
(Una temporada en el infierno)
Por Juan Velasco*
«Pero la visión de la justicia es el placer exclusivo de Dios»
(Arthur Rimbaud)
VEN Y MIRA
Los ángeles caídos cruzan
las fronteras del sueño, la línea afilada
del Paraíso de fuego, el corredor
del infinito silencio. Los ángeles caen del cielo, vuelan
al infierno arrasado, vienen heridos de monstruos
de barro, de metralletas
cargadas de vacío. Los ángeles del hambre
cruzan la frontera del llanto, se agitan
silenciosos en el pasadizo de la sed,
cierran los ojos, rezan al deseo
crucificado.
Una oración dadles una oración,
la oración que brota del madero
la que se repite en el silencioso suspiro.
Deseo nuestro
que estás unido a la noche del cielo,
santificado sea el susurro de tu nombre,
venga a nosotros tu palabra,
la bendita salvación
de tu murmullo lejano.
Deseo nuestro
que ves todo lo que vive en este infierno,
danos una habitación, danos una cama donde reposar
para dormir en el lento susurro de tus labios,
danos tu aliento suave que nos quita
el hambre diario. Deseo nuestro
hágase tu voluntad
así en la tierra
como en el recinto difunto de la guerra,
llena de humeantes esclavos
y líbranos del vientre de barro que nos busca,
nos devora y nos hace suyos.
Perdónanos el amor
perdónanos el hambre
perdónanos la sed de ser
de este cuerpo mortal que nos da el llanto.
Quizás sólo te sueño,
sueño de Amérika,
quizás eres un sueño tardío y en ti mueren las rosas,
pero de ti se llena el mundo
de ti y de ángeles clavados a la cruz,
devorados por el vientre de barro. ¡Ya! ¡Ya! ¡Ya!
Eres un golpe
de martillos, disparas con balas de sangre,
a golpes de un terror que no se detiene
y musitas tristeza
de muerte sin rastro.
ORDEN EJECUTIVA
Nueva York ha envejecido de golpe,
de golpe se ha llenado de arrugas,
de podridas alondras muertas se ha vaciado
el lánguido abrazo de su cielo.
Nueva York se ha hecho vieja la estatua del deseo
se ha perdido en el fuego,
devorada por los cuerpos acumulados
y el acero corrompido. Se ha hecho su deseo
melancolía sin aire,
se ha caído de repente,
sus alas rasuradas
por la cuchilla de blanquísimos dientes.
Vieja York
es hoy un viejo rostro
que nos contempla,
es una madre incierta
que muere en la edad de los años perdidos.
Desde hoy,
madre, ya no eres la que nos recibe,
los días tienen un aire de acabada tristeza
una manta de silencio te cubre, eres un dulcísimo muerto
enterrado en los charcos del tiempo.
La quietud de tus alas me lleva más allá del sueño,
más allá
de las fronteras del infierno. Hoy, madre,
no eres sino la Vieja York, la devorada por el fuego,
sólo veo tus ojos vacíos, las cadenas
que me abrazan,
la palabra dura que me llama
como un látigo.
BALADÍ, BALADÍ
Los campos de exterminio se han llenado de golondrinas,
de ángeles de alas muertas, de huevos delgados,
de niños con rostro de mujer, de manos
que se derriten en el pecho de la melancolía.
Los campos de exterminio hoy son flores frágiles,
el viento de silencio les ha ahogado. En su desolación
florecen las niñas sin pelo, los cuchillos con dos filos,
las trincheras sin labios.
Su atardecer infinito es un ramillete de rosas marchitas,
y el aire se ofrece nítido y breve,
como leves burbujas olorosas. Los campos de exterminio
nos ofrecen sus cuellos suntuosos,
los dedos que se quiebran expectantes
y los esbeltos adolescentes sin ropa
se detienen y se cubren con las cortinas del llanto.
Los campos de exterminio han llegado para quedarse,
vienen del deseo plateado, se viste con una corona
de laurel y tiene el vientre abierto y laxo, la piel dura y seca
los pezones tiesos y blancos. Los campos de exterminio
se han hecho para los ángeles olvidados,
adornan los dientes de la noche, yacen a los pies de la soga.
Borrachos de soledad
mueren silenciosos los ángeles caídos,
sus cuerpos perennes
se alimentan del fuego
de las sangrientas fraguas.
*
Madre madre madre
los campos de exterminio me observan, me besan
me columpian en su sombra rota
en sus ranuras quebradas. Madre madre madre
esta tierra rojiza tiene el color
de tus cuencas púrpuras,
el color del fin,
de los amaneceres del odio,
y en la oscuridad de las fosas
me dejan clavado
al invierno milagroso.

FLORYA
Estoy mirándote, cielo
estoy mirando el rostro callado del tiempo
¿dónde está esa madre dormida,
quién nos dará su alimento, su sueño?
Míranos, madre, míranos con tus ojos
de ceniza. Ven y mira.
Sus pechos de mujer solitaria
se han vaciado
los meses se aprietan a ella
como el aire diluido, como el sabor
silencioso de la tierra
que me cierra la boca.
Cierra los ojos, madre,
no mires el rostro sucio
de los que esperamos, que al abrirlos,
tus pupilas solo nos devuelven tinieblas.
¿No lo ves? ¿No lo oyes? ¿No nos hablas?
Me regresan a este suelo rojizo
la mirada severa y silenciosa de tus ojos
a no ser
nada excepto ver ver ver
el infierno este paisaje
de auroras rojas que cubre mis vergüenzas
ya sin posesión excepto la verdad,
borrado el rastro de mi secreto nombre
que me susurra mi amor
reza reza reza
él nos ha robado todo
pero aún queda la única palabra
coraje coraje coraje
pertenecemos a esta tierra
lo sé pero
no pertenecemos somos
del amor
somos el ímpetu del agua
la profundidad de sus océanos
somos el dialecto
de la ternura entre los borrachos de sangre,
somos
caricia besamos el rostro del niño
inerte aún besamos
su inocencia la ternura
de niño enloquecido
en el recinto
de las masacres infinitas.
*
¿Qué serás mi niño
cuando ya no estemos
cuando el cielo me haya borrado
me haya convertido en silencio?
Fuerza fuerza fuerza
pero estoy ciego mudo sordo
nos paseamos por el infierno
buscándonos
la frontera del sueño es abrazo
de un lugar a otro nos alarga,
nos lleva nos trae
nos ilumina en el fuego del cielo,
nos eleva el beso
el beso cálido y tierno
delicado como un hombre
imperturbable, como un cielo redondo,
completo. ¿No oyes las bombas? ¿No ves
las heridas del niño al que buscan
que sacrifique para siempre?
No saben que somos de hierro
somos de sol y hueso
la chispa mineral del fuego nos acompaña
la paciencia ancestral nos alimenta. La locura es de ellos.
Nada detiene nuestro furor sangriento,
el delirio hiriente de nuestra belleza.
____________
*Juan Velasco Moreno es Doctor en Filología Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid, y Doctor en Filología Inglesa, por la University of California, Los Ángeles (UCLA). Profesor desde hace más de veinte años en Santa Clara University, la institución universitaria más antigua de California. Es docente en el programa de Filología Inglesa y en los campos de literatura latinoamericana y chicana. Producto de su labor como investigador y conferenciante es responsable de la edición de Cartones de Madrid, de Alfonso Reyes (Madrid, Hiperión, 1988) y de la obra poética de José Juan Tablada, Tres libros: Un día (Poemas Sintéticos), Lí-Pó y otros poemas, y El jarro de flores (Madrid, Hiperión, 2000). En 2002 preparó la antología Under the Fifth Sun: Latino Literature from California (Berkeley, Heyday Books), y Las fronteras móviles: tradición, modernidad y la búsqueda de «lo mexicano» en la literatura chicana contemporánea (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2003). Es también el autor de la novela Enamorado, (Madrid, Ediciones Miraguano, 2000), y de Call Me When I Am Gone, un DVD con su poesía y fotografías del artista David Pace. De 2011 es La masacre de los soñadores (Madrid, Editorial Polibea), una colección de poemas sobre California y el Oeste americano. Su últimas obras hasta la fecha, son Collective Identity and Cultural Resistance in Contemporary Chicana/o Autobiography (Palgrave Mcmillan, 2016) y 1988:NY-LA (Polibea, 2021), una colección de ensayos autobiográficos cortos que son una meditación sobre el concepto de América.
