
Por Marta Lucía Fernández Espinosa*
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ANTIGUAS ORGANIZACIONES, ANTIGUOS VÍNCULOS
Hemos mencionado más arriba a dos organizaciones que gozan de credibilidad por la vía, o bien democrático–republicana o bien por la vía católica, que interfieren directamente en asuntos económicos y políticos en Colombia. Aunque su existencia no se reduce a la geopolítica colombiana; están presentes en América Latina, gozando en todo lugar de las mismas condiciones de honor. Se trata de la SEAP y el CINEP.
«Cuentan que hace pocos años en el pequeño municipio de Landázuri, enclavado en las laderas de la cordillera oriental colombiana, los habitantes decían haber visto un “OPNI”. Cuando les preguntaban qué significaba dicha palabra respondían con picardía: “un objeto político no identificado”. Consta que por la misma época, el ministro de defensa de Colombia se decía sorprendido por una curiosa alianza entre la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP) —fundación de estudios económicos creada por líderes del Partido Liberal Colombiano— y el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), instituto de estudios sociales fundado y dirigido por la Compañía de Jesús. Aunque no usaba la misma palabra que los habitantes de Landázuri, el ministro no conseguía identificar un objeto político constituido por liberales de tradición anticlerical y por jesuitas. Los habitantes y el ministro aludían a la naciente iniciativa del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM), sin duda una de las innovaciones más sui generis en el campo de la esfera pública vista en Colombia en los últimos veinte años».[1]
El entusiasmo y la admiración que despiertan en Silvio Salej Higgins las acciones conjuntas de la SEAP y el CINEP, como si acontecieran por vez primera y como si sus objetivos fueran inconciliables; es el mismo que despierta entre muchos investigadores. ¿Los ánimos de paz parecen ingresar por primera vez en el territorio colombiano? Tanto como se desprecia a los conspirativos desde la academia, deberían despreciarse a los que entierran la historia y nos muestran los sucesos como acabados de acontecer, sin relación alguna con el pasado. La sola mención de la palabra paz podría hacernos estremecer, si recordamos, así sea únicamente y de paso, los ánimos de paz con los que se iniciaba el siglo XX en Colombia. La creación del partido de la U [de entonces] con la que se inauguraba aquel siglo, y que tenía su nombre completo, no al estilo contemporáneo del ícono posmoderno–medieval, defendido en Trento (sustitutos del símbolo, capaz de hacer heredar la historia y ampliar los horizontes del pensamiento). Se llamaba Unión Republicana y pretendía traer la paz al conflicto llamado de Los Mil Días, que dejó un Panamá de menos en nuestra geografía. La paz de esa U, pretendía abolir las diferencias entre liberales y conservadores: lo consiguieron. El Partido Liberal desapareció. Los líderes políticos que se resistieron, conservándose del lado de las multitudes empobrecidas, fueron asesinados en la plaza pública durante todo el siglo XX, desde Rafael Uribe Uribe hasta la Unión Patriótica. Esta última ostentaba además la U, que ya tenía dueño. Seguro pudieron parecer bastante descarados por usurpar un nombre y una Unidad que era casi centenaria.
En noviembre de 2012, el doctor en historia Rubén Darío Acevedo Carmona, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, expresaba en una discusión que sostuvimos, con ocasión de alguno de mis escritos: «Es cosa muy delicada eso de pretender justificar posiciones políticas apelando a la vieja Historia… la historia no la hacen los pueblos, sino los historiadores…» Yo insistiré en apelar a la «vieja historia», y dejaré que aquellos historiadores, a lo mejor con una de esas llamadas «crisis de los cuarenta», tomen del brazo sólo a las «historias jóvenes». ¿La vieja historia? ¿Las posiciones políticas deben danzar con el presente, como prostitutas, sin derecho a saber de dónde viene ni a dónde va? El resto de la afirmación sorprende mucho menos, si hemos escuchado a los posmodernos decir que la historia es un relato, de tal modo que no quedan historiadores sino narradores de relatos ¿…por encargo? ¿Esto no concuerda, a la perfección, con lo que podría definirse como «historia oficial»?, ¿No viene como anillo al dedo a una visión política conservadora? La Historiografía. Me hago estas reflexiones, próxima a lanzarme en el pasado, en dónde se hallan evidencias de estas relaciones íntimas entre la SEAP y el CINEP, que de tenerlas presente, nos ocasionarían menos asombro sus magníficas relaciones actuales.
Para hacer más agradable el «relato», que no posmoderno, iniciaré diciendo:
Había una vez en los oscuros bosques medievales europeos, unos ciertos seres ermitaños, habitantes de los monasterios; unidos por una obediencia común: Ora et labora. En uso de una cierta franquicia de Benito de Nursia, creada a principios del siglo VI por este, llamada la Regla de San Benito, con el fin de «evangelizar a toda Europa» y debido a lo cual se le reconoce el título de Patrono de Europa. Aquella manera de organización política cristiana, inspirada en la autarquía, acontecía dos siglos después de que Constantino diese consistencia legal al cristianismo bajo el Imperio Romano. Se dice que actualmente siguen su Regla monasterios católicos y protestantes, tanto anglicanos, como luteranos. Esa fusión entre jesuitas (de inspiración benedictina, renovada por los cistercienses) y protestantes nos sorprende mucho menos ahora.
Vista a los ojos de los ingenieros de productividad y calidad contemporáneos, la Regla de San Benito ofrece unos flujogramas de comportamiento y de juicios frente a todas las posibles situaciones que atañen a la vida común y a los objetivos productivos de los monjes; dando, de paso, severidad al uso del tiempo, al que señala como propiedad de Dios y ajeno al hombre, a su voluptuosidad. Aunque nos seduce tener una mirada nietzscheana sobre las implicaciones morales de estos acontecimientos, la dejaremos de lado, ya que lo que importaba entonces, era hacer desaparecer la división entre lo ideal y lo real; entre el tiempo de oración y el tiempo de trabajo.
Pero, ni la Regla de Benito, ni la creación de monasterios era algo novedoso para el siglo VI, la vida monástica ya llevaba consigo una larga historia y daba cuenta de las virtudes de la planificación del uso del tiempo, aplicados a la productividad, generadores de riqueza. Lo que en muchos casos constituía la pérdida de la pobreza que muchos ermitaños querían profesar para hacerse cristianos. Lo cierto es que fundar monasterios era una empresa rentable ya probada durante varios siglos, cuando Benito de Nursia recoge la «vieja historia» y la vuelve una excelente empresa. La Orden Benedictina, de la que surgirán muchas órdenes monásticas, vivió una reforma durante el siglo X por los Cluniacenses y posteriormente por los Cistercienses a partir del siglo XI. Estas nacerán como órdenes de caballería y prestarán servicios militares a cambio de tierras. Los cistercienses estarán involucrados directamente con la formación de órdenes militares como la de Calatrava, y más indirectamente con la orden de Caballería denominada Compañía de Jesús.
La Orden de Calatrava sustituirá a los Templarios en la custodia militar de sitios sagrados, en la competencia financiera y militar que enfrentaba a Templarios y Cistercienses. El 1 de enero del año 1.158, el rey don Sancho, hijo del emperador Alfonso VII, donaba la Villa y fortaleza de Calatrava a la Orden del Cister; este dato, disponible en las enciclopedias católicas, hace también parte de la novela negra de Daniel Bilbao: Marca de Fuego[2]. Un dato que podría pasar inadvertido si dejásemos de lado lo que sucedería luego de algunos siglos con los capitales de esta Orden, y si no fuese tan evidente la erección de ese poder de investidura que llenará a América Latina de nobles Hijos de Algo (hidalgos), fundadores de las empresas más temerarias, encomiadas por siglos como grandes emprendedores por los historiadores aduladores y negociantes de las genealogías blanqueadas. Tal vez no encontremos datos que permitan concluir que la Orden de Calatrava está detrás de la creación de la Compañía de Jesús. Sabemos que ya eran cuatro las órdenes militares poderosas españolas, que controlaban, por así decirlo, la guerra en Europa; y que habían hecho innecesaria la existencia de la Orden de Jerusalén. Esto, si olvidamos que el asunto del Este se resolvería por otros caminos, en los que Solimán el Magnífico, había sido de gran ayuda para la conformación del que he llamado Imperio Anglo Jesuita y cuyo bastión más importante es la Turquía actual, desde donde se divisa la panorámica geopolítica mundial al antojo. Un asunto que merece atención a través de un desarrollo más detenido y que nos desviaría de las actuales inquietudes.
Nos ocupa la relación directa entre la Orden de Calatrava y los jesuitas. El motivo de la inquietud, es el hallazgo de nuevos nobles (en el mismo sentido que hoy decimos nuevos ricos) en tierras americanas; desarrollando empresas que parten de la apropiación de las tierras, con aquiescencia de cédulas reales de concesión y en sociedad directa con jesuitas. Un reparto de las tierras americanas que no puede prescindir de este análisis, toda vez que su origen se conserva, ocasionando traumas económicos y sociales permanentes.
«¿Qué mayor muestra e irrefutable testimonio de que la hidalguía, tal como queda definida, es compatible con instituciones liberales, que el hecho averiguado por el censo de población de fines del siglo pasado, de que el emporio de la hidalguía reside en Asturias, cuna de la reconquista; en Navarra, Aragón, Guipúzcoa, Vizcaya y Álava, regidas estas tres últimas por formas representativas, y Navarra y Aragón por sus Congresos Nacionales…? Como requisito para pertenecer a la Ordenes Militares, no procede la hidalguía de la autoridad temporal, sino de la pontificia, la cual sancionó desde el origen de las mismas… la hidalguía por otra parte, tomada como calidad de este u otro individuo, es una institución popular»[3].
Bastante «liberal» el origen de aquellos Hijos de algo, si se pierde de vista que a tierras americanas llegaban como los dueños, herederos por voluntad divina, de toda la geografía. Si olvidamos que el principio ilustrado de igualdad, no era el que los inspiraba; sino una macabra concepción de república romana, en la que los ciudadanos solo eran unos pocos, precisamente esos recién llegados. Esa es la noción de República que fundará a las naciones latinoamericanas. El resto de pobladores, los nativos, a los que convenía ver como inferiores en todo, no llegarían a ascender a la condición de igualdad. Ni por más que pasaran los siglos. Aún hoy pueden hacerse expediciones a la usanza de las ilustradas, como las de Gumilla, por ejemplo, y hacer hallazgos insospechados respecto a lo que significó la construcción de la república. Una de las razones de cualquier latinoamericano consciente de su historia, para oponerse a los republicanos de todos los tiempos. Aún así vemos a muchos intelectuales latinoamericanos, chiflados con la masonería. Asunto que no deja de sorprendernos y ocasionarnos una risa plena de enojo.
Volvamos a los parentescos y solidaridad entre la Orden de Calatrava y los jesuitas. Al parecer en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, llamado Almagro nos encontramos con evidencias bastante importantes. Que, dicho sea de paso, no dejan muy bien librado a Miguel de Cervantes y su encomiada obra, ya desnuda en sus intereses. «El primer año del siglo XVII se inició la andadura de los jesuitas en Almagro. Poderosas familias de la ciudad, vinculadas con la Orden de Calatrava y las explotaciones mineras de Almadén aportaron caudales para esta fundación. Entre ellos figuran Sebastián y Magdalena Mera, Pedro Franco de Mera y Rodrigo de Avalos, quienes adquirían con ello el derecho a ser enterrados en la iglesia conventual. Iniciadas las obras en 1610, pronto se alzó el imponente conjunto de Colegio e iglesia, dedicándose los religiosos de la Compañía de Jesús a la enseñanza y evangelización en la ciudad y comarca. Hasta que en 1767, y en virtud de la Pragmática real de Carlos III de expulsión de los jesuitas, hubieron de abandonarlo todo. Propiedad a partir de entonces del Ayuntamiento, no se llegó a dedicar a Hospicio, como estaba previsto, sino a oficinas de la Mesa Maestral de la Orden de Calatrava. En 1802 alojó nuevamente a religiosos, pero esta vez freires de Calatrava, quedando la iglesia de propiedad del municipio, trasladando a ella la vieja parroquia de San Bartolomé, suya es hoy la advocación del templo jesuítico. El convento se ha destinado, desde hace tiempo, a lugar de actividades educativas y sociales»[4].

La permanente amistad que ha caracterizado a la Orden de Calatrava (pueden observarse las genealogías de las familias más ricas de toda Latinoamérica y hallarse los títulos de hidalgos —hijos de algo— provenientes de las órdenes militares españolas, en especial de la orden de Calatrava, que fueron traídos por los jesuitas) con la mencionada Compañía, delata la amistad directa entre estos y los cistercienses. Lo cual explicaría la razón por la que unos caballeros (militares) custodios del Vaticano, sin experiencia en agricultura, como La Compañía de Jesús, resulte siendo la destinataria de las tierras americanas para el desarrollo económico. Conocemos el gran aporte de los cistercienses al desarrollo agrario europeo, y la modificación del servilismo, dentro del feudalismo, con su manera directa de trabajo de la tierra a través de sus grandes comunidades monásticas. No entraremos a definir las relaciones de producción internas, que son fuente de inquietudes bastante interesantes. Nos quede de ello, la noción de agricultores libres practicada por los cistercienses y que está a la base de la colonización antioqueña, tan admirada por investigadores estadounidenses, que separan el hecho de sus orígenes europeos. Es indudable la presencia de los cistercienses, detrás de los jesuitas, en los procesos agrarios en tierras latinoamericanas. Pasa por mi mente la economía cafetera con la que los colonizadores antioqueños, llegados de España entre el siglo XVII y XVIII a través de los Jesuitas y de la Orden de Calatrava, fundaron la noción de campesinos libres y emprendedores, que nutrirían a la economía minera. Una economía que casi murió de hambre en los períodos anteriores, a falta de desarrollo paralelo de la agricultura.
«El café, fruto tan apreciable, yo mismo hice la prueba, le sembré, y creció de modo, que se vió ser aquella tierra muy a propósito para dar copiosas cosechas de este fruto»[5].
SEAP (SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS)
La SEAP nace en 1748, de una tertulia llamada Junta Académica, que se constituye en motor de la Ilustración en España, de iniciativa vasca. La idea inicial proviene de los caballeros de Guipúzcoa. En 1764, se aprobarán, en Ascoitía (lugar de nacimiento de Ignacio de Loyola) los estatutos de la Sociedad Bascongada de Amigos del País, de la que provendrán todas las SEAP, en lo sucesivo y hasta nuestros días. Hacia 1775 se encuentran bajo la protección de Carlos III, casualmente el mismo «enemigo» de los jesuitas, bajo cuyo reinado serían expulsados de España y sus colonias. Su finalidad es contribuir a difundir las ideas de la ilustración y por ello se multiplican en grupos locales de estudio por todo el reino de España y con el apoyo del Rey. Conocemos con claridad lo que correrá luego de la promoción de la Ilustración. No solo la Revolución Francesa, sino todos los movimientos de independencia que se gestarían en América a la luz de estas nuevas ideas. Lo que no nos ha de parecer, ni siquiera un poco comprensible, es que Carlos III resulte, a la luz de estas circunstancias, el promotor de la independencia de las colonias americanas. Dejaremos de lado y para posteriores indagaciones, los asuntos atinentes a la importancia del llamado País Vasco para el gobierno de los monarcas españoles, de allí provenían los tesoreros del reino y los militares más importantes. Lo cierto es que a la llegada de las ideas de la Ilustración a las colonias americanas, ya se cuentan en los censos locales muchos colonos vascos, que apoyan directamente las causas revolucionarias de independencia. Incluso Simón de Bolívar que había emigrado desde el siglo XVI a América, proveniente de Vizcaya, quinto abuelo ancestral del Libertador Simón Bolívar.
La SEAP será recibida con mucha aceptación por los latinoamericanos durante el siglo XVIII, veamos por ejemplo su origen en Perú:
«…Francisco Javier Eugenio Santacruz y Espejo, hijo de Luis Santacruz y Espejo, indio peruano de Cajamarca… fue ordenada su detención por el presidente Villalengua, ante lo cual resolvió viajar a la capital del virreinato: Santafé, a donde fue en 1788 y regresó en 1790. En Santafé se defendió exitosamente, conoció a Nariño y envió con el Marqués de Selva Alegre un famoso Discurso… En relación con la Sociedad Económica de Amigos del País «SEAP». Espejo sugirió su creación en 1786 en la defensa de los curas de Riobamba, teoría que repitió en el discurso desde Santafé y en 1791 ya apareció como su secretario; fijó la finalidad de la Sociedad Patriótica así: Fomentar, perfeccionar y adelantar la agricultura, la economía rústica, las ciencias y artes, y todo cuanto se dirige inmediatamente a la conservación, alivio y conveniencias de la especie humana. En compañía de Ramón Yépez y Andrés Salvador redactaron los estatutos de la Sociedad el 24 de febrero de 1792. Adoptó las teorías de la Ilustración y de los fisiócratas a la realidad quiteña. Le preocupaban la pobreza y el atraso de su provincia, fue un estudioso profundo de la economía local y el primer bibliotecario de Quito, en la antigua biblioteca de los Jesuitas que guardaba 40.000 volúmenes»[6].
He aquí una evidencia indudable de las excelentes relaciones que siempre han precedido a la SEAP y a los jesuitas en América Latina, sus relaciones directas con los cambios políticos que conducirían a la fundación de la República, que no de la democracia al idealista sentido francés. Vemos por lo pronto lo acontecido en Venezuela, al respecto. La SEAP había sido fundada en Caracas en 1829 por el General José Antonio Páez, con decreto de creación gubernamental y el consecuente apoyo decidido.
«Según un estudio de Germán Pacheco Troconis, la SEAP de Caracas obtuvo logros importantes entre 1829 y 1839: realizó el fomento de estudios geográficos sobre los recursos naturales y censos estadísticos (que ayudaron a inventariar y definir las características físicas y naturales y a establecer la importancia y potencial económico de los recursos de la provincia de Caracas); la promoción de estudios y memorias sobre cultivos de trascendencia económica y los descubrimientos útiles en la agricultura y las artes; la transmisión del conocimiento mediante cuadernos de divulgación agronómica (sobre el añil, el tabaco, la caña de azúcar, el cacao y el café), y las cartillas sobre cultivos campesinos y de plantaciones (que versaban sobre las divulgación de la información científica disponible, origen botánico de los cultivos, las prácticas agronómicas, técnicas de procesamiento y conservación de frutos, los problemas de plagas o enfermedades de las plantas, etc.); la distribución de semillas. Resulta interesante revisar el anuario de la SEAP para 1832–1833»[7].
Mayor inquietud siempre podrá despertar en cualquier latinoamericano, que hubiese asistido a los horrores del siglo XX, a las pretendidas luchas en contra del socialismo y el comunismo, que justificaron los peores vejámenes a la humanidad y que tuvieron su escenario en nuestro continente, la presencia de la SEAP en Cuba y la posición respetable de que goza y ha gozado, aún en tiempos de la revolución cubana. Con lo cual no estoy afirmando que no lo tuvieran en el mundo entero. Sucede que la realidad es asible en la medida que se dé cuenta de ella a través del contacto real, antes que hacerla nacer del mundo de las ideas. Habrá que contar esta historia desde todos los puntos cardinales y geografía, desde todas las evidencias posibles en todas las culturas del mundo. Desde esta percepción más singular, no se hace difícil sospechar, que abundan evidencias en todo el planeta.
Uno ve a los jesuitas ser expulsados de todas partes por Carlos III, los ve refugiarse en la Rusia Blanca o Bielorrusia, bajo el amparo de Catalina. Ve surgir en el lugar de los jesuitas a la SEAP bajo el amparo de Carlos III y de todos los revolucionarios de la independencia en las colonias americanas; los ve respaldados por los nacientes gobiernos republicanos. Ve a caballeros de las ordenes militares españolas ocupar los lugares arrebatados a la propiedad de jesuitas, también ve a los cistercienses ocupando estos lugares. Ve al mundo americano tornarse defensor de las ideas liberales y republicanas. Ve a las masas de multitudes empobrecidas derramando su sangre por la libertad, tal como cuenta la historia de sus guerras que les acompañan durante todo el siglo XIX. Ve cómo los historiadores les llaman bobos por pelearse entre ellos, los culpa de ignorantes. Pero luego ve nacer un siglo XX, con unos republicanos absolutamente conservadores, conciliadores con los liberales hijos de algo, expulsando del mundo político a las masas de pobres americanos. Desheredándoles del mundo de la democracia prometida, instruidos en las ideas comunistas, bastante promovidas por los ingleses y estadounidenses. Se había ilustrado al mundo de los pobres en materia política, pero se les hacía desangrar contra la muralla de la propiedad privada sobre la tierra. Se les había invitado a vivir en la ensoñación, en la idea de una nación sin tierra. Una nueva manera de nacionalismo, que durará castigada por su intrepidez, a estar desconectada del mundo capitalista. Una pedagogía del encierro en la tierra libre; eso sería Cuba. Para ello están allí los Amigos del País, sin desampararles desde mucho antes que se soñaran revolucionarios. Allí están los vascos.
«El obispo de la Habana don Juan José Díaz de Espada quien desde 1802 regía los destinos de la diócesis habanera […] no era partidario del sistema que los dominicos impartían en la universidad […] Vasco, hijo de la ilustración, hombre emprendedor y promotor de las nuevas corrientes filosóficas […] facilitó el derrumbe del absolutismo y la ideología que lo sustentaba. Apoyado en la Sociedad de Amigos del País, el prelado diocesano con eficaz ayuda del intendente Alejandro Ramírez, asumió la tarea de elaborar un reglamento para la Cátedra de Constitución que se implantaría en el seminario de San Carlos. La persona elegida para ocupar dicha cátedra fue el presbítero Félix Varela y Morales el 18 de enero de 1821. El padre Félix comenzó a enseñar en el seminario de San Carlos diciendo estas palabras: ‘si he de llamar por algún nombre a esta cátedra será por el de libertad de los derechos del hombre, de las garantías nacionales; la que por primera vez ha conciliado entre nosotros las leyes con la filosofía’ […] Es durante el trienio liberal que las corrientes emancipadoras de la América insurgente, influenciadas por la ilustración francesa y por el surgimiento de las logias masónicas y las sociedades secretas, crearon un ambiente propio de revolución y de cambio en la sociedad cubana… El 15 de diciembre de 1823 en un documento oficial firmado por el arzobispo de Santiago de Cuba, don Joaquín Osés y Alzúa dirigida al gobierno de Madrid, acusaba al obispo Espada de introducir en la isla ideas antirreligiosas y de que el prelado habanero era partidario del sínodo de Pistoya […] Se acusaba al obispo de ser un hereje, cismático, revolucionario, masón, jansenista, constitucionalista […] corruptor de la moral y la juventud que lo rodeaba […] Espada, profesor de filosofía en España y enemigo del escolasticismo, tan pronto llegó a Cuba quiso crear un espacio que diera cabida a las nuevas ideas y corrientes modernas del pensamiento filosófico, artístico y pedagógico. En el seminario de San Carlos, de base jesuita, encontró el lugar apropiado para introducir sus ideas reformistas liberales»[8].
Es posible que ingresemos en artilugios y socavones que los historiadores han dejado allí para gloria de la historiografía. Que por estos laberintos ingresemos en confusiones y pensemos que realmente existieron grandes desavenencias ideológicas y religiosas que justificaran las luchas entre los religiosos que se «disputaban la educación y evangelización del Nuevo mundo»; lo cierto es que luego de corrida el agua debajo del puente, ya no tenemos motivación suficiente para seguir viendo algo que no dejó huellas importantes, y en cambio sí podemos ver con mayor claridad que aquello podría no haber sido más que una distracción para hacer desaparecer las reales causas económicas de tales enfrentamientos. Sobre todo por los meandros que han dejado como huella histórica, los jesuitas, banqueros, órdenes militares y en todo caso, propietarios de la tierra.
Una de las condiciones para acceder al título de hijo de algo, es la de demostrar que por generaciones uno no ha padecido trabajos físicos degradantes. Es decir, ser propietario de la tierra sin trabajarla, podría caber como cumplimiento de aquel requisito. Como ser hijo de algo es ascender de pobre a noble, es bastante difícil llegar a demostrar que uno ha sobrevivido sin trabajar. Para ello estaban las órdenes militares (las mismas que hoy podríamos llamar paramilitares o mercenarias, nada de qué enorgullecerse, excepto de lucrarse del trabajo y la muerte ajena); y también se sembraron las ideas ilustradas y revolucionarias que hicieran creer en una nueva manera de acceder a la riqueza a partir del trabajo. Pero el trabajo es la causa de la pobreza y eso lo saben todos los hijos de algo; es la causa de impedimento para acceder a la nobleza. Claro que el trabajo es la única fuente de riqueza para los que se lo apropian, y la única oportunidad de hacer productivas las tierras de todos aquellos que carecían de nobleza. Los cistercienses podían trabajar directamente la tierra, porque ellos ya eran nobles. Esa había sido su gran revolución, la de quedarse con el negocio que ya había dado resultado a los oblatos de Cluny. La de hacer valer su nobleza para quedarse con el negocio de esos muchachitos que se habían enriquecido; más o menos como les sucedió a los sicarios, paramilitares y narcotraficantes en América Latina. Después de que ellos hicieron el dinero, vinieron las oligarquías a quedarse con el truculento negocio. Esa es la gran estrategia. Pero es que las oligarquías locales ya habían adquirido su condición de hijos de algo a través de la Orden de Calatrava y por la mediación de los jesuitas, dueños del negocio del café y de la minería durante el siglo XVIII. Es más, han probado su condición de hidalgos a través de dos siglos, manteniéndose casados entre las mismas castas, procreando solo descendientes de españoles y europeos, jamás mezclados con habitantes nativos ni esclavos. La estrategia revolucionaria de los ilustrados iba a ser la promoción de la productividad de la tierra a partir de hacer ingresar la competencia capitalista con su trabajo remunerado. Una Leyenda del Dorado. Es decir, ¡empresarios, traigan sus trabajadores y hagan crecer las riquezas! ¡Luchen entre sí para ver con cuál nos quedamos! Regálennos mejores ideas para hacer uso de la tierra. Tenemos un buen capital financiero que poner a su disposición.
«La riqueza, y tesoros, que la fama publicó del Dorado, es menos de extrañar; porque aunque no hemos de creer, que los cerros son de oro, basta que se halle tanto como en el Chocó, Antioquia, Valle de Neiva, y en otras muchas provincias del Nuevo Reino, la cual riqueza, junta con el tesoro, que los muchos indios, que se retiraron precisamente, llevaron consigo, hace un buen equivalente a lo que se dijo, y dice del famoso Dorado: todo lo cual he querido apuntar, porque tal vez, con el tiempo, moverá Dios Nuestro Señor a algún corazón magnánimo, a descubrir aquellas provincias…[9]»
Las íntimas relaciones, ya viejas, entre la SEAP y los jesuitas podrían rastrearse a través de múltiples pruebas; no obstante, y a riesgo de ingresar entre los llamados conspirativos, me atreveré a plasmar mis inquietudes. ¿Por qué la expulsión de jesuitas, que coincide con la erección de la SEAP, se nos aparece como una estrategia de distracción? Lo digo porque Francisco de Miranda aparece en la historia visitando a Catalina de Rusia, lugar en el que se encontraban los jesuitas amparados por la emperatriz, buscando apoyo para la causa de independencia en América. Luego lo vemos incursionar en la revolución de independencia de estados unidos e incluso, incursionar en las filas de los revolucionarios franceses. Es como si el mundo americano se hubiese dividido ideológicamente, pero que las dos puertas de entrada estaban, una bajo la autoridad de la SEAP y la otra de los jesuitas; pero que en cualquier caso, miles de corredores comunicaban a unos con otros, mientras hacían creer en aquella teatralidad. ¿Mientras unos se quedan fundando la Revolución Francesa, otros están en Rusia fundando las raíces del socialismo?

ACERCA DEL CINEP (CENTRO DE INVESTIGACIÓN Y EDUCACIÓN POPULAR)
No nos extenderemos más de un par de renglones, puesto que no está en tela de juicio que esta pertenezca a los jesuitas. De tal modo que una íntima relación entre la SEAP y el CINEP en tiempos contemporáneos, no extraña a nadie que tenga un mínimo conocimiento de la historia. Más bien preguntémonos ¿qué intención tienen al sembrar nuevamente ideas ilustradas, republicanas, de independencia en tiempos contemporáneos? ¿Por qué vuelven a poner de moda el tema de la paz y de la unidad republicana? En Colombia es bastante claro que estas organizaciones tienen capitalizada las luchas y movimientos sociales, que controlan la ideología popular. Sabemos que el renovado partido de la U en los años 2000 —la misma Unión Republicana de principios del siglo XX— pretende amalgamar bajo la fe en la paz, a conservadores, liberales, representantes de izquierda e incluso a los guerrilleros. Y que a causa de ello nos encontramos con un revoltijo que mezcla a seres de toda ideología política bajo un mismo partido y multiplica la táctica con muchos partidos sin claridad política. Viejos representantes de la izquierda partidarios de viejos representantes de la derecha, albergan a nuevos jóvenes inquietos, que ya no encuentran un movimiento de izquierda auténtico. La mezcolanza de la social democracia vuelve a dejar a las mayorías sin representación política. Incluso la guerrilla cincuentona, nacida de las luchas campesinas en los tiempos de la llamada Violencia en Colombia, está pronta a dejarla en orfandad.
OTRAS ANTIGUAS AMISTADES: LA PERMANENCIA DE LA ESCOLÁSTICA Y LA INQUISICIÓN
Es posible que se nos explique, que las tensas relaciones entre el papado y el emperador alemán, agravadas por el origen del protestantismo en Alemania con las 95 tesis de Lutero, pudieron desembocar en los movimientos franceses en contra de la monarquía alemana; tanto la revolución francesa como Napoleón contribuyeron a su desintegración. No obstante, un asunto de mayores connotaciones como el acaecido en tiempos de Enrique VIII, quien funda en pleno siglo XVI una iglesia bajo la autoridad soberana del monarca, no ocasiona tragedias a la monarquía inglesa. Al contrario, esta es una historia de una extraña fraternidad que en el siglo XX se verá claramente en las palabras de Pablo VI al recibir en el Vaticano al arzobispo de Canterbury: «Sus pasos no resuenan en una casa extranjera. Nos alegramos de abrirle las puertas y con ellas, el corazón y de recibirlo no como huésped o forastero, sino como conciudadano de los santos y de la familia de Dios». Casualmente las misma palabras expresadas por el papa Bergoglio en julio de 2013, con motivo de la visita del arzobispo sucesor.
Siempre podremos entender que las relaciones con el Vaticano no son más que relaciones diplomáticas, y que el poder real no se concentra en el pequeño estado fundado entre Mussolini y Pío XI en 1929, ni en la adopción que del cristianismo hace Roma desde Constantino. Ya hemos visto lo útil de tener una autoridad mundial, sobre una iglesia globalizada que camina con cada misionero evangelizador. El poder de investidura obtenido por las órdenes militares, no venía de monarca alguno, ni de la voluntad de un pontífice en particular. Para eso siempre se puede objetar la existencia de un poder conseguido en tiempos remotos, de algún pontífice, y que difícilmente podrá ser eliminado en tiempos posteriores. La fusión del poder temporal con el eterno poder de dios que representaron alguna vez los pontífices es la táctica para preservarse poderosos. Los burgueses vieron abierta la puerta de la riqueza y por allí se despeñaron todos; vieron abierta la puerta del poder democrático y se fueron lance en ristre a su conquista. Pero los nobles seguían siendo un puñado. La gran estrategia del poder de investidura, fue asegurarse de preservar la nobleza. Los burgueses son ricos ascendidos, muy pocos de ellos ascienden realmente a la nobleza. Ese es el argumento de fondo de la nostalgia expresada en los encomios hechos a la burguesía desde las grandes obras literarias contemporáneas. Lo grande de la cultura humana lo posee la nobleza, la vulgaridad siempre será burguesa. El mismo papado está fundado sobre el derecho de sucesión, y bajo el mismo amparo se encuentra la iglesia anglicana. ¿Derecho de sucesión, aunque tengan príncipes electores? Bueno, el asunto no es racional, ni parece interesar que lo sea. Todos creen que la nobleza concluyó con la revolución francesa, que la monarquía ya culminó y que su existencia es apenas un anacronismo en tiempos de libertad, igualdad y fraternidad. A nadie parece importar que sólo han desaparecido algunas monarquías: la de Francia con la Revolución Francesa, la de Alemania con las guerras mundiales, la de Rusia con la revolución socialista y la de Italia con el fascismo y el surgimiento del Estado Vaticano. Las demás gozan de buena salud.
Habíamos dicho que en 1534, cuando nace la Compañía de Jesús (Orden Militar al servicio del Vaticano), nace también la Iglesia Anglicana de Enrique VIII y el protestantismo de Lutero. Otros acontecimientos importantes confluirán en ese año, pero nos interesa fijar la atención en una amistad que nace entonces, cuando jesuitas e ingleses (aprovechando el conflicto europeo que daría lugar a la Guerra de los Treinta Años, en la que católicos y protestantes entran en disputas, y haciendo uso de una saludable amistad con Solimán el Magnífico, el dominador del mundo musulmán) ingresarían en Asia. La historia les encuentra juntos en Asia, fundando lo necesario para el dominio del Este desde el siglo XVI. Habitan un mundo ya globalizado y van de la mano.
Las quejas en las colonias españolas en América ya eran visibles en épocas de la expulsión de los jesuitas; entonces merecieron las mismas burlas y descalificaciones que actualmente se merecen los llamados conspirativos, acusados de paranoicos por los relatores de la historiografía. Veamos a continuación una correspondencia de la época interesante que nos da bastantes luces sobre estos acontecimientos:
«Y en el texto, después de aludir a unos diarios de los oficiales ingleses que habían mandado la fragata La Florida y la chalupa Wasp, se expresaba así el marqués d’Ossun:
Estos detalles no hacen sino fortificar las sospechas que se tienen aquí de que los jesuitas se entienden con Inglaterra y que intentarán quizá mantenerse en el Paraguay con la ayuda de esta Potencia. S. C. M. me hizo el honor de hablarme de este asunto. Entró en el detalle de los medios que los ingleses podrían emplear para socorrer a los jesuitas del Paraguay. Este monarca considera que los socorros ingleses sólo se pueden introducir en el Paraguay por el río de la Plata, por el Orinoco o por la Patagonia; y me pareció que él se inclinaba por la última ruta, debido a que las desembocaduras de los ríos de la Plata y del Orinoco estaban guardadas por fuertes y por tropas. (Archives Diplomatiques. París (ADP), Espagne, vol. 549, fols. 120-121v.)…
A continuación, el informe diplomático insiste en la preocupación que este asunto suscitaba en Portugal:
Este monarca me dijo que el señor de Caravaillo le había comunicado sus temores y declarado en confianza que éstos eran el único motivo de los envíos de las tropas y de las municiones de guerra que Portugal hacía y había efectivamente hecho en sus colonias. S. C. M. añadió que personalmente fomentaba los temores del señor de Caravaillo comunicándole todo lo que sabía de las maniobras pasadas y ulteriores de los jesuitas vis-a-vis de Inglaterra, y esto con vistas a sacar el partido más ventajoso que creyera posible de las disposiciones de inquietud y desconfianza en que la Corte de Lisboa parecía estar todavía respecto a los proyectos de Inglaterra. (ADP, Espagne, vol. 549, fols. 296-300v.)…
El duque de Choiseul respondería a su embajador, desde Versailles, poco después, quitando hierro al asunto, pues si bien “la corte de Madrid debía temer todo de la ambición y avidez de los ingleses con relación a sus dominios en América del Sur”, por lo que tanto S. C. M. como su ministerio “debían tomar las precauciones más eficaces para prevenir el peligro en las colonias españolas ciertamente amenazadas”, sin embargo, confesaba que las inquietudes de Portugal sobre la inteligencia de los ingleses con los jesuitas del Paraguay le parecían muy exageradas:
El señor Oeyras ve jesuitas por todas partes; y parece demasiado persuadido de que son los agentes públicos o escondidos de todo lo que ocurre tanto en el viejo como en el nuevo mundo. (Ibidem, vol. 549, fol. 378.)»[10].
No hay que olvidar que la Legión Británica pudo ingresar armas por vías navegables en apoyo a las luchas independentistas latinoamericanas, pocos años después; y que esa evidencia hace pensar en su amplio conocimiento de la geografía e hidrografía latinoamericanas. Tampoco hay que perder de vista que La Peruvian Amazon Company se instituyó sobre los territorios entregados a los jesuitas y que todo el horror vivido por los indígenas en las caucheras, peruanas y colombianas, bajo la autoridad de Julio César Arana, socio de la compañía inglesa, aconteció bajo su responsabilidad (la de los jesuitas en asocio con los ingleses).
Pero ¿existe una relación más sospechosa que la de Marx con el inglés Engels? No por ello estamos acusando (valga la expresión con todo su rigor) a Marx de jesuita. Es posible, incluso, concederle inocencia a Engels; la misma que puede concedérsele a los curas de la Teología de la Liberación (jesuitas) que murieron en defensa de los pueblos; pero no se les concederá inocencia a los que permanecieron vivos y se convirtieron en pastores de movimientos sociales bastante nocivos, como los defensores del medio ambiente o los espiritualistas de la Nueva Era. ¡Siempre se puede ser gancho ciego!
Luego de pasadas las aguas del siglo XX debajo del puente de la historia, uno no comprende cómo los gringos pudieran publicar artículos de Marx. No vale decirnos que aquellas publicaciones eran inocentes y que ni Marx, ni el New York Herald Tribune (diario de los republicanos moderados estadounidenses) tenían conciencia de esto, o que los gringos fueron burlados y engañados por los socialistas. Mucho más si este periódico pasó a ser de propiedad de The New York Times y The Washington Post en la década del sesenta del siglo XX. Todas las guerras del siglo anterior parecen justificarse por el espectro del socialismo y nos muestran a estados unidos como el más enconado enemigo del marxismo. Más extraño si nos suena una opinión de Marx contra los rusos en cuanto a la dominación de Turquía, que justificaría la intervención y usufructo de los ingleses, años más tarde. Lo que extraña de las opiniones de Marx en cuanto a Turquía, es que no delate que en este territorio habían quedado pactadas las claves de las relaciones internacionales contemporáneas, durante el siglo XVI. Que no dé cuenta de que el nacionalismo en Turquía era ya un asunto casi imposible, toda vez que allí coexistían las diversas religiones desde entonces: musulmanes, anglicanos y católicos se daban cordialmente la mano en el poder desde los tiempos de Solimán. Que el proletariado no tenía intereses en la conformación o destrucción de imperios, ni su papel era seguir poniendo la sangre para que otros se repartieran el mundo. Que el imperio Otomano realmente ocultaba un imperio mucho más poderoso del que se ha admitido. Los consejos de Marx serían tomados en cuenta y puestos en práctica por los ingleses y sus decisiones aún hoy hacen noticia: las crisis entre Israel y Palestina.
«En su artículo del 12 de abril de 1853 publicado en el New York Herald Tribune, de la serie dedicada a la guerra de Crimea, Marx escribe: “Rusia es, evidentemente, una nación conquistadora, y lo fue durante un siglo, hasta que el movimiento de 1789 marcó el comienzo de la actividad de un antagonista formidable. Nos referimos a la revolución europea, la fuerza explosiva de las ideas democráticas y la natural necesidad de libertad del hombre. Desde entonces ha habido solamente dos potencias en Europa, Rusia y el Absolutismo, la revolución y la democracia… Pero Rusia toma Turquía, y aumenta su fuerza en casi un cincuenta por ciento, y es superior al resto de Europa junta. Esto sería una calamidad sin nombre para la causa revolucionaria. El mantenimiento de la independencia turca o, en caso de disolución del imperio otomano, el detener los planes de anexión rusos, son de la mayor importancia”.
Aquí vemos que lo que realmente constituye el fondo del análisis de Marx es la Revolución, el triunfo de la misma frente a su oponente, el Absolutismo. Y hasta tal punto es así, que no duda en defender, en este caso, la independencia del imperio turco para detener el avance de la reacción rusa, a pesar de que en toda esta serie de artículos sobre la guerra de Crimea y, por tanto, sobre Turquía, Marx no deja de poner de relieve la putrefacción de la sociedad turca y su inevitable descomposición»[11].
Lo que aquí trato no es demostrar que Marx fuera jesuita y Engels anglicano. Ni siquiera suponer que detrás de esta amistad se fraguaban conspiraciones internacionales. Aunque siempre podrá acusárseles de querer globalizar las luchas proletarias, lo que en todo caso merece nuestra admiración y respaldo, toda vez que la globalización de los depredadores era ya un hecho desde hacía siglos. La propuesta no dejará de ser siempre bienvenida. Marx era un crítico de los nacionalismos. De lo que se trata, con estas remembranzas, es de la nueva manera de Inquisición.

Los ilustrados iban a necesitar una autoridad ilustrada. El saber sí y todo el saber, sin los límites que había establecido la iglesia en el Medioevo. Ya no una inquisición para impedir el saber. Un modo más apropiado de dejar que todos los saberes alcancen su desarrollo y a la vez controlar los saberes impertinentes y peligrosos iba a ser la Universidad. Tal vez esta fuera una buena razón para expulsar a los jesuitas y hacer creer al mundo que al fin, la iglesia ha perdido el control. Pero es que no lo había tenido más que por conveniencia. Los beneficiarios del Concilio de Trento ya llevan varios siglos estudiando el espíritu humano. El laboratorio es el mundo. Las anotaciones iniciales sobre la diversidad de los comportamientos humanos habían sido puestas en manos del inglés John Locke y tal vez fue de esta manera como pudo escribir sus Ensayos sobre el Entendimiento Humano, con reinterpretaciones posteriores del alemán Leibniz con sus Nuevos Ensayos Sobre el Entendimiento Humano y del escocés David Hume con su Investigación Sobre El Entendimiento Humano. La amistad de Leibniz con los jesuitas, está profusamente narrada en la historia de la iglesia católica. Su admiración por intelectuales jesuitas y su intención de llegar a hacer parte de la autoridad escolástica (esa que no ha dejado de ser la Universidad) en las universidades de Londres, se vio truncada, definitivamente, por su contienda matemática con Newton. Pero Leibniz será el filósofo más importante de la filosofía clásica alemana y hasta los mismos posmodernos se ven constreñidos a rendirle tributo. Es la exigencia escolástica para poder acceder al renombre necesario y hacer parte de las corrientes ideológicas. Es igualmente el filósofo de más influencia en la edad contemporánea por ese mundo armónico de las mónadas, en el mejor mundo posible, que tan bien se entiende con el individualismo contemporáneo.
La experiencia y el saber de los jesuitas, sobre los comportamientos humanos, recogidas en su experiencia pedagógica con pretextos evangelizadores; ya les había mostrado que los nativos evangelizados y conversos, no obraban a conciencia sino bajo presión y vigilancia del cura. Era necesaria su desaparición para que se creyera firmemente en un mundo civil, donde dios ya no estaba vigilando y censurando el comportamiento social. La revolución contradecía el mandato de No matarás, que tanto bien le había procurado a los invasores. No podían ser ellos mismos los que les auparan a la revolución. Se escondieron en Bielorrusia mientras ayudaban en todo el proceso con su mayor habilidad: el espionaje. El mundo ilustrado, sin los jesuitas, y con los republicanos Amigos de País. Solo era cuestión de darle la vuelta a su chaqueta de doble faz.
Ya le había escuchado al padre de mi hija mayor, cuando yo era todavía muy joven, decir jocosamente que la palabra Universidad podría perfectamente provenir de «una versión». La definición ilustrada siempre habría querido que se entendiera por universidad, el universo del saber. La Universidad no es moderna, incluso nace en pleno escolasticismo medieval, durante el siglo XII. Su tarea no era hallar nuevos conocimientos, sino fundar racionalmente los criterios establecidos con anterioridad por la iglesia. La táctica de la universidad era forzar a la filosofía a dar argumentos racionales a los dogmas de fe. La suerte de la Universidad fue hallar a Platón con sus aseveraciones sobre la preponderancia de las ideas sobre la realidad. Casi de manera contemporánea, a finales del siglo XII se crea la Inquisición, con la que se establece el pecado de herejía que ayudará a imponer los criterios racionales de los doctores de la iglesia. Aquella manera de inquisición no acompañará a la Ilustración. Pero la universidad seguirá siendo la encargada de imponer verdades. La fundación de las universidades de Oxford (1167) y Cambridge (1209) de los ingleses o Salamanca (1218) de los cistercienses, las tres universidades más antiguas, como se ve, corresponden a esta etapa de la «vieja Historia humana» y aún hoy, conservan el control sobre los saberes aprobados para el mundo.
La proscripción de saberes ya no iba a ser castigada con la hoguera, como le sucedió incluso al colombiano José María Vargas Vila, en el siglo XIX, que sin haber sido condenado a la muerte, había debido ser testigo de la quema de sus obras a manos de los jesuitas, quienes imponían a los fieles las penitencias, en su economía del pecado, comprar varios ejemplares (de acuerdo al tamaño del pecado) y traerlos a la ermita para ser quemados. El refinamiento de la inquisición seguirá estando en manos de la Universidad y su jerarquía mundial. Por fuera de la aprobación de estas autoridades, no hay saber que exista. Es lógico concluir que la universidad es quien representa el máximo conservadurismo y la contención absoluta del desarrollo del conocimiento. De su mano viene el reconocimiento mundial a nuevas teorías y la reprobación y burla que merecen los saberes proscritos, los que además reciben apelativos burlescos.
Alcanzar el éxito editorial es casi impensable por fuera de esta dinámica. No está demás mencionar que también existe un monopolio mundial de la producción de libros, existente desde 1403 y reconocida por cédula real en 1557. Por supuesto es uno de los gremios ingleses que desde entonces lleva el nombre de Honorable Compañía de Imprenteros, que en 1937 se fusiona con la Honorable Compañía de Periódicos y que se conoce en el mundo con su nombre en inglés: Stationer’s Company. Sabemos que Marx no pudo costearse sus publicaciones y que aquello se lo debemos a Engels. Sabemos de las extremas pobrezas sufridas por el inigualable alemán, de la muerte de sus hijos. Sabemos que no pudo gozar del éxito editorial de que sería objeto póstumamente. No obstante, todavía me sigo preguntando ¿cómo es que un libro tan proscrito como El Capital y toda la obra de Marx, hubiese alcanzado existencia editorial? ¿Cómo es que pudo irrumpir en el mundo y generar tanto malestar? ¿Cómo es que ha tenido y sigue teniendo tantas ediciones? Si cuando uno lee a Marx, a pesar de la gran dimensión de su lenguaje, no apto para los más iletrados, uno entiende que su motivo y destino eran aquellas grandes masas que jamás iban a leerle. Vienen a mi mente las palabras de un ser que nos cuenta en vida, cómo se sufre escribir para aquellos que jamás lo leerán
«Por eso canto a quien no escucha,
a quien no dejan escucharme,
a quien ya nunca me escuchó,
al que en su cotidiana lucha
me da razones para amarle,
a aquel que nadie le cantó».[12]
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* Marta Lucía Fernández Espinosa. Licenciada en Historia y Filosofía (Universidad Autónoma Latinoamericana). Especialista en planeamiento educativo (Universidad Católica de Manizales) con diplomados en Gestión administrativa, adaptaciones curriculares y desarrollo de habilidades organizacionales en diversas universidades antioqueñas). Autora del libro «Pentimento». Sus investigaciones han sido trabajos de campo con comunidades a través de las cuales se generaron desde proyectos educativos institucionales y manuales de convivencia, hasta la construcción de aulas por gestión comunitaria y la creación de la educación de adultos como estrategia para minimizar el impacto de la violencia en un sector deprimido de Itagüí (Antioquia). En 1989 el consejo de facultad de la Universidad Autónoma le otorgó una beca en reconocimiento a la importancia de su libro Pentimento.
[1] Salej Higgins, Silvio. Opus Cit.
[2] Bilbao Daniel. Marca de Fuego. Huerga y Fierro Editores. 2007
[3] Teruel de los Escuderos, José León. Ordenes militares. Breve dissertacion acerca de si un caballero de la orden secularizada de Santiago de Portugal puede usar la insignia del habito de los caballeros Españoles de la que tiene el nombre del mismo santo; refutacion de algunas calificaciones adversas á las cuatro ordenes militares, y observaciones relativas al complimiento y ejecucion del articulo non del concordato. 1861
[4] Herrera Casado, Antonio. Monasterios de Castilla de la Mancha. Aache Ediciones. 2005
[5] Gumilla, Joseph. El Orinoco Ilustrado. Tomo I
[6] Llano Isaza, Rodrigo. Precursores de la Independencia de las Repúblicas Andinas. Revista Cronopio. 46ª Edisión. Medellín
[7] Álvarez Cornett, José. Retomando la historia del lyceum y Chautuacua: La cultura de las charlas públicas y su impacto social. Crónicas de Venezuela. 16 de marzo de 2013
[8] Los Dominicos y el nuevo mundo siglos XVIII y XIX Actas del IVº congreso internacional Santa Fe de Bogotá 6-10 septiembre de 1993. Editorial San Esteban. Editado por José Barrado Barquilla.
[9] Gumilla, Joseph. El Orinoco Ilustrado. Tomo I
[10] Ferrer Benimeli, José. La Expulsión de los Jesuitas de las Misiones del Amazonas (1768-1769) a través de Pará y Lisboa. Alicante. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. 2009
[11] Madrid Expósito, Emilio. Los Nacionalismos Contra El Proletariado. Selección de Textos de Marx y Engels. Ediciones Espartaco Internacional. Abril 2008. Página 14- 15
[12] Rodríguez, Silvio. Canción de Navidad.
