
Por María del Rocío Vallejo Alegre*
«Pareciese que pocos seres humanos somos capaces
de vivir cada día de nuestra vida.
Me pregunto…
Entonces…
¿qué es lo que hacemos?
Tal vez,
alguien podría responderme…
simplemente sobrevivir…
Entonces…
me atrevería afirmar…
¡Qué desperdicio de nuestra propia existencia!»
Discutiendo el libro Zorba the Greek, de Nikos Kazantzakis
Grecia siempre tuvo una magia muy especial para mí. Quizás cultivada por mi profesora de etimologías grecolatinas de quinto de preparatoria, la Sra. Chata, de las que ya les he hablado en otras reflexiones. Ella es quien me hizo soñar en sus clases sobre esa increíble cultura. Mi fascinación por las casitas blancas en contraste con el índigo del mar se originó por una película ¡malísima!, «Almohada para tres», por el título pueden concluir rápidamente que se trataba de un triángulo amoroso del cual no recuerdo absolutamente nada, excepto los increíbles paisajes. Fue así como Grecia pasó a ser uno de mis destinos soñados, el cual, con el transcurso de los años, fui dejando arrinconado como uno de tantos sueños imposibles… Sin embargo, el siglo XXI venía cargadito de señales que no permitirían que este sueño cayera en el olvido…
En 2002, «Mi Gran Boda Griega» o «Casarse está en Griego» titulada en inglés «My Big Fat Greek Wedding» se vuelve mi película favorita. Una clara representación del choque cultural al que yo me estaba enfrentado en aquel momento de mi vida. Nos habíamos movido a vivir a Minnesota en 2001. Podrán imaginar cómo me identifiqué con gran parte de la trama.
Es curioso, «Dancing Zorba’s» es el nombre del restaurante de la familia de Toula Portokalos, el personaje central de «Mi Gran Boda Griega». «Zorba el Griego» es un libro que tengo en la mente, pero que no he tenido el gusto de leer. No identifico quién me habló de él, en la escuela, mi madre, mi abuela… quizás mi padre… No lo sé…
En 2008 la película «Mamma Mia» me transportará al ritmo de ABBA a mi paraje soñado, mis casitas blancas contrastando con el intenso azul índigo del que me enamoré en mi adolescencia. Mi deseo de conocer Grecia, que sigue latente, se reanima. No me gusta ver películas repetidas, pero con «Mamma Mía» hago la excepción y cada segundo la disfruto intensamente. Obviamente, todos en mi casa alucinan mi cantaleta: uno de mis destinos favoritos era Grecia.
En 2010, visitando la Gran Manzana, tuve la oportunidad de ver la primera versión de la obra de teatro «Mamma Mia» en Broadway. Llevé a toda mi familia a verla. ¡Qué decepción! Seré sincera. Después de haber visto el largometraje, la obra de teatro me decepcionó, no era lo que me esperaba. Las canciones de ABBA estaban presentes. Sin embargo, la escenografía ¡dejó todo qué desear! No existía la más mínima evocación de mi azul índigo y mis casitas blancas…
En 2022 llega a mis manos el libro de Irene Vallejo «El Infinito en un junco», del cual compartí con ustedes en otra de mis reflexiones. Irene no solo magnifica mi admiración por la cultura griega —que la Sra. Chata había sembrado en mi adolescencia—, sino que además de poner orden, corrige y extiende mis conocimientos de la historia de esta apasionante cultura.
Para mi sorpresa, a mis 60 años me regalan mi soñado viaje a Grecia. Si bien no pudimos cristalizarlo en aquel momento, se volvió una meta familiar. La gira de Broadway en 2024 trajo «Mamma Mia» a Rochester celebrando el vigésimo quinto aniversario de la obra. Mis hijos insisten en que vayamos a verla. Yo estoy reacia, aún recuerdo el descolón que me llevé en Nueva York. Para mi sorpresa la obra ha sido actualizada y renovada completamente ¡No podrán creer lo que la hemos gozado! He reído y llorado como una adolescente.
¡Este año, 2025, lo logramos! Tengo que decir que fue gracias a mis hijos que se empeñaron en hacerlo realidad. Sobre todo, Migue, mi eterno trotamundos. Se lo puso como objetivo y persistió hasta lograr que estuviéramos sentados en el avión con destino a Atenas. No quería un típico viaje, quería disfrutar de la Grecia no turística. De su gente, su cultura, su comida y sobre todo de su mar. Ya saben que el océano tiene un encanto muy especial para mí, y los colores del mar Egeo me resultan increíbles. ¿Qué mejor regalo podría pedir?
En marzo estábamos en Grecia, en plena temporada no turística, así que tuvimos algunos inconvenientes, pero nada qué lamentarse, al contrario, fue toda una gozada. Lo que no puedo creer es que estamos en agosto y pareciese que aquel viaje fue hace una eternidad…
Escogimos visitar solamente dos islas: Naxos y Rodas. No queríamos correr de un lado a otro solo para tomar una foto y salir al próximo destino. Queríamos darnos la oportunidad verdaderamente de estar. Yo me encontraba un poco de capa caída, así que el hacer realidad este sueño en compañía de mis hijos fue una inyección de vida para mí. «The book of Joy» fue el libro que había reservado especialmente para leer en este viaje buscando responder tantas cuestiones de mi propia existencia. Resulta suigéneris, como el propio escritor Douglas Abrams nos dice, que un judío (él mismo) escriba sobre el encuentro de dos de las personas más alegres en la tierra: el finado arzobispo Tutu (cristiano) y su Santidad el Dalai Lama (budista) para festejar el octogésimo octavo aniversario de este último. En el libro buscan compartir el secreto detrás de esta alegría. Y mi objetivo al leerlo era poder volver hacer honor a mi apellido materno: «Alegre». Y qué mejor escenario podía pedir que mi adorada Grecia.
Naxos tenía mis casitas blancas y el intenso azul índigo. Aprendimos que el mar Egeo es uno de los más salados y es por ello por lo que el número de algas en el mar es menor, por ende, los reflejos del color del cielo se aprecian en todo su esplendor en sus aguas. Además, al parecer, por esta misma razón la fauna marina en estas aguas resulta de lo más suculenta. El capitán Petro, un viejo lobo de mar, fue junto con su compañero el que nos explicó esto cuando hicimos un recorrido de la isla en su barco. También nos recomendaron un pequeño y auténtico restaurante familiar llamado «PI&FI»
Cuál sería nuestra sorpresa al descubrir que numerosas veces habíamos pasado enfrente de este restaurante. En la puerta siempre estaba una chica muy dulce que nos decía «Buenas tardes, familia», «Buenas noches, familia» en un perfecto español. El lugar carecía de todo atractivo, nunca habríamos pensado en detenernos en aquel restaurante si no fuese por la recomendación del capitán Petro. La chica, siendo la anfitriona del restaurante nos explicó que existe una dicho muy común en griego: «στο πι και φι» (sto pi kai fi) que significa a gran velocidad en «Pi & Fi» y por ello el nombre del restaurante. Pero debido a que para los turistas esto resulta complicado de comprender ella solo les dice que era la abreviación de «Pizza y Fish». La dulzura de nuestra anfitriona y su tristeza nos impresionaron. Nos explicó que trabajaba desde las 12:00 del mediodía hasta las 12:00 de la noche, todos los días del año. Era un pequeño negocio familiar. Mis hijos y yo quedamos sorprendidos; inmediatamente recordamos la Toula Portokalos en «Mi Gran Boda Griega» y el restaurante familiar «Dancing Zorba’s».
Dos cosas nos llamaron muchísimo la atención de la vida cotidiana en la isla. Las personas se visten de negro sin importar que haga un calorón. Nos comentaron que la razón es que la tradición era vestirse de negro toda la vida si un hijo fallecía. Después de las dos Guerras Mundiales muchas madres perdieron a sus hijos. Las nuevas generaciones se acostumbraron a verlas de negro y ahora se visten de negro simplemente porque quieren, se volvió una costumbre.
La segunda importante característica que nos intrigó es que, en las calles y en los restaurantes se ven grandes corrillos de hombres hablando, tomando café, conviviendo, platicando, riendo, pero no mujeres. Nos explicaron que las mujeres siguen en casa. Pareciese que estamos parados en el tiempo.

Rodas, si bien tenía su encanto y disfrutamos muchísimo la visita no llegó a ser como Naxos, era más una metrópoli. Sin embargo, una de nuestras aventuras quedará en nuestra memoria siempre. Recorrimos Rodas con Migue al volante escuchando el repertorio de ABBA, visitando playas increíbles, capillitas fabulosas y parajes extraordianrios.
El libro «Zorba the Greek» llegó a mis manos justamente aquí en Rodas. Estábamos en el aeropuerto esperando nuestra conexión para Atenas. Mi hija buscaba un libro para leer, ya que había terminado el que había traído al viaje. Una novela policiaca de esas que no puedes parar de leer. Yo aún no había logrado terminar el mío: «The book of Joy», la densidad de su contenido y consejos no son para leer sin parar, se necesita digerirlos. Así que no estaba interesada en adquirir ningún otro libro. Simplemente caminaba en la tienda acompañándola. Iba leyendo los títulos de los libros por pura curiosidad. Para mi sorpresa los títulos de esta pequeña tienda empezaron alegrarme el corazón. Eran títulos clásicos, esos libros con los que muchos de nosotros crecimos que raramente vemos en el primer mostrador. ¡Todos juntos!, ¡uno tras otro! «Mujercitas», «Tom Sawyer», «El principito», «El Conde de Montecristo»… ¡No lo podía creer! Y entre ellos… «Zobra the Greek». El corazón me dio un vuelco y obviamente lo compré. Ojeándolo en el aeropuerto descubrí a Nikos Kazantzakis, su autor Nació en 1883 en la isla de Creta. Sin embargo, durante la revolución de 1897 su familia fue enviada a la isla de Naxos donde estudió hasta el bachillerato. ¡Qué casualidad! Justamente la isla que había hecho realidad mi sueño.
La ansiedad por empezar a leer este libro me llevó a no escribir ninguna reflexión para compartir con ustedes sobre «The book of Joy» —a pesar de ser un libro genial que recomendé ampliamente a mi hijo y que también recomiendo a todos ustedes—. Cómicamente la semana pasada estaba en uno de esos días no muy positivos y Migue me dijo que debería volver a leer el libro. Tendré que aplicar su consejo para poder asimilar y aplicar los consejos de esos dos «alegres abuelitos». Sin embargo, estaba loca por empezar a leer «Zorba the Greek», «One of the great characters of modern fiction», como se lee en la portada.
Cuando hablamos de filosofía siempre nos vienen a la mente nombres como Platón, Sócrates, Aristóteles y muchos otros nombres que con sus trabajos establecieron la filosofía occidental. Siempre hablamos en pasado. Sin embargo, Nikos Kazantzakis es el filósofo que rompe ese paradigma en el siglo XX al ser reconocido como uno de los autores más importantes y traducidos de la literatura griega moderna. Me encantó aprender que sus trabajos se centraban en temas universales, en mi caso particular me atrevería a clasificarlos como cotidianos: La libertad, la autorrealización, la espiritualidad y la superación de las dificultades de la vida.
A estas alturas y tomando en cuenta todas las «señales» que he compartido con ustedes, comprenderán que había creado un fabuloso castillo en el aire de lo que sería el libro de «Zorba el Griego». En pocas palabras: la solución a todos mis problemas existenciales, mi propio salvavidas.
Empecé la lectura y confieso que el inglés me empezó a sacar canas verdes. Yo sé que nunca ha sido mi fuerte, pero normalmente puedo leer. Esta vez tenía que estar buscando continuamente palabras, dudaba de lo que estaba comprendiendo, y tristemente aquel castillo que había creado sobre lo que este libro sería, se venía a pedazos a mi alrededor. El nivel de frustración empezó a rebasarme. No podía darme por vencida, no podía dejar de leer el libro y arrumbarlo en algún rincón. No comprendía por qué me estaba costando tanto trabajo. Además, he de confesar, cierto enojo crecía dentro de mi sobre la imagen de las mujeres. Sin embargo, las dudas que tenía de saber si estaba comprendiendo o no el libro me retaban a seguir tratando de leerlo. No podía comprar la versión en español y darme por derrotada. Así que empecé a investigar sobre el libro, y el significado de Zorba («aquel que vive cada día») me animó a continuar la lectura. Me encontré con que la película «Zorba el Griego» tenía muchas más referencias que el libro per se, lo cual me llamó muchísimo la atención. Decidí ver la película y hacer trampa. Sé que los libros y las películas no son iguales, pero para mi tranquilidad mental había logrado comprender el contexto. No estaba tan perdida. La película no me llamó grandemente la atención, aunque Anthony Quinn causó gran sensación, en aquel entonces, representando a Zorba. El saber que sí estaba comprendiendo algo me dio fuerzas para seguir leyendo. Al leer acostumbro a subrayar aquellas frases, párrafos que tienen un significado especial para mí, de esta forma puedo hacer después mis reflexiones. Y si bien, seguía con un amargo sabor de boca, y con una sensación de estar perdida, continuamente encontraba elementos que valía la pena subrayar. Y así, a trompicones, logré terminar el libro. He de confesar que tenía un choque mental entre lo que quería que hubiese sido el libro y lo que había resultado al leerlo.
Era tal mi decepción, que decidí seguir investigando y así me topé con un blog literario llamado «Escritores que nadie lee», una plataforma dedicada a las reseñas y recomendaciones de libros, pero con un enfoque especial en autores y obras que son ignorados o pasados de moda. La reseña establece claramente:
Lo bueno de la obra de «Zorba el Griego»… «Pues caray, el estilo. Kazantzakis tiene las palabras exactas para transmitir uno de los sentimientos más cabronamente imposibles de transmitir mediante la literatura (especialmente en literatura, porque creo que la pintura y la música lo tienen menos complicado puesto que cuentan con la complicidad de los sentidos): la felicidad» [1].
Y lo malo:
«Pues todo lo demás. Si bien los personajes masculinos, que son casi todos, resultan verosímiles y perfectamente construidos, los personajes femeninos carecen de profundidad y no pasan de ser una caricatura, vamos, que las mujeres en Zorba sólo pueden ser uno de los estereotipos: santas, musas, putas o brujas; es decir, no son personajes dinámicos, sino pasivos, estáticos, están ahí para que los varones interactúen, existen en función de ellos. A menudo, Zorba dice que a las mujeres hay que cortejarlas y amarlas porque para eso nacieron, hay que tenerles compasión y consentirlas porque si no, se deprimen, porque ellas viven para que les digan lo deseables que son y lo mucho que un hombre puede amarlas. Nada más les interesa a las mujeres» [1].
¡Vaya!, el blog estaba poniendo nombre al mal sabor de boca que tenía, lo que tanto me molestaba y que yo no me había atrevido a poner en palabras. El papel de la mujer como objeto sexual. No lo podrán creer, me sentí liberada. Sé que el papel de la mujer ha ido evolucionando con los años, sé que en oriente nuestro rol es aún más tradicional. Sin embargo, las imágenes de Naxos con las terrazas y cafeterías llenas de hombres conversando y riendo, sin mujeres, se me vinieron a mi mente. Recordé la dulce voz de la anfitriona de Pi&Fi, «Buenas tardes, familia. Buenas noches, familia» e inmediatamente recordé a Zorba preguntándole a su jefe si las mujeres eran seres humanos: Well, is woman a human being? (165). ¡Esta era la razón de mi mal sabor de boca!
Tristemente la reseña también hablaba de lo bueno. ¡Y yo no había sido capaz de verlo! Y no quería que mi castillo se desplomara completamente. Contaba con un par de pilares que me permitían mantenerlo en pie. El primer pilar es el llamado a vivir. Sí, el narrador en la novela está buscando la razón de la existencia humana y por ello está sumergido en libros y escritos. En contraste, Zorba es un espíritu libre cuyas conocimientos y creencias se basan en su propia experiencia. Uno tratando de aprender a vivir, el otro viviendo. Pareciese que es un choque entre la teoría y la práctica. Zorba lo articula genialmente:
«Todos aquellos que viven los misterios de la vida, no tienen tiempo de escribirlos y los que los escriben no tienen tiempos de vivirlos» (235).
Definitivamente ¡Zorba vive! Incluso busca liberar a su jefe de sus teorías haciendo una hoguera con todos sus libros y le dice:
«Después sabrás que no eres tonto, que tú eres el tipo correcto, que podemos hacer algo de ti…» (102).
Obviamente Zorba lo que busca, es que su jefe empiece a vivir. Obviamente el narrador, su jefe, no se atreve.
El segundo pilar, es la gran confesión de Zorba:
«Lo que me asusta es ser viejo. La muerte no es nada; solo ‘puf’, la vela se apagó. Pero ser viejo es una desgracia. Una desgracia en la que estoy cayendo, tengo que admitir» (157).
Aunque yo insista en ser una abuelita reventada, la tristeza de envejecer se ha estado calando entre los huesos, al igual que el frío…
Espero que compartan conmigo que estos dos pilares son el indicativo de que vale la pena el esfuerzo de comprender la obra. Seguí investigando, tenía que encontrar algo que me diera más explicaciones para poder ver lo bueno, como la reseña sugería, para poder comprender.
Es así como encontré un artículo titulado «Zorba el griego es un canto a la vida» [2]. Obviamente la frustración de no ser capaz de ver esto en la obra la sentí recorrer todo mi cuerpo. Al leer el artículo logré ver una luz en mi situación. El documento publicado en 2016 me vino como anillo al dedo. Resulta que la directora general de Difusión Cultural de la Universidad Veracruzana, Esther Hernández Palacios, presentó la traducción «Zobra el Griego» acompañada por el editor, Rodolfo Mendoza Rosendo y la traductora Selma Ancira Berney, arrojando luz a mi entender.
Selma Ancira, cuenta cómo «Zorba el griego» apareció en su vida de pequeña cuando sus padres vieron la película basada en la novela e incluso aprendieron a bailar como él. Para mi sorpresa muchos años después, mientras Selma estudiaba en Atenas, intentó leer la novela sin lograr comprender nada. No podía creerlo, sentí que alguien más estaba en las penumbras como yo. Resulta que el griego de Kazantzakis era muy avanzado para que ella pudiese leer el libro de corrido. Fue entonces cuando se puso como objetivo que algún día lo traduciría. Quién diría que esta oportunidad se le presentaría años después descubriendo que no solamente el griego era de alto nivel, sino que su autor se había tomado la libertad de inventar palabras que no existían, así que podrán imaginar el reto monumental que enfrentó al realizar esta traducción al español. Inmediatamente corrí a checar mi libro en inglés, la traducción fue publicada en Inglaterra en 1952. Empecé a comprender el por qué se me dificultó tanto la lectura y el número de palabras que tuve que consultar porque no tenía ni idea de su significado.
*Vídeo:
https://www.youtube.com/watch?v=BS0w3Wkric8
(Zorba the Greek (1964) – The Final Dance. Dirección: Mihalis Kakogiannis. 20th Century Fox)
Otro misterio que me aclaró Selma son las pocas, referencias al libro que encontraba y la gran cantidad de referencias a la película. Resulta que el título original en griego fue «Vida y andanzas de Alexis Zorba». La película es la que fue titulada «Zorba el Griego» mucho antes que la primera traducción del libro se realizara. Debido a la aceptación de la película, por marketing, mantuvieron el título. Con esta mayor información he logrado encontrar muchas más referencias y al parecer no he sido la única que tuvo que obligarse a terminar de leer la novela. En el blog «Sin Vapor y sin Vela» [3] su autor hace esta misma confesión. Esto, si bien me tranquilizó, el énfasis sobre la grandeza del carácter literario de Zorba me inquietó. ¡Lo compara con Hamlet, con Ulises, con el Quijote…!
Decidí empezar a compilar todas las frases, oraciones o párrafos que me llamaran la atención en «Zorba el griego». Este ejercicio lo acostumbro siempre que termino de leer un libro, material que luego utilizo en mis reflexiones.
Empecé escribiendo:
+ «La única manera de salvarte a ti mismo es salvando a otros» (5).
+ «¡No vale la pena ver atrás! […] Solo adelante (8).
+ «La necesidad es la madre de todos los milagros» (17).
+ «¿Qué eres, predicador o capitalista? (58).
+ «Yo no creo en nada, ni en nadie, solo en Zorba» (60).
+ «Deja a la gente ser, jefe. Déjalos con los ojos cerrados y déjalos vivir su sueño, excepto si al abirles los ojos puedes ofrecerles un mejor mundo del que viven en el presente» (67).
+ «Cuando somos felices es difícil ser conscientes de ello, solo cuando la felicidad pasa, vemos atrás y es cuando sabemos que éramos felices» (71).
+ La escuela de Zorba, en palabras del narrador: «Mantener los 5 sentidos perfectamente entrenados, junto con el cuerpo para poder gozar y comprender. Aprender a correr, a luchar, a nadar, a cabalgar, a manejar, a disparar. Debería aprender a sentir mi alma a través de mi cuerpo. Aprender a sentir mi cuerpo a través de mi alma. Reconciliar al fin dentro de mí estos dos eternos antagonistas» (81).
+ «Las pequeñas cosas son la felicidad, […] un vaso de vino, una castaña asada, el crujir de un pequeño bracero, el sonido del mar. Todo esto requiere que se sienta el ahora, el momento. Es llanamente un corazón sencillo y austero» (87).
+ «La verdadera felicidad es no tener ambición y trabajar como un caballo, como si tuvieras toda la ambición.
Vivir lejos de los hombres, no necesitarlos y aún amarlos.
Tomar parte de las fiestas navideñas, después de comer y beber bien, escapar por tu cuenta de todas las trampas.
Tener las estrellas arriba, la tierra a la izquierda, el océano a la derecha y comprender en un momento en tu corazón , que la vida ha cumplido su último milagro: ‘Se ha convertido en un cuento de hadas’ »(129).
+ «Zorba es una amistosa concordancia entre el hombre y el universo. La simplicidad en que se adapta al mundo que lo rodea. La forma en que su cuerpo y alma armonizan» (144).
+ «Zorba, al igual que visionarios y poetas, ve todo como si fuera la primera vez. —Como los niños ven todo— . Cada mañana ven un nuevo mundo enfrente de sus ojos; realmente ellos no lo ven, ellos lo crean» (148).
+ Husein Aga, un turco muy mayor, vecino de Zorba, en su niñez comparte un gran secreto con él: «Nada en la tierra, ni en el cielo es lo suficientemente grande para contener a Dios, pero el corazón del hombre lo puede contener. Se muy cuidadoso y nunca hieras el corazón de un hombre» (300).
+ «Cuando todo va mal, qué gozo es probar tu propia alma y ver si ha desarrollado entereza y coraje. […] La calamidad se transforma en una gran y contundente felicidad» (314).
+ «La felicidad es cumplir con tu obligación, cuanto más difícil sea tu obligación mayor será tu felicidad» (316).
Estos son algunos de los elementos que escribí en mi cuaderno de notas. Fue justamente en ese momento, mientras recorría mi libro buscando todo aquello que había subrayado cuando pude ver la penetrante mirada de Zorba.
No tengo palabras para describirla, pero quizás ustedes puedan vislumbrarla a través de su filosofía de vida, en sus propias palabras:
«Paré de pensar todo el tiempo de lo que ocurrió ayer.
Y paré de preguntarme a mí mismo lo que va a pasar mañana.
¿Qué pasa hoy? En este minuto, eso es lo que me importa» (293).
Y me pregunto, Zorba «¿Qué estás haciendo en este momento?»
«Estoy durmiendo», «pues, duerme bien».
Zorba, « ¿Qué estás haciendo en este momento?»
«Estoy trabajando», «pues, trabaja bien»
Zorba, «¿Qué estás haciendo en este momento?»
«Estoy besando a una mujer», «pues, bésala bien»
«Y olvida todo lo demás mientras lo estás haciendo.
No existe nada más en la tierra, ¡Solamente tú y ella!»
« ¡Y Sigue adelante con ello!» (294)
Al igual que Zorba, acepto que estoy asustada de envejecer, no me está siendo nada fácil y la imagen de mi padre me viene constantemente a la mente. Recuerdo cuando le preguntaba «¿qué tal “padrastro”?» como solía llamarlo bromeando, ¿cómo estás? Y me respondía: «nada, aquí “vegetando”». No tienen idea el miedo que recorre mi cuerpo al recordar esta contestación tan suya. Me asusta tanto…
Mis hijos y yo tenemos una nueva tradición y cuando estamos haciendo algo nos preguntamos:
«Zorba, ¿Qué estás haciendo?
Quizás estamos caminando en un sendero.
¡Estamos caminando!, Zorba
Tal vez estamos cocinándonos la cena.
¡Estamos cocinando!, Zorba
Puede ser que solo estemos bebiendo un café.
¡Estamos bebiendo café!, Zorba
Sencillamente… ¡estamos buscando disfrutar el momento! al igual que Zorba…
¡Estamos tratando de aprender a vivir cada día!
* * *
REFERENCIA: Nikos Kazantzakis, Zorba the Greek. Tr. Carl Wildman 1952. Printed UK, paper edition 2016
NOTAS:
[1] Escritores que nadie lee – Zorba el griego o la decrepitud de un clásico contemporáneo –
Disponible: https://share.google/3TsI7DE5Z8YjCGXL4
[2] Paola Cortés Pérez, «Zorba el griego es un canto a la vida», Universo, Universidad Veracruzana Año 16 • No. • 662 • Diciembre 12 de 2016 • Publicación Semanal. Xalapa • Veracruz • México
Disponible: https://www.uv.mx/universo/cultura/zorba-el-griego-es-un-canto-a-la-vida/
[3] La vieja piragua, Sin Vapor y Sin Vela, «ZORBA EL GRIEGO (VIDA Y ANDANZAS DE ALEXIS ZORBA) DE NIKOS KAZANTZAKIS (ACANTILADO), septiembre 2016.
Disponible: http://www.sinvaporysinvela.com/2016/09/resenas-de-libros-zorba-el-griego-vida.html

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* María del Rocío Vallejo Alegre nació en México. Hija de inmigrantes y refugiados españoles, Vallejo creció en la ambigüedad que le otorga la pertenencia a dos tierras: España y México. El destino, integrar una tercera tierra, Estados Unidos, que le permita afianzar sus raíces y redescubrir su pasión: la enseñanza. Trabajó durante doce años como docente en la Universidad del Estado de Nueva York, en el campus de Geneseo. Recibiendo en el 2017 Chancellor’s Award for Excellence in Adjunct. En 2021 participó en la creación de la organización sin fines de lucro llamada «Cultures Learning TOGETHER» (Culturas aprendiendo JUNTAS) https://www.cultureslearningtogether.org/ donde sigue participando en la actualidad.
