LA LLAVE DE LA ETERNIDAD

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la llave de la eternidad

Por Carlos Alberto Velásquez Córdoba*

El siguiente informe es la transcripción de la entrevista que hizo el pasado 11 de agosto, nuestro enviado especial Georges Westinghouse, al doctor Joseph Phillips, presidente de Innovation Incorporated, en su oficina principal de Ginebra (Suiza).

* * *

La sede principal de Innovation Incorporated, es un gran complejo ubicado en las afueras de Ginebra. Para poder llegar hasta su edificio administrativo hay que recorrer más de tres millas de prados bien cuidados y árboles frondosos. Más de cinco controles por guardias bien armados impiden la entrada a cualquiera que no esté registrado como visitante.

Durante varias semanas había solicitado esta entrevista y finalmente me concedieron quince minutos con el hombre más importante de la empresa. El doctor Joseph Phillips estudió ingeniería en Oxford con un postgrado en ciencias puras en la Universidad de Berlín. Doctorado en física cuántica en Leipzig, trabajó durante más de cinco años en la CERN (European Organization for Nuclear Research) de donde se retiró para asumir el cargo de presidente de Innovation Incorporated.

Me siento un poco intimidado al llegar a su espaciosa oficina: pisos de mármol brillante, que reflejan la luz de unas enormes lámparas modernas que contrastan con lo simple de la decoración. Me encuentro con un hombre que no aparenta tener los cuarenta años. Me da su mano con firmeza y me habla en un perfecto inglés. Me indica un cómodo sillón en una esquina. Él se sienta en el sillón del lado.

Me ofrece algo de tomar. Luego de una pequeña introducción trivial le pregunto si puedo grabar la entrevista. Me dice que sí. Entonces enciendo mi grabadora, la pongo en la mesa del medio y comienzo:

Georges Westinghouse: En primer lugar, doctor Phillips, quiero agradecerle haberme concedido esta entrevista. Sé que usted es una persona muy ocupada.

Dr. Joseph Phillips: Al contrario, Georges, para Innovation Incorporated, es un placer poder estar en contacto con nuestros usuarios a través de ustedes, los medios de comunicación. Siempre hemos pensado que la ciencia debe estar al servicio de la comunidad.

G.W.: Iré al grano. Hace unas semanas hubo un incremento en el precio de las acciones de su compañía, luego de que se filtrara en las redes sociales la noticia de un nuevo artefacto que podía congelar el tiempo. Sin embargo, la compañía ha estado muy hermética al respecto.

Dr. J. P: Sí, Georges. Nuestra empresa, pudo diseñar un nuevo y sofisticado equipo que tendrá múltiples aplicaciones en la industria, e influirá enormemente en la vida de las personas.

G.W.: ¿Nos puede ampliar un poco la información?
Dr. J. P: Claro que sí. ¿Recuerdas cuando de niño jugabas a la «estatua» o «paralizado» y cuando te tocaban no podías moverte? Ahora eso es un sueño hecho realidad. Innovation Incorporated ha diseñado el primer paralizador de tiempo.

G.W.: Pero si hubieran parado el tiempo, nosotros no estaríamos aquí conversando.
Dr. J. P: No, mi querido amigo. El tiempo es relativo. Einstein lo planteó. Innovation Incorporated ha llevado el concepto varios siglos más lejos. El tiempo está necesariamente ligado al movimiento. Nosotros intervenimos el movimiento y el tiempo se detiene.

G.W.: ¿Podría ser más explícito? Nuestros lectores querrán entender.
Dr. J. P: Trataré de explicarlo de la manera más sencilla. Nuestro paralizador, que hemos denominado «STOP», por las siglas de: Subatomic Time On Paralysis. Funciona con un rayo subatómico que tiene la particularidad de impedir el movimiento de los electrones alrededor del núcleo atómico. En otras palabras, hace que cada electrón quede completamente fijo cuando recibe el rayo. Todos los electrones se quedan en el mismo punto donde están, de esta forma, el átomo queda congelado en el tiempo. Si un átomo no se mueve, el tiempo se habrá detenido para él. Sería eterno mientras que sus electrones no comiencen nuevamente a moverse. En otros términos, hemos encontrado la llave de la eternidad.

G.W.: ¿No están jugando ustedes a ser Dios?
Dr. J. P: Dios ha muerto. Viva la ciencia. (Respondió con una gran sonrisa y levantando su puño).

G.W.: Eso puede generar controversia… ¿puedo citar sus palabras?
Dr. J. P: La controversia, amigo mío, es lo que nos ha llevado a la cima en la innovación. Y sí, puede citarme.

G.W.: Volviendo al tema, a ver si le he comprendido bien, ¿usted está diciendo que su artefacto puede paralizar los átomos de cualquier cosa a la que se le apunte el rayo?
Dr. J. P: Así es. Ya lo hemos hecho con objetos en movimiento y luego con animales. Primero ensayamos con insectos y después con ratas y gatos. Me gustaría mostrarle un video.

(Encendió un gran televisor que estaba en la pared y con el control remoto reprodujo una grabación de unos treinta segundos, donde se veía un gato saltando desde una mesa de laboratorio a otra. Un hombre vestido con una bata blanca le apuntó con un arma parecida a una escopeta conectada por cables a una consola. Cuando accionó el arma, el gato quedó suspendido en el aire sin moverse. Un asistente pasó sus manos por encima y por debajo del gato tratando de demostrar que no había alambres ocultos que lo sostuvieran. El gato estaba petrificado).

G.W.: Parece un truco de magia.
Dr. J. P: No lo es. Es completamente real. El gato fue alcanzado por un rayo subatómico que ha dejado sin movimiento sus átomos. Si un electrón no se mueve alrededor de un átomo, el tiempo se detiene. Hemos detenido el tiempo. Ni el mismo Dios lo ha podido hacer.

G.W.: ¿No le parece que es una postura muy petulante?
Dr. J. P: No. Por el contrario, Dios puede estar muy orgulloso de su creación. El discípulo ha superado al maestro.

G.W.: ¿Pero eso no tiene implicaciones éticas?
Dr. J. P: La ética es diferente a la moral. La moral está regida por la religión y el abstracto de que hay un ser superior que nos dice lo que debemos hacer. La ética es pragmática. Responde a problemas reales. Tome nuestro invento como ejemplo. Si su hijo tuviera una enfermedad incurable y usted supiera que dentro de unos cinco años saldrá una cura, ¿usted no utilizaría nuestro «STOP» para congelarlo en el tiempo y despertarlo cuando haya forma de curarlo?

G.W.: Mmm, no lo sé, imagino que sí.
Dr. J. P: Entonces, amigo mío, bienvenido al futuro.
G.W.: ¿Pero, eso no fue lo que se hizo por allá en 1980, con la criogenia?

Dr. J. P: Esto es muy diferente. La criogenia usaba el frío para congelar los cuerpos. Un tejido congelado forma cristales y esos cristales dañan los tejidos. Esos experimentos fueron un rotundo fracaso. Lo que nosotros ofrecemos es parálisis de los átomos. Extraer el tiempo para que no transcurra. Para que un objeto animado o inanimado envejezca tiene que haber movimiento de sus átomos. Las estatuas se van dañando a través de los siglos porque algunos átomos se van desprendiendo. Nosotros paralizamos esos átomos para que no se alteren. (Mostró otro video en el cual un hombre fornido con una katana japonesa parte una sandía en dos, en una mesa del laboratorio. Evidentemente la espada tiene buen filo. Caminó hasta el gato del primer video, que continuaba suspendido en el aire. Luego dio un gran golpe al gato. La espada rebotó sobre su lomo y el hombre casi cae de espaldas. La cámara hizo un close up al felino que parecía intacto) ¿Lo ve? —Continuó el doctor Phillips— como sus átomos están paralizados, ni siquiera se mueven para dar paso a la hoja.

G.W.: Increíble. ¿Y ya lo han hecho con humanos? Es decir, ¿han paralizado a alguien?, ¿algún voluntario?
Dr. J. P: No, mi estimado periodista. Aún no hemos llegado a esa fase del proyecto. Estamos trabajando en eso. Hemos descubierto cómo paralizar los átomos y suspender el tiempo, pero todavía estamos trabajando en la mejor forma de que vuelvan a recuperar el movimiento.


G.W.: ¿Es decir que no saben cómo revertir el proceso? ¡Eso quiere decir que el gato aún permanece paralizado!
Dr. J. P: Paralizado, y en el mismo lugar. No es posible mover esos átomos. Cualquier intento de mover el gato sería infructuoso. Sus átomos no se moverían. Están paralizados. Eso realmente ha sido un efecto secundario del experimento. Esperamos que en unos meses tengamos todo el paquete completo. La interrupción y la continuación del tiempo. Nuestros mejores científicos trabajan noche y día en eso.

G.W.: Por cierto, ¿qué hay de verdad en el rumor que circula en las redes sociales de que el Profesor Wells tuvo un accidente con la máquina y quedó paralizado?
Dr. J. P: Rumores, simples rumores…

G.W.: Pero, nadie ha vuelto a verlo. Del diario intentaron comunicarse con él en su casa, pero no atendió el teléfono. Ninguno de sus vecinos o amigos saben de él.
Dr. J. P: El profesor Wells es un científico muy prestigioso y no le gusta que se metan con su vida privada.

G.W.: Pero sus vecinos dicen que hace más de dos meses no lo ven. Yo personalmente intenté contactar a sus familiares, pero todos al parecer cambiaron de residencia.
Dr. J. P: Usted entenderá que así son los científicos. El profesor Wells personalmente vino a mi oficina y me dijo que estaba muy agotado y que necesitaba vacaciones. Hacía cinco años no salía de viaje y quería llevarse a su familia con él. (Se levantó de su sillón y se dirigió a su escritorio. Me mostró una carta convenientemente guardada en el primer cajón, escrita en alemán y firmada por el doctor Wells donde pedía unos meses de descanso. Al percatarse de mi recelo me dijo que no había por qué preocuparse, que el doctor Wells especificó que estaría ausente por unos meses y no quería que se le molestase).

G.W.: ¿No le parece a usted muy extraño que justo antes de hacer público el invento, el profesor quiera irse de viaje? Sabemos que incluso la policía estuvo investigando su paradero.
Dr. J. P: Pensábamos hacer públicos nuestros experimentos dentro de unos meses. Sin embargo, como usted sabe, se ha filtrado información a los medios y por eso estamos aclarándolo todo antes de que se generen más rumores. Con respecto a la ausencia del doctor Wells, aquí estuvo la Interpol. Las cosas quedaron muy claras. El profesor está de vacaciones y no quiere que lo molesten. ¿Alguna otra pregunta con respecto al «STOP»? (Miró descaradamente el reloj de su muñeca, dando a entender que la entrevista llegaba a su fin).

G.W.: Sí, una última pregunta. ¿Para cuándo estará el invento a disposición del público?
Dr. J. P: Creo que por ahora no será para uso general. Usted entenderá los usos militares que pueden derivarse de semejante artefacto. Por ahora puedo adelantarle que algunos gobiernos están interesados en que su uso sea netamente oficial.

G.W.: ¿Cuáles países?
Dr. J. P: Me temo, señor, que esa respuesta es clasificada. (Se levantó de su silla, dejando claro que había terminado la entrevista).

G.W.: Muchas gracias doctor Phillips por darnos unos minutos de su tiempo.
Dr. J. P: Con mucho gusto Georges. Salúdeme a sus lectores.

Nota final. A los pocos días de terminar el presente artículo, me llegó un correo electrónico anónimo con un video adjunto, de mala calidad, en el que un hombre vestido de bata blanca permanecía estático en un laboratorio, mientras que otros, con un lanzallamas intentaban prenderle fuego. Las llamas no parecieron afectarlo a él o a su ropa.

Comparé la imagen con mis archivos. Tiene cierto parecido al profesor Wells. Intenté nuevamente conseguir una cita con el doctor Phillips para que explicara la nueva evidencia, pero al momento de salir esta edición no había sido posible.

Le transmití mi inquietud a su asistente y la respuesta fue «sin comentarios».

—Georges Westinghouse —
Enviado especial para Science and Technology

FIN

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* Carlos Alberto Velásquez C. nació en Medellín en 1966. Es Médico y Cirujano de la Universidad Pontificia Bolivariana. Especialista en Epidemiología. Ha alternado su profesión médica con las letras. Distribuye su tiempo entre la práctica clínica, la docencia, las actividades administrativas en instituciones de alta complejidad, y la literatura. Ha sido participante en los talleres de literatura con los escritores Luis Fernando Macías (Cooperativa Médica de Antioquia COMEDAL) y Memo Ánjel (Universidad Pontificia Bolivariana), y dirige varios talleres de escritura creativa. Es autor de un blog dedicado al conocimiento, el arte y el humor: «El blog de los lagartijos». Tiene en su haber más de una decena de libros de cuento, novela, ensayos académicos sobre literatura y medicina. Varios de sus textos han sido publicados en antologías y revistas nacionales e internacionales, tanto en formato físico, como virtual. Ha recibido varios premios y menciones en concursos literarios en Colombia y España.

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