EL DISCURSO HOMOERÓTICO DESDE EL LUGAR SIN LÍMITES (1966) DE JOSÉ DONOSO A CASA DE LA MAGNOLIA (2004) DE PEDRO ÁNGEL PALOU

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el discurso homoerotico

Por Alma Guadalupe Corona Pérez*

Las formas y los medios a través de los cuales se ha manifestado lo erótico como temática son diversos, quizá una de las más elitista, depurada y fina sea aquella que tiene como espacio al arte en cualquiera de sus expresiones, ya sea por medio del color, la forma, el volumen, el sonido o la palabra.

En el caso de la literatura, las dimensiones que alcanza la palabra escrita establecen un contexto y una serie de reglas a través de las cuales es posible dar cuenta de los dispositivos que el escritor emplea para construir un discurso que, en el caso de lo erótico, ocupa como lienzo inmediato al cuerpo seguido de toda una pragmática textual generada por una de las esferas más sensibles emparentada con las emociones y la expresión en general de lo sensorial.

A través de este artículo se plantea un par de objetivos medulares, el primero consiste en delimitar la existencia y matices del discurso homoerótico, desprendido de lo erótico desde las posiciones teóricas del italiano Francesco Alberoni y del francés George Bataille, resaltando que para este último lo erótico representa la «aprobación de la vida hasta en la muerte» (8).

El segundo objetivo, colocar en el centro de la reflexión las implicaciones de la presencia del discurso homoerótico en dos novelas, una chilena de la segunda mitad del siglo XX, El lugar sin límites (1966) de José Donoso y una mexicana del inicio del siglo XXI, Casa de la Magnolia (2004) de Pedro Ángel Palou, remarcando la distancia establecida no sólo por las nacionalidades de procedencia de ambos autores y novelas, también por el espacio distante generado por sus fechas de publicación.

Cabe, asimismo, señalar algunas consideraciones previas relacionadas con el concepto de Novela que se manejará como base para este trabajo. En primer término se rememora a Hegel, mismo que llama Novela a «la epopeya de la decadencia» (22), tomando en cuenta que hay una pérdida o transformación —degradación— galopante de ideales que genera una sociedad fragmentada, dividida en clases sociales y se agregaría que muy preocupada por crear clasificaciones que, si bien hacen operativa la vida, lo que permanece como telón de fondo es la perpetua separación entre los seres humanos, entre las cosas e incluso entre los animales.

George Lukács, por su parte, insiste en la fragmentación social y en la novela como producto de una «pérdida del sentido de la unidad social» (51). Ambos teóricos apoyan la labor de poder caracterizar a las novelas que ocupan este espacio analítico, no sin dejar de advertir todas las dificultades que entraña el hecho de aspirar a definir de manera amplia y suficiente al espacio narrativo que ocupa el gran género que es la novela y que merece una concienzuda revisión independiente, por ende, una revisión crítica, pormenorizada.

Para el caso específico de la novela corta o nouvelle es fundamental resaltar que el espacio narrativo de ésta es considerablemente menor en comparación con la novela decimonónica, la extensión y la presencia de una temática central, así como el número de personajes son, en términos generales algunos de los rasgos más sobresalientes de la nouvelle.

Dos novelas cortas de la pluma de dos escritores diferentes por su nacionalidad, edad y espacios históricos, dos relatos que presentan escenarios dentro de los cuales se dirimen sucesos íntimos, cercanos uno del otro y al mismo tiempo distantes entre sí: por un lado, en El lugar sin límites, el prostíbulo, lugar socialmente público, de todos y de nadie. Por el otro lado en Casa de la Magnolia, una casa, espacio privado, círculo de pertenencia, femenino por excelencia.

Dentro de ambos se expresa de manera diferente el discurso homoerótico; ambos espacios sociohistóricos son de relevancia considerable tomando en cuenta que funcionan como caja de resonancia de un discurso por largo tiempo disimulado, nombrado a medias, con excepción de los griegos. Ambos escenarios han sido frecuentemente retomados por la literatura universal, cabe recordar que en la novela Santa (1903) del mexicano Federico Gamboa se coloca al prostíbulo como el lugar esencial después de la casa paterna de la que ha sido expulsada Santa.

A través de este artículo se esboza la convergencia de dos posiciones narrativas frente a la vida, vertebradas por el homoerotismo presente en el cuerpo masculino con Donoso y en el cuerpo femenino con Palou. En ambas propuestas literarias el amor es expresión viva, descarnada y hasta fatal sin dejar de ser elegante pese a sus huellas de dolor inevitable. El homoerotismo forma parte del erotismo como expresión amorosa, libre entre personas del mismo sexo.

La teórica francesa Simone de Beauvoir afirmó que la mujer no nace, se hace, no es imposible afirmar, por contraste, lo mismo con respecto al hombre y que, ampliamente, en otros escenarios, ambos pueden ser y ocupar otras realidades, esas que puedan quedar en las manos de cada individualidad, a su muy libre elección. De acuerdo con David Córdoba García: «(…) la sexualidad no es un hecho natural, sino que está construida socialmente» (23). Y como el mismo Córdoba señala: «(…) este es el punto de llegada de una ruptura teórica/ epistemológica» (23), posterior a un largo camino cruzado por teóricos como Pierre Bourdieu, Gaston Bachelard y Louis Althusser, recorrido matizado por el tiempo, debates y reacomodos que han costado mil sacrificios y sobreinterpretaciones frente al ejercicio de una sexualidad libre, no como alternativa de moda sosa, sino como una respuesta de resistencia frente a un anquilosado sistema. El principio de la libertad, en todas sus expresiones, así como el ejercicio de esta es, también, innegociable y profundamente respetable.

De esa libre elección, de esos escenarios alternos y de la consecuente fragmentación de la vida, a su manera, hablan estas dos novelas cortas o nouvelles. A través de este primer sondeo se exponen algunos de los medios literarios empleados para expresar estas posiciones frente a la vida, medios basados, fundamentalmente, en el discurso tanto masculino como femenino, ambos dando paso a discursos insertos en expresiones que superan a ambos y devienen en lo homoerótico, tan normal como el universal comer o dormir.

Tradicionalmente el erotismo es el medio y la forma a través del cual se expresan las emociones y sensaciones relacionadas con el amor físico entre los seres humanos. El tiempo, la influencia de los medios y hasta los avances científicos y tecnológicos han llevado a la manifestación del amor desde diversos contextos y maneras, incluso la explosión demográfica que vive la humanidad de manera tan concreta ha hecho aún más visible el crecimiento de nuevas y diferentes estructuras familiares cada vez más alejadas de las tradicionalmente establecidas: Padre-madre-hijo. El esquema familiar cuenta hoy, abiertamente, con diversas formas a saber, algunas de estas estructuras alternas han quedado fundadas por la fatalidad de la pérdida de alguno de sus miembros principales o bien por el simple y llano hecho de no responder a lo establecido.

Hoy son cada vez más visibles esas otras realidades que siempre han existido, expresiones de piel y ejercicio libre de la sexualidad que generan toda una visión del mundo y una estética del cuerpo. El cuerpo, como mapa de libre tránsito, matiza las rutas del órgano más grande con el que cuenta el ser humano, con un peso de aproximadamente cinco kilos: la piel. El erotismo es expresión de piel, simple y directamente, es la piel el vehículo generador y transmisor de emociones y sensaciones, la sexualidad —como la sensualidad— es, incluso, un asunto de piel con la amplia y comprometida participación de los sentidos. Ante este evidente acontecimiento, el arte ha dado cuenta de estas formas de expresión erótica humana, desde los tiempos grecolatinos, desde la celebérrima cuna de la civilización, hasta otros puntos del mundo como las civilizaciones orientales, el amor ha sido franca e íntima expresión de puertas adentro, hoy en día, cada vez más abierto y expuesto. El amor, como el arte, no busca probar nada, simplemente es y muestra lo que es.

En las novelas propuestas, este ámbito íntimo, trasciende y expresa, desde un espacio público, el ejercicio de una sexualidad libre de atavismos tradicionalistas. El prostíbulo se redimensiona y sirve de escenario abierto como la casa lo hace desde lo íntimo, de puertas adentro. En El lugar sin límites el burdel es ese lugar que trasciende sus márgenes y se desborda para enmarcar un trozo de vida de Manuel González Astica, alias la Manuela, personaje que nunca ha ocultado su ser, nunca ha enmascarado sus sentires, más bien ha sido engañado, vituperado, marcado por el dedo sancionador de un pueblo que por momentos finge aceptarlo pero por otros le da la espalda y se burla de lo que más miedo le causa, paradójicamente: verse en el espejo de la Manuela, de su rostro pintureteado y auto descubrirse en cada línea, en cada trozo de su piel maltratada por el escarnio. Vejado hasta por aquellos en los que más confía.

Matices de aceptación, de tolerancia se entrevén en algunos de sus personajes, sin embargo, la Japonesa lo ultraja, embriaga y prácticamente viola bajo el burdo estatuto de una apuesta. A cambio de la posesión de una casa pública se fragua lo que representa una de las escenas más infamantes de la novela que sólo puede ser ensombrecida por una de las secuencias finales cuando la Manuela es brutalmente golpeada. El engaño y la burla pueden doler aún más que los golpes físicos.

El destino que es chocarrero y burlón coloca a la Japonesa en el rol de madre de la hija de un homosexual, es una madre que en el pecado lleva la penitencia cargando para toda su vida con la mácula de la burla que le ha conferido a la Manuela, así la Japonesita se convierte en el triste resultado de lo que no debía haber sido nunca. José Donoso nos muestra el cuadro de una realidad triste, descolorida y dolorosa: dos personajes inocentes, víctimas por separado y en combinación de la carencia de escrúpulos, de la intolerancia: la Manuela y la Japonesita.

Ambos personajes reciben una bofetada más del destino: enamorarse del mismo hombre, falso macho alfa, un macho al revés, que cuenta con más fisuras que congruencias en su vida, Pancho Vega que, cuando era niño jugaba con las muñecas de Mónica y despectivamente le llamaban «marica». Tal y como si alguien en algún momento se hubiera equivocado de historia o de personajes. El problema de Pancho no es su nebulosa sexualidad, su verdadero problema es no aceptarse a sí mismo, es esconderse y aprovecharse empleando una máscara fingiendo lo que no es. La deshonestidad, la falsedad, la falta de ética y de escrúpulos son los atributos de un Pancho fiel reflejo de muchos integrantes de ese pueblo.

El lugar sin límites es una nouvelle diferente, viva, transgresora en su tiempo, diferente en su construcción, inesperada pero bien recibida, fuerte y contestataria, cabe señalar que para 1966 estos temas aún no eran recibidos con la suficiente apertura. Hay que recordar el caso de Los cachorros (1967) de Mario Vargas Llosa retrato de una adolescencia y adultez frustrada, desdibujada y marcada por la castración de su protagonista, acontecimiento llevado a un intenso autodebate que le exigió definición sexual y ante la imposibilidad de encontrar respuestas congruentes, eternamente mutilado, la última puerta para Pichulita Cuéllar es el suicidio. Los cachorros es una novela corta, también, editada sólo un año después de El lugar sin límites. Novelas colocadas, en esos momentos, como relatos en los márgenes, indefinibles, un tanto inesperados pero necesarios como expresiones vivas del diario acontecer de pueblos grandes y pequeños.

Una buena cantidad de años después fue publicada El vampiro de la colonia Roma (1979) de Luis Zapata Quiroz y aun mediando esos trece años, con el escándalo y la censura incluidos, quienes la comercializaron fueron obligados a venderla guardada en una bolsa de plástico, sellada tal y como si el homoerotismo tuviera que envolverse y sellarse para que sólo unos pocos audaces lo vean. El sistema no acepta, realmente, a los grupos marginados en cualquiera de sus formas. Hoy se encarga de patrocinar el más radical feminismo con el ánimo de enfrentar, de cargar con odio una separación innecesaria. Por supuesto que no le conviene la unión con sentido crítico.

Donoso no se reservó nada para él, en espacios breves desarrolla un relato profundo y complejo con personajes inéditos en su prosa. Su epígrafe es elocuente: «El infierno no tiene límites» de Marlowe. Por las líneas de esta novela sobre el homoerotismo permea una emoción: el temor, siempre está el miedo como telón de fondo de cada acción, llegada o salida de uno de sus personajes, el miedo a saberse, el temor a auto descubrirse es, probablemente, uno de los ejes más complejos que vertebra al discurso de la Manuela, la Japonesita, la Japonesa, Pancho, Don Alejo y todos los personajes que acuden al burdel y de los que no acuden también, pero espían tras los visillos. Sobresale el doble discurso y por supuesto que el miedo junto con la denuncia formulada por Donoso.

La Manuela tiene temor de saberse y verse al espejo como un hombre por fuera y una mujer por dentro, por eso cose y recose su viejo vestido colorado de bailaora para seguir bailando por la vida, prostituyéndose y entreteniendo a los hombres que van al burdel mientras no aparezca Pancho, con su camión colorado, por quien siente mucho más que simple atracción. La Japonesita, hija de la Manuela, se sabe flaca y muy poco atractiva para ser prostituta, la Japonesa tiene miedo a morirse sin apropiarse, sin poseer un lugar porque sabe, de antemano, que es la propietaria del no lugar, Pancho vive con el eterno miedo de saberse culpable por la muerte de Mónica al tener relaciones con ella y contagiarla de tifus, aunque su miedo es mucho más retorcido porque en el fondo sabe que su machismo es una máscara carnavalizada que esconde a un homosexual que se autoniega su verdad. El lugar sin límites es el lugar del miedo, porque es el no lugar. Es de todos y propiedad de nadie.

El mundo de El lugar sin límites es «un mundo al revés» tal y como lo considera Severo Sarduy en sus Ensayos generales sobre el Barroco, no por la presencia de la Manuela, el personaje más genuino y congruente de la novela junto con Don Alejo que lo protege como padre bonachón y perdonador, sino por la serie de sentimientos desencadenada en los personajes que les rodean y que todos esconden algo de lo mucho que son en realidad. El expuesto es Manuel/Manuela porque todos le ven, le juzgan y al final le gozan en este pueblo mojigato, doble moral, al que le pesa mucho auto reconocerse y verse tal cual en el espejo invertido de sus debilidades de piel y pensamiento.

El homoerotismo vive en este relato al acecho, agazapado entre los pliegues de la apariencia, inconfesable, temeroso y culpable. El homoerotismo está presente en la obra completa de Donoso en diferentes tesituras y grados. El lugar sin límites y El obsceno pájaro de la noche (1970) son dos de los relatos con contenido marcadamente homoerótico.

El lugar sin límites se convirtió en película realizada por Arturo Ripstein en un pueblo queretano, fue declarada en el año de 1994 en el lugar número nueve de las cien mejores películas mexicanas. Como nota curiosa se cuenta que el cineasta español Luis Buñuel tenía toda la intensión de dirigirla, pero la censura franquista se lo impidió, a cambio fue Manuel Puig quien colaboró para convertir la novela en guion tiempo después.

Los relatos cuya base es el homoerotismo son cada vez más frecuentes, finos y reveladores, por fortuna existe una madurez, tanto en los creadores como en los virtuales lectores. Este avance tan esperado se traduce en lectores con actitud y mente abierta e inclusiva, pero tal vez la mejor de las virtudes y logros han sido los de conservar y fomentar un respeto y una naturalidad frente a todas las posibilidades de expresión erótica.

George Bataille afirmó: «(…) el erotismo de los corazones es más libre» (Bataille: 14). Sentencioso agrega: «El erotismo es uno de los aspectos de la vida interior del hombre» (20). Y va más allá: «(…) no se puede buscar afuera lo que vive dentro de uno mismo, no existe prohibición que no pueda ser transgredida. Y, a menudo, la transgresión es algo admitido, o incluso prescrito» (46). El siglo XXI tiene como marca indeleble la apertura, sin embargo, es menester conservar la mesura, es cada vez más indispensable no caer en afirmaciones a ultranza, desterrar los radicalismos, las posturas extremas y la descalificación gratuita. La historia es la máxima maestra del ser humano y enseña el peligro que entraña todo radicalismo. Respeto y mesura son las llaves que nunca pueden estar extraviadas.

En cuanto a Casa de la Magnolia, el discurso homoerótico se concentra en una pareja femenina, dos mujeres con diferentes edades que se aman y respetan bajo el techo de la intimidad de nombre Magnolia, la flor que representa la espléndida belleza y la dignidad, así como la perseverancia, según una vieja leyenda nació antes que las abejas y por lo mismo está preparada para poder ser polinizada por los escarabajos.

Flor de extraordinaria presencia, belleza y aroma empleado en la industria perfumera. La inclusión de la flor en el relato es absolutamente simbólica. En la novela su protagonista, Adriana Yorgatos es una mujer madura, de altos vuelos y durísimas caídas, que contrata los servicios de Maia, como secretaria y, quien posteriormente, jamás vuelve a salir de su casa, permaneciendo abrumada por sus propios cuestionamientos, pero rendida de admiración, pasión y amor por Adriana.

Desde que Maia ve por primera vez a Adriana, se siente subyugada, superada por una emoción que escasamente se puede explicar dada su juventud e inocencia. Percibe en sus ojos el deseo e interés cuando acude a la cita de trabajo que la lleva a Adriana. Lo que empieza como un simple trabajo desencadena un camino hacia los sentimientos más profundos de los que es capaz, porque según Bataille:

«La sociedad humana no es solamente el mundo del trabajo. Esa sociedad la componen simultáneamente —o sucesivamente— el mundo profano y el mundo sagrado, que son sus dos formas complementarias. El mundo profano es el de las prohibiciones. El mundo sagrado se abre a unas transgresiones limitadas. Es el mundo de la fiesta, de los recuerdos y de los dioses» (49).

La sencillez es uno de los elementos más relevantes que Palou emplea para, simplemente, describir un amor entre iguales, aún en medio de sus diferencias, la novela transcurre con sobresaltos, hay largos diálogos cubiertos de sentimientos amorosos porque: «El abrazo fue prolongado: hasta el hielo y la cera se derriten de vez en cuando» (73). Además porque: «La noche entraba por la ventana, era nuestra invitada. Todo era noche en esa habitación siempre clara» (84).

Los contrarios se unen mágicamente entre iguales. Esta es una nouvelle en la que la ficción aborda, de manera elegante, la expresión de los cuerpos iguales convertidos, por la magia de lo tangible, en contrarios para expresar lo insobornable del amor. Pero la magia también tiene un rostro distorsionado, dramáticamente doloroso y trágico. Palou recuerda, con esta novela corta, el destino decimonónico que suele tener un costo, que es castigado por hombres y mujeres, sancionado por la ceguera y cerrazón de una sociedad mustia encargada y empeñada en vivir como propias las existencias ajenas.

Casa de la Magnolia es un relato trágico, matizado por la guerra, por las pérdidas de seres queridos que forman la historia de Adriana, porque le resulta prácticamente imposible huir de su pasado para vivir sólo del amor que ha hecho con Maia, la muerte ronda a cada paso e inevitablemente llega rompiendo en pedazos la única posibilidad de felicidad.

El mundo de Maia se fragmenta porque el de Adriana jamás pudo recomponerse ni con la fuerza de su pasión. Sobreviene el choque generacional, las historias de vida que pueden estar separadas por abismos de información y miedos personales insuperables. La última escena juntas es elocuente cuando Adriana se coloca el revolver en la boca y la sangre salpica en mil gotas pequeñas y grandes todo lo que le rodea, incluyendo la ropa y cara de Maia. El amor sublime, casi perfecto estéticamente hablando por ser entre iguales, da paso a la tristeza que empieza a consumir la juventud de Maia hasta alcanzar la misma edad de Adriana, cuando ambas se conocieron. El edadismo sobresale como una futura línea de estudio para este relato.

Palou lleva a sus lectores por un mundo de profundos contrastes, tal y como es la verdadera existencia de puertas adentro, cuando del amor puede transformar al dolor y viceversa, así como la pasión puede tocar el umbral de la separación que es en el fondo la muerte. El espacio literario será el gran campo de batalla dentro del cual se van a escenificar las más sublimes expresiones y las más crueles y desesperadas salidas.

Madurez y juventud se unen y separan inexorablemente para no volver a recrear todo aquello que fue capaz de vincularles a través de la piel y la emoción.

Ambas novelas presentan el sentido de la pérdida, la degradación de valores del entorno de sus protagonistas, un medio social carente de unidad frente al homoerotismo, aunque coinciden, pese a su distancia en años de publicación, en un hecho contundente: la carencia de tolerancia y respeto de algunos de sus personajes para con los protagonistas. Hay un sentido crítico que flota en ambos relatos, una franca convocatoria abierta para cuestionarnos como seres humanos que aspiramos a una sociedad incluyente en múltiples sentidos y a través de diversas tesituras, en la vida común y corriente.

REFERENCIAS

Alberoni, Francesco: El erotismo. Gedisa. Barcelona, 1992.
Bataille, George: El erotismo. Madrid. Tusquets ed., 1989
Bobes Naves, María del Carmen: La novela. Madrid. Síntesis, 1998.
Córdoba, David, Javier Sáez y Paco Vidarte: Teoría queer. Políticas Bolleras, Maricas, Trans, Mestizas. Madrid. Egales, 2005.
Donoso, José: El lugar sin límites. Col. Biblioteca Breve. Seix Barral. Barcelona, 1981.
Hegel, George W. F. Lecciones sobre la Estética. Madrid. Akal, 2000.
Lukács, Georg: Teoría de la novela. Barcelona. De Bolsillo,1971
Palou, Pedro Ángel: Casa de la Magnolia. México. Random House Mondadori, 2004.
Sarduy, Severo: Ensayos generales sobre el Barroco. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica, 1987.

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* Alma Guadalupe Corona Pérez es Doctora en Literatura Hispanoamericana. Becaria CONACYT. Maestra en Literatura Mexicana. Licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Diplomada en Estética Contemporánea por la UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI I). Perfil Deseable PRODEP. Miembro del Padrón de Investigadores BUAP. Profesora Investigadora Tiempo Completo Titular en la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP. Coordinadora del Área de Literatura en el Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica. Líder del Cuerpo Académico Consolidado «Márgenes al canon literario hispanoamericano». Autora de los libros: Doña Joana de Irazoki: Tejido Barroco Poblano. Siglo XVII (2025) Fides Ediciones y El manuscrito de doña Joana de Irazoque (2006) Fomento editorial BUAP/ Instituto Poblano de las Mujeres del Gobierno del Estado de Puebla. Coordinadora del libro Configuraciones y reconfiguraciones de lo femenino en las artes editado por la Facultad de Filosofía y Letras BUAP. Co-editora del libro Informe del Recuerdo: reflexiones críticas sobre la narrativa y poesía de Mario Benedetti Facultad de Filosofía y Letras BUAP/Facultad de Humanidades de la UAMEX.  Co-editora del libro Historia, ficción e ideología. Una relectura de Mario Vargas Llosa. Facultad de Filosofía y Letras BUAP/ Facultad de Humanidades de la UAEMEX. Co-editora del libro Ensayos críticos sobre literatura femenina. Miradas al margen. Facultad de Filosofía y Letras BUAP. Co-editora del libro Representaciones de las mujeres en la literatura y el arte. Facultad de Filosofía y Letras BUAP. Con artículos de investigación sobre análisis literario y la relación entre la literatura y el cine publicados en libros y revistas indexadas y ponente en congresos internacionales y nacionales. Sus Líneas de investigación son: 1.- Teoría y vanguardia literaria, 2.-Literatura novohispana, 3.-Discursos híbridos en los siglos XIX, XX y XX. 4.-Intertextualidad literaria, cine y música.

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