
Por Diana Carolina Suárez*
En esta edición de Revista Cronopio, Liliana Hurtado** en su columna Esfinges y Cronopios presenta una muestra del trabajo de la dramaturga caldense Diana Carolina Suárez.
* * *
(Un domo cristalino con mobiliario futurista: máquinas extrañas, monitores luminosos y sonidos digitales. llega Berenice, una mujer de unos 35 años, usa una especie de hábito con toca en la cabeza, lleva en su ropa un escudo, mismo que adorna la maquinaria futurista y la estancia. Busca algo con desesperación hasta que por fin encuentra un lazo de nano fibra de grafeno que pone con cuidado en una silla).
Berenice: (hablando a el lazo de nano fibra de grafeno) tenga buen día señorito regente, bienvenido, que sorpresa, no lo esperaba tan temprano, tan adelantado como siempre. No, no, no puedo decirle adelantado, va a sospechar que le escondo algo. Buen día señorito regente lo estaba esperando, usted siempre tan puntual; ha tenido un largo y agotador viaje me imagino, deme un momento preparo el descompresor sanguíneo para relajar sus delicados pies. Pero qué torpeza la mía, debí haberlo tenido preparado antes de su llegada. ¿Qué dice? ¿Está muy cansado? Sí, claro ¿Cansado de qué, mocoso inútil? ¡¿De que lo alimenten, lo carguen, lo vistan, se lo chupen?¡ (se observa sobresaltada y trata de calmarse) Calma, Berenice, no te sobreactúes, esto no me puede pasar cuando el mocoso ese esté aquí. (Agarra el lazo de nanofibra con desprecio y la tira por el piso) ¿Qué me dice? ¿Que quiere una bebida caliente? Por supuesto, cómo no le voy a dar la última cápsula de agua que queda en este domo… ¿Qué dice?, ¿le parece muy fría? La caliento un poco más, un poco más. ¿Qué tanto más caliente la quiere?, ¿qué tal muchísimo más?, ¿qué tal como para crio pasteurizar aves…? (Agarra el lazo y lo amarra a la silla como si amarrara una persona).
¿Le gusta el pollo crio pasteurizado, señorito regente? A nuestra creatura le encantaba… ¿Que no le llame creatura? Pero si le digo así es por cariño, yo sé que tiene un lindo nombre, podría llamarlo por su nombre pero también podría llamarlo… ¡La bestezuela inmunda¡ (ríe a carcajadas) No sabe, señorito, cómo he estudiado ese nombre. He observado cuidadosamente cada una de sus acciones buscando la palabra precisa para nombrar tal aberración —bestezuela inmunda— (ríe nuevamente a carcajadas).
Usted no sabe lo que exigía diariamente para su comida, no le bastaban las inyecciones de la solución nutritiva como a todos. No. Él quería satisfacer sus deseos más primitivos; y exigía aves crio pasteurizadas. La cofradía de señoritos regentes decidió que cumplir los caprichos de la bestezuela era importante para el experimento y envió la secuencia de ADN de las aves para que Ana y yo las criáramos, las limpiáramos, las sacrificáramos, las desplumáramos, las despicáramos y las preparáramos. Periódicamente requería dos aves perfectamente desangradas, deshuesadas, despresadas, desbaratadas, destrozadas, despellejadas, desleídas, desmañadas, desvencijadas, en ese punto exacto que a la bestezuela le gustaba. Que le gusta, quiero decir, le gusta, porque todavía está vivo. Quiero decir, no es que dude que esté vivo pero que esté muerto también es una posibilidad, quiero decir, para morirse solo hay que estar vivo. (Se tapa la boca con urgencia) Calla, Berenice, por la boca muere el pez. (Mientras desata el nano lazo y lo estruja con sus manos). Además al señorito regente poco le debe importar los gustos culinarios de la bestezuela, ¿o sí?
El caso es que si el pollo no estaba en el punto exacto de temperatura, de absorbencia, de crocancia, de turgencia que la bestia quería, enloquecía de indignación y de dolor, el dolor más grande del mundo. Tan grande como su cabeza.
¿Que si yo pienso que la bestezuela debería morir? (Tira el lazo sobre la silla) Bueno, no sé, no me había preguntado eso, señorito, pero ya que usted ha tenido la idea… jajaja un alma tan sensible como aquella bien podría suicidarse, a lo mejor… Podría ahorcarse con este mismo lazo de nano fibra de grafeno. (Lo tira sobre la silla) O tal vez un golpe en la cabeza; su enorme cabeza es tan sobredimensionada que lo hace trastabillar de un lado para otro, (risita burlona) si no fuera ese exoesqueleto metálico que lo cubre y lo sostiene como si fuera un insecto ya se habría destrozado el cráneo… aunque cierto es que debe ser muy difícil destrozar ese enorme cráneo. Más de una vez he reído a escondidas cuando desactivo la fuente de energía de su exoesqueleto sin que él se dé cuenta. Trata de moverse y no es más que un renacuajo escuálido con una cabeza enorme tratando de sostenerse sobre su flácida médula. A veces alcanza a levantarse y a dar unos pocos pasos solo para golpear contra las paredes su cabeza desprotegida; es el peso de su inteligencia… jajaja (se tapa la boca rápidamente). Ah, pero no puedo burlarme de la bestia, no frente a señorito… (hablando al lazo de nano fibra) ¿Y qué pasaba entonces? Pues que si se daba cuenta que su exoesqueleto había sido inhabilitado, se ponía como un loco, frenético, energúmeno, neurasténico, psicótico; habría destrozado todo a su paso, pero no podía… jajaja, el peso de su cabezota se lo impedía. Jajaja… ¿Y después? Lo sedaba y después otra inyeccioncilla…y al despertar… ya no recordaba nada el muy inteligente jajaja… Me encanta reírme, me encanta morirme de risa y ni la bestia ni el señorito petulante ni Ana están aquí para impedírmelo… Ana, la pobre Ana. Es una lástima que todo haya tenido que terminar así, realmente la amaba como a una hermana, o como una madre, éramos dos cadáveres en la misma tumba. Una tumba abandonada en una luna estéril con una atmósfera irrespirable.
(Ruge el viento, suena una tormenta de arena. Berenice corre a cerrar la turbina del despresurizador atmosférico con gran dificultad).
Lo que faltaba. Una tormenta de polvo. Ahora el despresurizador atmosférico va a bloquearse y todo va a volverse más pesado (dice mientras mueve el despresurizador atmosférico con dificultad hasta el punto de deslizarse hacia el piso y arrastrarse). Los señoritos regentes nunca han tenido que estar en medio de las tormentas de arena ni han tenido que cerrar la turbina del despresurizador atmosférico. Qué les puede importar a ellos, si hay remolinos de arena amarilla que se meten y bloquean haciendo que todo se ponga más pesado. Arena amarilla en los dientes, arena amarilla en los ojos, arena amarilla en el pelo. Es una razón de sobra para llorar… (llora) O no, realmente no es una razón para llorar; solo alguien débil como la pobre Ana lloraría por esas cosas. Ella lloraba cuando la bestezuela sufría por su dolor en la médula, antes que creciera suficiente para ponerle el exoesqueleto. Ella lloraba a pesar de que él siempre la humilló, aun desde que era un niño pequeño, a ella eso no le importaba. Siempre le tuvo compasión… qué tonta. Yo no. Yo soy diferente, por eso saldré de aquí, aprovecharé el poder de la bestezuela para salir de este desierto. Ya verán cómo me elevaré por encima de las dunas amarillas dejando atrás todos los años perdidos, entregados a la corporación de regidores. Migraré hacia el espacio vacío cabalgando la creatura inmunda con la única esperanza de que haya algo distinto.
(Acomoda nuevamente la cuerda sobre la silla y habla dirigiéndose a ella).
Le confesaré algo, señorito; la verdad, no pude matar a la bestezuela. En las noches lo miraba dormir y me llenaba de ternura su fragilidad, se sabía tan importante que cualquier infortunio cotidiano le resultaba doloroso, la pobre bestezuela, inocente de su propia existencia. Recuerdo mucho su mirada cuando llegó siendo bebé recién salido del vientre de Ana… En mis años al servicio de la cofradía he cuidado de muchos bebés y puedo decir que este bebé tenía algo especial; dormía 20% más que el promedio. Y cuando despertaba, era como si se tragara las cosas con los ojos… No pude matarlo, señorito. Yo no soy una mala persona. Sin embargo, a veces imagino la muerte de la bestezuela y siento cosquillitas en el estómago. Qué felicidad, así debe sentirse estar enamorado, jajaja, estoy enamorada del monstruo muerto, jajaja, jajaja… No, no, no, no puedo decir esas cosas, sería mi final. No puedo.

Mejor cuénteme, señorito, ¿cómo ha estado?, ¿qué tal el clima? Escuché que diseñaron una nueva fibra de neutrones con sensores que imitan a la perfección el tacto humano, es una tecnología muy propia para ustedes los de anatomía combinada, para sus apéndices o exoesqueletos, me imagino. ¿Viene del estado central? Pobrecillo. Qué difícil debió ser llegar hasta acá y solamente para vigilarnos. No, no, así no… Qué difícil debió ser para usted venir hasta acá, con tantos compromisos que atender y todo por cumplir bien con su trabajo, (habla solemnemente) un trabajo que, dicho sea de paso, es fundamental para nosotras y para la supervivencia y el desarrollo de esta esplendorosa civilización que estamos construyendo a partir de los despojos de una civilización pasada. Valientes hombres que atravesaron el espacio sidéreo, llevando consigo a sus mujeres para poder engendrar individuos varones in vivo, creaturas diseñadas con herramientas genéticas para garantizar la perfección y autoperpetuación de la especie humana, o mejor dicho la nueva especie humana: los neo sapiens.
(Suena un himno de fondo, Berenice llora y se seca las lágrimas. Se felicita con euforia).
Sí, sí, algo así, que se convenza de que apoyo la causa corporativa. ¡Qué buena actriz soy! Tengo que ir con cautela y algún día no muy lejano, cuando logre dominar a la bestezuela por completo, la corporación de los señoritos regidores sabrán de mí. Por el momento sólo me queda llorar por el incidente de la pobre Ana. (Se incorpora y continúa hablando para la cuerda).
Cuál es su color favorito, señorito. ¿Qué me decía, señorito? ¿Cuándo fue su última transfusión de cromosomas? Se le ve tan saludable, tan juvenil, seguramente fue usted incubado in vivo, no in vitro como se hacía al principio de todo. ¿Se ha practicado usted el transplante de mitocondrias? Lo digo porque se le ve más joven cada vez que viene. Los hombres incubados in vivo son más saludables, ya sabe usted, porque la madre incubadora transfiere defensas al vástago y funciones celulares especiales, aunque después del décimo parto el cuerpo de la madre incubadora empieza a perder potencia y los vástagos pueden salir un poco defectuosos… (Se queda pensando) Me pregunto qué error pudo haber ocurrido con la bestezuela si para Ana era solamente el tercer parto (se tapa la boca abruptamente) No puedo llamarlo más bestezuela, el señorito mocoso puede sospechar, tengo que llamarlo por su nombre, su nombre, su nombre. ¡Ah!, olvidé su nombre.
(Agarra el lazo y lo cuelga del techo, sigue hablando dirigiéndose a él).
Señorito, ¿sabe hace cuánto no venía un hombre a esta casa? Bueno, está la bestezuela pero eso es otra cosa, me refiero a un hombre como usted, tan bello, tan lozano, tan firme y esbelto a pesar de su juventud; y su voz, tan clara y elegante, su parte orgánica combina perfectamente con su parte cibernética. Imagino cómo se verá usted sin su exoesqueleto (se saborea y ríe a carcajadas), jajaja. Se desmayaría el señorito de rubor si pudiera yo confesarle cómo concilio el sueño en las noches pensando en su imagen; aunque bien es sabido que en los gustos de los señoritos no entran las hembras. ¿Vergüenza? Por qué sentiría vergüenza, estamos en el año 2620. Me pregunto ¿por qué habiendo hombres como usted insisten en mantener viva una creatura enferma y deforme? ¿Y por qué tenemos que ser nosotras sus esclavas? ¿Por qué Ana nunca se defiende de la bestezuela?
(Suena el timbre estruendoso de anuncio de la llamada del señorito. Berenice cae en un ataque de ansiedad en forma de danza. Cuando enciende el dispositivo de comunicación del señorito, aparece su imagen y la encuentra agitada con la cuerda en la mano).
Señorito: Berenice, ¿qué le pasa? Compónganse, equilíbrese, compénsense, aprópiese, no es ese el estado para recibir a un emisario de la corporación.
Berenice: Señorito, no esperaba su llamada tan temprano.
Señorito: Debe usted estar preparada para atenderme en cualquier momento.
Berenice: Por supuesto, lo que ocurre es que… pensé que se teletransportaría usted en persona.
Señorito: Esa era la idea pero el generador de neutrinos se descompuso y sin él es imposible la teletransportación. De todas maneras, en esta fase del experimento el monitoreo al vástago EK45 puede hacerse de manera remota. Acabamos de enviar a su base de datos un puerto receptor que debe imprimir y conectar a la tarjeta operativa del exoesqueleto del vástago EK45.
Berenice: Disculpe que le pregunte, señorito. ¿Para qué sirve el puerto receptor?
Señorito: (con risa despreciativa) Como su nombre lo indica, para recibir nuestra señal fotónica y enviar de vuelta datos neurofisiológicos de EK45. Pero usted no entiende de esas cosas. No tiene educación.
Berenice: Tiene razón, señorito regente.
Señorito: En fin… ¿qué estaba haciendo?
Berenice: Estaba alistando la cabezota.
Señorito: ¿Qué?
Berenice: La horca
Señorito: ¿Qué?
Berenice:El cuerpo
Señorito: ¿¡Qué¡?
Berenice: El ave, el ave, el cuerpo del ave, para criopasteurizarla, tengo que ahorcarla, no podría criopasteurizarla viva, porque yo no hago esas cosas.
Señorito: Bien. ¿Dónde está la otra mujer, Ana?
Berenice: ¿Ana…? (con nerviosismo) Ana cometió un error, señorito. Yo se lo advertí, hace dos noches. Cuando registré los controles periódicos de EK45, entré a su domo y estaba despierto. Cuando intenté aplicarle la solución isotónica para sus neuronas, se resistió, que no la toleraba, decía, pero usted sabe, usted ha dicho, señorito, que es imprescindible aplicarle la solución isotónica, así que… así que le tuve que… le dije a Ana que iba a inhabilitar el exoesqueleto… Ana dijo: eso le lastima el canal neuro espinal, tengamos paciencia.
Señorito: ¿Inhabilitarle el exoesqueleto le lastima el canal neuro espinal?
Berenice: Pe, pe, pe, pero se puso muy violento, habría quebrado los equipos médicos poniendo en riesgo su propia vida. Además luego… Ana no quería. Ella no pensó, ella corrió, Berenice corrió, pero no pudimos. Ana no quería, la bestezuela la agarró o la empujó, Ana no sabía, Berenice gritaba, él gritaba, Ana gritaba, esa creatura gritaba y su voz como un trueno hacía resonar toda la estructura de este domo.
Señorito: Berenice, espabílese, espoléese, adviértase, domínese. ¿Qué es lo que quiere decir?
Berenice: ¡Quiero decir que la bestia agarró el rayo de hadrones del generador de energía y lo descargó sobre Ana convirtiéndola en una estatua de carbón.
Señorito: Él tiene nombre. ¡No lo llame de otra forma! ¡Conécteme con la tarjeta operativa del exoesqueleto!
(Berenice se apresura torpemente y realiza las conexiones pertinentes, la imagen del señorito desaparece con un sonido cibernético).
Berenice: (para sí misma) Dicen que los rayos de hadrones matan tan rápido que no se alcanza a sentir dolor. Me alegro por la pobre Ana. Mi intención no era que sufriera, yo no soy así, no soy una mala persona. Yo no quería matarla pero ella lo protegía, amaba esa inmunda cabeza sobredimensionada. Ella nunca se dio cuenta de que «eso» no era su hijo, sino el hijo de la corporación. Finalmente Ana también era una sirvienta de la corporación, llegué a apreciarla pero eventualmente iba a estorbarme… Cualquiera en mi caso hubiera hecho lo mismo. Yo no soy una mala persona.
(Aparece la imagen del Señorito con un sonido cibernético).
Señorito: Inspección conforme, en cuanto a lo de Ana…
Berenice: No se preocupe yo puedo encargarme sola. Siempre y cuando lo mantenga alejado del rayo de hadrones (ríe tímidamente).
Señorito: Espero por su bien que no vuelva a repetirse ese tipo de incidentes. Recuerde que el nombre del vástago es EK45, que no se le vuelva a olvidar, una ofensa contra cualquier miembro de la cofradía es una ofensa contra todos.
Berenice: Perdóneme, señorito regente, no volverá a ocurrir.
Señorito: El exoesqueleto solo debe desconectársele en casos extremos como una tormenta cósmica o una tormenta solar que pueda afectar el electromagnetismo, pero en ese caso nosotros le informaremos. (La observa con desprecio). Es usted francamente una persona desagradable.
Berenice: Otra cosa, señorito, EK45 ha aumentado la tolerancia a los sedantes para su canal neuro espinal, creo que será necesario aplicarle más.
Señorito: Está bien, le haremos llegar más dosis.
Berenice: Hasta su próxima llamada .
(Hace una venia y la imagen del señorito regente desaparece. Berenice toma la cuerda).
Berenice: Por fin quedamos solos, la pequeña bestezuela y yo. Sigue durmiendo dulcemente, bestia. Has de ser muy inteligente, tu enorme cabeza lo denota, serás lo suficientemente inteligente para comprender cuál es tu rol en nuestra pequeña cofradía. Tú eres un bien valioso, tu patrimonio genético es muy valorado en estos tiempos, tus excepcionales conexiones neuronales nos serán de gran utilidad. Toda la corporación de los señoritos regentes te aprecian; ellos creen que algún día tu enorme cabezota sobresaldrá por encima de todas las demás y los señoritos estarán orgullosos de su última innovación genética: una abominable cabeza. Veremos si llega ese día. Mientras tanto, solamente yo me encargaré de tu atención y cuidados. Te protegeré incluso de ti mismo y de este inhóspito desierto. Es por eso que ataré a tu cuello una linda cadenita de nano grafeno y no podrás desatarla porque tu frágil cuerpo solo tiene la fuerza suficiente para soportar tu cabeza. ¿Tu exoesqueleto? No, no lo podrás usar. No lo usaras más contra mí ni contra nadie. Solo quedarán tus gritos. Mira qué linda tormenta de arena. Apenas si logra verse el horizonte a lo lejos… El horizonte; la única ilusión de que haya algo distinto.
FIN
____________
*Diana Carolina Suárez. Nacida en el municipio de Chinchiná, Caldas, es profesional en ingeniería de alimentos. Cuenta con formación artística independiente en el campo de la danza, el teatro y la escritura dramática. Ha participado en diferentes procesos de creación y circulación con la compañía de danza Pasos juntos, el grupo de teatro Teatro inverso y la Compañía teatro gestual de Chile. Ha hecho parte durante mas de 10 años del taller permanente de dramaturgia adscrito a la red de escrituras creativas RELATA nodo Caldas. Ha participado con obras dramatúrgicas en diferentes publicaciones entre las que se cuentan: Rastros sin rostro, premio nacional de investigación teatral (2013); Los viajes de Tespis, Editorial universidad de caldas, obra: Un banco de niebla (2020); Antología Relata, obra: el jardín del manzano (2021); Jornadas Pantagruélicas, Editorial Ataraxia, obra: Alicia en el país de la avaricia (2025). Actualmente se desempeña como docente de ciencias naturales y cuenta con varias obras inéditas de carácter pedagógico y ambiental.
**Liliana Hurtado Sáenz. Magíster en Escrituras Creativas con énfasis en dramaturgia de la Universidad Nacional de Colombia, Especialista en Cultura y Sociedad en América de la Universidad del Valle, Maestra en Artes Escénicas de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Más de 35 años de experiencia como actriz, directora teatral y dramaturga. Docente Universitaria de teatro en la Universidad del Bosque, Distrital Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano, Manuela Beltrán, Incca. Radicada en Manizales hace 23 años. Actualmente pensionada como Profesora Titular de la Universidad de Caldas en el Departamento de Artes Escénicas. En la ciudad de Manizales fue Coordinadora del taller permanente de dramaturgia perteneciente a la Red RELATA desde el año 2009. Coordinadora de I, II, III y IV Residencias Artísticas en Dramaturgia convocadas por la Red Nacional de Dramaturgia y la Universidad de Caldas. Ganadora del Premio Mujer de Teatro 2013, otorgado por la Corporación Colombiana de Teatro, en el marco del Festival de Mujeres en Escena por la Paz. Premio Nacional de Investigación Teatral 2013, otorgado por el Ministerio de Cultura.

Excelente creación muchas felicidades Diana Carolina Suárez H.
Prefiero viajar a la antigua. Espero ir en la nave Artemis 328, que tenga aún la capsula Orion de la NASA, para viajar al espacio profundo y poder ver a Berenice libre en el año 2620, y si no lo está, poder ayudarla a salir de ese desierto. Felicitaciones a Diana Carolina Suárez Hincapié por su gran creación artística.