CONTE BIANCAMANO
Por Ezequiel Martínez*
No existe mayor misterio que el que obedece a las rarezas del destino. De otro modo, cómo explicar que entre las docenas de barcos que iban y venían desde el puerto de Buenos Aires en las primeras décadas del siglo pasado, hubiese un transatlántico que se empecinara en atar con sus amarras un capítulo desordenado en las historias de Eva Duarte de Perón, Carlos Gardel, Federico García Lorca o Arturo Toscanini, embarcándolos a todos ellos en la cubierta amarga de la fatalidad. O que ese mismo buque sucumbiera a su destino de muerte sin naufragios al convertirse en transporte de tropas y refugiados durante la Segunda Guerra Mundial para luego fletar a decenas de genocidas nazis que la organización Odessa se encargó de escupir sobre las costas argentinas.













































