su mirada ha estado siempre del lado de los que han sido silenciados: las víctimas del conflicto armado, los desaparecidos y sus familias. Desde que tomó una cámara por primera vez, con apenas veinte años, Natalia supo que su labor no sería la de ilustrar el horror para los titulares, sino la de escarbar en la memoria para devolver dignidad a quienes la historia ha querido borrar.
Graduada en periodismo por la Universidad de Antioquia y con formación en estudios socioespaciales y curaduría, su obra conjuga sensibilidad estética y compromiso político. Natalia empezó su carrera en medios como El Colombiano y Revista Semana, pero pronto entendió que los grandes focos estaban dirigidos a los victimarios: a las botas, a los uniformes, a las armas. En un giro de coherencia y valentía, decidió no volver a fotografiar actores armados. Desde entonces, su lente se ha enfocado en el dolor de los otros, pero sobre todo en su humanidad, en su resistencia, en su capacidad de reconstruirse desde la ausencia.
Su obra no reproduce el espectáculo de la violencia, sino que lo cuestiona. Proyectos como Te recuerdo, te presiento o Giro en la mirada son ejemplos de cómo la imagen se convierte en herramienta de narración, reparación y exigencia de justicia. En ellos no sólo documenta el hecho violento, sino que lo transfigura en una historia contada de la mano de las familias, involucrando archivos, testimonios, objetos y afectos.
La desaparición forzada ha sido el eje central de su trabajo en los últimos años. Natalia insiste en que este crimen, más que un evento puntual, es una herida abierta que destroza el tejido familiar y social. A través de su fotografía ha querido devolverle rostro a quienes el Estado y los armados convirtieron en cifras, y ha acompañado el duelo de madres, hermanas, hijos e hijas que siguen esperando una respuesta, un cuerpo, un nombre.
Además de su producción fotográfica, su labor como formadora y curadora ha sido clave: fundó el semillero Focus, ha dictado talleres en zonas afectadas por el conflicto, y ha contribuido a exposiciones como Conflicto y Paz de la Comisión de la Verdad. Su archivo forma parte de colecciones del Museo Casa de la Memoria y del Museo de Antioquia, donde no solo se observa el conflicto: se comprende, se interpela, se humaniza.
Natalia Botero no sólo fotografía: escucha, acompaña y transforma. En un país que ha vivido décadas de guerra, su cámara se ha convertido en un testimonio fiel, un espejo incómodo y una herramienta de sanación. Su obra es prueba de que, en medio de la barbarie, aún es posible mirar con compasión y contar lo que otros callaron.
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Su obra deja una profunda huella de carácter estético y emocional, pues plantea sin rodeos un aspecto de la violencia que va mas allá del hecho simple de presentar el cuerpo de la víctima o del desplazado. Detrás de cada fotografía hay una reflexión, una amarga verdad, una denuncia, un grito silenciado, nunca exenta de poesía.
En un ejercicio interartístico que trata de experimentar con el análisis, la interpretación, la écfrasis [1] o la imagen como disparador de conceptos académicos, los autores trataron de ponerle voz a la evocación que algunas de sus fotografías provocaban, poniendo énfasis en los aspectos creativos que tuvieran que ver con la estética, con un enfoque de pensamiento automático, pero condensado en la síntesis de lo que se quería expresar. Unas imágenes como estas no necesitan muchos conceptos ni palabrería.
Este «Decálogo desde una estética contemporánea» plantea la posibilidad de buscar belleza donde aparentemente no la hay, detonar creación donde prepondera la muerte, abrir caminos donde en apariencia los caminos se cierran. A eso le apostamos en la Revista Cronopio al apoyar este ejercicio intertextual, sin dudas original y cuestionador. Trata de involucrar una ética de trabajo creativo y motivacional para las artes y las letras y sigue los preceptos del decálogo literario como genero pedagógico y de concreción conceptual.
Según Nietzsche citado por Eagleton (2011), la historia es sólo la mórbida moralización que permite a la humanidad aprender a avergonzarse de sus propios instintos” (p, 307). Así, para la elaboración de este decálogo, tomamos como referencia algunas fotografías de la fotoperiodista
Natalia Botero (Medellín, 1970); una artista que con su lente escribe historias de dolor y olvido en la realidad colombiana.
Al realizar la selección de las imágenes, los conceptos tratados por Nietzsche se encuentran inmersos en instantes que la cámara congela. La percepción de la verdad, la moral, la voluntad de poder, entre otros, quedan suspendidos en el punto de intersección que encuentran conlas fotografías. Es en ese espacio donde los sentidos crean la estética navegando en los símbolos del cuerpo, que tal como lo dice el autor lo desmenuza y asigna significados.
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- Persigue la verdad con la ferocidad de un perro cazador, aunque sea un falso oasis en el desierto de la existencia.
- Piensa con la libertad de un loco, pero no te sorprendas si al final descubres que tus pensamientos son solo una comedia absurda en la mente de un dios distraído.
- Busca el conocimiento como un náufrago que mira la orilla.
- No te engañes pensando que la lógica te conducirá a la verdad, cuando en realidad solo te puede conducir a callejones sin salida.
- Sigue tus principios con la firmeza de un santo y usa esa fachada que puede ocultar tus verdades, esas que en el espejo reflejan a un inquisidor de la ética ajena.
- Sé creativo sin perderte en la fantasía, ni creer tus propias invenciones; la realidad es solo una versión mal escrita de una buena novela.
- Ejerce tu voluntad de poder con determinación, pero no te engañes pensando que el poder tehará libre, cuando en realidad te puede convertir en un esclavo de tu misma ceguera.
- Busca la belleza en todas partes, pero recuerda que es solo una máscara de hierro caliente que oculta la fealdad del mundo y cuanto más te acerques a ella, más te puede quemar.
- Mira tu cuerpo como un templo sagrado, como una cárcel temporal para el alma, condenado a esconderse en las ruinas de un destino marcado.
- Abre tu corazón a la sensibilidad del mundo, pero no te engañes pensando que te hará más humano.
NOTA
Bibliografía:
Botero, N. (s.f.). nataliaboterophotographer. Obtenido de
https://www.instagram.com/nataliaboterophotographer/
Eagleton, T. (2011). La estética como ideología. Madrid: Editorial Trotta.
Mas decálogos de creación del coautor en la Revista:
https://revistacronopio.com/talleriando-ando-decaloguemos-emilio-alberto-restrepo/
https://revistacronopio.com/decalogo-arbitrario-para-aspirantes-a-escritores-emilio-alberto-restrepo/
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*Emilio Alberto Restrepo. Médico, especialista en Ginecoobstetricia y en Laparoscopia ginecológica (UPB, UdeA, CES, respectivamente). Profesor, conferencista de su especialidad. Autor de cerca de veinte artículos médicos. Ha sido colaborador de los periódicos La Hoja, Cambio, El Mundo, Momento Médico, Universocentro, Revista Cronopio, Laterales Magazine y Ficción la Revista. Ha publicado novelas, colecciones de cuentos, libros de pedagogía y ensayo literario. Ganador y finalista en concursos de poesía, cuanto y novela. Autor de cerca de 25 libros. En su producción se destacan novelas de asuntos médicos y hospitalarios, novelas y cuentos de género negro y temática urbana, libros infantiles, pedagógicos y de ensayo literario. Con la Editorial UPB ha publicado, desde 2015, seis novelas de su personaje, el detective Joaquín Tornado. Su últimos libros, la colección de cuentos «Un hombre solo y mal acompañado» y la novela «Medicina bajo sospecha», con editorial CES.
Entrevistas literarias:
Revista Cronopio Entrevistas: Emilio Alberto Restrepo
Entrevista en Teleantioquia con Luis Fernando Macías
Entrevista con Marco Tulio Aguilera Garramuño
**Maritza Franco Alzate nació en Yarumal (Antioquia) y desde niña ha vivido en Medellín. Ingeniera de Producción de la Universidad Eafit. Realizó estudios de Artes Plásticas en el Instituto de Bellas Artes de Medellín. Se especializó en el área de mercadeo y hoy es directora de su agencia de seguros. En 2001 ingresó al Taller de Escritores de Asmedas dirigido por el Maestro Mario Escobar Velásquez, con quien escribió una novela (inédita) y varios cuentos. Después de la muerte del maestro Escobar, continuó su participación en el Taller de Escritores de Asmedas con el Maestro Luis Fernando Macías, con quien pudo consolidar su estilo en poesía, cuento y novela.
Desde 2017 hasta 2020 recibió clases particulares de redacción y corrección de estilo con la profesora, Magíster en Hermenéutica Literaria, Dally Ortiz. Hizo parte del Taller de Escritura de Cuentos dirigido por el guionista y escritor Chileno Nicolás Cruz Valdivieso. Hoy continúa su proceso de creación literaria bajo la tutoría del Maestro Luis Fernando Macías Zuluaga, en el Taller de Escritores de Comedal y hace parte del Taller de Escritura Literaria «Viajeros», dirigido por el escritor colombiano Pablo Montoya Campuzano. En 2022 participó en el Concurso Nacional de Cuento de la Cooperativa de Empleados de Suramericana y Filiales, Coompensura, ocupando el primer lugar con su cuento: Negro Sabe, el cual fue publicado con otros de sus cuentos en la Antología de la Editorial Libros Para Pensar : Eso es puro cuento Vol 2. Hoy debuta como novelista en la Editorial CES con su novela: El Lugar de las Sombras. Actualmente está trabajando en la segunda novela, en una colección de cuentos y en su poemario.
Blog: maritzafrancoescritora.blogspot.com
