
(A propósito de la «novela corta» de Yasunari Kawabata)
Por Antonio Arenas Berrío*
«Que todo charlatán
de sus labios sellados tome ejemplo,
el único secreto que guardamos
es la Inmortalidad».
(Emily Dickinson)
La casa de las bellas durmientes es una novela corta, específicamente un género para la lectura rápida y para la construcción de sentido alrededor de ella. Es una ficción donde el erotismo está incorporado al problema del entendimiento, no es fácil acercarse a este concepto en la novela. Su lectura puede producir tristeza, tensión, hilaridad. La risa es la expresión de la cara alegre de la vida y al decir la vida, estamos señalando también la extensión estética de la experiencia erótica. La vida y solo la existencia concentran esa experiencia erótica y la disimulan con el asombro y las turbaciones. ¿Qué pasiones se despiertan con la lectura de la novela? Se puede decir que: «Una obra semejante no está dominada por la franqueza y la claridad, sino por una tensión sofocante. En lugar de diafanidad y pureza encontramos densidad, en vez de un mundo amplio y abierto tenemos una habitación cerrada. El espíritu del autor, desechando todas las inhibiciones, se muestra en su forma más audaz».












































