REFLEXIONES SOBRE UN TÉMPANO DE HIELO
Por Gustavo Arango*
Me encuentro aquí en una curiosa situación: me dispongo a hablar de periodismo a pesar de que hace más de dos lustros no trabajo en una sala de redacción. Es como si a un congreso de domadores de leones invitaran al payaso a dar el discurso. Es posible que el payaso haya sido alguna vez domador, y que al final haya elegido las dentaduras humanas, pero de todas maneras puede quedar la sensación de que el invitado no es la persona apropiada. Suponiendo que llegara a decir algo de sustancia sobre el oficio, queda también la sensación de que quien habla es un desertor, alguien que encontró refugio en otra actividad, la enseñanza, que quizá le parece más emocionante o más segura. En tiempos tan patrioteros, podría creerse que es como pedirle que hable de la patria a uno que la traicionó.













































